Sobre Elena White

Up La Verdad Presente Sobre Elena White Respuesta Apropiada El Velo


Artículos Importantes Sobre Elena White

Kenneth H. Wood 

Director de la Adventist Review



Algunos temas son de especial interés para las personas de mente espiritual. Uno de estos temas es la manera en que Dios, Ser infinito y trascendente, se comunica con sus hijos terrenales por medio de la inspiración o revelación.

La Review and Herald (Revista Adventista en inglés) trae a la atención de los adventistas del séptimo día ciertas fases de este tema importantísimo, con la publicación de dos series de artículos de Arturo L. White. La primera, de cuatro artículos, titulada Concepto adventista sobre la inspiración, fue publicada en enero y febrero de 1978, y la segunda, Redacción de los escritos históricos de Elena G. de White, compuesta de siete artículos, apareció en julio y agosto de 1979.

Es debido al interés actual en estos temas, y con el fin de hacerlos más accesibles para el estudio, que se publican en conjunto en este número.

En la primera serie, el pastor Arturo L. White, secretario entonces del departamento de fideicomisarios de Elena G. de White, escribió basado en su experiencia íntima de décadas en su trabajo con estos documentos. En estos cuatro artículos él pone en claro algunos conceptos necesarios para saber cómo actúa la inspiración.

En la segunda serie, de siete artículos, él nos introduce detrás del escenario para mostrarnos cómo trabajó la Sra. White en la redacción de los libros que presentan la historia de la gran controversia, y despliega cuidadosamente una información nueva y documentada y ofrece percepciones profundas en algunos de los aspectos de la obra de la escritora a medida que redactaba sus escritos de índole histórica. Creemos que todo lector, no importa cuán bien informado esté sobre la manera como actúa la inspiración, aprenderá algo de estos artículos.

Por supuesto, no todo el material es nuevo. Lo que se repite es incluido mayormente por dos razones: para presentar un equilibrio balanceado, y para facilitar una información que los lectores pudieran haber dejado de leer en libros y artículos ya publicados.

Hay cuatro hechos que es menester tener muy presente al leer estos artículos: 1. Los escritos inspirados no nos llegan sin antes ser tocados por manos humanas. A diferencia de lo que ocurrió con los Diez Mandamientos en el monte Sinaí, no son redactados por la mano de Dios. El escritor inspirado participa intensamente en su labor de comunicar los mensajes de Dios a la familia humana; pero a menos que Dios le dé palabras específicas – como lo hizo algunas veces en determinadas visiones, cuando el profeta escuchaba seres celestiales que hablaban –, él debe hallar por sí mismo las palabras que manifiesten claramente las verdades que Dios le ha revelado. Y para hacer esto él tiene que buscar en su vocabulario, encontrar las palabras en los diccionarios, tomar en préstamo expresiones de escritores no inspirados o dejarse ayudar por sus asistentes. “La inspiración no obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. Pero las palabras reciben la impresión de la mente individual.” (1MS, 24)

La gente piensa muy poco o nada cuando lee la Biblia o los escritos de Elena G. de White. Tiende a pensar que los escritos inspirados fueron creados ex nihilo (de la nada), algo así como el mundo en la creación. (Algunas personas también piensan que la Review and Herald [o cualquier otra publicación] se origina en la misma forma: olvidan el trabajo oculto de los escritores, redactores, linotipistas, lectoras de pruebas, impresores, encuadernadores, distribuidores, etc.)

Creemos que esta serie de artículos del pastor Arturo L. White serán particularmente útiles porque permiten dar un vistazo dentro de las escenas y contemplar cómo Elena G. de White escribió sus libros y cómo fueron preparados para su publicación.

2. Cuando Dios se comunica con la familia humana, inspira a las personas, no los escritos. La inspiración actúa sobre la persona, y no sobre el producto escrito. El apóstol declara: “Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2 Ped. 1:21) “No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres son los que fueron inspirados” (1MS, 24). Este es un asunto muy importante que no debe ser mal comprendido. Los predicadores, y demás, a menudo llaman a la Biblia “la Palabra inspirada de Dios,” y correctamente entendido, así es. La declaración citada, de Elena G. de White, se refiere a la metodología, no a la autoridad. Dios inspira a la persona, no las palabras. La gente piensa; las palabras, no. La gente puede ser impresionada por el Espíritu Santo; las palabras, no.

3. La inspiración incluye una variedad de métodos para comunicar la verdad y la voluntad de Dios. A algunos escritores de la Biblia les fueron dados sueños y visiones; a otros que no recibieron visiones, les fueron dadas comprensión y percepción especiales en los misterios divinos; otros recibieron dirección especial para seleccionar y registrar eventos e incidentes históricos; y hubo algunos que recibieron una sabiduría única para entender e interpretar el significado de los sucesos.

Acerca de esto último es bueno notar que los eventos históricos pueden ser observados y registrados tanto por escritores inspirados como profanos. Numerosos escritores pudieron haber registrado que tres hombres fueron crucificados en un viernes del año 31 d. C. Pero si falta una persona inspirada que destaque el significado de dicho evento, éste habría parecido tan pequeño como otras crucifixiones. Una de las mayores funciones de la inspiración es capacitar a las personas para captar el significado de los eventos, y para interpretarlos a la luz de la gran controversia entre Cristo y Satanás.

