Sobre Elena White

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Artículos Importantes Sobre Elena White

Kenneth H. Wood 

Director de la Adventist Review



Algunos temas son de especial interés para las personas de mente espiritual. Uno de estos temas es la manera en que Dios, Ser infinito y trascendente, se comunica con sus hijos terrenales por medio de la inspiración o revelación.

La Review and Herald (Revista Adventista en inglés) trae a la atención de los adventistas del séptimo día ciertas fases de este tema importantísimo, con la publicación de dos series de artículos de Arturo L. White. La primera, de cuatro artículos, titulada Concepto adventista sobre la inspiración, fue publicada en enero y febrero de 1978, y la segunda, Redacción de los escritos históricos de Elena G. de White, compuesta de siete artículos, apareció en julio y agosto de 1979.

Es debido al interés actual en estos temas, y con el fin de hacerlos más accesibles para el estudio, que se publican en conjunto en este número.

En la primera serie, el pastor Arturo L. White, secretario entonces del departamento de fideicomisarios de Elena G. de White, escribió basado en su experiencia íntima de décadas en su trabajo con estos documentos. En estos cuatro artículos él pone en claro algunos conceptos necesarios para saber cómo actúa la inspiración.

En la segunda serie, de siete artículos, él nos introduce detrás del escenario para mostrarnos cómo trabajó la Sra. White en la redacción de los libros que presentan la historia de la gran controversia, y despliega cuidadosamente una información nueva y documentada y ofrece percepciones profundas en algunos de los aspectos de la obra de la escritora a medida que redactaba sus escritos de índole histórica. Creemos que todo lector, no importa cuán bien informado esté sobre la manera como actúa la inspiración, aprenderá algo de estos artículos.

Por supuesto, no todo el material es nuevo. Lo que se repite es incluido mayormente por dos razones: para presentar un equilibrio balanceado, y para facilitar una información que los lectores pudieran haber dejado de leer en libros y artículos ya publicados.

Hay cuatro hechos que es menester tener muy presente al leer estos artículos: 1. Los escritos inspirados no nos llegan sin antes ser tocados por manos humanas. A diferencia de lo que ocurrió con los Diez Mandamientos en el monte Sinaí, no son redactados por la mano de Dios. El escritor inspirado participa intensamente en su labor de comunicar los mensajes de Dios a la familia humana; pero a menos que Dios le dé palabras específicas – como lo hizo algunas veces en determinadas visiones, cuando el profeta escuchaba seres celestiales que hablaban –, él debe hallar por sí mismo las palabras que manifiesten claramente las verdades que Dios le ha revelado. Y para hacer esto él tiene que buscar en su vocabulario, encontrar las palabras en los diccionarios, tomar en préstamo expresiones de escritores no inspirados o dejarse ayudar por sus asistentes. “La inspiración no obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. Pero las palabras reciben la impresión de la mente individual.” (1MS, 24)

La gente piensa muy poco o nada cuando lee la Biblia o los escritos de Elena G. de White. Tiende a pensar que los escritos inspirados fueron creados ex nihilo (de la nada), algo así como el mundo en la creación. (Algunas personas también piensan que la Review and Herald [o cualquier otra publicación] se origina en la misma forma: olvidan el trabajo oculto de los escritores, redactores, linotipistas, lectoras de pruebas, impresores, encuadernadores, distribuidores, etc.)

Creemos que esta serie de artículos del pastor Arturo L. White serán particularmente útiles porque permiten dar un vistazo dentro de las escenas y contemplar cómo Elena G. de White escribió sus libros y cómo fueron preparados para su publicación.

2. Cuando Dios se comunica con la familia humana, inspira a las personas, no los escritos. La inspiración actúa sobre la persona, y no sobre el producto escrito. El apóstol declara: “Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2 Ped. 1:21) “No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres son los que fueron inspirados” (1MS, 24). Este es un asunto muy importante que no debe ser mal comprendido. Los predicadores, y demás, a menudo llaman a la Biblia “la Palabra inspirada de Dios,” y correctamente entendido, así es. La declaración citada, de Elena G. de White, se refiere a la metodología, no a la autoridad. Dios inspira a la persona, no las palabras. La gente piensa; las palabras, no. La gente puede ser impresionada por el Espíritu Santo; las palabras, no.

3. La inspiración incluye una variedad de métodos para comunicar la verdad y la voluntad de Dios. A algunos escritores de la Biblia les fueron dados sueños y visiones; a otros que no recibieron visiones, les fueron dadas comprensión y percepción especiales en los misterios divinos; otros recibieron dirección especial para seleccionar y registrar eventos e incidentes históricos; y hubo algunos que recibieron una sabiduría única para entender e interpretar el significado de los sucesos.

Acerca de esto último es bueno notar que los eventos históricos pueden ser observados y registrados tanto por escritores inspirados como profanos. Numerosos escritores pudieron haber registrado que tres hombres fueron crucificados en un viernes del año 31 d. C. Pero si falta una persona inspirada que destaque el significado de dicho evento, éste habría parecido tan pequeño como otras crucifixiones. Una de las mayores funciones de la inspiración es capacitar a las personas para captar el significado de los eventos, y para interpretarlos a la luz de la gran controversia entre Cristo y Satanás.

4. El mensaje de un escritor inspirado carece de autoridad a menos que vaya acompañado por un “Así dice Jehová.” En los tiempos del Antiguo Testamento, los profetas a menudo comenzaban o concluían sus mensajes con declaraciones como éstas: “Dice el Señor,” “Jehová me dijo”; (Isa. 1: 24; 8: 11) “Vino a mí palabra de Jehová”; (Eze. 6: 1) “Principio de la palabra de Jehová”; (Ose. 1: 2) “Jehová lo ha dicho.” (Abd. 18) En el Nuevo Testamento, los escritores a veces mencionan el origen divino de sus escritos, como en Apocalipsis 1: 1-2; pero generalmente no lo hacen. Dependían de los escritos mismos para autenticarlos como mensajes de Dios. Elena G. de White a menudo usa en sus escritos tempranos la expresión “Se me mostró,” “Me fue mostrado”; pero más tarde dejó de hacerlo, especialmente cuando escribía para los no adventistas. Este cambio de práctica no indicaba diferencia alguna en la autoridad del mensaje que comunicaba.

Si se recuerdan constantemente los cuatro puntos que hemos mencionado, se entenderá y apreciará mejor la información de estos artículos que publica la Review and Herald, los cuales son el producto de la experiencia y del pensamiento maduro de uno que ha dedicado 50 años a fortalecer su familiaridad con los documentos recibidos por medio de la inspiración, y que ha estudiado cómo Elena G. de White, su abuela inspirada, hizo su trabajo.

Ella escribió en 1890: “El último engaño de Satanás se hará para que no tenga efecto el testimonio del Espíritu de Dios… Satanás trabajará hábilmente en diferentes formas y mediante diferentes instrumentos para perturbar la confianza del pueblo remanente de Dios en el testimonio verdadero.” (1 MS, 54-55)

Y por cuanto Satanás hace hoy esfuerzos supremos para socavar la confianza en los escritos del espíritu de profecía estamos convencidos de que el fin de todas las cosas está muy cerca. Ahora es el momento para fortalecer la fe y saber en qué creemos. Estas series de artículos fortalecerán la confianza en Dios, en su iglesia y en su mensajera inspirada.

 

Elena G. de White: Experiencia y Escritos

¿En qué forma entienden los adventistas la inspiración? ¿Es diferente este concepto del que se sustenta comúnmente?

El concepto adventista es diferente en algunos aspectos, pues ni participa de los puntos de vista liberales modernos que atacan la autoridad de la Palabra de Dios, ni de los conceptos ultra conservadores que hacen del profeta un autómata, una máquina, que es impulsado a hablar o escribir.

Como adventistas del séptimo día somos muy afortunados al estudiar este problema. Para sacar nuestras conclusiones, no dependemos de escritos de hace 19 siglos que nos han llegado mediante transcripciones y traducciones. Para nosotros la inspiración es algo casi contemporáneo, pues tenemos un profeta entre nosotros.

Y aún más: en lugar de tener unos pocos y cortos documentos o un puñado de cartas, poseemos los numerosos y variados escritos de Elena G. de White, redactados en un lapso de 70 años, que comprenden sus libros, sus 4.600 artículos, y sus manuscritos, cartas y diarios. También tenemos los testimonios de sus contemporáneos, que vivieron y trabajaron muy cerca de ella. Ellos y ella discutieron muchos puntos en cuanto a sus visiones y la forma en que le fueron dadas, y cómo ella impartía los mensajes a aquellos a quienes estaban dirigidos. En resumen: estos testigos discutían con ella la obra de la inspiración.

Y algo muy importante para nosotros: escribió en una lengua moderna, la más extendida, en la cual la estudian la mayoría, y los que no pueden hacerlo tienen a su alcance las traducciones de sus escritos más importantes o necesarios.

Si aceptamos a Elena G. de White como un testigo honesto, entonces nos serán muy significativos su obra, sus declaraciones sobre la inspiración, y su concepto en cuanto a los profetas de la antigüedad. Por esto, cuanto ella dijo del trabajo del profeta en acción, puede muy bien formar la base para llegar a una conclusión exacta en cuanto a la inspiración.

Primero notaremos que cuando el Señor imparte luz al profeta, él no se ata a un solo método: “Dios, habiendo hablado… de muchas maneras… por los profetas…” (Heb. 1:1) Por lo tanto, no se debe buscar un método uniforme que gobierne los procedimientos divinos cuando entrega sus mensajes a sus instrumentos humanos. Esto es algo sumamente importante.

En segundo lugar, el profeta es y posee todas las cualidades propias de un ser humano: ve, escucha, huele, come, duerme, trabaja, habla, viaja, etc. Cuando es llamado al oficio profético, puede poseer o no cierto grado de conocimiento; pero a través de su obra profética continuará adquiriéndolo en la misma forma en que lo aprenden los demás. Su llamado como profeta no borra de su mente el conocimiento que obtuvo antes, ni tampoco entorpece sus facultades para proseguir adquiriendo conocimiento como lo hacía antes de ser llamado como profeta.

El hecho de que el Señor, en forma extraordinaria, haya llamado a una persona como profeta, la sitúa en una posición en donde recibirá información especial de Dios, la cual puede corresponder al campo de la teología y la experiencia religiosa, o bien al terreno histórico, refiriéndose a la providencia especial de Dios con su pueblo o las personas, o amonestando en cuanto a los peligros acerca de la determinación de Satanás de destruir la obra de Dios o la esperanza de las almas. También podría pertenecer al campo de la fisiología, la nutrición, la higiene, la educación, la administración de la iglesia, o aun podría tener que ver con la denuncia de pecados ocultos.

Como puede verse, los campos son ilimitados, porque la obra está en las manos de Dios. Esta experiencia singular pertenece al profeta. Aunque el Espíritu de Dios puede hablar a los corazones de las personas consagradas, no todos pueden ser profetas. Dios escoge al profeta: “Los santos hombres de Dios hablaron… inspirados por el Espíritu Santo.” (2 Ped. 1: 21)

Las visiones y el testimonio

Un profeta puede recibir visiones durante el día, acompañadas por fenómenos físicos, (Dan. 10) o en la noche mediante sueños; (Dan. 7) luego comunicará el mensaje oralmente, en entrevistas o por escrito.

Hay, pues, dos asuntos inseparables: la recepción del mensaje, de la luz, y el testimonio que da validez o sea la presentación del mensaje, de la luz recibida del Espíritu Santo.

Puede ser que no se le permita comunicar inmediatamente el mensaje, pues quizá deba retenerlo hasta que sucedan ciertos acontecimientos; o bien la luz recibida es para orientar al profeta, quien no está en libertad de comunicar todo lo que ha recibido.

Por lo tanto, su mente puede ser un “depósito” del cual – previas circunstancias especiales – puede sacar y hablar. Pero a menudo hay necesidad inmediata de que comunique su mensaje.

Cómo recibió la luz Elena G. de White

Nótese la sencillez del lenguaje usado por E. G. de White para describir la forma en que recibió su primera visión: “Mientras estaba orando… el Espíritu Santo descendió sobre mí, y me pareció que me elevaba más y más, muy por encima del tenebroso mundo. Miré hacia la tierra para buscar al pueblo adventista, pero no lo hallé en parte alguna, y entonces una voz me dijo: ‘Vuelve a mirar un poco más arriba.’ Alcé los ojos y vi un sendero recto y angosto trazado muy por encima del mundo. El pueblo adventista andaba por ese sendero, en dirección a la ciudad que se veía en su último extremo” (PE, 14).

Observemos cómo y cuándo entra en visión: “El Espíritu Santo descendió sobre mí.” Aunque permaneció corporalmente en la sala en donde oraba, le parecía

1.        que se elevaba por encima del mundo;

2.        que volvía su mirada hacia la tierra;

3.        que no podía ver lo que buscaba;

4.        que escuchaba una voz que le hablaba;

5.        que obedecía la orden de esa voz;

6.        que levantaba su mirada y veía al pueblo adventista en marcha;

7.        que contemplaba su lugar de destino;

8.        que se unía a ellos cuando se regocijaban por el galardón.

Es muy claro que las experiencias en la visión fueron reales para ella: vio, sintió, escuchó, obedeció y actuó en lugares lejanos; participaba en la acción, aunque corporalmente permanecía en la sala. Pero los que la acompañaban en ese momento, nada vieron, nada escucharon. Y más tarde relataba o escribía en sus propias palabras sus experiencias.

A menudo, ya en visión, era conducida a un hogar o a una institución, y luego llevada de salón en salón o de un departamento a otro. Le parecía estar en los comités y contemplar las acciones de sus miembros, escuchar sus palabras y observar el medio ambiente.

En 1887 escribió desde Europa a uno de los obreros en cuanto a las normas inadecuadas de una de las instituciones. ¿Cómo recibió la información? “Me levanté a las tres de esta madrugada con un gran peso en mi mente… En mis sueños me encontraba en –, y mi Guía me dijo que tomara en cuenta y observara todo cuanto viera. Me hallaba en un lugar apartado, desde donde no podía ver pero sí escuchar todo lo que sucedía en el salón. Las personas discutían con usted en cuanto a los presupuestos, y oí que disputaban con usted por los altos cobros de la pensión, el hospedaje y el tratamiento. Escuché que usted con voz firme y decidida rehusó rebajar lo que se cobraba. Yo estaba atónita de ver cuán alto era este cobro” (Carta 30, 1887).

A veces veía edificios aún no construidos, pero que serían parte de una institución. Ella se refirió a éstos en una carta escrita en 1903: “He estado pensando cómo, después que comenzamos el Sanatorio de Battle Creek, me fueron mostrados en visión los edificios del sanatorio, listos para ser ocupados. El Señor me instruyó en cuanto a cómo debe hacerse el trabajo en estos edificios para que ejerzan una influencia salvadora sobre los pacientes.

“Todo esto me parecía muy real, pero cuando me levanté, encontré que el trabajo aún no había sido hecho, que los edificios no habían sido construidos.

“En otra oportunidad se me mostró un edificio grande que se construía en el lugar sobre el cual se levantaría el Sanatorio de Battle Creek. Los hermanos estaban muy preocupados en cuanto a quién se haría cargo de la obra. Me sentí muy apesadumbrada. Una de las autoridades se levantó en medio de nosotros, y dijo: ‘Aún no. Ustedes no están listos para invertir fondos en ese edificio, o para hacer planes para su dirección futura.’

“En este tiempo se había colocado el fundamento del sanatorio. Pero necesitábamos aprender la lección de esperar” (Carta 135, 1903).

Representaciones simbólicas

Dos párrafos consecutivos de un testimonio personal dirigido a un obrero destacado de los primeros años, demuestran cómo las experiencias de la vida fueron algunas veces representadas simbólicamente: “Me fueron presentadas muchas otras escenas concernientes a su caso.

Usted me fue presentado una vez mientras trataba de empujar un carro largo por una elevada pendiente; pero este carro, en lugar de subir la colina, continuaba descendiendo. Este carro representa el negocio de los alimentos como una empresa comercial, la cual no ha sido llevada adelante en la forma que Dios recomienda.

“En otra oportunidad usted me fue representado como un general montado en un caballo, llevando un estandarte. Vino uno y tomó de su mano el estandarte, que tenía estas palabras: ‘Los mandamientos de Dios y la fe de Jesús,’ y fue pisoteado en el polvo. Lo vi a usted rodeado de hombres que lo identificaban con el mundo” (Carta 239, 1903).

A veces, los sucesos del pasado, el presente y el futuro gran abiertos delante de ella en forma panorámica. Entonces le parecía que presenciaba, en rápida sucesión, los eventos de la historia. He aquí una cita que nos muestra un poco cómo era iluminada su mente: “Al revelarme el Espíritu de Dios las grandes verdades de su Palabra, y las escenas del pasado y del porvenir, se me mandó que diese a conocer a otros lo que se me había mostrado, y que trazase un bosquejo de la historia de la lucha en las edades pasadas, y especialmente que la presentara de tal modo que derramase luz sobre la lucha futura que se va acercando con tanta rapidez.” (CS, 13, 14, Intr.)

 

El Testimonio del Profeta

Hay dos aspectos en la experiencia del profeta: la visión en sí, y el testimonio o comunicación de lo que le ha sido revelado. El profeta debe entregar su mensaje en el lenguaje más claro y preciso que pueda.

