Es una paradoja, puede que una de las mayores de la Historia de la
Humanidad. La epidemia que más muertos se está cobrando en el mundo
-más que el sida, que las guerras, que los genocidios- es tolerada y
fomentada por la mayor parte de los gobiernos del mundo: se trata del
tabaquismo. Diez mil personas mueren al día por causa del humo de
cigarrillo. Se sabe desde hace casi un siglo que el tabaco mata, y no
hay día que pase en que no aparezca un nuevo estudio científico que
añada más evidencias sobre los estragos que causa en la salud.
Parte importante de la paradoja es que el humo del cigarrillo, además
de ser nefasto para quien gasta un porcentaje de su sueldo en él,
también perjudica a quien tiene que tragarlo a su pesar por falta de
una legislación que establezca un mínimo de respeto para el no
fumador y de una política sanitaria que fomente la educación social.
Los datos hablan por sí solos. En la última investigación
realizada con fumadores pasivos -que se acaba de publicar en el último
número de Circulation-,
se demuestra que después de que una persona no fumadora pasa media
hora en una sala donde hay humo de tabaco, sus depósitos de
antioxidantes (incluida la vitamina C) descienden al mínimo.
Estas sustancias son las que protegen, entre otras cosas, las arterias
para que no se formen placas de ateroma (causantes de la enfermedad
cardiovascular).
Se han hecho muchos estudios sobre tabaquismo pasivo que han
demostrado que el humo de segunda mano causa cáncer y enfermedad
cardiovascular, amén de otras complicaciones respiratorias y, en
niños, muerte súbita e infecciones de oído.
Una simple búsqueda en el Medline
tecleando "passive smoking" (tabaquismo pasivo) ofrece más
de 20.000 estudios aparecidos en revistas de referencia. Sin embargo,
el último estudio publicado en la revista Circulation es el primero
en el que se ven los efectos patofisiológicos del humo del ambiente
en el organismo. Se sabe que el humo del tabaco lleva numerosos
agentes oxidantes capaces de producir radicales libres y de iniciar un
proceso conocido como peroxidación.
En condiciones normales, los antioxidantes atrapan a los radicales
libres y ejercen de barrera protectora frente a este mecanismo de
oxidación. Pero si falla esta protección (como ocurre cuando se
inhala el humo de tabaco), se empieza a acumular colesterol malo en
los macrófagos, lo que se considera un paso previo a la
aterosclerosis. Esta podría ser la principal causa de que la
incidencia de enfermedad coronaria sea tan alta en los fumadores, que
también tienen los niveles de antioxidantes en sangre bajos.
Esta semana se celebra el Día Mundial sin Tabaco. Oficialmente es
el día 31 de mayo, pero se ha trasladado a hoy ya que el 31 es
domingo. Como cada año, el máximo dirigente de la Organización
Mundial de la Salud (OMS) ha querido lanzar un mensaje ante esta
epidemia que amenaza con crecer de forma imparable. Este año ha
tomado forma de alarma social.
Según las estimaciones de esta organización, si continúa el patrón
de consumo actual, para el 2020 el tabaco habrá causado más
muertes que el sida, la tuberculosis, la mortalidad materna, los
accidentes de tráfico, el suicidio y los homicidios, todos juntos.
Millones de niños
De igual forma, de seguir al mismo ritmo, alrededor de 250 millones
de los niños que están vivos en el mundo hoy morirán por causa del
tabaco. La OMS cree que los niños tienen el derecho de crecer sin
tabaco, y que "hay que cambiar el ambiente hasta que no fumar sea
la pauta de conducta social más normal".
Los últimos datos científicos y la indiferencia de los gobiernos
con respecto a uno de los problemas de salud más graves de la
actualidad han endurecido el tono del discurso anual, que esta vez
hace hincapié en los jóvenes: "Para su supervivencia, la
industria tabacalera necesita reclutar cada año nuevos fumadores para
reemplazar a aquellos que van muriendo por causa de enfermedades
relacionadas con el tabaco. Esos nuevos fumadores son casi siempre
adolescentes", dice la directora de la OMS.
La nicotina que contienen los cigarrillos ha sido claramente
reconocida como una droga de adicción, y la dependencia del tabaco
está clasificada dentro del grupo de enfermedades mentales y
alteraciones del comportamiento, según la Clasificación
Internacional de Enfermedades de la OMS (ICD-10). Los
especialistas en el campo de las sustancias de abuso consideran que la
dependencia del tabaco es tanto o más fuerte que la dependencia de
sustancias como la heroína o la cocaína.
Aunque los no fumadores -el 64% de la población- inhalan sólo el
1% del humo que aspiran los fumadores, su riesgo de enfermedad
cardiaca se eleva un 23%, frente a un 80% en los fumadores.