4. El mensaje de un escritor inspirado carece de autoridad a menos que vaya acompañado por un “Así dice Jehová.” En los tiempos del Antiguo Testamento, los profetas a menudo comenzaban o concluían sus mensajes con declaraciones como éstas: “Dice el Señor,” “Jehová me dijo”; (Isa. 1: 24; 8: 11) “Vino a mí palabra de Jehová”; (Eze. 6: 1) “Principio de la palabra de Jehová”; (Ose. 1: 2) “Jehová lo ha dicho.” (Abd. 18) En el Nuevo Testamento, los escritores a veces mencionan el origen divino de sus escritos, como en Apocalipsis 1: 1-2; pero generalmente no lo hacen. Dependían de los escritos mismos para autenticarlos como mensajes de Dios. Elena G. de White a menudo usa en sus escritos tempranos la expresión “Se me mostró,” “Me fue mostrado”; pero más tarde dejó de hacerlo, especialmente cuando escribía para los no adventistas. Este cambio de práctica no indicaba diferencia alguna en la autoridad del mensaje que comunicaba.

Si se recuerdan constantemente los cuatro puntos que hemos mencionado, se entenderá y apreciará mejor la información de estos artículos que publica la Review and Herald, los cuales son el producto de la experiencia y del pensamiento maduro de uno que ha dedicado 50 años a fortalecer su familiaridad con los documentos recibidos por medio de la inspiración, y que ha estudiado cómo Elena G. de White, su abuela inspirada, hizo su trabajo.

Ella escribió en 1890: “El último engaño de Satanás se hará para que no tenga efecto el testimonio del Espíritu de Dios… Satanás trabajará hábilmente en diferentes formas y mediante diferentes instrumentos para perturbar la confianza del pueblo remanente de Dios en el testimonio verdadero.” (1 MS, 54-55)

Y por cuanto Satanás hace hoy esfuerzos supremos para socavar la confianza en los escritos del espíritu de profecía estamos convencidos de que el fin de todas las cosas está muy cerca. Ahora es el momento para fortalecer la fe y saber en qué creemos. Estas series de artículos fortalecerán la confianza en Dios, en su iglesia y en su mensajera inspirada.

 

Elena G. de White: Experiencia y Escritos

¿En qué forma entienden los adventistas la inspiración? ¿Es diferente este concepto del que se sustenta comúnmente?

El concepto adventista es diferente en algunos aspectos, pues ni participa de los puntos de vista liberales modernos que atacan la autoridad de la Palabra de Dios, ni de los conceptos ultra conservadores que hacen del profeta un autómata, una máquina, que es impulsado a hablar o escribir.

Como adventistas del séptimo día somos muy afortunados al estudiar este problema. Para sacar nuestras conclusiones, no dependemos de escritos de hace 19 siglos que nos han llegado mediante transcripciones y traducciones. Para nosotros la inspiración es algo casi contemporáneo, pues tenemos un profeta entre nosotros.

Y aún más: en lugar de tener unos pocos y cortos documentos o un puñado de cartas, poseemos los numerosos y variados escritos de Elena G. de White, redactados en un lapso de 70 años, que comprenden sus libros, sus 4.600 artículos, y sus manuscritos, cartas y diarios. También tenemos los testimonios de sus contemporáneos, que vivieron y trabajaron muy cerca de ella. Ellos y ella discutieron muchos puntos en cuanto a sus visiones y la forma en que le fueron dadas, y cómo ella impartía los mensajes a aquellos a quienes estaban dirigidos. En resumen: estos testigos discutían con ella la obra de la inspiración.

Y algo muy importante para nosotros: escribió en una lengua moderna, la más extendida, en la cual la estudian la mayoría, y los que no pueden hacerlo tienen a su alcance las traducciones de sus escritos más importantes o necesarios.

Si aceptamos a Elena G. de White como un testigo honesto, entonces nos serán muy significativos su obra, sus declaraciones sobre la inspiración, y su concepto en cuanto a los profetas de la antigüedad. Por esto, cuanto ella dijo del trabajo del profeta en acción, puede muy bien formar la base para llegar a una conclusión exacta en cuanto a la inspiración.

Primero notaremos que cuando el Señor imparte luz al profeta, él no se ata a un solo método: “Dios, habiendo hablado… de muchas maneras… por los profetas…” (Heb. 1:1) Por lo tanto, no se debe buscar un método uniforme que gobierne los procedimientos divinos cuando entrega sus mensajes a sus instrumentos humanos. Esto es algo sumamente importante.

En segundo lugar, el profeta es y posee todas las cualidades propias de un ser humano: ve, escucha, huele, come, duerme, trabaja, habla, viaja, etc. Cuando es llamado al oficio profético, puede poseer o no cierto grado de conocimiento; pero a través de su obra profética continuará adquiriéndolo en la misma forma en que lo aprenden los demás. Su llamado como profeta no borra de su mente el conocimiento que obtuvo antes, ni tampoco entorpece sus facultades para proseguir adquiriendo conocimiento como lo hacía antes de ser llamado como profeta.

El hecho de que el Señor, en forma extraordinaria, haya llamado a una persona como profeta, la sitúa en una posición en donde recibirá información especial de Dios, la cual puede corresponder al campo de la teología y la experiencia religiosa, o bien al terreno histórico, refiriéndose a la providencia especial de Dios con su pueblo o las personas, o amonestando en cuanto a los peligros acerca de la determinación de Satanás de destruir la obra de Dios o la esperanza de las almas. También podría pertenecer al campo de la fisiología, la nutrición, la higiene, la educación, la administración de la iglesia, o aun podría tener que ver con la denuncia de pecados ocultos.