El profeta puede tener las palabras adecuadas para hacerlo satisfactoriamente, o darse cuenta de que debe estudiar diligentemente para adquirir los vocablos que hagan que su mensaje sea preciso e impresionante. El mismo mensaje, en diferentes ocasiones, podrá presentarlo en diferentes términos. Mientras escribía El Deseado de todas las gentes, su autora declaró: “Tiemblo de temor, no sea que empequeñezca el gran plan de salvación con las palabras comunes” (EGWMR, 59). El mensaje puede también sufrir deterioro por la imperfección del lenguaje humano: “La Biblia… fue escrita por manos humanas, y la diversidad de estilo de sus diferentes libros muestra la individualidad de cada uno de sus escritores. Las verdades reveladas son todas inspiradas por Dios; (1 Tim. 3: 16) y con todo están expresadas en palabras humanas. Es que el Ser supremo e infinito iluminó con su Espíritu la inteligencia y el corazón de sus siervos. Les daba sueños y visiones, y les mostraba símbolos y figuras; y aquellos a quienes la verdad fue así revelada, revestían el pensamiento divino con palabras humanas…

“Escritos en épocas diferentes y por hombres que diferían notablemente en posición social y económica, y en facultades intelectuales y espirituales, los libros de la Biblia presentan contrastes en su estilo, como también diversidad en la naturaleza de los asuntos que desarrollan. Sus diversos escritores se valen de expresiones diferentes; a menudo la misma verdad está presentada por uno de ellos de modo más notable que por otro…

“Presentada por diversas personalidades, la verdad aparece en sus variados aspectos. Un escritor percibe con más fuerza cierta parte del asunto; comprende los puntos que armonizan con su experiencia o con sus facultades de percepción y apreciación; otro nota más bien otro aspecto del mismo asunto; y cada cual, bajo la dirección del Espíritu Santo, presenta lo que ha quedado impreso con más fuerza en su propia mente. De ahí que encontremos en cada uno un aspecto diferente de la verdad, pero perfecta armonía entre todos ellos. Y las verdades así reveladas se unen en perfecto conjunto, adecuado para satisfacer las necesidades de los hombres en todas las circunstancias de la vida.” (CS, 8-9, Intr.)

Aunque el profeta emplea sus propios medios de expresión, de todas maneras, el Espíritu Santo sigue actuando. Este es un punto vital: “Aunque dependo del Espíritu del Señor tanto para escribir mis visiones como para recibirlas, sin embargo las palabras que empleo para describir lo que he visto son mías, a menos que sean las que me habló un ángel, las que siempre incluyo entre comillas” (1MS, 42).

Y recalca: “Mediante la inspiración de su Espíritu, el Señor dio la verdad a sus apóstoles, para que la expresaran de acuerdo con su mentalidad mediante el Espíritu Santo. Pero la mente no está sujeta, como si hubiera sido forzada dentro de cierto molde” (1MS, 25).

El profeta, pues, recibe el mensaje por medio de visiones mientras está totalmente bajo la influencia del Espíritu de Dios; e imparte su testimonio bajo la dirección del Espíritu de Dios, pero no hasta el punto de ser un robot o de estar sometido a un molde fijo, sino que comunica el mensaje en la mejor manera, de acuerdo con su estilo y preparación; en esta forma influye de manera particular sobre los que tienen una formación semejante a la suya.

A veces las mismas palabras que usará son impresas en su mente por el Espíritu: “Estoy tratando de conseguir las mismas palabras y expresiones que fueron usadas en relación con este asunto, y como mi pluma vacila un momento, las palabras apropiadas vienen a mi mente” (EGWW, 22).

En otra declaración dice: “Cuando escribo algo importante, él [el Espíritu Santo] está junto a mí ayudándome…, y cuando busco una palabra apropiada para expresar mi pensamiento, él la trae clara y distintamente a mi memoria” (Carta 127, 1902).

Temas históricos

La historia le fue presentada a la Sra. White como una base sobre la cual debía trazar la narración de la gran controversia. Ella nos dice cómo le fue presentada la controversia: “Mediante la iluminación del Espíritu Santo, las escenas de la lucha secular entre el bien y el mal fueron reveladas a quien escribe estas páginas. En una y otra ocasión se me permitió contemplar las peripecias de la gran lucha secular entre Cristo, Príncipe de la vida, Autor de nuestra salvación, y Satanás, príncipe del mal, autor del pecado y primer transgresor de la santa ley de Dios” (CS, 13).

Su experiencia fue similar a la de Moisés sobre el monte Nebo, al mostrársele la tierra prometida: “Se le presentó luego una visión panorámica de la tierra de promisión. Cada parte del país quedó desplegada ante sus ojos, no en realce débil e incierto en la vaga lejanía, sino en lineamientos claros y bellos que se destacaban ante sus ojos encantados. En esta escena se le presentó la tierra, no con el aspecto que tenía entonces sino como había de llegar a ser bajo la bendición de Dios cuando estuviese en posesión de Israel.

“Le pareció estar contemplando un segundo Edén. Había allí montañas cubiertas de cedros del Líbano, colinas que asumían el color gris de sus olivares y la fragancia agradable de la viña, anchurosas y verdes planicies esmaltadas de flores y fructíferas; aquí se veían las palmeras de los trópicos, allá los undosos campos de trigo y, cebada, valles soleados en los que se oía la música del murmullo armonioso de los arroyos y los dulces trinos de las aves, buenas ciudades y bellos jardines, lagos ricos en ‘la abundancia de los mares,’ rebaños que pacían en las laderas de las colinas, y hasta entre las rocas los dulces tesoros de las abejas silvestres…

“Moisés vio al pueblo escogido establecido en Canaán, cada tribu en posesión de su propia heredad. Alcanzó a divisar su historia después de que se establecieran en la tierra prometida; la larga y triste historia de su apostasía y castigo se extendió ante él. Vio esas tribus dispersadas entre los paganos a causa de sus pecados, y a Israel privado de la gloria, con su bella ciudad en ruinas, y su pueblo cautivo en tierras extrañas. Los vio restablecidos en la tierra de sus mayores, y por último, dominados por Roma.

“Se le permitió mirar a través de los tiempos futuros y contemplar el primer advenimiento de nuestro Salvador… Siguió al Salvador a Getsemaní y contempló su agonía en el huerto, y cómo era entregado, escarnecido, flagelado y crucificado…, miró otra vez, y le vio salir vencedor de la tumba y ascender a los cielos escoltado por los ángeles que le adoraban, y encabezando una multitud de cautivos” (PP, 506-508).

El dramático relato prosigue. Moisés, estupefacto, contempla los sucesos: ve, escucha, participa; todos sus sentidos actúan. La historia del futuro se le presentó en forma vívida. Es muy improbable que se le hayan revelado fechas; no es probable que todas las ciudades que vio fueran nombradas. Estos eran detalles intrascendentes para el desarrollo de la visión.

¿Se le mostraron a Elena G. de White, en cada ocasión, todos los nombres y las fechas de los eventos que contempló? La evidencia nos dice que no.

Ella vio ocurrir los eventos significativos en el desarrollo de la gran controversia; los detalles y referencias incidentales fueron de menor importancia. Alguna de esta información puede hallarse en los escritos sagrados; otra, en las fuentes históricas responsables. Es evidente que para Dios no era esencial impartir tales detalles.

Observaciones de Guillermo C. White

Guillermo C. White, hijo de la Sra. White, describe así la experiencia de ella: “Mi madre nunca ha afirmado que es una autoridad en historia. Las cosas que ha escrito son descripciones de detalles fulgurantes y otras representaciones dadas a ella en relación con las acciones de los hombres, y la influencia de estas acciones sobre la obra de Dios en el plan de salvación, acciones que se refieren al presente, el pasado y el futuro. Y al escribir en cuanto a estos aspectos, ha hecho uso de declaraciones históricas precisas y apropiadas para hacer más claras al lector las cosas que ella se esfuerza por presentar.

“Cuando yo era muchacho la escuché leerle a mi padre la Historia de la Reforma, de d’Aubigné. Le, leyó mucho, acaso los cinco volúmenes completos. Ella ha leído otras historias de la Reforma. Esto le ha ayudado a situar y describir muchos de los eventos y movimientos presentados a ella en visión. Es algo similar a la manera en que el estudio de la Biblia le ayuda a localizar y describir muchas representaciones simbólicas que ha recibido en cuanto al desarrollo de la gran controversia en nuestro tiempo.” (Asociación General, octubre 30, 1911. Citado en EGWW, 33)

Pocos meses después, de nuevo declaró: “En cuanto a los escritos de mi madre y su uso como autoridad en hechos históricos y en cronología, ella nunca ha deseado que nuestros hermanos la consideren como tal. Las grandes verdades reveladas a mi madre en cuanto a la controversia entre el bien y el mal, la luz y las tinieblas, le fueron dadas de muchas maneras, pero mayormente como detalles fulgurantes de grandes acontecimientos en las vidas de los individuos y en las experiencias de las iglesias de los reformadores y las naciones…

“Cuando escribía de la experiencia de los reformadores durante la Reforma, y del movimiento del advenimiento en 1844, mi madre a menudo daba al comienzo una descripción parcial de algunas escenas que se le presentaban. Más tarde escribía, repetidamente, en forma cada vez más completa. Sé que escribe sobre un tema cuatro o cinco veces, y luego se lamenta porque no pudo desplegar un lenguaje apropiado para describirlo más perfectamente.”

Descripciones parciales

“Cuando escribía El conflicto de los siglos, algunas veces dio una descripción parcial de un suceso histórico importante, y cuando su secretaria preparaba los manuscritos para el impresor, ésta averiguaba fechas y lugares. Mi madre solía decir que esos datos habían sido registrados por historiadores serios, y que por lo tanto debían insertarse.

“Cuando fue escrito El conflicto, mi madre nunca pensó que los lectores lo tomarían como una autoridad en historia, o que lo usarían para desatar polémicas en cuanto a detalles de historia, y aún piensa lo mismo. Mi madre tiene en gran estima el trabajo de esos fieles historiadores que dedicaron años al estudio del gran plan de Dios como se presenta en la profecía, y en el desarrollo de ese plan como se registra en la historia.” (Carta a W. W. Eastman, noviembre 4, 1912. EGWW, 34)

Con respecto a la historia de la Reforma, su siguiente declaración es significativa: “Han sido presentados delante de mí los sucesos en la historia de los reformadores” (Carta 48, 1894).

En cuanto a esto, W. C. White escribió: “Los contactos de mi madre con el pueblo de Europa le recordaron muchas cosas que le habían sido presentadas en años anteriores, algunas de ellas, dos o tres veces; y otras, muchas veces” (EGWW, 124).

 

El Problema de la Infalibilidad

Refiriéndose a la Biblia, Elena G. de White declara: “Las Sagradas Escrituras deben ser aceptadas como dotadas de autoridad absoluta y como revelación infalible de su voluntad… ‘Toda Escritura es inspirada por Dios; y es útil para enseñar, para redargüir, para corregir’” (CS, 9).

Ella no niega que el lenguaje de la Biblia sea usado por algunos para sacar falsas conclusiones. Por una parte ella afirma que las Escrituras contienen una revelación infalible; pero, por otra, que el lenguaje usado para impartirla es humano y, por lo tanto, imperfecto.

“Acerca de la infalibilidad, nunca pretendí tenerla. Sólo Dios es infalible… El Señor habla a los seres humanos en lenguaje imperfecto, a fin de que puedan comprender sus palabras los sentidos degenerados, la percepción opaca y terrena de seres terrenos. Así se muestra la condescendencia de Dios. Se encuentra con los seres humanos caídos donde ellos están. La Biblia, perfecta como es en su sencillez, no responde a las grandes ideas de Dios pues las ideas infinitas no pueden ser perfectamente incorporadas en los vehículos finitos del pensamiento. En vez de que las expresiones de la Biblia sean exageradas, como muchos suponen, las expresiones vigorosas se quebrantan ante la magnificencia del pensamiento, aunque el escribiente elija el lenguaje más expresivo para transmitir las verdades de la educación superior” (1MS, 42, 25-26).

Los manuscritos del profeta

No sabemos cómo los profetas antiguos preparaban sus manuscritos. ¿Tachaban una palabra y la reemplazaban con otra que expresara mejor un determinado concepto? ¿Hubo defectos gramaticales en su primera composición, o ésta era perfecta? Los manuscritos originales no existen; no podemos, pues, examinarlos.

Pero de Elena G. de White sí tenemos los manuscritos originales. El hecho de que el Espíritu Santo descansara sobre ella no le concedió un conocimiento perfecto de la ortografía y la gramática. Trabajó muy cuidadosamente y, con la ayuda de Dios, adquirió la habilidad para presentar la verdad en forma clara e impresionante; pero esto le exigió un esfuerzo constante e intenso. En sus manuscritos se revela un desarrollo progresivo en el vocabulario y en la habilidad para usar las palabras.

Sus contemporáneos reconocieron que errores gramaticales pueden aparecer en escritos inspirados, pero esto no disminuyó su confianza ni impidió que aceptaran sus escritos.

Elena G. de White reconoció abiertamente la ayuda que ella recibía de sus asistentes: “Mientras mi esposo vivió, actuó como ayudante y consejero en el envío de los mensajes que me eran dados. A veces se me daba luz durante la noche, a veces durante el día delante de grandes congregaciones. La instrucción que recibía en visión era fielmente redactada por mí cuando tenía tiempo y vigor para esa obra. Después examinábamos juntos el asunto. Mi esposo corregía los errores gramaticales y eliminaba las repeticiones inútiles. Esto era cuidadosamente copiado para las personas a quienes iba dirigido, o para el impresor.

“A medida que creció la obra, otros me ayudaron en la preparación del material para su publicación. Después de la muerte de mi esposo, se me unieron fieles ayudantes, los que trabajaron infatigablemente en la obra de copiar los testimonios y preparar artículos para su publicación.

“Pero no son verdaderos los informes que han circulado, que se permitía a cualquiera de mis ayudantes añadir material o cambiar el sentido de los mensajes que escribo” (1MS, 57).

Estos ayudantes no se desconcertaban por hallar falta de concordancia de tiempo en una oración, en un manuscrito o en un escrito anterior. El ministerio de ella tenía las credenciales divinas, y ellos reconocían que el mensaje era de Dios.

En 1883 fue necesario publicar de nuevo unos folletos tempranos de los testimonios, y la Sra. White y sus asociados reconocieron que debían corregirse ciertos defectos de expresión para presentar el mensaje en la mejor forma literaria posible.

Debido a su importancia, el asunto fue presentado al concilio de la Asociación General en 1883. Y entonces, no sólo se tomaron decisiones importantes en cuanto a la reimpresión de los Testimonios, sino que se alertó a la denominación acerca de ciertos principios que tienen que ver con las expresiones del Espíritu Santo. Citamos de las actas de esa reunión:

32. “CONSIDERANDO que algunos volúmenes impresos de los Testimonios para la iglesia están agotados, y no se puede obtener el juego completo, y,

CONSIDERANDO que hay un pedido urgente para que se reimpriman estos volúmenes, por lo tanto,

“SE RESUELVE: que recomendemos su reimpresión en cuatro volúmenes de 800 páginas cada uno, y no en siete. (En inglés, por supuesto.)

33. “CONSIDERANDO que muchos de estos Testimonios fueron escritos bajo las más desfavorables circunstancias, pues la escritora estaba apremiada con trabajo y preocupaciones para poder dedicar consideración crítica’ a la perfección gramatical de sus escritos, y que éstos fueron impresos con tal prisa que se deslizaron estas imperfecciones gramaticales sin ser corregidas, y,

CONSIDERANDO que creemos que la luz de Dios dada a sus siervos es para la iluminación de la mente, para impartir los pensamientos, y no – excepto en casos excepcionales – las palabras exactas en las cuales se expresan las ideas; por lo tanto,

“SE RESUELVE que, en la reimpresión de estos volúmenes, se hagan los cambios verbales necesarios para corregir las imperfecciones mencionadas hasta donde sea posible, pero sin alterar en nada el pensamiento; y, además,

34. “SE RESUELVE que este cuerpo escoja un comité de cinco personas para que se hagan cargo de la reimpresión de estos volúmenes de acuerdo a los votos y resoluciones que se han tomado” (RH, noviembre 27, 1883).

Una explicación editorial

Cinco años después Urías Smith discutió en un editorial de la Review and Herald la siguiente pregunta: “¿Cuáles son inspiradas, las palabras o las ideas?”

El mismo interrogador continúa: “¿No es una palabra signo de una idea? ¿Cómo puede, entonces, ser inspirada una idea, y no serlo los signos que transmiten la idea a la mente?”

Respuesta: “Si no hubiera más que una palabra para expresar una idea, sería así; pero cuando hay quizá cientos de maneras de expresar la misma idea, el asunto es muy diferente. Por supuesto, si el Espíritu Santo diera a una persona palabras que escribir, estaría obligada a usar esas mismas palabras sin cambiarlas. Pero cuando una escena o situación es presentada a una persona, y no se le da el lenguaje o las palabras específicas, estará en libertad para describirla con sus palabras, como le parezca mejor, para expresar la verdad recibida.

“Y si, ya escrita, se le ocurriera una mejor manera de expresar su contenido, le sería perfectamente permitido desechar todo lo que ha escrito y redactarlo de nuevo, conservando escrupulosamente las ideas y hechos que le fueron mostrados; y en el segundo escrito alentará la idea divina comunicada como en el primero, y en ninguno de los dos casos podría decirse que las palabras fueron dictadas por el Espíritu Santo, sino que fueron dejadas al juicio individual.