Un trabajo que se publicó en el Journal
of the British Thoracic Society concluyó que, en bebés, había
un aumento del 72% de contraer una enfermedad respiratoria si su madre
era fumadora.
Se encontraron resultados similares en una investigación realizada
en California en la que, por primera vez, se demostraba que el
tabaquismo pasivo podía ser una causa directa de asma infantil, y
que no era un simple factor que empeora la enfermedad ya existente,
como se pensaba anteriormente.
En adultos, otro estudio publicado hace unos meses en el
Circulation demostró que una mujer no fumadora que convive con un
fumador tiene el doble de riesgo de contraer una enfermedad coronaria
que otra que vive en una casa sin humos. Los autores, de la Universidad
de Harvard, en Boston, calcularon que esto se traduce en unas
60.000 muertes anuales en EEUU.
Los datos salieron del Nurses' Health Study, del que se extrajo un
grupo de participantes de 32.000 mujeres que no habían fumado nunca y
que no tenían historia de cáncer, de enfermedad cardiovascular o de
accidente cerebrovascular, pero que estaban expuestas al humo del
tabaco de forma regular.
"Esta investigación confirma la necesidad de una legislación
que restrinja el tabaco en zonas públicas para proteger la salud de
las personas y añade nuevos datos sobre los perjuicios del fumador
pasivo", dijo un representante de la Acción
para el Tabaquismo y la Salud de Gran Bretaña.
Gran parte de los estudios sobre tabaquismo pasivo se apoyan entre
sí y refuerzan los resultados. Por ejemplo, en 1997, se publicó un meta-análisis
en el British Medical Journal
que también relacionaba el cáncer de pulmón con el tabaquismo
pasivo. Y, según ha anunciado la OMS hace unos días, está a punto
de salir otro trabajo que corrobora los resultados obtenidos hasta
ahora.
Además, este aire contaminado empeora la condición de los asmáticos,
y favorece la bronquitis y la neumonía. Los niños que viven con
padres que fuman en casa sufren con más frecuencia infecciones
respiratorias y del oído medio y tienen mayor riesgo de tener
problemas pulmonares. Los bebés que están expuestos al humo
ambiental también tienen más riesgo de muerte súbita.
En el número de mayo del Anesthesiology aparecen nuevos datos que
revelan que los niños que inhalan pasivamente el humo de tabaco
tienen más probabilidades de tener complicaciones de anestesia
general que el resto de niños.
La relación es mayor en las niñas que en los niños y se ha
encontrado que también es más elevada en las hijas que tienen madres
con un nivel cultural más bajo.
El humo de tabaco ambiental contiene todas las sustancias cancerígenas
y agentes tóxicos. Por tanto, es lógico que la exposición
involuntaria a este humo cause las mismas enfermedades en las personas
sanas no fumadoras.
Según reza en el Libro Blanco sobre Tabaquismo en España, que
acaba de publicar el Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo y
que fue presentado ayer en el Ministerio
de Sanidad, el humo respirado por las personas que no fuman es una
mezcla de componentes con cuatro orígenes diferentes: el humo
exhalado por el fumador; el emitido por el cigarrillo en su combustión
espontánea; los contaminantes emitidos por el cigarrillo en el
momento de fumar; y los que se difunden a través del papel del
cigarrillo entre las caladas.
"El fumador pasivo está sometido principalmente al humo de la
corriente principal (la que se produce al aspirar el humo del
cigarrillo, con una combustión a 900ºC), cuya composición es algo
distinta a la de la corriente lateral o secundaria (el humo que se
produce sin la aspiración de aire a través del cigarrillo, con una
combustión a unos 600ºC)".
Dejar de fumar pasivamente
El humo de la llamada corriente secundaria tiene mayor contenido de
monóxido de carbono, amoníaco, nitrosaminas y acroleína. Esto,
unido al hecho de que el tamaño de sus partículas es menor y, por
tanto, alcanza porciones más profundas del sistema broncopulmonar,
hace pensar a los especialistas que se trata del humo más nocivo. Según
este informe, algunos de estos componentes como el cadmio, un agente
que se sabe que causa cáncer de pulmón en personas y animales, se
encuentra en concentración seis veces superior en la corriente de
humo secundaria.
Dejar de fumar es beneficioso para todos los grupos de edad,
incluso en edades avanzadas. Se ha visto, por ejemplo, que, al cabo de
cinco años de dejar el tabaco, el riesgo de accidente cerebrovascular
disminuye hasta colocarse al mismo nivel que el de los no fumadores.
Pero el problema está en cómo dejar de fumar pasivamente.