Como puede verse, los campos son ilimitados, porque la obra está en las manos de Dios. Esta experiencia singular pertenece al profeta. Aunque el Espíritu de Dios puede hablar a los corazones de las personas consagradas, no todos pueden ser profetas. Dios escoge al profeta: “Los santos hombres de Dios hablaron… inspirados por el Espíritu Santo.” (2 Ped. 1: 21)

Las visiones y el testimonio

Un profeta puede recibir visiones durante el día, acompañadas por fenómenos físicos, (Dan. 10) o en la noche mediante sueños; (Dan. 7) luego comunicará el mensaje oralmente, en entrevistas o por escrito.

Hay, pues, dos asuntos inseparables: la recepción del mensaje, de la luz, y el testimonio que da validez o sea la presentación del mensaje, de la luz recibida del Espíritu Santo.

Puede ser que no se le permita comunicar inmediatamente el mensaje, pues quizá deba retenerlo hasta que sucedan ciertos acontecimientos; o bien la luz recibida es para orientar al profeta, quien no está en libertad de comunicar todo lo que ha recibido.

Por lo tanto, su mente puede ser un “depósito” del cual – previas circunstancias especiales – puede sacar y hablar. Pero a menudo hay necesidad inmediata de que comunique su mensaje.

Cómo recibió la luz Elena G. de White

Nótese la sencillez del lenguaje usado por E. G. de White para describir la forma en que recibió su primera visión: “Mientras estaba orando… el Espíritu Santo descendió sobre mí, y me pareció que me elevaba más y más, muy por encima del tenebroso mundo. Miré hacia la tierra para buscar al pueblo adventista, pero no lo hallé en parte alguna, y entonces una voz me dijo: ‘Vuelve a mirar un poco más arriba.’ Alcé los ojos y vi un sendero recto y angosto trazado muy por encima del mundo. El pueblo adventista andaba por ese sendero, en dirección a la ciudad que se veía en su último extremo” (PE, 14).

Observemos cómo y cuándo entra en visión: “El Espíritu Santo descendió sobre mí.” Aunque permaneció corporalmente en la sala en donde oraba, le parecía

1.        que se elevaba por encima del mundo;

2.        que volvía su mirada hacia la tierra;

3.        que no podía ver lo que buscaba;

4.        que escuchaba una voz que le hablaba;

5.        que obedecía la orden de esa voz;

6.        que levantaba su mirada y veía al pueblo adventista en marcha;

7.        que contemplaba su lugar de destino;

8.        que se unía a ellos cuando se regocijaban por el galardón.

Es muy claro que las experiencias en la visión fueron reales para ella: vio, sintió, escuchó, obedeció y actuó en lugares lejanos; participaba en la acción, aunque corporalmente permanecía en la sala. Pero los que la acompañaban en ese momento, nada vieron, nada escucharon. Y más tarde relataba o escribía en sus propias palabras sus experiencias.

A menudo, ya en visión, era conducida a un hogar o a una institución, y luego llevada de salón en salón o de un departamento a otro. Le parecía estar en los comités y contemplar las acciones de sus miembros, escuchar sus palabras y observar el medio ambiente.

En 1887 escribió desde Europa a uno de los obreros en cuanto a las normas inadecuadas de una de las instituciones. ¿Cómo recibió la información? “Me levanté a las tres de esta madrugada con un gran peso en mi mente… En mis sueños me encontraba en –, y mi Guía me dijo que tomara en cuenta y observara todo cuanto viera. Me hallaba en un lugar apartado, desde donde no podía ver pero sí escuchar todo lo que sucedía en el salón. Las personas discutían con usted en cuanto a los presupuestos, y oí que disputaban con usted por los altos cobros de la pensión, el hospedaje y el tratamiento. Escuché que usted con voz firme y decidida rehusó rebajar lo que se cobraba. Yo estaba atónita de ver cuán alto era este cobro” (Carta 30, 1887).

A veces veía edificios aún no construidos, pero que serían parte de una institución. Ella se refirió a éstos en una carta escrita en 1903: “He estado pensando cómo, después que comenzamos el Sanatorio de Battle Creek, me fueron mostrados en visión los edificios del sanatorio, listos para ser ocupados. El Señor me instruyó en cuanto a cómo debe hacerse el trabajo en estos edificios para que ejerzan una influencia salvadora sobre los pacientes.

“Todo esto me parecía muy real, pero cuando me levanté, encontré que el trabajo aún no había sido hecho, que los edificios no habían sido construidos.

“En otra oportunidad se me mostró un edificio grande que se construía en el lugar sobre el cual se levantaría el Sanatorio de Battle Creek. Los hermanos estaban muy preocupados en cuanto a quién se haría cargo de la obra. Me sentí muy apesadumbrada. Una de las autoridades se levantó en medio de nosotros, y dijo: ‘Aún no. Ustedes no están listos para invertir fondos en ese edificio, o para hacer planes para su dirección futura.’

“En este tiempo se había colocado el fundamento del sanatorio. Pero necesitábamos aprender la lección de esperar” (Carta 135, 1903).

Representaciones simbólicas

Dos párrafos consecutivos de un testimonio personal dirigido a un obrero destacado de los primeros años, demuestran cómo las experiencias de la vida fueron algunas veces representadas simbólicamente: “Me fueron presentadas muchas otras escenas concernientes a su caso.