“Mucho de lo que los profetas escribieron en las Escrituras son palabras pronunciadas directamente por el Señor, y no las de ellos. En estos casos, las palabras sí son inspiradas. La Hna. White a menudo registra palabras dichas por los ángeles. Tales palabras, por supuesto, ella las registra tal como las escuchó, y no tiene la autorización para usar otras ni aun en una construcción diferente.

“Pero mucho de lo que los escritores de la Biblia dijeron podrían haberlo escrito con una fraseología diferente, y las verdades registradas hubieran sido tan inspiradas como las tenemos ahora” (RH, marzo 13, 1888).

“Mi madre nunca ha reclamado inspiración verbal, y tampoco encuentro que mi padre o los pastores Bates, Andrews, Smith o Waggoner hicieron esta afirmación. Si hubiera inspiración verbal en la redacción de sus manuscritos, ¿por qué, entonces, sería necesario de su parte el trabajo de adición o adaptación? El hecho es que mi madre toma a menudo uno de sus manuscritos, lo repasa cuidadosamente y agrega material para ampliar aún más el pensamiento.” (William C. White, autorizado por ella. EGWW, 189)

Una reafirmación de lo dicho se echa de ver en estas palabras escritas mientras ella estaba en Europa: “La Biblia fue escrita por hombres inspirados, pero no es la forma del pensamiento y de la expresión de Dios. Es la forma de la humanidad. Dios no está representado como escritor. Con frecuencia los hombres dicen que cierta expresión no parece de Dios. Pero Dios no se ha puesto a sí mismo a prueba en la Biblia por medio de palabras, de lógica, de retórica. Los escritores de la Biblia eran los escribientes de Dios, no su pluma. Considerad a los diferentes escritores.

“No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres son los que fueron los inspirados. La inspiración no obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. Pero las palabras reciben la impresión de la mente individual. La mente divina es difundida. La mente y voluntad divinas se combinan con la mente y voluntad humanas. De este modo, las declaraciones del hombre son la Palabra de Dios” (1MS, 24).

Y por cuanto los adventistas del séptimo día tienen una profetisa de Dios en su medio, pueden saber cómo se manifiesta la inspiración. Los que trabajan con manuscritos de la Biblia tienen que entendérselas con materiales escritos de dos mil y hasta tres mil quinientos años de antigüedad, de los cuales tenemos hoy únicamente copias que se han reproducido muchas veces

La importancia de comprender la inspiración

Los falsos conceptos en cuanto a la inspiración y la revelación, ya sean modernos o conservadoramente extremistas, pueden llevar al desastre. Hay una razón para creer que el gran adversario aprovechará al máximo los falsos conceptos en cuanto a la inspiración, pues “el último engaño de Satanás se hará para que no tenga efecto el testimonio del Espíritu de Dios. ‘Sin profecía el pueblo se desenfrena.’ (Prov. 29: 18) Satanás trabajará hábilmente en diferentes formas y mediante diferentes instrumentos para perturbar la confianza del pueblo remanente de Dios en el testimonio verdadero” (1MS, 54-55).

Un esfuerzo tal fue hecho hace unos 90 años por D. M. Canright, gran evangelista adventista y fiel administrador. Se tornó enemigo de la iglesia y la criticó, y como excusa de su apostasía argumentó que Elena G. de White y los adventistas sostenían que cada línea escrita por ella en cartas, folletos, artículos, testimonios o libros había sido dictada por el Espíritu Santo, y que por tanto era infalible.

Años más tarde un profesor de Biblia, de mi mayor estima, abandonó su trabajo y perdió mucha de su confianza en el mensaje. ¿Cuál era el problema? No podía aceptar a Elena G. de White como la mensajera del Señor; y redactó una explicación. Su padre había servido muchos años en el ministerio y tuvo en alta estima los escritos del espíritu de profecía; más aún: había sostenido una posición extremista, un concepto dictatorial. Este concepto lo heredó su hijo, el profesor a quien me refiero. Como maestro de Biblia descubrió ciertas dificultades que no pudo resolver precisamente por su concepto rígido en cuanto a la inspiración. Años más tarde, con motivo de una invitación que le hicieron los fideicomisarios de Elena G. de White, discutimos los puntos que lo habían perturbado. Este estudio conjunto nos hizo ver que los problemas que lo habían agitado y desanimado se debían a los conceptos rígidos y tergiversados en cuanto a la inspiración. Antes de despedirnos me dijo apesadumbrado: “¡Cuán grande habría sido la diferencia si sólo hubiera entendido las cosas en forma distinta! ¡Pero ya es demasiado tarde!” Murió apesadumbrado.

Muchos eruditos afirman que la Biblia no es más inspirada que los escritos de los autores famosos. Otros creen que el profeta sólo experimenta un “encuentro” con Dios, pero que no se le imparte ninguna información ni instrucción; y que los profetas simplemente expresan sus reacciones a dichos “encuentros.” Puedo ver en estas apreciaciones de la inspiración la obra de un enemigo que busca anular el mensaje de Dios para su pueblo.

Pruebas de la Biblia para el profeta genuino:

1.        “Por sus frutos los conoceréis.” (Mat. 7: 20).

2.        Fidelidad a los fundamentos de la fe cristiana (1 Juan 4:2).

3.        Cumplimiento de sus predicciones (Jer. 28: 9; Deut. 18: 22).

4.        “¡A la ley y al testimonio!” (Isa. 8: 20).

La falta de espacio nos impide desarrollar estos puntos; pero todo adventista está, poco más o menos, relacionado con ellos.

Pero sobre todo, y más allá de todo, está la forma en que los escritos de la Hna. White hablan al corazón de los lectores. Esto lo experimenta todo fiel estudiante de sus escritos.

Se levantarán preguntas y nos acecharán problemas. Así ha sido, así es, y así será. Y si damos crédito a la profecía, los mismos se intensificarán y aumentarán a medida que nos acerquemos al fin. Por esto nuestros conceptos sobre la inspiración deben estar respaldados por el testimonio de los profetas. En la Biblia hallamos lecciones importantísimas, generalmente en conexión con los mensajes. Todo adventista del séptimo día debe conocerlas. ¿Cómo le llegó la luz al profeta? ¿En qué forma entregó éste el mensaje a la gente?

Entonces ¿cuál es el testimonio de Elena G. de White en estas líneas? En los artículos precedentes hemos visto algunos de tales testimonios. Ella escribió muy extensamente en cuanto a la inspiración de la Biblia e hizo muchas referencias a la inspiración dentro de su obra, Lo que ella escribió es altamente informativo. Como en la mayoría de los casos, lo que ella escribió en tales líneas vino en circunstancias prácticas y naturales. Mucho de esto fue escrito en 1880. En esa década se estaba preparando una traducción de la Biblia conocida como la Revised Version (Versión revisada). El Nuevo Testamento apareció en 1885.

En la mente de no pocos adventistas esta nueva traducción despertó serias preguntas, por ejemplo: “¿Qué es conveniente y admisible para que haya una revisión de las Escrituras?” La Review and Herald tomó nota de esta inquietud, y Elena G. de White redactó cuatro declaraciones importantes en cuanto a la inspiración:

1886: “Objeciones hechas a la Biblia” (1MS, 21-24).

1888: (CS, Intr.).

1888: “La inspiración de la Palabra de Dios(1MS, 17-21).

1889: “Los misterios de la Biblia como prueba de su inspiración” (2JT, 303-317; léase también “Los misterios de la Biblia,” Ed, 165-168).

Un estudio detenido de estas cuatro declaraciones será de mucha ayuda. Agreguemos, además, el balance que se obtenga en “Luz sobre nuestro sendero,” (1MS, 15-87; 5 T, 654-691). Es urgente que nos familiaricemos con estas lecturas.

La obra de la inspiración ha sido un asunto de especial interés para los fideicomisarios de Elena G. de White, guardianes especiales de sus escritos. A. G. Daniells, presidente de la Asociación General desde 1901 a 1922, se refiere a este tema en su libro El permanente don de profecía. Otro de los fideicomisarios mencionados, F. M. Wilcox, editor durante treinta años de la Review and Herald, en 1933 presentó varios aspectos de esta cuestión en una serie de artículos, con el título El testimonio de Jesús, los cuales fueron reimpresos en un libro con el mismo título. (Publicado por la Casa Editora Sudamericana en 1960.)

Cómo transmite Dios su mensaje

En 1929 comencé a trabajar como secretario del departamento de fideicomisarios de Elena G. de White, bajo la dirección de Guillermo C. White. A medida que leía los manuscritos, las cartas y las obras publicadas, comencé a interesarme más y más en la forma en que Dios hace llegar sus mensajes a la gente. Y pronto concluí que, así como Dios habló “muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo,” también ha hablado por medio de Elena G. de White. Este tema me ha apasionado.

Como en parte mi trabajo ha consistido en responder preguntas relativas a la Sra. White y sus escritos, me he dado cuenta que dichas respuestas están íntimamente unidas con la comprensión de la manera como la inspiración se manifiesta en todos los escritos del espíritu de profecía. Ella no respaldó una inspiración mecánica, rígida, como algunos la han catalogado. Nuestros pioneros la llamaron “inspiración verbal,” aunque algunos teólogos dan a esta expresión un sentido diferente al de ellos. ¡Y cuántas veces las perplejidades de nuestros interrogadores se desvanecieron a la luz de la información en cuanto a las maneras en que se manifiesta la inspiración!

La información que he encontrado, a menudo en referencias incidentales, la he recopilado, para beneficio de los ministros y de otras personas, en artículos que se han publicado. Estos artículos fueron reimpresos en un libro de amplia difusión, titulado Ellen G. White, Messenger to the Remnant.

De vez en cuando me invitan a hablar a nuestros profesores de Biblia y a otros grupos en cuanto a diversos aspectos de la obra de Elena G. de White. Uno de estos aspectos responde al tema “La autoridad de los escritos de Elena G. de White,” y otro, a la pregunta “¿Quién le habló a la Hna de White?” He preparado dos artículos titulados: “Elena G. de White como historiadora” y “Principios de hermenéutica en los escritos de Elena G. de White.” Estos artículos, junto con otro titulado “Hacia un concepto concreto de la inspiración,” han estado disponibles en forma mimeografiada. La naturaleza importante de su contenido, basado no en definiciones y conceptos teológicos sino simplemente en las pruebas provistas en los mismos documentos de Elena G. de White, indujeron a la casa editara Review and Herald Association a publicarlos en un libro titulado The Ellen G. White Writings. Este volumen contiene, además, tres apéndices muy esclarecedores:

1. “Nuestro uso de las visiones de la Hna. White,” por J. N. Andrews.

2. “La inspiración de los evangelistas y de los otros escritores del Nuevo Testamento,” por el Dr. Henry Alford, teólogo y comentador anglicano que trabajó en 1863. Este documento presenta lo que el Patrimonio White ha considerado por muchos años como una información sumamente útil, porque se refiere a muchas situaciones y principios que a menudo se piensa que no tienen que ver con la inspiración.

3. “La edición de 1911 de El conflicto de los siglos,” por Guillermo C. White. Es una explicación del hijo y ayudante de Elena G. de White en cuanto a los detalles propios de la revisión de un libro inspirado.

Es triste ver excelentes adventistas confundidos o que pierden su confianza en el espíritu de profecía por causa de falsos conceptos. Sostienen puntos de vista rígidos, sin haber hecho un estudio específico y cabal, y catalogan a los profetas como autómatas que hablan o escriben únicamente las palabras dictadas por el Espíritu Santo. Es doloroso también ver que muchos fracasan en percibir, por causa de conceptos liberales injustificables, la mano de Dios tal como se manifiesta en su pueblo por medio de su profetisa, y pierden la gran bendición de la certeza de que el pueblo adventista es un pueblo guiado y enseñado por Dios.

Creo que la presentación de estos artículos y la lectura detenida de las fuentes de información mencionadas, pueden ser de ayuda decisiva a medida que entremos en los días difíciles que nos esperan.

Fuentes para la Serie “Conflicto”

Desde la muerte de Elena G. de White, en 1915, no ha habido quizá, en la Iglesia Adventista, un interés tan grande e intenso en el asunto de la inspiración, especialmente de la Hna. de White, como ahora. Es comprensible, pues sus escritos afectan decisivamente a todo creyente.

Los adventistas que aceptan los consejos del espíritu de profecía como del Señor y, consiguientemente, como obligatorios, disfrutan de la seguridad de que son dignos de confianza. Los lectores de la serie “Conflicto” pueden no sentirse tranquilos, ya que puede sostenerse su siguiente declaración: “La Hna. White no es la originadota de estos libros. Ellos contienen la instrucción que durante el período de su vida Dios le ha estado dando” (CE, 173, ed. 1967)

La manera en que Elena G. de White recibió la luz y cómo ella la impartió a otros, es el tema de un estudio digno y útil. A fin de colocar una base indispensable para comprender su obra, resulta muy importante la atención que se preste a la forma en que ella, una persona inspirada, se relacionó con los tiempos en que vivió, a los sucesos que presenció, las corrientes de información que escuchó en relación con sus escritos y en sus contactos con otros, y a las presiones de aquellos que quisieron influir sobre ella.

En los últimos años se ha despertado un gran interés en lo que ha dado en llamarse las “fuentes” de Elena G. de White en la redacción de la serie “Conflicto,” especialmente en los volúmenes El conflicto de los siglos y El Deseado de todas las gentes.

No hay necesidad de conjeturar acerca de estas “fuentes,” pues la extensa información contenida en todos los escritos de Elena G. de White y en las declaraciones de los que trabajaron con ella, es clara y amplia.

Por causa de mi larga relación con los escritos del espíritu de profecía se me pide que presente este tema a los lectores de la Adventist Review. Mi presentación tiene el respaldo de 50 años de experiencia con los fideicomisarios de Elena G. de White y en un estudio reciente más intenso de los documentos relacionados con este tema. Estos artículos nos apartarán un poco de los conceptos estrechos, de acuerdo a los cuales Elena G. de White escribió únicamente lo que le fue revelado en visión o le fue dictado por el Espíritu Santo. También proporcionarán, a mi entender, una comprensión más profunda sobre un tópico emocionante: cómo actúa la inspiración.

Ante todo, Elena G. de White ya se refirió en 1888 al tema de sus “fuentes” para la historia de la serie “Conflicto” en la Introducción de El conflicto de los siglos. La Introducción de este libro, el primero que apareció, de la serie mencionada, para el público en general, puede ser considerada también como un prefacio para los otros cuatro: Patriarcas y profetas, Profetas y reyes, El Deseado de todas las gentes y Los hechos de los apóstoles; y además, para los otros escritos relacionados con la misma serie. Es uno de los escritos más informativos sobre la inspiración que se puedan encontrar.

La redacción de la serie “Conflicto” varía algo, en esencia, de la redacción de los testimonios personales, de los Testimonios y de otros libros y artículos de consejo e instrucción para la iglesia. En los cinco libros mencionados utilizó un amplio paralelismo entre la historia de la Biblia y la secular. Y cuando termina la historia de los últimos escritores de la Biblia, continúa con la historia hasta la segunda venida de Jesús y más allá.

La redacción de aquellos cinco volúmenes fue algo que absorbió mucho de la atención de la Hna. White a través de los años de su ministerio.

Para dar una perspectiva apropiada a la discusión de las “fuentes” de información en la descripción de Elena G. de White publicada progresivamente en tres etapas, examinaremos sus objetivos. Estos libros no fueron escritos ni para presentar una historia del mundo, ni como una historia para corregir registros históricos; por el contrario, fueron escritos para trazar “un bosquejo de la historia de la lucha en las edades pasadas… de tal modo que derramase luz sobre la lucha futura… No consiste tanto en presentar nuevas verdades relativas a las luchas de edades pasadas como en hacer resaltar hechos y principios que tienen relación con acontecimientos futuros… Esos relatos del pasado” deben verse con un “nuevo significado,” pues “se desprende de ellos una luz que proyecta rayos sobre el porvenir” (CS, 14-15). La escritora, con los ojos fijos en la lucha culminante entre las fuerzas de Cristo y Satanás, estaba más interesada en el panorama histórico total que en detalles menores. Lo que describía en forma explícita era la intervención de Dios en los asuntos humanos.

La influencia del Espíritu Santo

E. G. de White fue instruida para que trazara “un bosquejo de la historia de la lucha”; ¿,pero en dónde podía una mujer, algo enferma y con sólo tres años de educación, una madre ocupada y ama de casa que viajaba extensamente en beneficio de la iglesia, que hablaba constantemente delante de grandes auditorios, sostenía entrevistas y escribía testimonios y artículos, obtener conocimientos históricos que debía presentar delante de la gente? Ella responde, en la Introducción mencionada, de dos maneras: (1) mediante la iluminación del Espíritu Santo, y (2) con el auxilio de registros históricos. Nos referiremos ahora especialmente a la primera de las dos:

“Mediante la iluminación del Espíritu Santo, las escenas de la lucha secular entre el bien y el mal fueron reveladas a quien escribe estas páginas. Vez tras vez se me permitió contemplar, en diferentes épocas, las peripecias de la gran lucha secular entre Cristo, Príncipe de la vida, Autor de nuestra salvación, y Satanás, príncipe del mal, autor del pecado y primer transgresor de la santa ley de Dios” (CS, 13).