Usted me fue presentado una vez mientras trataba de empujar un carro largo por una elevada pendiente; pero este carro, en lugar de subir la colina, continuaba descendiendo. Este carro representa el negocio de los alimentos como una empresa comercial, la cual no ha sido llevada adelante en la forma que Dios recomienda.

“En otra oportunidad usted me fue representado como un general montado en un caballo, llevando un estandarte. Vino uno y tomó de su mano el estandarte, que tenía estas palabras: ‘Los mandamientos de Dios y la fe de Jesús,’ y fue pisoteado en el polvo. Lo vi a usted rodeado de hombres que lo identificaban con el mundo” (Carta 239, 1903).

A veces, los sucesos del pasado, el presente y el futuro gran abiertos delante de ella en forma panorámica. Entonces le parecía que presenciaba, en rápida sucesión, los eventos de la historia. He aquí una cita que nos muestra un poco cómo era iluminada su mente: “Al revelarme el Espíritu de Dios las grandes verdades de su Palabra, y las escenas del pasado y del porvenir, se me mandó que diese a conocer a otros lo que se me había mostrado, y que trazase un bosquejo de la historia de la lucha en las edades pasadas, y especialmente que la presentara de tal modo que derramase luz sobre la lucha futura que se va acercando con tanta rapidez.” (CS, 13, 14, Intr.)

 

El Testimonio del Profeta

Hay dos aspectos en la experiencia del profeta: la visión en sí, y el testimonio o comunicación de lo que le ha sido revelado. El profeta debe entregar su mensaje en el lenguaje más claro y preciso que pueda.

El profeta puede tener las palabras adecuadas para hacerlo satisfactoriamente, o darse cuenta de que debe estudiar diligentemente para adquirir los vocablos que hagan que su mensaje sea preciso e impresionante. El mismo mensaje, en diferentes ocasiones, podrá presentarlo en diferentes términos. Mientras escribía El Deseado de todas las gentes, su autora declaró: “Tiemblo de temor, no sea que empequeñezca el gran plan de salvación con las palabras comunes” (EGWMR, 59). El mensaje puede también sufrir deterioro por la imperfección del lenguaje humano: “La Biblia… fue escrita por manos humanas, y la diversidad de estilo de sus diferentes libros muestra la individualidad de cada uno de sus escritores. Las verdades reveladas son todas inspiradas por Dios; (1 Tim. 3: 16) y con todo están expresadas en palabras humanas. Es que el Ser supremo e infinito iluminó con su Espíritu la inteligencia y el corazón de sus siervos. Les daba sueños y visiones, y les mostraba símbolos y figuras; y aquellos a quienes la verdad fue así revelada, revestían el pensamiento divino con palabras humanas…

“Escritos en épocas diferentes y por hombres que diferían notablemente en posición social y económica, y en facultades intelectuales y espirituales, los libros de la Biblia presentan contrastes en su estilo, como también diversidad en la naturaleza de los asuntos que desarrollan. Sus diversos escritores se valen de expresiones diferentes; a menudo la misma verdad está presentada por uno de ellos de modo más notable que por otro…

“Presentada por diversas personalidades, la verdad aparece en sus variados aspectos. Un escritor percibe con más fuerza cierta parte del asunto; comprende los puntos que armonizan con su experiencia o con sus facultades de percepción y apreciación; otro nota más bien otro aspecto del mismo asunto; y cada cual, bajo la dirección del Espíritu Santo, presenta lo que ha quedado impreso con más fuerza en su propia mente. De ahí que encontremos en cada uno un aspecto diferente de la verdad, pero perfecta armonía entre todos ellos. Y las verdades así reveladas se unen en perfecto conjunto, adecuado para satisfacer las necesidades de los hombres en todas las circunstancias de la vida.” (CS, 8-9, Intr.)

Aunque el profeta emplea sus propios medios de expresión, de todas maneras, el Espíritu Santo sigue actuando. Este es un punto vital: “Aunque dependo del Espíritu del Señor tanto para escribir mis visiones como para recibirlas, sin embargo las palabras que empleo para describir lo que he visto son mías, a menos que sean las que me habló un ángel, las que siempre incluyo entre comillas” (1MS, 42).

Y recalca: “Mediante la inspiración de su Espíritu, el Señor dio la verdad a sus apóstoles, para que la expresaran de acuerdo con su mentalidad mediante el Espíritu Santo. Pero la mente no está sujeta, como si hubiera sido forzada dentro de cierto molde” (1MS, 25).

El profeta, pues, recibe el mensaje por medio de visiones mientras está totalmente bajo la influencia del Espíritu de Dios; e imparte su testimonio bajo la dirección del Espíritu de Dios, pero no hasta el punto de ser un robot o de estar sometido a un molde fijo, sino que comunica el mensaje en la mejor manera, de acuerdo con su estilo y preparación; en esta forma influye de manera particular sobre los que tienen una formación semejante a la suya.

A veces las mismas palabras que usará son impresas en su mente por el Espíritu: “Estoy tratando de conseguir las mismas palabras y expresiones que fueron usadas en relación con este asunto, y como mi pluma vacila un momento, las palabras apropiadas vienen a mi mente” (EGWW, 22).

En otra declaración dice: “Cuando escribo algo importante, él [el Espíritu Santo] está junto a mí ayudándome…, y cuando busco una palabra apropiada para expresar mi pensamiento, él la trae clara y distintamente a mi memoria” (Carta 127, 1902).