“La iluminación del Espíritu Santo” se refiere a las impresiones hechas sobre el corazón por “el Espíritu de Dios” (2JT, 302), así como a la luz que recibió por medio de visiones diurnas y nocturnas, a menudo llamadas sueños. A veces, mientras hablaba a una congregación, el Espíritu de Dios le revelaba la vida y carácter de varias personas (2JT, 278-279). “Las cosas más preciosas del Evangelio” le fueron mostradas a menudo – dice ella – “para que yo tenga nuevas representaciones cada vez que abro mis labios al hablar a la gente” (MS, 174, 1903). También informó que mientras oraba o escribía en la quietud de su escritorio, y estaba completamente consciente de todo lo que la rodeaba, escenas importantes pasaban delante de su mente (MS, 12c, 1896).

Es difícil trazar líneas precisas en la experiencia de una persona que está completamente bajo la influencia del Espíritu Santo. No hay una fórmula exacta ni una definición apropiada.

“A veces soy llevada muy lejos dentro del futuro y se me muestra lo que sucederá. Entonces, de nuevo, contemplo sucesos como ocurrieron en el pasado.” A continuación indica su completa dependencia del Espíritu Santo durante la visión: “Dependo del Espíritu del Señor tanto para relatar o escribir una visión como para tenerla. Me es imposible rememorar cosas que me han sido mostradas, a menos que el Señor las traiga delante de mí en el momento en que desea que las relate o las escriba” (2SG, 292-293).

Estas visiones fueron un método importante en el proceso de la revelación. En visión, ya veía una ciudad siendo destruida mientras el ángel le explicaba el significado de la escena, (3 JT, 329-331), o bien era llevada de un cuarto a otro en una institución y observaba lo que sucedía (CH, 412-413), o tal vez se le mostraban edificios aún no construidos y se le daban instrucciones en cuanto a cómo hacer el trabajo una vez que estuvieran listos (Carta 135, 1903), o aun en arma simbólica se le mostraba la conducta de un dirigente (Carta 239, 1903), o quizá presenciaba las escenas que se le presentaban acerca de la gran controversia (CS, 12-13). Todo era parte del proceso por el cual Dios le impartía luz a su sierva escogida.

Cuando ella dice: “Vez tras vez se me permitió contemplar en diferentes épocas las peripecias de la gran lucha secular entre Cristo… y Satanás,” se refiere a escenas contempladas en visión. La frase “en diferentes épocas” sugiere no sólo muchas visiones, sino también eventos históricos ampliamente variados y relacionados, que ocurren en el largo período de la gran controversia.

En su autobiografía escrita en 1860, Elena G. de White menciona dos visiones tempranas de amplio alcance ‘que introducen la historia de la gran controversia, pero basa su relato primariamente sobre las visiones escénicas que le fueron dadas el 14 de marzo de 1858. De esta visión de dos horas, escribió: “En esta visión en Lovett’s Grove (Estado de Ohio) se me repitió la mayor parte del tema de la gran controversia que yo había visto diez años antes; y me fue mostrado que debía escribirla” (2SG, 270).

Y lo hizo en la primavera y el verano de 1858. En esta forma dio a la iglesia, en septiembre de ese año, el primer libro encuadernado. Fue el primer tomo de Spiritual Gifts, de 219 páginas, titulado La gran controversia entre Cristo y sus ángeles, y Satanás y sus ángeles.

Cómo recibió la información

Las representaciones escénicas visuales fueron el método más común para mostrarle la historia de la gran controversia (PE, 145-295). Hay tres capítulos iniciales que tienen que ver con la gran controversia: “La caída de Satanás,” “La caída del hombre” y “El plan de salvación.” Luego omite la historia del Antiguo Testamento para continuar con el nacimiento y ministerio de Cristo, y prosigue hasta la destrucción del pecado y los pecadores. La historia del Antiguo Testamento se desarrolla en los tomos 3 y 4 de Spiritual Gifts. En Primeros escritos se hallan muchas declaraciones como éstas: “Vi una tristeza extenderse por el semblante de Adán” (148); “ [Adán] recibió el fruto” (148); “Vi al amable Jesús” (149); “Se me mostró a Satanás” (152); “Contemplé a Jesús en el huerto con sus discípulos” (166); “Se me mostró a Satanás tal como había sido antes” (152); “Se me mostró que durante el ministerio de Cristo, Satanás”… (158); “Vi que la hueste angélica se llenó de asombro” (216); “Se me mostró que la ley de Dios permanecerá inalterable” (217); “Me fueron mostrados Adán y Eva en el Edén… Oí a un ángel preguntar: ‘¿Quién de la familia de Adán cruzó aquella flamígera espada, o comió de aquel árbol?’ Oí a otro ángel contestar: ‘Ni uno de la familia de Adán cruzó esa espada de fuego, ni comió de aquel árbol’ “ (218); “Vi que la hueste celestial se llenaba de indignación” (220), etc.

Estas declaraciones muestran cuál fue la fuente primaria de la información de la autora, y cómo la recibió.

Hay expresiones que refuerzan el concepto de las visiones escénicas, y que indican que cuando ella contemplaba el desarrollo de los sucesos era “transportada” atrás o “llevada” adelante: “Fui transportada al tiempo cuando Jesús comió la cena de pascua con sus discípulos” (165); “Fui transportada al tiempo cuando los idólatras paganos perseguían cruelmente y mataban a los cristianos. La sangre corría a torrentes” (210); “Se me transportó a la era apostólica, y se me mostró que Dios había confiado una obra especial a su amado discípulo Juan” (230), etc.

Elena G. de White usa una expresión similar cuando escribe el capítulo “La Reforma,” en donde se menciona particularmente a Lutero y a Melanchton: “Me fue mostrada la sabiduría de Dios al escoger a estos dos hombres, de caracteres diferentes, para llevar a cabo la obra de la Reforma.

“Fui luego transportada a los días de los apóstoles, y vi que Dios escogió como compañeros a un Pedro ardiente y celoso y a un Juan benigno y paciente” (224).

Aunque en el contexto inmediato ella no dice específicamente que vio a Lutero y a Melanchton en una visión en 1858, la expresión “fui luego transportada a los días de los apóstoles” implica que, desde una escena de la Reforma, se desplazó dentro de un período de 1.500 años para que contemplara otras escenas. En otro momento ella declaró: “Eventos en la historia de los reformadores han sido presentados delante de mí” (Carta 48, 1894. EGWW, 123).

Después de escribir un trabajo autobiográfico, Spiritual Gifts, volumen 2, publicado en 1860, se dedicó a escribir la historia del Antiguo Testamento, repasando las experiencias de los hombres del pasado que ilustraban la lucha entre las fuerzas del bien y el mal. En el Prefacio de Spiritual Gifts, volumen 3, ella declara: “Al presentar éste mi tercer pequeño volumen al público, me siento confortada con la convicción de que el Señor me ha hecho un humilde instrumento para proyectar algunos rayos de preciosa luz en el pasado.”

Menciona además que “los grandes hechos de fe, relacionados con la historia de los santos hombres del pasado,” se le habían presentado a ella en visión.

Luego narra en Spiritual Gifts, volumen 3, y en la primera mitad del volumen 4, ambos publicados en 1864, los puntos máximos de la historia de la controversia desde la creación hasta Salomón, y concluye con una breve narración respecto a la cautividad de Israel y el Mesías. El volumen lleva el título “Los grandes hechos de fe, relacionados con la historia de los santos hombres del pasado.” En los volúmenes 3 y 4 aparecen menos declaraciones como éstas: “Vi,” “Me fue mostrado,” pero se usan en relación con algunos puntos vitales, importantes.

Escenas vistas en visión

Las frecuentes descripciones de los sucesos dejan en el lector la profunda convicción de que ella presenció las escenas. Esto es muy claro cuando habla de la caída del hombre, del diluvio, etc. Cuando se refiere a los días de la creación y la caída del hombre, y a la relación de la geología con la Biblia, hace directa referencia al origen de la visión: “Vi,” “Se me mostró,” etc. (3SG, 42, 92-93).’

Cinco años antes (1864) de estas declaraciones, Carlos Darwin había publicado su libro El origen de las especies, en el cual se asienta la evolución como el origen de todas las cosas. Estas teorías se extendieron rápidamente. El capítulo “Disguised Infidelity(Infidelidad disfrazada, 3SG) parece ser una respuesta directa a la teoría de la evolución.

En resumen: parece evidente que las visiones fueron la “fuente” principal de información de Elena G. de White, para la emocionante presentación de la historia de la gran controversia en los libros que aparecieron en 1858 y 1864. Hay, por supuesto, otros medios por los cuales Dios iluminó su mente. Y debemos recordar que aunque expresiones como “Vi,” “Me fue mostrado,” etc., no las utiliza más tarde, esto no significa necesariamente que lo que presenta no lo hubiera visto en visión.


La Historia de la Gran Controversia: Redacción y Ampliación

 

La sierva del Señor utilizó tres fuentes principales para la redacción de la historia de la gran controversia: (1) la Biblia, en la cual tenía una fe única; (2) las visiones impartidas por Dios; (3) varios ensayos históricos que ampliaron su vocabulario y la ayudaron a ser más exacta en cuanto a fechas y descripciones geográficas, y a ciertos detalles y secuencia de la historia de la iglesia. Es probable que estos recursos sugirieran algo así como un enlace narrativo, una suposición lógica o una conclusión apropiada. Pero, de estas tres fuentes, las repetidas visiones relativas a la controversia proveyeron la información básica.

En 1888, 30 años después de su segunda visión acerca de la gran controversia escribió: “Vez tras vez se me permitió contemplar las peripecias de la gran lucha secular entre Cristo… y Satanás” (CS, 13).

En 1911 declaró: “Mientras escribía El conflicto de los siglos, a menudo estaba consciente de la presencia de los ángeles. Y muchas veces las escenas de las cuales estaba escribiendo se me presentaban de nuevo por la noche, de manera que estaban frescas y vívidas en mi mente” (Carta 56, 1911).

En 1889, mientras redactaba Patriarcas y profetas, se refirió a otros asuntos: “Durante mis 45 años de experiencia he estado mostrando las vidas, caracteres e historia de los patriarcas y los profetas… No podía menos de tener en mi mente un vívido panorama de la forma en que los reformadores fueron tratados día tras día, y cuán pequeña diferencia de opinión parecía crear un frenesí en el sentimiento. Así sucedió en la traición, juicio y crucifixión de Jesús: todo esto pasó delante de mí, punto por punto” (Carta 14, 1889).

Su terminología aquí es interesante. Ella dice que vio la manera en que los reformadores eran tratados, y que la historia sagrada pasó delante de ella en visiones o representaciones escénicas, “punto por punto.” Mientras preparaba el manuscrito de El Deseado de todas las gentes a comienzos de 1890, confesó: “No sé cómo presentar con poder viviente los temas que están delante de mí”(Carta 40, 1892).

Tres años después, mientras trabajaba en El Deseado de todas las gentes, se refirió a la claridad en que las escenas se le presentaban: “Mi mente ha estado profundamente preocupada por muchas cosas. Me parece que la luz del cielo brilla sobre mí, y que el Espíritu Santo trae truchas cosas a mi memoria. Asuntos importantes son claros para el ojo de mi mente, como si estuviera observando la escena mientras escribía” (Carta 27, 1895).

En cuanto al futuro, ella dice cómo le fue presentada la segunda venida de Jesús: “Escenas tan emocionantes y de un interés tan solemne pasaron ante mí, que ningún lenguaje puede describir. Todo fue una realidad viviente para mí” (1MS, 86).

Con respecto a una forma más general en que, a veces, se le daba luz, y cómo recordaba las cosas que había olvidado, escribió en 1889: “¿Cómo sabe la Hna White con tanta seguridad las cosas de las cuales habla, como si tuviera autoridad para decirlas? Hablo así porque ellas brillan sobre mi mente cuando estoy perpleja, como el relámpago sobre una nube oscura en la furia de la tempestad. Algunas escenas presentadas a mí hace años no han persistido en mi memoria, pero cuando esa instrucción ya dada se necesita, algunas veces, estando delante de la gente, el recuerdo llega claro y veloz como la luz del relámpago, trayendo a mi mente en’ forma precisa esa instrucción particular. En esos momentos no puedo dejar de decir las cosas que brillan en mi mente, no porque haya tenido una nueva visión, sino porque la que me fue presentada, quizá años antes, ha sido traída vivamente a mi memoria” (MS, 33, 1911).

En una entrevista que tuvo en 1907, dijo cómo a menudo le llegaba la luz: “Ahora tengo luz, mayormente [la recibe] durante la noche, exactamente como si las cosas estuvieran sucediendo, y yo lo contemplo, y… escucho la conversación” (MS, 105, 1907).

Y no era sólo en visiones nocturnas como contemplaba dichas escenas. Meses antes había escrito: “Mientras estoy escribiendo se me dan representaciones maravillosas del pasado, del presente y del futuro” (Carta 86, 1906).

El testimonio de Guillermo C. White

Guillermo C. White nos da algunos datos interesantes. Muerto su padre, ayudó a su madre por 35 años en sus viajes, y en la preparación y publicación de sus escritos. Al hablar de El conflicto de los siglos y la manera en que ella había recibido luz acerca de los acontecimientos históricos, hizo esta declaración aprobada por su madre: “Las cosas que ella ha escrito son descripciones fulgurantes y otras representaciones que se le dan en cuanto a las acciones de los hombres, y la influencia de éstas sobre la obra de Dios para la salvación del mundo, con escenas de la historia del pasado, del presente y del futuro, y su relación con esta obra” (EGWW, 33).

La siguiente declaración es muy importante en lo que se refiere al lenguaje usado en las descripciones: “Las casas reveladas a la Hna. White no le fueron dadas como una historia que ella debía repetir. Estando en visión, ella parecía mirar hacia abajo, a través de una abertura grande en el cielo, y veía multitudes de gente en acción, y a los ángeles de Dios ministrando en su favor. No le fueron dadas palabras. Recordó muchas veces lo que el ángel le dijo, pero muchas veces tuvo que describir lo mejor que pudo lo que había visto. A medida que el libro avanzaba, y ella lo revisaba una y otra vez, su descripción era más completa” (Guillermo C. White, White Estate Document File 107g).

Tampoco sus visiones fueron uniformes en extensión. El mismo Guillermo C. White escribió: “El armazón del gran templo de la verdad sostenido por sus escritos, le fue presentado claramente en visión. En cuanto a algunos aspectos de la revelación, como la cronología profética, el servicio en el santuario y los cambios que tuvieron lugar en 1844, el asunto le fue presentado a ella muchas veces, y detalladamente en muchas ocasiones. Esto la capacitó para hablar muy clara y muy positivamente en cuanto al fundamento de los pilares de nuestra fe.

“En algunos de los asuntos históricos como la producción de Patriarcas y profetas, Los hechos de los apóstoles y El conflicto de los siglos, los bosquejos básicos fueron muy claros y sencillos para ella; y cuando comenzó a escribir sobre estos tópicos tuvo que estudiar la Biblia y la historia para conseguir las fechas y las relaciones geográficas, y perfeccionar así su descripción” (Carta a L. E. Froom, diciembre 13, 1934).

Todo esto resulta muy claro cuando se compara lo que la Hna. White escribió basada en una visión que tuvo en 1858, con sus escritos posteriores. Sus primeros escritos tocaron asuntos de vital importancia, pero omitieron muchos de menor consecuencia. En ocho páginas cuenta lo que se le mostró en cuanto a la caída de Satanás, la caída del hombre y el plan de salvación (PE, 145-152). Entonces es “trasladada al tiempo en que Jesús había de asumir la naturaleza del hombre” (153). Después de describir su nacimiento, bautismo, tentación y conflictos, y la transfiguración, en doce páginas (153-164), nos dice que fue “transportada al tiempo cuando Jesús comió la cena de pascua” (165). Los sucesos vitales en la historia de la gran controversia: la pascua, la entrega de Cristo, su juicio, crucifixión, resurrección y ascensión, aparentemente le fueron revelados más detalladamente, pues les dedica 27 páginas (165-191).

Al reconstruir ciertos aspectos menos importantes del Antiguo Testamento, ella narra muy brevemente y utiliza muchas citas bíblicas para completar el relato. (Léase 3SG, 252-253, 261-266; 4SG, 16-18, 20-21) Esto lo hizo también en algunos libros posteriores.

Los materiales sobre la vida de Cristo y la historia de la iglesia primitiva fueron, a su debido tiempo, bastante ampliados: de 87 páginas pequeñas en 1858, a 810 páginas en The Spirit of Prophecy, tomos 2 y 3, publicados en 1877 y 1878.

La historia post-bíblica llenó un libro de l 17 páginas en 1858. Este libro, The Spirit of Prophecy, volumen 4, aumentó a 486 páginas en 1884. Cuando se publicó el libro pequeño, en 1858, había menos de 2,000 adventistas observadores del sábado. A medida que la iglesia creció hubo una gran demanda de estos libros, y se agotaron. No sólo se podían preparar libros más grandes, sino que también Elena G. de White anhelaba redactarlos en forma más completa. Finalmente las 572 páginas originales que narraban la gran controversia, publicadas en tres pequeños libros que aparecieron en 1858 y 1864, aumentaron a 1.710 páginas en los cuatro volúmenes de The Spirit of Prophecy, que aparecen de 1870 a 1884. Estos constituyen la segunda presentación de la historia de la controversia.