Temas históricos

La historia le fue presentada a la Sra. White como una base sobre la cual debía trazar la narración de la gran controversia. Ella nos dice cómo le fue presentada la controversia: “Mediante la iluminación del Espíritu Santo, las escenas de la lucha secular entre el bien y el mal fueron reveladas a quien escribe estas páginas. En una y otra ocasión se me permitió contemplar las peripecias de la gran lucha secular entre Cristo, Príncipe de la vida, Autor de nuestra salvación, y Satanás, príncipe del mal, autor del pecado y primer transgresor de la santa ley de Dios” (CS, 13).

Su experiencia fue similar a la de Moisés sobre el monte Nebo, al mostrársele la tierra prometida: “Se le presentó luego una visión panorámica de la tierra de promisión. Cada parte del país quedó desplegada ante sus ojos, no en realce débil e incierto en la vaga lejanía, sino en lineamientos claros y bellos que se destacaban ante sus ojos encantados. En esta escena se le presentó la tierra, no con el aspecto que tenía entonces sino como había de llegar a ser bajo la bendición de Dios cuando estuviese en posesión de Israel.

“Le pareció estar contemplando un segundo Edén. Había allí montañas cubiertas de cedros del Líbano, colinas que asumían el color gris de sus olivares y la fragancia agradable de la viña, anchurosas y verdes planicies esmaltadas de flores y fructíferas; aquí se veían las palmeras de los trópicos, allá los undosos campos de trigo y, cebada, valles soleados en los que se oía la música del murmullo armonioso de los arroyos y los dulces trinos de las aves, buenas ciudades y bellos jardines, lagos ricos en ‘la abundancia de los mares,’ rebaños que pacían en las laderas de las colinas, y hasta entre las rocas los dulces tesoros de las abejas silvestres…

“Moisés vio al pueblo escogido establecido en Canaán, cada tribu en posesión de su propia heredad. Alcanzó a divisar su historia después de que se establecieran en la tierra prometida; la larga y triste historia de su apostasía y castigo se extendió ante él. Vio esas tribus dispersadas entre los paganos a causa de sus pecados, y a Israel privado de la gloria, con su bella ciudad en ruinas, y su pueblo cautivo en tierras extrañas. Los vio restablecidos en la tierra de sus mayores, y por último, dominados por Roma.

“Se le permitió mirar a través de los tiempos futuros y contemplar el primer advenimiento de nuestro Salvador… Siguió al Salvador a Getsemaní y contempló su agonía en el huerto, y cómo era entregado, escarnecido, flagelado y crucificado…, miró otra vez, y le vio salir vencedor de la tumba y ascender a los cielos escoltado por los ángeles que le adoraban, y encabezando una multitud de cautivos” (PP, 506-508).

El dramático relato prosigue. Moisés, estupefacto, contempla los sucesos: ve, escucha, participa; todos sus sentidos actúan. La historia del futuro se le presentó en forma vívida. Es muy improbable que se le hayan revelado fechas; no es probable que todas las ciudades que vio fueran nombradas. Estos eran detalles intrascendentes para el desarrollo de la visión.

¿Se le mostraron a Elena G. de White, en cada ocasión, todos los nombres y las fechas de los eventos que contempló? La evidencia nos dice que no.

Ella vio ocurrir los eventos significativos en el desarrollo de la gran controversia; los detalles y referencias incidentales fueron de menor importancia. Alguna de esta información puede hallarse en los escritos sagrados; otra, en las fuentes históricas responsables. Es evidente que para Dios no era esencial impartir tales detalles.

Observaciones de Guillermo C. White

Guillermo C. White, hijo de la Sra. White, describe así la experiencia de ella: “Mi madre nunca ha afirmado que es una autoridad en historia. Las cosas que ha escrito son descripciones de detalles fulgurantes y otras representaciones dadas a ella en relación con las acciones de los hombres, y la influencia de estas acciones sobre la obra de Dios en el plan de salvación, acciones que se refieren al presente, el pasado y el futuro. Y al escribir en cuanto a estos aspectos, ha hecho uso de declaraciones históricas precisas y apropiadas para hacer más claras al lector las cosas que ella se esfuerza por presentar.

“Cuando yo era muchacho la escuché leerle a mi padre la Historia de la Reforma, de d’Aubigné. Le, leyó mucho, acaso los cinco volúmenes completos. Ella ha leído otras historias de la Reforma. Esto le ha ayudado a situar y describir muchos de los eventos y movimientos presentados a ella en visión. Es algo similar a la manera en que el estudio de la Biblia le ayuda a localizar y describir muchas representaciones simbólicas que ha recibido en cuanto al desarrollo de la gran controversia en nuestro tiempo.” (Asociación General, octubre 30, 1911. Citado en EGWW, 33)

Pocos meses después, de nuevo declaró: “En cuanto a los escritos de mi madre y su uso como autoridad en hechos históricos y en cronología, ella nunca ha deseado que nuestros hermanos la consideren como tal. Las grandes verdades reveladas a mi madre en cuanto a la controversia entre el bien y el mal, la luz y las tinieblas, le fueron dadas de muchas maneras, pero mayormente como detalles fulgurantes de grandes acontecimientos en las vidas de los individuos y en las experiencias de las iglesias de los reformadores y las naciones…

“Cuando escribía de la experiencia de los reformadores durante la Reforma, y del movimiento del advenimiento en 1844, mi madre a menudo daba al comienzo una descripción parcial de algunas escenas que se le presentaban. Más tarde escribía, repetidamente, en forma cada vez más completa. Sé que escribe sobre un tema cuatro o cinco veces, y luego se lamenta porque no pudo desplegar un lenguaje apropiado para describirlo más perfectamente.”

Descripciones parciales

“Cuando escribía El conflicto de los siglos, algunas veces dio una descripción parcial de un suceso histórico importante, y cuando su secretaria preparaba los manuscritos para el impresor, ésta averiguaba fechas y lugares. Mi madre solía decir que esos datos habían sido registrados por historiadores serios, y que por lo tanto debían insertarse.

“Cuando fue escrito El conflicto, mi madre nunca pensó que los lectores lo tomarían como una autoridad en historia, o que lo usarían para desatar polémicas en cuanto a detalles de historia, y aún piensa lo mismo. Mi madre tiene en gran estima el trabajo de esos fieles historiadores que dedicaron años al estudio del gran plan de Dios como se presenta en la profecía, y en el desarrollo de ese plan como se registra en la historia.” (Carta a W. W. Eastman, noviembre 4, 1912. EGWW, 34)

Con respecto a la historia de la Reforma, su siguiente declaración es significativa: “Han sido presentados delante de mí los sucesos en la historia de los reformadores” (Carta 48, 1894).

En cuanto a esto, W. C. White escribió: “Los contactos de mi madre con el pueblo de Europa le recordaron muchas cosas que le habían sido presentadas en años anteriores, algunas de ellas, dos o tres veces; y otras, muchas veces” (EGWW, 124).

 

El Problema de la Infalibilidad

Refiriéndose a la Biblia, Elena G. de White declara: “Las Sagradas Escrituras deben ser aceptadas como dotadas de autoridad absoluta y como revelación infalible de su voluntad… ‘Toda Escritura es inspirada por Dios; y es útil para enseñar, para redargüir, para corregir’” (CS, 9).

Ella no niega que el lenguaje de la Biblia sea usado por algunos para sacar falsas conclusiones. Por una parte ella afirma que las Escrituras contienen una revelación infalible; pero, por otra, que el lenguaje usado para impartirla es humano y, por lo tanto, imperfecto.

“Acerca de la infalibilidad, nunca pretendí tenerla. Sólo Dios es infalible… El Señor habla a los seres humanos en lenguaje imperfecto, a fin de que puedan comprender sus palabras los sentidos degenerados, la percepción opaca y terrena de seres terrenos. Así se muestra la condescendencia de Dios. Se encuentra con los seres humanos caídos donde ellos están. La Biblia, perfecta como es en su sencillez, no responde a las grandes ideas de Dios pues las ideas infinitas no pueden ser perfectamente incorporadas en los vehículos finitos del pensamiento. En vez de que las expresiones de la Biblia sean exageradas, como muchos suponen, las expresiones vigorosas se quebrantan ante la magnificencia del pensamiento, aunque el escribiente elija el lenguaje más expresivo para transmitir las verdades de la educación superior” (1MS, 42, 25-26).

Los manuscritos del profeta

No sabemos cómo los profetas antiguos preparaban sus manuscritos. ¿Tachaban una palabra y la reemplazaban con otra que expresara mejor un determinado concepto? ¿Hubo defectos gramaticales en su primera composición, o ésta era perfecta? Los manuscritos originales no existen; no podemos, pues, examinarlos.

Pero de Elena G. de White sí tenemos los manuscritos originales. El hecho de que el Espíritu Santo descansara sobre ella no le concedió un conocimiento perfecto de la ortografía y la gramática. Trabajó muy cuidadosamente y, con la ayuda de Dios, adquirió la habilidad para presentar la verdad en forma clara e impresionante; pero esto le exigió un esfuerzo constante e intenso. En sus manuscritos se revela un desarrollo progresivo en el vocabulario y en la habilidad para usar las palabras.

Sus contemporáneos reconocieron que errores gramaticales pueden aparecer en escritos inspirados, pero esto no disminuyó su confianza ni impidió que aceptaran sus escritos.

Elena G. de White reconoció abiertamente la ayuda que ella recibía de sus asistentes: “Mientras mi esposo vivió, actuó como ayudante y consejero en el envío de los mensajes que me eran dados. A veces se me daba luz durante la noche, a veces durante el día delante de grandes congregaciones. La instrucción que recibía en visión era fielmente redactada por mí cuando tenía tiempo y vigor para esa obra. Después examinábamos juntos el asunto. Mi esposo corregía los errores gramaticales y eliminaba las repeticiones inútiles. Esto era cuidadosamente copiado para las personas a quienes iba dirigido, o para el impresor.

“A medida que creció la obra, otros me ayudaron en la preparación del material para su publicación. Después de la muerte de mi esposo, se me unieron fieles ayudantes, los que trabajaron infatigablemente en la obra de copiar los testimonios y preparar artículos para su publicación.

“Pero no son verdaderos los informes que han circulado, que se permitía a cualquiera de mis ayudantes añadir material o cambiar el sentido de los mensajes que escribo” (1MS, 57).

Estos ayudantes no se desconcertaban por hallar falta de concordancia de tiempo en una oración, en un manuscrito o en un escrito anterior. El ministerio de ella tenía las credenciales divinas, y ellos reconocían que el mensaje era de Dios.