Libros para el colportaje

Durante este tiempo comenzó el colportaje. Se vio que la presentación del mensaje de puerta en puerta podía bien ser parte de las publicaciones adventistas. La Hna. White se dio cuenta de que era necesario introducir ampliaciones considerables y un cambio en el lenguaje para adaptarlos mejor al público, y que también serían más útiles para la iglesia. En esta forma los libros de la Serie Conflicto crecieron en tamaño y cantidad: The Great Controversy (El conflicto de los siglos) a 678 páginas en 1888; Patriarchs ang Prophets (Patriarcas y profetas) a 755 páginas en 1890; The Desire of Ages (El Deseado de todas las gentes) a 835 páginas en 1898. The Acts of the Apostles (Los hechos de los apóstoles) a 602 páginas en 1911, y Prophets and Kings (Profetas y reyes) a 733 al final de la vida de la Hna. White en 1915. Además se publicaron Thoughts From the Mount of Blessing (El discurso maestro de Jesucristo) y Christ’s Object Lessons (Palabras de vida del gran Maestro).

En las nuevas ediciones y ampliaciones no se hizo referencia directa al hecho de que ese material estaba basado en visiones. La Hna. White pensó en los lectores no adventistas, y a propósito se abstuvo de usar frases como “Vi,” “Me fue mostrado,” etc., para no apartar la atención de los lectores de las verdades presentadas. Por esto, mientras que el pequeño libro de 1858 estaba repleto con referencias a las visiones, sólo pocas de tales expresiones fueron incluidas en los cuatro volúmenes de The Spirit of Prophecy, y ninguna en los cinco volúmenes siguientes de la Serie Conflicto.

The Great Controversy Between Christ and Satan (La gran controversia entre Cristo y Satanás) fue publicado en 1888, y revisado en 1911 bajo la dirección de la Hna. White, con cambios mínimos de la fraseología en algunos lugares. Este libro traza la historia del gran conflicto desde la destrucción de Jerusalén hasta la tierra nueva, dando énfasis a la gran apostasía y a la Reforma del siglo XVI.

Como se anotó en el artículo anterior, en el libro impreso en 1858 hay un capítulo de sólo cinco páginas dedicado a la Reforma. Pero en el libro que aparece en 1884 se dedican 128 páginas (en inglés) a este tema; y en la ampliación del libro, en 1888, este asunto se expande a 228 páginas, o sea casi el doble de la edición previa.

Interés en la historia de la Reforma

Cualquiera haya sido la información que se le presentó a la sierva del Señor acerca de la Reforma del siglo XVI como parte básica de la gran controversia, este asunto despertó un inmediato interés en Jaime White y su señora por la historia de la Reforma. Su hijo Guillermo escribió en 1911 en cuanto a la redacción de El conflicto de los siglos: “Cuando yo era apenas un muchacho, escuché que ella le leía a mi padre la Historia de la Reforma de d’Aubigné… Ella ha leído otras historias de la Reforma. – Y explica –: Esto la ha ayudado a situar y describir muchos de los eventos y movimientos presentados a ella en visión. Esto es algo similar a la manera en que el estudio de la Biblia le ayuda a localizar y describir muchas representaciones simbólicas que ha recibido en cuanto al desarrollo de la gran controversia entre el bien y el mal” (EGWW, 33).

Cuando comenzó, en 1880, la primera ampliación de su manuscrito sobre la controversia, en la parte histórica post-bíblica ella se detuvo más en la Reforma, y particularmente en la experiencia de Martín Lutero, como el primer punto en disputa en el siglo XVI. Las experiencias de los reformadores, antes y después de Lutero, completaron esa parte de la historia. Pero el desarrollo de la obra de Lutero y Melanchton ocupó más de la mitad de las páginas dedicadas a la Reforma. Y esta fue básicamente una condensación de 18 artículos de ella misma que aparecieron en Signs of the Times (Señales de los tiempos) un año antes, en 1883.

Esto no era nada excepcional cuando ella decidía escribir un libro extenso basado en una fase del tema general de una serie de artículos que fueran a publicarse inmediatamente en una de las revistas de la iglesia. Más tarde sería condensado como un libro, prestando atención al tamaño que podría dedicarse a un tópico en un volumen. Este procedimiento se usó particularmente en la preparación de Profetas y reyes, en donde se condensaron series de artículos extensos sobre Esdras, Nehemías, Daniel, etc., que habían sido publicados años antes en revistas de la iglesia.


Las Fuentes Históricas y la Serie “Conflicto”

Algunos podrían pensar que, en su trabajo de trazar “un bosquejo de la historia de la lucha en las edades pasadas,” Elena G. de White tenía que ignorar todos los registros históricos y escribir sólo lo que pudiera reconstruir a base de lo que había visto en visión. Este punto de vista implica un concepto mecánico y dictatorial de la inspiración según el cual las palabras usadas por ella le fueron dictadas. Pero ni ella ni sus asociados afirmaron tal cosa, ni tampoco la Iglesia Adventista. Durante la reunión de la Asociación General celebrada en 1883 se registró: “Creemos que la luz que Dios ha dado a sus siervos es para la iluminación de la mente, y así, para impartir los pensamientos y no (excepto en raros casos) las palabras exactas para expresar las ideas” (RH, noviembre 27, 1883).

Hay una fuerte evidencia interna y externa de que las escenas de la historia de la controversia, como pasaron delante de Elena G. de White en visión, proveen la estructura básica de la narración, y probablemente también de los detalles. Sin embargo, falta evidencia de que todos los detalles o todas las fases de la historia le fueron revelados, especialmente en asuntos de menor importancia o de simple significación secular. Por esto, cuando ella traza un panorama histórico en el orden de los acontecimientos utiliza los registros del pasado.

Siendo que ella declaró: “Dependo del Espíritu del Señor tanto para relatar o escribir una visión como para tenerla” (2SG, 293), parece lógico suponer que los complementos para redondear los detalles están en armonía con las órdenes del Espíritu Santo de trazar la historia de la gran controversia.

“Los grandes acontecimientos que marcaron los pasos de reforma que se dieron en siglos pasados – aclara ella –, son hechos históricos harto conocidos y universalmente aceptados, que nadie puede negar. – Y explica –: Esa historia la he presentado brevemente, de acuerdo con el fin y objeto de este libro y con la concisión que necesariamente debe observarse, condensando los hechos en forma compatible con una clara inteligencia de las enseñanzas consiguientes.”

Y va un poco más allá en su explicación, al dar las fuentes de su información histórica: “Cuando he encontrado que un historiador había reunido los hechos y presentado en pocas líneas un claro conjunto del asunto, o agrupado los detalles en forma conveniente, he reproducido sus palabras… porque… resumían adecuadamente el asunto” (CS, 14).

Guillermo C. White recuerda que cuando su madre escribía sobre la historia de la Reforma, vino a su casa desde la Review and Herald, en donde a menudo trabajaba, y le dijo a su esposo que había sido impresionada especialmente por el Espíritu de Dios para que buscara en cierto libro; y sus ojos se posaron en un pasaje que le fue de valiosa ayuda (Carta a L. E. Froom, diciembre 13, 1934).

Casi todos los papeles originales usados en la composición de la Serie Conflicto de los siglos se perdieron. Elena G. de White viajaba mucho: frecuentemente cambiaba de residencia en los Estados Unidos; también viajó por Europa y Australia, para regresar de nuevo a su país. Es evidente que una vez que el manuscrito recibía su aprobación final y el libro ya impreso era aceptado por ella, no se necesitaba guardar los mazos de papel que ya no rendirían servicio extraordinario alguno.

Sin embargo, tenemos una pequeña parte de manuscritos originales sobre Martín Lutero, los cuales nos capacitan para seguir los pasos dados en la preparación de uno de los capítulos de El conflicto de los siglos. Es un manuscrito de 51 páginas, escrito en hojas de papel de 21,5 x 14 cm.

Este manuscrito comienza en el momento en que Lutero deja la Dieta de Worms, y continúa con el relato de su secuestro y prisión en el castillo de Wartburgo. La segunda parte contiene una extensa discusión de sus esfuerzos para salvar la Reforma de los excesos de algunos fanáticos. Hay comparaciones con las experiencias por las cuales pasaron los primeros adventistas en sus encuentros con los fanáticos.

Las primeras páginas de este manuscrito fueron publicadas en Signs of the Times, en octubre 11 de 1883, en un artículo titulado “Lutero en Wartburgo.” La relación entre esta copia manuscrita y el artículo mencionado es muy estrecha. El material, un poco condensado, se imprimió en 1884 en el volumen 4 de Spirit of Prophecy, como una parte del capítulo “Lutero ante la Dieta.”

Es obvio que cuando la Sra. White comenzó a escribir la experiencia de Lutero, consultó libros y decidió seguir el bosquejo de un historiador, utilizando a veces las palabras de éste para describir los sucesos. Pero al mismo tiempo entremezcló estas citas y párrafos con aplicaciones del significado de ciertos eventos y lecciones espirituales. Al examinar la narración histórica parece que a menudo siguió de cerca la Historia de la Reforma de d’Aubigné, autor que ella y su esposo habían leído una o dos décadas antes. Se alegró mucho cuando encontró una condensación de esta obra en el libro Words That Shook the World (Palabras que conmovieron al mundo), de Carlos Adams publicado en Nueva York en 1858, y compró un ejemplar del mismo. Es un libro de 333 páginas que contiene “descripciones del gran reformador basadas en sus propias expresiones,” presentado en “un estilo y brevedad apropiados para los lectores jóvenes.” El autor declara que su fuente principal fue d’Aubigné.

Los manuscritos de la Sra. White muestran que hizo uso de los trabajos del historiador, y esto, más su material único de percepciones especiales y lecciones espirituales, están, de manera general, en sus libros publicados en 1884 y 1888.

Otro manuscrito significativo, de 75 páginas, escrito por ella mientras estaba en Europa, forma parte de El conflicto de los siglos.

Apenas llegó a Europa, en 1885, se le pidió que preparara el tomo 4 de Spirit of Prophecy, que presenta la historia post-bíblica, para ser distribuido. Este pedido le hizo ver la necesidad de presentar en forma más amplia que en el libro de 1884 una descripción de los reformadores europeos más destacados. Y con la ayuda de sus colaboradores comenzó esta ampliación. Vivía en Basilea. En la biblioteca del pastor J. N. Andrews estudió todos los historiadores a su alcance.

Un asunto que exigía ampliación era la obra de Hus y Jerónimo. Tres páginas era demasiado poco para los lectores europeos. Esto la impulsó a preparar manuscritos para ampliar este tema. Condensó materiales del historiador Wylie y de otros, y los combinó con comentarios y lecciones espirituales. Así produjo un manuscrito de tal longitud, que se pensó que ocuparía dos capítulos sobre Hus.

El manuscrito de Hus

Este manuscrito es similar al de Lutero, escrito cuatro o cinco años antes, excepto en que muestra evidencias de que fue preparado con premura para satisfacer la urgente demanda de un libro más amplio. La ortografía, las mayúsculas y la caligrafía estuvieron casi a la altura de lo normal. El manuscrito fue abultado, pues, según ya se dijo, era común que ella escribiera mucho más, inicialmente, de lo que se necesitaba después para un libro. El manuscrito fue reducido para mantener un balance necesario.

Por causa de sus muchos viajes, esta tarea fue encomendada a Marian Davis, una asistente literaria muy eficiente de Elena G. de White. El trabajo editorial, cuidadosamente preparado, fue examinado por su autora para establecer si decía exactamente lo que ella había escrito. Los cambios, si los había, los escribía de su propio puño y letra. Desafortunadamente, por falta de espacio, la mayor parte de las lecciones espirituales relacionadas con Hus no pudieron incluirse. Esto dejó un registro histórico escueto en la narración de la gran controversia.

Como complemento a la explicación de la autora en su Introducción a El conflicto de los siglos, tenemos las palabras de su hijo Guillermo: “Mi madre escribe muy rápidamente. Escribe muy temprano en la mañana; se esfuerza por trasladar al papel las cosas relativas al movimiento de las naciones, las comunidades, las iglesias y los individuos, que se mueven en su mente como una vista panorámica.

“En la redacción de sus libros, a veces le era muy difícil describir las escenas presentadas a ella; y cuando encontraba en el lenguaje de otro una correcta representación de lo que se le había mostrado, algunas veces copiaba oraciones y párrafos. Sentía perfecto derecho de hacerlo; que era su privilegio usar las declaraciones correctas de otros escritos para presentar el pensamiento de ellos” (Carta a J. J. Gorrell, mayo 13, 1904).

Los manuscritos que existen señalan que este procedimiento fue seguido a menudo por ella en la composición de los libros de la Serie Conflicto, especialmente en El conflicto de los siglos.

Notas biográficas sobre la vida de Pablo

En 1883 se le pidió a la Hna. White que escribiera un pequeño volumen sobre la vida de Pablo, como un auxiliar para las lecciones de la Escuela Sabática de 1883 y 1884. Cuando escribió Sketches From the Life of Paul (Notas biográficas sobre la vida de Pablo) tenía delante de sí el bien conocido libro The Life and Epistles of St. Paul (Vida y epístolas de San Pablo), escrito por W. J. Conybeare y J. S. Howson, clérigos ingleses. Esta obra la ayudó, especialmente en las descripciones históricas y geográficas, y extrajo de la misma algunas palabras y frases, pero no oraciones completas. La Hna. White destaca algunas lecciones espirituales lo mismo que el libro mencionado.

El libro de aquellos era bien conocido y de amplia circulación entre los adventistas, y la misma Hna. White recomendó su lectura en la revista Signs of the Times (Señales de los tiempos). Es claro también que extrajo algún material del libro de F. W. Farrar The Life and Work of St. Paul (Vida y obra de San Pablo). Esto también hicieron Conybeare y Howson, pero sin dar crédito al autor. Esta era entonces práctica común entre los comentadores de la Biblia.

Las reglas que deseamos imponer como apropiadas para gobernar la obra de una persona inspirada, ¿la excluyen de usar palabras y expresiones de otros cuando elabora su estructura en forma efectiva para presentar una descripción geográfica, un relato de los sucesos, o para proyectar una verdad importante, tal como se los reveló el Espíritu Santo? Si así fuera, no pocos de los escritores de la Biblia quebrantarían las reglas que deseamos imponer. Y en el caso de Elena G. de White, ¿habrá alguna virtud en insistir en que todas las palabras y expresiones que usó deben ser indudablemente de ella?

Muchos comentadores altamente calificados, tanto contemporáneos de la Hna. White como posteriores a ella, sostienen que la verdad es propiedad común, y que no hay violación de ningún principio en préstamos literarios mutuos. “Todos los comentadores han extraído abundantemente de los padres, especialmente de San Agustín; y la mayoría de ellos han hecho una propiedad general de Patrick, Lowth and Whitby. Poole ha agotado los escritores continentales antiguos; Henry lo ha hecho muy libremente con Bishop Hall y otros; Scott y Benson han enriquecido sus páginas abundantemente con Henry; Gill ha traducido a la perfección Synopsis de Poole, pero éste, ante todo, le da autoridad; Adam Clarke y Davidson deben mucho a los mejores críticos, aunque el primero no siempre menciona sus ‘préstamos,’ y el segundo nunca” (Ingram Cobbin, The Condensed Commentary and Family Exposition of the Holy Bible [Londres, William Tegg, 1863], Preface, p. iv).

Los materiales en manos del profeta

Alguien podría preguntar si el uso que hace Elena G. de White de los materiales e informaciones de otros no les imparte a éstos un hálito de inspiración. La respuesta es “no.” La verdad es la verdad. Dichas informaciones no son más que “materiales de construcción” en las manos de un escritor inspirado.

Y también se podría preguntar: “¿Y no sería posible que alguna o algunas inexactitudes se hayan deslizado en la descripción de los eventos históricos que hace la Hna. White, o que los historiadores de quienes ella citó pudieran estar equivocados en algunos puntos, y que ella, por no estar bien informada, dejara que estos errores se introdujeran en su relato histórico?” A menos que le exijamos a ella más que a los escritores de la Biblia, la respuesta tendría que ser afirmativa; sin embargo, esto no invalida la inspiración de los escritos proféticos. Los antiguos profetas, bajo la inspiración del Espíritu Santo pudieron haber introducido en sus manuscritos lo que se llama – en términos modernos – discrepancias. En este caso yo destacaría que, aunque haya unas pocas discrepancias, esto no invalida la validez de la Palabra de Dios, o su total precisión o confiabilidad.

En modo similar, en el caso de Elena G. de White podríamos señalar algunas aparentes discrepancias en asuntos de poca importancia. Por ejemplo, ella escribió una vez: “ ‘El amor de Cristo nos constriñe,’ declaró el apóstol Pedro” (RH, octubre 30, 1913); pero sabemos que no fue Pedro el que lo dijo, sino Pablo. Al relatar la matanza de San Bartolomé ella escribió que el tañido de la campana del palacio “dio la señal del degüello” (CS, ed. 1888). Más tarde se dio cuenta de que los historiadores diferían: unos decían que fue “la campana del palacio”; otros, que lo fue la de “la iglesia de San Germán,” al otro lado de la calle; y otros más, que fue la campana del “palacio de justicia,” a la vuelta de la esquina. Entonces, en 1911, ella modificó así la declaración: “El tañido de una campana, resonando a medianoche, dio la señal del degüello” (p. 315). No fue su intención asentar diferencias mínimas entre los historiadores. En cuanto a esto escribió su hijo Guillermo: “Cuando fue escrito El conflicto, mi madre nunca pensó que lo tomarían como una autoridad en asuntos históricos, o que lo usarían para desatar polémicas en cuanto a detalles de historia, y aún piensa lo mismo” (Carta a W. W. Eastman, noviembre 4, 1912. EGWW, 34).