En 1883 fue necesario publicar de nuevo unos folletos tempranos de los testimonios, y la Sra. White y sus asociados reconocieron que debían corregirse ciertos defectos de expresión para presentar el mensaje en la mejor forma literaria posible.

Debido a su importancia, el asunto fue presentado al concilio de la Asociación General en 1883. Y entonces, no sólo se tomaron decisiones importantes en cuanto a la reimpresión de los Testimonios, sino que se alertó a la denominación acerca de ciertos principios que tienen que ver con las expresiones del Espíritu Santo. Citamos de las actas de esa reunión:

32. “CONSIDERANDO que algunos volúmenes impresos de los Testimonios para la iglesia están agotados, y no se puede obtener el juego completo, y,

CONSIDERANDO que hay un pedido urgente para que se reimpriman estos volúmenes, por lo tanto,

“SE RESUELVE: que recomendemos su reimpresión en cuatro volúmenes de 800 páginas cada uno, y no en siete. (En inglés, por supuesto.)

33. “CONSIDERANDO que muchos de estos Testimonios fueron escritos bajo las más desfavorables circunstancias, pues la escritora estaba apremiada con trabajo y preocupaciones para poder dedicar consideración crítica’ a la perfección gramatical de sus escritos, y que éstos fueron impresos con tal prisa que se deslizaron estas imperfecciones gramaticales sin ser corregidas, y,

CONSIDERANDO que creemos que la luz de Dios dada a sus siervos es para la iluminación de la mente, para impartir los pensamientos, y no – excepto en casos excepcionales – las palabras exactas en las cuales se expresan las ideas; por lo tanto,

“SE RESUELVE que, en la reimpresión de estos volúmenes, se hagan los cambios verbales necesarios para corregir las imperfecciones mencionadas hasta donde sea posible, pero sin alterar en nada el pensamiento; y, además,

34. “SE RESUELVE que este cuerpo escoja un comité de cinco personas para que se hagan cargo de la reimpresión de estos volúmenes de acuerdo a los votos y resoluciones que se han tomado” (RH, noviembre 27, 1883).

Una explicación editorial

Cinco años después Urías Smith discutió en un editorial de la Review and Herald la siguiente pregunta: “¿Cuáles son inspiradas, las palabras o las ideas?”

El mismo interrogador continúa: “¿No es una palabra signo de una idea? ¿Cómo puede, entonces, ser inspirada una idea, y no serlo los signos que transmiten la idea a la mente?”

Respuesta: “Si no hubiera más que una palabra para expresar una idea, sería así; pero cuando hay quizá cientos de maneras de expresar la misma idea, el asunto es muy diferente. Por supuesto, si el Espíritu Santo diera a una persona palabras que escribir, estaría obligada a usar esas mismas palabras sin cambiarlas. Pero cuando una escena o situación es presentada a una persona, y no se le da el lenguaje o las palabras específicas, estará en libertad para describirla con sus palabras, como le parezca mejor, para expresar la verdad recibida.

“Y si, ya escrita, se le ocurriera una mejor manera de expresar su contenido, le sería perfectamente permitido desechar todo lo que ha escrito y redactarlo de nuevo, conservando escrupulosamente las ideas y hechos que le fueron mostrados; y en el segundo escrito alentará la idea divina comunicada como en el primero, y en ninguno de los dos casos podría decirse que las palabras fueron dictadas por el Espíritu Santo, sino que fueron dejadas al juicio individual.

“Mucho de lo que los profetas escribieron en las Escrituras son palabras pronunciadas directamente por el Señor, y no las de ellos. En estos casos, las palabras sí son inspiradas. La Hna. White a menudo registra palabras dichas por los ángeles. Tales palabras, por supuesto, ella las registra tal como las escuchó, y no tiene la autorización para usar otras ni aun en una construcción diferente.

“Pero mucho de lo que los escritores de la Biblia dijeron podrían haberlo escrito con una fraseología diferente, y las verdades registradas hubieran sido tan inspiradas como las tenemos ahora” (RH, marzo 13, 1888).

“Mi madre nunca ha reclamado inspiración verbal, y tampoco encuentro que mi padre o los pastores Bates, Andrews, Smith o Waggoner hicieron esta afirmación. Si hubiera inspiración verbal en la redacción de sus manuscritos, ¿por qué, entonces, sería necesario de su parte el trabajo de adición o adaptación? El hecho es que mi madre toma a menudo uno de sus manuscritos, lo repasa cuidadosamente y agrega material para ampliar aún más el pensamiento.” (William C. White, autorizado por ella. EGWW, 189)

Una reafirmación de lo dicho se echa de ver en estas palabras escritas mientras ella estaba en Europa: “La Biblia fue escrita por hombres inspirados, pero no es la forma del pensamiento y de la expresión de Dios. Es la forma de la humanidad. Dios no está representado como escritor. Con frecuencia los hombres dicen que cierta expresión no parece de Dios. Pero Dios no se ha puesto a sí mismo a prueba en la Biblia por medio de palabras, de lógica, de retórica. Los escritores de la Biblia eran los escribientes de Dios, no su pluma. Considerad a los diferentes escritores.

“No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres son los que fueron los inspirados. La inspiración no obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. Pero las palabras reciben la impresión de la mente individual. La mente divina es difundida. La mente y voluntad divinas se combinan con la mente y voluntad humanas. De este modo, las declaraciones del hombre son la Palabra de Dios” (1MS, 24).