Hasta aquí hemos considerado las “fuentes” de Elena G. de White para la composición de la Serie Conflicto, y particularmente El conflicto de los siglos. Hemos visto cómo Dios repetidamente le presentó la gran controversia, y cómo ella trabajó para situarla dentro de la historia del pasado. Pero el verdadero mensaje de estos libros es su significado para el futuro: el desarrollo final de los planes y propósitos de Dios. En la última parte de El conflicto de los siglos, el volumen de la serie que despliega los últimos acontecimientos, encontramos al pueblo de Dios proclamando el retorno de Jesús, y a la iglesia remanente desde el comienzo de las horas oscuras de prueba hasta su glorioso triunfo, y finalmente testificando la venida de su Señor y la recompensa de los justos. Es algo conmovedor, lleno de información vital y dirección divina para el pueblo que vivirá en los últimos días.

Contienen la instrucción divina

“El Espíritu Santo grabó estas verdades en mi corazón y en mi mente en forma tan indeleble como la ley fue grabada por el dedo de Dios en las tablas de piedra,” escribió la autora de El conflicto de los siglos, Patriarcas y profetas y El Deseado de todas las gentes. – Y agregó –: “La Hna. White no es la originadora de estos libros. Ellos contienen la instrucción que durante el período de su vida Dios le ha estado dando. Contienen la luz preciosa y consoladora que Dios ha concedido generosamente a su sierva para ser dada al mundo. Desde sus páginas, esta luz ha de brillar iluminando los corazones de los hombres y mujeres y conduciéndolos al Salvador” (CE, 175, 173, ed. 1967).


Escritos Sobre la Vida de Cristo

 

Después de la publicación del tomo 1 de The Spirit of Prophecy, en 1870, Jaime y Elena de White volvieron su atención hacia un segundo libro de 400 páginas, el cual versaría sobre la historia del Nuevo Testamento, la vida de Cristo y la obra de los apóstoles. Un tercer volumen se referiría a la historia post-bíblica hasta el fin del tiempo.

El 1º de enero de 1873 encontró ocupados a Jaime y Elena de White, en la costa oeste de los Estados Unidos, en donde ella comenzó a escribir sobre la vida de Cristo. En reuniones siguientes, sostenidas en la Iglesia Bautista de Petaluma, California, habló el domingo de mañana sobre la tentación de Jesús en el desierto, y sintió el “impacto del tema.”

Sin embargo, como su esposo, que la había animado a escribir y le ayudaba a preparar los materiales, estaba enfermo por el trabajo excesivo, una semana después decidió enfrentar francamente la situación. Hasta que adquiriera las destrezas que sentía que necesitaba, discontinuaría su redacción sobre la vida de Cristo. En ese momento, ¿cómo podría ella manejar temas tan grandes y sublimes? En su diario escribió: “Pienso poner a un lado mi trabajo de escribir, el cual tanto me agrada, y ya veré si no puedo convertirme en una erudita. No soy experta en gramática. Intentaré, si el Señor me ayuda, convertirme a los 45 años de edad en una experta en la ciencia [de escribir]. Creo que él me ayudará” (MS 3, 1873, p. 5).

Como apenas tenía tres grados de la escuela elemental, siempre sintió su deficiencia para escribir. No mucho antes había enfatizado ante sus hijos la importancia de ser buenos escritores (Carta 28, 1871). Sus libros, artículos, coas y manuscritos revelan, desde el comienzo de su trabajo, que su escritura era clara e impresionante, y que sus mensajes ostentaban un estilo distinguido. Una lectura de Primeros escritos, fruto de sus primeros años, muestra un vocabulario modesto y una estructura sencilla en la oración. Libros y artículos posteriores descubren un desarrollo en la técnica literaria. Esto sucedió desde que empezó a ayudar a su esposo en la corrección de las pruebas para la Review and Herald y otras publicaciones, y a medida que leía y se relacionaba con otras personas cada día en el hogar y en sus viajes. Constantemente, como hacen la mayoría de los escritores, pensaba sin cesar en algo y se esforzaba por descubrir la manera mejor y más convincente de expresar la verdad.

En diciembre de 1872 ya habían aparecido, en la Review and Herald varios artículos sobre “El primer advenimiento de Cristo.” Afortunadamente, aunque sentía su incapacidad, no se desanimó, sino que de continuo, durante los próximos años, escribió y publicó artículos sobre la vida y enseñanza de Jesús. Estos concluyeron en abril de 1875 con una serie sobre “La tentación de Cristo.”

Un año después las circunstancias fueron más favorables para escribir. La Sra. White se encontraba de nuevo en la costa del Pacífico, en su nuevo hogar en Oakland, California. Tenía una buena ayudante de redacción en su sobrina Mary Clough, mujer inteligente, hija de Carolina, hermana de la Sra. White. Mary era una buena cristiana, pero no había aceptado el sábado. Jaime White estaba en el este, asistiendo a la reunión de la Asociación General y atendiendo otros deberes como presidente de la Asociación General. Elena G. de White vio la oportunidad de continuar con la redacción de la vida de Cristo, y decidió, a menos que el Señor le indicara lo contrario, que se concentraría en este proyecto.

A fines de marzo escribió a su esposo: “Mary Clough y yo haremos todo cuanto podamos para adelantar mis escritos. No veo que ninguna luz brille para mí en el Estado, de Míchigan. Este año siento que mi trabajo es escribir” (Carta 63, 1876).

“Disfruto la presencia de Dios. Escribo y siento libertad al escribir. Estoy manejando temas preciosos. El último que completé… [fue la historia de] Jesús sanando al hombre impotente junto al estanque de Betesda” (Carta 1, 1876).

Las primeras páginas eran de puño y letra de Elena G. de White. Mary hacía el trabajo editorial cuidadosamente, y colocaba las páginas en capítulos. Por supuesto, la obra terminada era manuscrita, pues esto fue seis o siete años antes de que las máquinas de escribir se usaran en los escritos de la sierva del Señor. Todas las mañanas escribía diligentemente en su cuarto superior. Después de comer iba al cuarto de Mary Clough, se sentaba en un sofá y escuchaba a medida que Mary le leía el material revisado de su manuscrito. Descansaba o paseaba en su carruaje en la tarde, quizá escribía unas pocas cartas, y ya avanzada la tarde escuchaba de huevo leer a Mary. Como las dos trabajaban tan estrechamente, la Hna. White se refería a los escritos que “nosotras” hacemos, aludiendo al trabajo que realizaban juntas. Algunos años después ella explicó el término “nosotras”: “Mis ayudantes y yo somos colaboradores que enviamos al mundo la luz que recibo para que bendiga al mundo” (Carta 170, 1906).

Confianza en la ayuda divina y en la humana

La Sra. White sentía perfecta confianza en la ayuda divina y en la humana. A medida que ella y su ayudante trabajaban juntas con propósito resuelto, tenían a mano, como referencias, algunos libros de otros autores: Life of Christ (La vida de Cristo), de William Hanna y Life and Work of Christ (Vida y obra de Cristo), por Cunningham Geikie, y posiblemente otros. El libro que salió de sus manos daba evidencias de que habían consultado la obra de W. Hanna.

Un día Elena G. de White informó a su esposo: “Mary me ha leído dos artículos; uno sobre los panes y los peces, [el otro en cuanto a] Cristo caminando sobre las aguas… Son unas cincuenta páginas que comprenden variados asuntos. Pienso que es lo más precioso que alguna vez yo haya escrito. Mary está muy entusiasmada; piensa que es del más elevado valor…

“Temas muy interesantes se presentaron a menudo a mi mente. Estos temas los menciono y se fijan en la memoria de Mary” (Carta 13, 1876).

Y en verdad que hablar en público fue también una parte del proceso de revelación de Elena G. de White. Según su propia declaración, mientras escribía en cuanto a la alimentación de los cinco mil, habló a una congregación grande, realzando “el tema de los panes y los peces… Todos escucharon con mucha atención; algunos estaban boquiabiertos” (Carta 9, 1876).

“Tengo ahora un trabajo especial: escribir las cosas que el Señor me ha mostrado… Tengo un trabajo que hacer que ha sido una gran carga para mi alma; cuán grande, sólo el Señor lo sabe.

“Repito: necesito tiempo para que mi mente se calme y sosiegue. Necesito tiempo para meditar y orar mientras me empeño en este trabajo… Esta es una obra grande, y clamo a Dios cada día por la ayuda de su Espíritu para hacer este trabajo bien.” (Carta 59, 1876 Dirigida a Lucinda Hall).

En el proceso de escribir se combinaban: estudio de la Biblia, visiones, oración, meditación, discusión con sus ayudantes, e “intensa meditación,” todo bajo la dirección del Espíritu Santo. “Siento inmensa paz y calma mental – declaró –. Parece que no hay nada que confunda y distraiga mi mente; y con un pensar tan intenso, mi mente se sobrecargaría si se sintiera perpleja con otra cosa” (Carta 13, 1876).

“No puedo forzar las ocupaciones. Este trabajo debe ser hecho cuidadosa, lenta y perfectamente. Los temas que hemos preparado están bien realzados. Me agradan” (Carta 14, 1876).

Cuando trabajaba a fines de mayo de 1876, en The Spirit of Prophecy, volumen 2, y casi terminaba el tópico de la entrada triunfal en Jerusalén, salió de California hacia el este para asistir a reuniones campestres. A fines de noviembre el libro fue publicado, pero por alguna razón aparece como impreso en 1877.

Como ejemplo, veamos el capítulo sobre los panes y los peces como aparece en The Spirit óf Prophecy, volumen 2, páginas 258 a 267, y comparémoslo con el relato de los Evangelios y el libro de W. Hanna. Para la Hna. White la Biblia fue su fuente básica de información.

Los cuatro Evangelios relatan la alimentación de los cinco mil. (Mat. 14: 13-23; Mar. 6: 32-46; Luc. 9: 10-17; Juan 6: 1-13) Ella comenzó su narración en donde se llevó a cabo el milagro: un lugar apropiado “para tal retiro, del otro lado del mar, cruzando desde Capernaum” (2SP, 258). El relato de W. Hanna pudo haber enriquecido el de la Hna. White, porque, como Mateo, él sitúa el escenario de la alimentación en “un lugar desierto,” y agrega que fue “frente a Capernaum, al otro lado del lago, en el territorio que va al norte de Betsaida” (LC, 277).

Tanto Hanna como la Sra. White señalan dos razones para la orden de Cristo a los discípulos: “Hacedlos sentar en grupos, de cincuenta en cincuenta.” (Luc. 9: 14) Pero Marcos 6: 40 dice: “de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta.” Hanna dice que la orden “indicaba el propósito de nuestro Señor de que no hubiera confusión, para que la atención pudiera dirigirse a lo que estaba a punto de hacer” (LC, 279).

La Hna. White menciona lo mismo: “para conservar el orden, y que todos pudieran ver el milagro que iba a hacer” (2SP, 262; DTG, 333).

Tanto Hanna como la Hna. White se refieren a la amenaza de “violencia” que pudo haberse presentado en el intento del pueblo de coronarlo rey. Hanna escribe de la aparente intención de la gente de “tomarlo enseguida y forzarlo a ser rey. Jesús vio que esta incipiente acción de levantamiento, si seguía, llevaría a algunos a actos de violencia” (LC, 280). Y la Hna. White escribe: “Él sabía que la violencia y la insurrección serían el resultado de su exaltación como rey de Israel” (2SP, 264; DTG, 341).

Lo dicho probablemente se basa en Juan 6: 15, pero bien puede haber una conexión con el relato según lo da Hanna: “Él llamó a los doce y les ordenó que se embarcaran inmediatamente, … a remar hacia Capernaum, en donde se uniría a ellos durante la noche o en la mañana” (LC, 280).

Elena G. de White informa: “Él llamó a sus discípulos y les ordenó que tomaran inmediatamente el bote y regresaran a Capernaum, y que él despediría a la gente. Les prometió encontrarse con ellos esa noche o en la mañana siguiente. Los discípulos estaban poco dispuestos a someterse a este arreglo” (2SP, 264; DTG, 341).

Otras semejanzas en puntos menos importantes se ven aquí y allá en los dos relatos mencionados, pero posiblemente sugeridas por los relatos bíblicos. En el caso de la promesa de encontrarse con sus discípulos esa noche o a la mañana siguiente, se puede ver que Hanna la afirma como una suposición lógica, basada quizá en Marcos 6: 45, mientras que la Hna. White pudo depender de implicaciones de la Escritura, o de información recibida en visión, o de la suposición de Hanna. La evidencia disponible excluye una conclusión dogmática.

Puntos únicos de Elena G. de White

Pero más importantes y significativas que las similitudes son las diferencias entre ambos escritos, las cuales por supuesto, no demuestran dependencia.

En el viaje a través del lago hacia el “lugar desierto,” Elena G. de White nos informa que “otros lo siguieron en botes” (2SP, 259; DTG, 332). Ni los Evangelios ni Hanna mencionan este hecho.

Elena G. de White menciona algunos de los sucesos del día: “Cientos de enfermos y lisiados fueron traídos para que Jesús los sanara, y fueron colocados sobre el piso en tal forma que llamaran su atención… Todas las enfermedades estaban representadas entre los enfermos que exigían su ayuda. Algunos ardían de fiebre, inconscientes de sus preocupados amigos que los habían ayudada. Allí estaban el sordo, el ciego, el paralítico, el cojo y el lunático…

“Sus palabras fueron a menudo interrumpidas por los delirios de algunos azotados por la fiebre o los gritos desgarradores de los dementes, cuyos amigos se esforzaban a través del gentío para llevar a los enfermos hasta el Sanador. La voz de la sabiduría [de Jesús] a menudo también se perdió entre los gritos de triunfo cuando las víctimas sin esperanza eran restauradas instantáneamente a la salud y la fuerza” (2SP, 259-260). Hanna apenas si menciona el saneamiento de estos enfermos.

Hay un detalle significativo mencionado por Elena G. de White, pero no por Hanna ni otros escritores. Se trata del intento que hicieron los discípulos de librar a Jesús del agotamiento: “El Maestro había trabajado todo el día sin alimento ni descanso, y los discípulos, viéndolo pálido de cansancio y hambre, le rogaron que descansara de su trabajo y tomara algún alimento. Como sus esfuerzos no sirvieron de nada, consultaron cómo podrían librarlo de la apremiante multitud, pues temían que muriera de fatiga.

“Pedro y Juan tomaron los brazos de su bendito Maestro y bondadosamente trataron de llevárselo; pero él rehusó ser sacado de ese lugar. Su obra era urgente. Cada suplicante de su misericordia sentía que su caso era el más apremiante. La multitud se apiñaba contra el Salvador y lo llevaba de un lado a otro. En sus esfuerzos por acercarse más a él se pisoteaban unos a otros” (2SP, 260-261).

Esto demuestra que, aunque Elena G. de White extrajo datos de Hanna, de Geikie y de otros escritores, sus visiones le dieron una información de la cual no dispusieron otros comentadores de la vida de Jesús. Tales descripciones dan un toque de autenticidad que sólo puede ser impartido por un testigo. Sus escritos son ricos en detalles nuevos y frescos, que ella relaciona, como ningún otro, con lecciones y asuntos espirituales.

Los volúmenes 2 y 3 de The Spirit of Prophecy fueron publicados bajo el título general “La gran controversia entre Cristo y Satanás.” Un libro lleva el subtítulo “Vida, enseñanza y milagros de nuestro Señor Jesucristo,” y el otro, “Muerte, resurrección y ascensión de nuestro Señor Jesucristo.” Poco después el material fue distribuido en seis libros pequeños. También fue publicado en un solo volumen con el título La vida de Cristo, en alemán, francés, danés y sueco.


Preparación de El Deseado de Todas las Gentes (1)

Este libro es aclamado por muchos como la producción literaria cumbre de Elena G. de White, por su estilo, lenguaje y poder espiritual. Ella misma presentó las razones de esto en 1895: “Ustedes saben que mi gran tema, en el púlpito y en privado, con mi voz y mi pluma, es la vida de Cristo” (Carta 41, 1895).

El esfuerzo continuo para lograr la excelencia en la palabra hablada y en la escrita al tratar los temas sublimes de la vida y ministerio de nuestro Salvador, dio como resultado esta obra sublime.

El trabajo diligente en el manuscrito de El Deseado de todas las gentes duró unos seis años (1892-1897). Se publicó después de El conflicto de los siglos (1888) y Patriarcas y profetas (1890); pero sólo cuando la autora se mudó a Australia tuvo suficiente tiempo para culminar este largo y acariciado proyecto de El Deseado de todas las gentes, y también pudo producir El discurso maestro de Jesucristo y Palabras de vida del gran Maestro.

La preparación de El Deseado no requirió nuevos manuscritos, sino el trabajo de reunir, ampliar y completar lo que ya estaba en The Spirit of Prophecy y en artículos, manuscritos y cartas. Habría sido un desperdicio imperdonable de materiales ignorar los extensos escritos de Elena G. de White, publicados hasta ese momento, sobre la vida y ministerio de Jesús.

Pero sus muchas responsabilidades: viajes, reuniones y las muchas horas dedicadas a dar consejos, y su incesante escribir, le dejaban muy poco tiempo para compilar y arreglar los materiales existentes y dar forma a una obra completa sobre la vida de Cristo. Esta era una tarea mayormente secretarial que otro podía hacer. Tal responsabilidad le fue confiada a Marian Davis, quien desde 1879 había sido una de sus asistentes. La Srta. Davis era dedicada y eficiente. La Sra. White escribió de ella en 1900: “Ella recopila mis libros… ¿Cómo lo hace? … Ella lo hace así: toma mis artículos que son publicados en los periódicos, y los pega sobre hojas. Tiene también una copia de todas las cartas que escribo. Cuando prepara un capítulo de un libro, Marian recuerda que he escrito algo sobre ese asunto especial, que le da más fuerza. Comienza a buscarlo, y cuando lo encuentra, si ve que añade más claridad, lo agrega.

“Los libros no los produce Marian, sino yo; pero ella los recopila de mis escritos. Marian tiene mucho de donde sacar, y su habilidad para arreglar el material es de gran valor para mí. Me ahorra tener que examinar un montón de material, para lo cual no tengo tiempo” (Carta 61a, 1900).

Después de seleccionar y organizar el material escogido de artículos ya publicados, y de agregar las selecciones de manuscritos inéditos, la autora y la Srta. Davis estudiaban diligentemente para ver si el material escrito cubría el tema, y cuánto deseaba agregar la escritora.

Entonces, a medida que avanzaba el trabajo, haciendo ambas su parte, la Srta. Davis buscaba material adicional en los escritos y la Hna. White completaba lo que faltaba. En esta forma se terminaban los capítulos. Pero la Hna. White sola era la que realizaba la tarea de finalizar el texto. Ella lo mencionó en 1904, cuando murió su secretaria y rememoró sus labores conjuntas: “Estuvimos hombro a hombro en el trabajo, y en perfecta armonía en la obra. Y cuando ella (Marian) descubría la falta de esos puntos y signos necesarios que se habían deslizado en libros y papeles, me los presentaba. ‘Bueno – decía –, aquí hay algo que debe hacerse, y yo no puedo suplirlo.’

“Yo lo examinaba, y en un momento podía arreglar todo. Trabajamos unidas, en perfecta armonía todo el tiempo” (MS, 95, 1904).

La Srta. Davis nos da una vislumbre de su trabajo de seleccionar los materiales apropiados para que pudieran estar rápidamente a la mano: “Quizá usted pueda imaginarse las dificultades al intentar reunir puntos relacionados con un determinado tema, cuando tienen que ser recolectados de treinta álbumes de recortes y cincuenta manuscritos que cubren miles de páginas” (a Guillermo C. White, marzo 29, 1893).

Algún tiempo antes la Sra. White se dio cuenta de que la Srta. Davis necesitaba ser un poco menos dependiente en ciertas fases del trabajo. Parece que ésta quería que la Sra. White y Guillermo, su hijo, vieran “cada pequeño cambio de una palabra” que hubiera hecho. “Su mente – dijo la Sra. White – está en todo punto y conexión.” Así que habló con Marian y le explicó: “Debe [usted] arreglar muchas cosas por su cuenta; … debe hacerse cargo de esas cosas que pertenecen a su parte en el trabajo” (Carta 64a, 1889).

Un curso sobre la vida de Cristo

En 1893 la nueva escuela de Biblia, que se hallaba cerca del hogar de Belden, Australia, en donde se alojaba la Srta. Davis, ofreció un curso sobre la vida de Cristo. Esta se inscribió inmediatamente, pues anhelaba conseguir toda la preparación que pudiera para su trabajo en el manuscrito sobre la vida de Cristo, escrito por la Sra. White.

Escribió a ésta, quien estaba pasando casi todo el año en Nueva Zelanda: “La clase de Biblia será a media mañana, algo no conveniente; pero como se estudia la vida de Cristo no puedo dejar de asistir. – Y agregaba –: Es lo único que he llevado en mi corazón, y despierta la mente de uno el oír hablar sobre el tema” (Marian Davis a Elena G. de White, octubre 18, 1893).

El intercambio de correspondencia en ese año mostró la preocupación de ambas, a medida que avanzaban en la preparación del manuscrito. En julio la Sra. White escribió: “Escribo algo cada día sobre la vida de Cristo” (Carta 132, 1893).

En los primeros días de agosto Marian Davis escribió a su amiga: “Ahora, en relación con el libro, estoy tan contenta que haya escrito en cuanto a viajes a Galilea. Temía que no los mencionara… Esperaré con gran interés la llegada del manuscrito prometido… ¡Hay un campo tan rico en las enseñanzas de Jesús después de que salió de Jerusalén!” (Agosto 2, 1893)

Poco tiempo antes, impulsada quizá por la clase mencionada, Marian le sugirió algunos tópicos que pensaba que le gustaría ver en el libro. La Sra. White no vio tal necesidad, y declaró: “No las incorporaré sin que el Espíritu del Señor me lo indique. La construcción de una torre, la guerra de los gobernantes, estas cosas no impresionan mi alma, sino los temas de la vida de Cristo: su carácter, que representa al Padre; las parábolas, esenciales para que todos entendamos y practiquemos las lecciones que contienen; en esto me extenderé” (Carta 131, 1893).

Cuando la Hna. White regresó de Nueva Zelanda a su hogar en Australia, se refirió a la preparación del libro en una carta dirigida al presidente de la Asociación General. Se lamentaba: “Si yo pudiera solamente sentir que doy toda mi atención al trabajo… Y ahora pienso, como lo he hecho cientos de veces, que podré, después de que cierre este correo [americano], reanudar la vida de Cristo y continuar, si el Señor lo permite” (Carta 55, 1894).

Pero quizá la preocupaba más la importancia de una presentación adecuada de la vida y ministerio de Cristo. Cuando reinició su trabajo en el manuscrito inmediatamente después de regresar a Australia, escribió: “Esta semana he podido comenzar a escribir sobre la vida de Cristo. ¡Oh, cuán ineficiente, cuán incapaz soy de expresar las cosas que arden en mi alma relacionadas, con la misión de Cristo! He intentado, con dificultad, iniciar el trabajo. Es algo muy grande. ¿Y qué diré o qué dejaré de decir? Permanezco despierta de noche rogando al Señor para que el Espíritu Santo descienda sobre mí y permanezca sobre mí.”

Y continuó exponiendo los sentimientos de su corazón: “Camino temblorosa delante del Señor. No sé cómo hablar o trazar con la pluma los inmensos temas de su sacrificio expiatorio. No sé cómo presentar los temas con el poder viviente con que me son presentados. Tiemblo de temor, no sea que empequeñezca el gran plan de salvación con mis palabras comunes. Mi alma se inclina con temor y reverencia delante del Señor, y digo: ‘Para estas cosas, ¿quién es suficiente?’ “ (Carta 40, 1892).

Meses después, en una carta escrita al director del colegio de Battle Creek, ella hizo una declaración que no agradó a otros, pero que expresa sus sentimientos: “Ahora tengo que dejar este asunto tan imperfectamente presentado, que temo que usted interpretará mal mis intensos deseos de hacerlo sencillo. ¡Oh, que Dios avive el entendimiento, porque yo soy una escritora deficiente y no puedo expresar con la pluma o con la voz los misterios grandes y profundos de Dios!” (Carta 67, 1894).

A medida que se organizaban los materiales en capítulos, debía prestarse esmerada atención al orden de los sucesos en la vida del Salvador. Desconocemos hasta qué punto y detalles las visiones proveyeron la secuencia del ministerio y los milagros de Cristo. Sabemos, en cambio, que una década antes ella había hecho un pedido significativo: “Dígale a Mary que me consiga algunas historias de la Biblia que me den el orden de los eventos” (Carta 38, 1885). Y lo hizo porque no pudo hallar nada en la biblioteca pública de Basilea, Suiza.

Marian tenía una gran cantidad de material sobre una fase u otra de la vida de Cristo, y su mayor trabajo era organizarlo en el mejor orden. Los relatos no sincrónicos de los Evangelios no la ayudaban mucho en esto; y a falta de instrucciones directas de la Hna. White u orientación con los materiales mismos, la Srta. Davis consultó cuidadosamente los paralelismos en la narración de los Evangelios.

Marian estaba ocupada con tres capítulos introductorios – “Dios con nosotros,” “El pueblo elegido” y “El cumplimiento del tiempo” – cuando la obra llegaba a su fin; entonces buscó el consejo del pastor Herbert Camden Lacey, maestro de Biblia en el Colegio de Avondale, en lo que se refería a la organización de los capítulos. Él le hizo algunas sugestiones valiosas que, cuando fueron conocidas, hicieron correr el rumor de que él era coautor del libro. El pastor Lacey negó rotundamente, verbalmente y por escrito, este rumor. Una de sus explicaciones escritas, dice: “La Srta. Marian Davis, a quien fue confiado el trabajo editorial de El Deseado de todas las gentes, en 1895 y 1896 con frecuencia me pidió ayuda para ordenar el material de varios manuscritos que había recibido de la Hna. White. La Hna. Davis era una buena amiga, y yo hice lo mejor que pude para ayudarla, especialmente en el primer capítulo. Que yo recuerde, esta ayuda se limitó sólo a la secuencia de los párrafos y las oraciones, o a escoger una palabra más apropiada. Nunca hubo alteración alguna del pensamiento o la inserción de una idea que no estuviera en el texto original. La ‘copia’ final era presentada a la Hna. White para su final aprobación.

“Sostengo pues que, en su totalidad, El Deseado de todas las gentes, como está ahora impreso, es el producto de la mente y el corazón de la Hna. White, guiada por el buen Espíritu de Dios. Y el trabajo ‘editorial’ fue solamente técnico.

“Con gozo y de todo corazón acepto El Deseado de todas las gentes como un libro inspirado; en verdad lo conceptúo como la vida de Cristo más espiritual, fuera de los Evangelios, que alguna vez él le haya dado a su iglesia” (H. C. Lacey a S. Kaplan, julio 24, 1936).

Títulos de libros y capítulos

E. G. de White no escogió el título de sus libros, excepto, posiblemente, los de la Serie Conflicto y los Testimonios. Esto generalmente lo hacía ella en colaboración con sus ayudantes y los impresores. Estos últimos específicamente sugirieron para un libro de la Serie Conflicto dos posibles títulos: El Deseado de todas las naciones y El Deseado de todas las gentes, ambos basados en Hageo 2: 7; y además, El Deseado de todas las naciones vendrá. Finalmente quedó el título actual.

En cuanto a los capítulos, los títulos iban apareciendo a medida que se preparaban. La narración sugería algunos, pero había paralelismos con títulos de otros autores. El título debía, pues, basarse en el contenido y el interés para el lector.

Al avanzar en la preparación de El Deseado de todas las gentes, la autora sabía la ayuda que podían prestarle ciertos escritores en cuanto a la vida de Cristo y a la geografía y las costumbres bíblicas. Las obras ya mencionadas: Life of Christ, de William Hanna, publicada en 1876, y Life and Work of Christ, de Cunningham Geikie, las tenía en su biblioteca, y sin duda tenía otras obras de otros autores. En varias ocasiones Elena G. de White y su hijo Guillermo demostraron su conocimiento de tales obras. Un ejemplo: cuando ella salió de Oakland, California, para Battle Creek, Míchigan, aparentemente anticipándose a la terminación de The Spirit of Prophecy, volumen 2 y a la continuación del volumen 3, seleccionó unos libros para ella. Desde el tren ella escribió una nota a alguien en su hogar: “Usted no necesita enviarme Walks and Homes of Jesus (de Daniel March) cuando me despache los libros que aparté” (Carta 27a, 1876).

Mientras Guillermo C. White se encontraba en Europa, en 1887, recomendó a la casa publicadora de allí que compraran Life of Christ, de William Hanna, Hours With the Bible, de Cunningham Geikie, Life of Our Lord, de S. J. Andrews, y las obras relativas al templo, a sus servicios y a la vida social de los judíos, de Alfred Edersheim. También aconsejó que se adquiriera una buena armonía de paralelismos de los Evangelios.

Todos estos libros sobre la vida de Jesús eran bien conocidos en los círculos adventistas.

 

 

Preparación de El Deseado de Todas las Gentes (2)

 

La preparación de El Deseado de todas las gentes fue un desafío tremendo para Elena G. de White. Las escenas eran tan sublimes, el sacrificio tan enorme, que la descripción de la historia afectó todas las fibras de su ser. En cuanto a esto escribió: “Cuando escribo sobre la vida de Cristo estoy profundamente conmovida. Me olvido de respirar como debiera. No puedo soportar la intensidad del sentimiento que me sobreviene cuando pienso cuánto sufrió Cristo en nuestro mundo” (MS, 70, 1897).

A medida que trabajaba día y noche en este libro, sentía la tremenda responsabilidad de captar y presentar en una forma efectiva y en un lenguaje adecuado las vívidas escenas y las lecciones importantes del ministerio y la vida de Cristo.

Pocos años antes había escrito cómo “la traición, juicio y crucifixión de Jesús” habían pasado delante de ella “punto por punto” (Carta 14, 1889).

Es lo más probable que lo que escribió acerca de la preparación del manuscrito de El conflicto de los siglos también sea válido para El Deseado de todas las gentes: “A menudo estoy consciente de la presencia de los ángeles de Dios. Y muchas veces las escenas acerca de lo que estaba escribiendo me fueron presentadas de nuevo en visiones de la noche, para que estuvieran más frescas y vívidas en mi mente” (Carta 56, 1911).

Parece claro que las visiones dadas a través de los años en cuanto a la vida de Cristo, y las visiones repetidas mientras trabajaba en el manuscrito de The Desire of Ages (El Deseado de todas las gentes), juntamente con las visiones que descubrían nuevos conceptos, fueron fuentes básicas al escribir sobre la vida de Cristo.

¿Dependió Elena G. de White de otros autores?

Cuando preparaba El Deseado de todas las gentes, aparentemente ella consultaba a veces las obras sobre la vida de Jesús, algunas de las cuales estaban en su biblioteca. Sin embargo, es obvio que tales informaciones no eran su material básico para la composición de la vida y enseñanzas de Jesús, o de sus profundas percepciones, o de las hondas lecciones espirituales que ella sacaba de las enseñanzas de Jesús. Pero sí halló que las obras de Hanna, Geikie, Edersheim, Farrar, y otras más que tenían que ver con las escenas que habían pasado delante de ella, le eran útiles. En ellas pudo haber encontrado una manera gráfica de presentar la verdad, pero no significa que eran su fuente básica. Sus percepciones y lecciones espirituales frecuentemente van más allá de las presentaciones de estos escritos.

En un artículo anterior señalé las similitudes y diferencias entre ciertas expresiones utilizadas por Hanna y la Sra. White acerca de la alimentación de los cinco mil.

Es muy claro que 20 años más tarde, cuando ella escribía sobre lo mismo en El Deseado de todas las gentes, halló de nuevo en Hanna y Geikie descripciones que le fueron de utilidad al presentar el cuadro inspirado.

Por ejemplo: ella escribe en El Deseado de todas las gentes que cuando Jesús ordenó a sus discípulos que tomaran el bote y regresaran a Capernaum, ellos “no habían abandonado inmediatamente la tierra, según Jesús les había indicado. Aguardaron un tiempo, esperando que él viniese con ellos. Pero al ver que las tinieblas los rodeaban prestamente, ‘entrando en un barco, vinieron de la otra parte de la mar hacia Capernaum’ “ (p. 342). Geikie reconstruye la historia, y dice: “A las primeras señales de tumulto entre la gente, él había enviado a los doce a cruzar el lago de nuevo enseguida, a Betsaida, cerca de Capernaum, mientras él despedía las multitudes. Esperaron por él hasta que la noche cayó; pero al fin, como no llegaba, se fueron sin él” (The Life and Words of Christ, t. 2, p. 188).

En cuanto a lo que sigue, ¿qué dice Elena G. de White que no mencionan los Evangelios ni otros autores? Primero veamos lo que dice Hanna acerca de las horas que Jesús pasó en la montaña: “Subió solo a una montaña; solo oró allí… Hasta después del amanecer mantuvo una comunión secreta e íntima con el cielo. En el retiro de esas apartadas horas de su devoción no nos atrevemos a introducirnos” (LC, 128),

El relato evangélico solamente dice: “Subió al monte a orar aparte.” (Mat. 14: 23) Marcos, Lucas y Juan nada agregan.

W. Hanna apenas insinúa lo que la Sra. White nos dice; es decir, el objeto de su oración: “Cuando fue dejado solo, Jesús ‘subió al monte a orar aparte.’ Durante horas continuó intercediendo ante Dios. Oraba no por sí mismo sino por los hombres. Pidió poder para revelarles el carácter divino de su misión, para que Satanás no cegase su entendimiento y pervirtiese su juicio… Con el alma trabajada y afligida, oró por sus discípulos. Ellos habían de ser intensamente probados. Las esperanzas que por mucho tiempo acariciaran, basadas en un engaño popular, habrían de frustrarse de la manera más dolorosa y humillante… Pesaba sobre su corazón la preocupación que sentía por ellos, y derramaba sus súplicas con lágrimas y amarga agonía” (DTG, 342).

Otra ilustración. Entre los evangelistas, sólo Marcos introduce esta explicación: “Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco.” (6: 31) W. Hanna cita a Marcos y dice cómo “Jesús anhelaba ahora un poco de quietud y aislamiento: para él, a fin de poder meditar en una muerte [la de Juan el Bautista], profética de la suya…; para ellos [los discípulos], a fin de que tuvieran algún respiro de su fatiga y trabajo acumulados. Con este propósito en vista, los invitó a unirse a él en su realización: ‘Venid vosotros aparte…, y descansad un poco’ “ (LC, 277).

En su manuscrito de 1876 ella apenas menciona esta invitación, pero en El Deseado de todas las gentes le dedica un capítulo de cinco páginas y media: “Venid, Reposad un poco.” Explica aquí el fin del descanso anticipado y su significado para nosotros.

Cada uno de los evangelistas dedica unos pocos versículos a la invitación, a los sucesos, a la alimentación de los cinco mil y a la despedida de la gente. W. Hanna dedica a esto cuatro páginas y media; Geikie, cuatro. Pero en El Deseado de todas las gentes se dedican 20 páginas (326-346), las cuales están repletas con instrucciones prácticas, lecciones espirituales y consejos para el presente, mucho de lo cual se presenta bastante más extensamente de lo que lo hace la Biblia.

Otro ejemplo: La Hna. White declara que, mientras la naturaleza inanimada – el mar, el sol, las rocas – daba testimonio de la divinidad de Cristo, los sacerdotes y demás dirigentes no la reconocieron. Como bien se ha observado, esta descripción sigue de cerca a un pasaje de San Gregorio, que Hanna cita en su obra. Pero el paralelo concluye allí. Hanna no sabe explicar qué sucedió a los muertos que se levantaron cuando Cristo murió. Vacila entre si resucitaron cuando las tumbas se abrieron, o después.

Pero Elena G. de White declara en tono positivo: “Al resucitar Cristo, sacó de la tumba una multitud de cautivos. El terremoto ocurrido en ocasión de su muerte había abierto sus tumbas, y cuando él resucitó, salieron con él. Eran aquellos que habían sido colaboradores con Dios y que, a costa de su vida, habían dado testimonio de la verdad…

“Los que salieron de la tumba en ocasión de la resurrección de Cristo fueron resucitados para vida eterna. Ascendieron con él como trofeos de su victoria sobre la muerte y el sepulcro” (DTG, 730).

El ladrón de la cruz

W. Hanna, al hablar del ladrón de la cruz, se refiere a la conversación de los que estaban al pie de la cruz, que el ladrón apenas alcanzaba a oír, como una evidencia de que Jesús es el Señor; y conjetura que sería irrazonable suponer que el ladrón no se había encontrado con Jesús antes del día de la crucifixión (LC, 717).

Pero en El Deseado de todas las gentes, página 697, se dice del ladrón: “Había visto y oído a Jesús, y se había convencido por su enseñanza, pero había sido desviado de él por los sacerdotes y príncipes. Procurando ahogar su convicción, se había hundido más y más en el pecado, hasta que fue arrestado, juzgado como criminal y condenado a morir en la cruz.”

Debe también observarse aquí que W. Hanna experimenta considerable dificultad cuando intenta explicar a qué “paraíso” se refiere Cristo cuando dijo: “Te digo hoy: estarás conmigo en el paraíso.” (pp. 721-722) Concluye afirmando que el “paraíso” está dondequiera que Jesús esté.

 

 

Preparación de El Deseado de Todas las Gentes (3)

 

Una característica significativa en los libros de Elena G. de White para el público es que ella, a veces, retuvo cierta información que los adventistas, con su comprensión de dichos escritos, podían entender y aceptar; pero que para los no adventistas podría ser piedra de tropiezo. Tal información apareció a menudo en los primeros libros y artículos de la Sra. White. En 1876, en 2SP, 260 apareció el relato en que Pedro y Juan toman a Jesús por los brazos para apartarlo de la multitud, lo cual no se menciona en El Deseado de todas las gentes.

Marian Davis explica la razón de prescindir de tal información: “Como estos libros se venden sin explicación alguna en cuanto a la autoridad que asiste a la autora, se pensó que lo mejor era evitar, hasta donde fuera posible, declaraciones para las cuales la Biblia no ofrece respaldo aparente. Es mejor dar al lector lo que aceptará y le aprovechará, que excitar la crítica y las preguntas que los lleve a desacreditarlo todo…

“La Hna. White dice que Cristo fue coronado dos veces con espinas, pero como la Biblia sólo menciona la segunda, se pensó que era mejor omitir la primera, o hablar de la segunda en lugar de la primera” (Marian Davis a J. E. White, diciembre 22, 1895).

No obstante, El Deseado de todas las gentes está repleto de información extrabíblica, generalmente de una naturaleza que no despierta el prejuicio del lector no informado.

Ni Hanna ni Edersheim incluyen en su narración la historia de la mujer adúltera (Juan 8: l-11). Parece que aceptaron la opinión de algunos eruditos que sostienen que dicho relato es espurio porque no se encuentra en ciertos manuscritos. Sin embargo, Geikie habla de la “prisionera temblorosa,” y la Sra. White se refiere a “la temblorosa víctima” (p. 425). Geikie relata la historia, tratando y destacando los aspectos legales, y agrega: “El acusarla no era asunto de ellos sino de su esposo,” y conjetura que Cristo pudo haber escrito en la arena “con más probabilidad las palabras que él trataba de pronunciar”; y poco después concluye: “Después de este incidente…” (LWC, 296-298).

La Sra. White menciona que “era el deber del esposo iniciar la acción contra ella,” y se detiene con cierta extensión en lo que Jesús escribió en tierra: “Allí, trazados delante de ellos, estaban las culpas secretas de su propia vida. El pueblo, que miraba, vio el cambio repentino de expresión, y se adelantó para descubrir lo que ellos estaban mirando con tanto asombro y vergüenza… Con asombro vio a sus acusadores apartarse mudos y confundidos” (DTG, 425-426).

En tanto que Geikie deja aquí la historia, la Sra. White nos informa que “esto fue para ella el principio de una nueva vida, una vida de pureza y paz, consagrada al servicio de Dios… Esa mujer penitente llegó a ser uno de sus discípulos más fervientes. Con amor y devoción abnegados, retribuya su misericordia perdonadora” (DTG, 426).

Esta aclaración está seguida por dos párrafos con lecciones espirituales. En 2SP, 352, la autora se detiene en la vida posterior de aquella mujer, y dice que “ella, sacudida por el pesar, estuvo al pie de la cruz.”

Cuando W. Hanna se refiere a la resurrección del Señor apenas toca el suceso mismo, relacionándolo más bien con una larga discusión sobre las mujeres que fueron a ungir el cuerpo de Jesús, y no lo encontraron: “Cuando van hablando en el camino, la tierra tiembla, un ángel desciende del cielo y quita la piedra de la puerta del sepulcro; y luego de prestar este servicio que correspondía a las embalsamadoras, se sentó sobre ella y esperó que se acercaran.” – Luego pregunta –: “¿Fue entonces cuando ocurrió el gran suceso de la mañana?… No se dice… El ángel mismo puede no haber presenciado la resurrección. El no dice que así fue.” – Y concluye –: “Totalmente en secreto fue la gran resurrección de entre los muertos: la manera y el tiempo exactos del evento pasaron inadvertidos y desconocidos… En algún momento entre el atardecer del último día y el primero de la semana tuvo lugar la resurrección” (LC, 780-781).

Geikie dice aún menos; apenas algo más que citar a Mateo 28: 1-3.

Mientras comenta estos eventos, según las Escrituras, Edersheim conjetura que la piedra fue quitada “después de la resurrección de Cristo” (2LTJM, 632).

Farrar hace una alusión a los sucesos de esa mañana en una manera singular e indirecta: “Se conoció entonces, o después, que algunas deslumbradoras visiones de ángeles en ropas blancas habían aterrado a los guardianes de la tumba y quitado la piedra de la tumba en medio de los sacudimientos del terremoto” (LC, 670).

Diferente y dramático

Cuán diferente es la descripción dramática de la resurrección que da El Deseado de todas las gentes (pp. 725-736). En contraste con las conclusiones aproximadas e incompletas de estos escritores, la Hna. White nos da descripciones vívidas de los ángeles malos y buenos que vigilaban la tumba toda esa noche: Un ángel del Señor descendió del cielo, “revestido con la panoplia de Dios,” se unió al ángel de la tumba; le siguen el terremoto y el terror de los soldados; la piedra removida por el ángel como si fuera un guijarro, y la orden que lanza: “Hijo de Dios, sal fuera; tu Padre te llama”; Jesús emerge en majestad y gloria, y los soldados romanos que se habían desmayado al ver los ángeles y al Salvador resucitado, tambaleando como borrachos, corrieron a la ciudad, pálidos en extremo para hablar con Caifás y Pilato; Caifás, estupefacto, intenta hablar, pero “sus labios… no expresaron sonido alguno.” Todo esto, y más, lo hay en El Deseado de todas las gentes, tal como su autora lo vio en visión, punto por punto. ¡Cuán sorprendentemente diferente de las “fuentes” que ella había consultado!

El espacio impide incluir otros ejemplos para destacar que cualquiera haya sido el uso que la Hna. de White hizo de W. Hanna y Cunningham Geikie y otros, tales informaciones no tomaron el lugar de sus primeras y continuas visiones.

Y en cuanto a las “fuentes” sería bueno examinar los registros de los evangelistas. Lucas asienta que él es un compilador de lo “que ya muchos” habían tratado de ordenar: “la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas” (cap. l: 1-3), pero que él se sentía calificado para hacer. La Hna. White nos informa que “Nicodemo relató a Juan la historia de aquella entrevista, y la pluma de éste la registró para instrucción de millones de almas” (DTG, 149).

La Hna. White escribe con claridad, fluidez, autoridad y ante todo con profundo sentimiento, elevando siempre el amor, carácter y victoria de Cristo, como un contendiente en la gran controversia. Escribe como alguien que presenció todo, y así fue, por las visiones que recibió. Si ella adquirió conocimiento de otros estudiosos en estos asuntos, acerca de algunos detalles de las costumbres de la gente y del fondo geográfico de las escenas que describió, ¿hace esto su mensaje menos inspirado? No. Los que creen en una inspiración dictatorial, rígida, pueden opinar que tal uso incidental de lo que otros han escrito no es aceptable; pero un concepto más equilibrado de la inspiración permite tal uso, sin que se rechacen las evidencias convincentes del origen divino.

A mediados de julio de 1896 la Hna. White se dio cuenta de que el libro estaba casi terminado: “El manuscrito de la ‘Vida de Cristo’ está casi listo para ser enviado a América. Será impreso por la Pacifíc Press” (Carta 114, 1896). Pero parece, como pasa menudo con los autores, que estaba muy optimista. En e1 caso de El Deseado de todas las gentes, hubo buenas razones para sentirse así, porque cuando creía que ciertos capítulos estaban terminados, en la noche le fue dada luz adicional para escribir más sobre el tema. Este trabajo de redactar nuevo material continuó hasta 1898.

El manuscrito del libro mencionado fue enviado a la Pacific Press poco a poco, y aun después de que ciertos capítulos fueron despachados, su escritura continua introdujo ampliaciones, las cuales fueron enviadas apresuradamente a los impresores a través del Pacífico.

Un año antes de que El Deseado de todas las gentes saliera impreso, fue publicado El discurso maestro de Jesucristo. La preparación de Palabras de vida del gran Maestro continuó por un año o dos después de que fue publicado El Deseado de todas las gentes. Como ambos eran parte de la vida y enseñanzas de Jesús, fueron seguidas las mismas pautas de El Deseado de todas las gentes en la preparación de los manuscritos.

Eran necesarios dos libros más para completar la narración de la historia de la gran controversia: Profetas y reyes y Los hechos de los apóstoles. Estos quedaron listos a su debido tiempo. Los manuscritos se prepararon sujetos a las mismas medidas de los libros grandes preparados para el mundo y para la iglesia.

En esta serie de artículos, fruto del corazón de Elena G. de White en la narración de la lucha de la gran controversia, hemos contado la historia sencilla, respaldada con documentación; Las series han sido de gran inspiración por la forma en que la mensajera del Señor preparó el tema del conflicto en forma de libro. Al hacerlo quizá hayamos levantado preguntas en algunas mentes. Si hallamos que nuestra fe es probada un poco al descubrir nuevos aspectos sobre cómo actúan los escritores inspirados, sería bueno que nos preguntáramos: “¿Exigimos a Elena G. de White más de lo que demandamos de los profetas de la Biblia, o más de lo que es justo que demandemos de cualquier profeta?”

Recordemos: “Dios no se propone evitarnos toda oportunidad de dudar. Él da evidencias que deben ser investigadas cuidadosamente con mente humilde y espíritu susceptible de ser enseñado; y todos deben decidir por el peso de la evidencia… Dios da suficiente evidencia para que pueda creer el espíritu sincero; pero el que se aparta del peso de la evidencia porque hay unas pocas cosas que su entendimiento finito no puede aclarar, será dejado en la atmósfera fría y helada de la incredulidad y de la duda, y perderá la fe” (2JT, 290).

“Dios no ha quitado toda posibilidad de dudar. Nuestra fe debe reposar sobre evidencias, no sobre demostraciones. Los que quieran dudar tendrán oportunidad de hacerlo, mientras que los que realmente deseen conocer la verdad encontraran abundante evidencia sobre la cual basar su fe.” (CC, 105) ¿Cuál es “el peso de la evidencia” cuando leemos a Elena G. de White? Instamos a todos a estudiar el contenido, el mensaje, la luz, el consejo, el ánimo, las advertencias y la armonía de estos libros, en relación con las Escrituras. ¿Qué han significado aquellos para la iglesia a través de los años?

En 1906 la Hna. White atribuyó totalmente a la obra del Espíritu Santo las verdades asentadas en estos libros que trazan la historia de la gran controversia. Y pregunta: “¿Cuántos han leído cuidadosamente Patriarcas y profetas, El conflicto de los siglos y El Deseado de todas las gentes? Quiero que todos entiendan que mi confianza en la luz que Dios me ha dado permanece firme, porque yo sé que el poder del Espíritu Santo magnificó la verdad hizo honorable al decir: ‘Este es el camino, andad por él.’ En mis libros se presenta la verdad robustecida por un ‘Así dice el Señor.’ El Espíritu Santo grabó estas verdades en mi corazón y mi mente en forma tan indeleble como la ley fue grabada por el dedo de Dios en las tablas de piedra que están ahora en el arca, para ser puestas de manifiesto en el gran día cuando se pronuncie sentencia contra toda ciencia mala y seductora producida por el padre de la mentira” (CE, 175-176).

Aunque la preparación de los libros sobre el largo conflicto fue una parte vital e importante del trabajo de Elena G. de White, que ocupó la atención de lo mejor de su vida activa, no fue, en ninguna forma, la parte principal de su obra. La Serie Conflicto tiene unas 3.106 páginas (en español), pero a los nueve volúmenes de Testimonies for the Church les dedicó unas 4.632 páginas (en inglés), escritas durante el mismo período. Agréguese a esto los muchos libros de consejo, algunos miles de artículos y cientos de testimonios personales. No podemos repasar aquí esta parte mayor de su obra como mensajera de Dios en la presentación de sus mensajes a hombres y mujeres de la iglesia remanente, laicos, instituciones y líderes de la iglesia.

Desde este campo más amplio de su tarea de escribir, en la cual parecía no haber respiro, ella fue impulsada a manifestar testimonio de lo que le fue revelado en cientos de visiones durante los setenta año de su ministerio. Al escribir estos mensajes de instrucción, consejo, ánimo y corrección, ella no buscó “fuentes” humanas de información ni fue influenciada por los la rodeaban. En toda su obra la vemos moviéndose bajo la orden y dirección del Espíritu de Dios.

Un testimonio personal

Al escribir estos artículos he sido sincero, cándido y franco en la descripción de cómo Elena G. de White hizo su trabajo en la presentación, a la iglesia y al mundo, de la historia de la gran controversia. He escrito a base de mi, conocimiento personal. Mi confianza en la fuente celestial de los mensajes que Elena de White presentó en sus libros ha crecido a través de cincuenta años de íntima familiaridad de sus registros y mi trabajo con ellos.

Esta confianza también fue alimentada a lo largo de los años con mi padre Guillermo C. White, a cuyas órdenes serví por nueve años, hasta su muerte en 1937. Él, a su vez, había asistido a su madre en una manera activa desde la muerte de su padre, Jaime White, en 1881, hasta la muerte de ella en 1915. Ninguno tuvo una mejor oportunidad para observar, examinar y comprender la manera en que Elena G. de White escribió sus libros; por eso tengo confianza implícita en la veracidad de su testimonio; y por eso lo he citado numerosas veces.

Con la abundancia de evidencias positivas con que me he familiarizado, y la cantidad de evidencia que de día en día encuentro a medida que escribo una biografía completa de Elena G. de White no hay lugar para nada, excepto para una poderosa evidencia de que ella fue, en verdad, la mensajera del Señor y de que sus mensajes dieron el consuelo, la instrucción y la información que Dios deseaba que ella impartiera a su iglesia remanente. Conociendo, como me ha sido posible conocer, la importancia de un concepto claro y concreto de la operación de la inspiración, ha sido mi privilegio transmitir a los lectores de la Review esta información. Creo que estos artículos, que presentan en forma íntima como ella escribió la Serie Conflicto, proporcionan una dimensión que da confianza en el don especial de Dios para su iglesia, en un tiempo cuando el gran adversario está busca socavar y arruinar tal confianza.

 


Artículos del suplemento de la Revista Adventista de enero de 1982

Pacific Press Publishing Association, 1350 Villa Street, Mountain View, California (USA)


 

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