Y por cuanto los adventistas del séptimo día tienen una profetisa de Dios en su medio, pueden saber cómo se manifiesta la inspiración. Los que trabajan con manuscritos de la Biblia tienen que entendérselas con materiales escritos de dos mil y hasta tres mil quinientos años de antigüedad, de los cuales tenemos hoy únicamente copias que se han reproducido muchas veces

La importancia de comprender la inspiración

Los falsos conceptos en cuanto a la inspiración y la revelación, ya sean modernos o conservadoramente extremistas, pueden llevar al desastre. Hay una razón para creer que el gran adversario aprovechará al máximo los falsos conceptos en cuanto a la inspiración, pues “el último engaño de Satanás se hará para que no tenga efecto el testimonio del Espíritu de Dios. ‘Sin profecía el pueblo se desenfrena.’ (Prov. 29: 18) Satanás trabajará hábilmente en diferentes formas y mediante diferentes instrumentos para perturbar la confianza del pueblo remanente de Dios en el testimonio verdadero” (1MS, 54-55).

Un esfuerzo tal fue hecho hace unos 90 años por D. M. Canright, gran evangelista adventista y fiel administrador. Se tornó enemigo de la iglesia y la criticó, y como excusa de su apostasía argumentó que Elena G. de White y los adventistas sostenían que cada línea escrita por ella en cartas, folletos, artículos, testimonios o libros había sido dictada por el Espíritu Santo, y que por tanto era infalible.

Años más tarde un profesor de Biblia, de mi mayor estima, abandonó su trabajo y perdió mucha de su confianza en el mensaje. ¿Cuál era el problema? No podía aceptar a Elena G. de White como la mensajera del Señor; y redactó una explicación. Su padre había servido muchos años en el ministerio y tuvo en alta estima los escritos del espíritu de profecía; más aún: había sostenido una posición extremista, un concepto dictatorial. Este concepto lo heredó su hijo, el profesor a quien me refiero. Como maestro de Biblia descubrió ciertas dificultades que no pudo resolver precisamente por su concepto rígido en cuanto a la inspiración. Años más tarde, con motivo de una invitación que le hicieron los fideicomisarios de Elena G. de White, discutimos los puntos que lo habían perturbado. Este estudio conjunto nos hizo ver que los problemas que lo habían agitado y desanimado se debían a los conceptos rígidos y tergiversados en cuanto a la inspiración. Antes de despedirnos me dijo apesadumbrado: “¡Cuán grande habría sido la diferencia si sólo hubiera entendido las cosas en forma distinta! ¡Pero ya es demasiado tarde!” Murió apesadumbrado.

Muchos eruditos afirman que la Biblia no es más inspirada que los escritos de los autores famosos. Otros creen que el profeta sólo experimenta un “encuentro” con Dios, pero que no se le imparte ninguna información ni instrucción; y que los profetas simplemente expresan sus reacciones a dichos “encuentros.” Puedo ver en estas apreciaciones de la inspiración la obra de un enemigo que busca anular el mensaje de Dios para su pueblo.

Pruebas de la Biblia para el profeta genuino:

1.        “Por sus frutos los conoceréis.” (Mat. 7: 20).

2.        Fidelidad a los fundamentos de la fe cristiana (1 Juan 4:2).

3.        Cumplimiento de sus predicciones (Jer. 28: 9; Deut. 18: 22).

4.        “¡A la ley y al testimonio!” (Isa. 8: 20).

La falta de espacio nos impide desarrollar estos puntos; pero todo adventista está, poco más o menos, relacionado con ellos.

Pero sobre todo, y más allá de todo, está la forma en que los escritos de la Hna. White hablan al corazón de los lectores. Esto lo experimenta todo fiel estudiante de sus escritos.

Se levantarán preguntas y nos acecharán problemas. Así ha sido, así es, y así será. Y si damos crédito a la profecía, los mismos se intensificarán y aumentarán a medida que nos acerquemos al fin. Por esto nuestros conceptos sobre la inspiración deben estar respaldados por el testimonio de los profetas. En la Biblia hallamos lecciones importantísimas, generalmente en conexión con los mensajes. Todo adventista del séptimo día debe conocerlas. ¿Cómo le llegó la luz al profeta? ¿En qué forma entregó éste el mensaje a la gente?

Entonces ¿cuál es el testimonio de Elena G. de White en estas líneas? En los artículos precedentes hemos visto algunos de tales testimonios. Ella escribió muy extensamente en cuanto a la inspiración de la Biblia e hizo muchas referencias a la inspiración dentro de su obra, Lo que ella escribió es altamente informativo. Como en la mayoría de los casos, lo que ella escribió en tales líneas vino en circunstancias prácticas y naturales. Mucho de esto fue escrito en 1880. En esa década se estaba preparando una traducción de la Biblia conocida como la Revised Version (Versión revisada). El Nuevo Testamento apareció en 1885.

En la mente de no pocos adventistas esta nueva traducción despertó serias preguntas, por ejemplo: “¿Qué es conveniente y admisible para que haya una revisión de las Escrituras?” La Review and Herald tomó nota de esta inquietud, y Elena G. de White redactó cuatro declaraciones importantes en cuanto a la inspiración:

1886: “Objeciones hechas a la Biblia” (1MS, 21-24).

1888: (CS, Intr.).

1888: “La inspiración de la Palabra de Dios(1MS, 17-21).

1889: “Los misterios de la Biblia como prueba de su inspiración” (2JT, 303-317; léase también “Los misterios de la Biblia,” Ed, 165-168).

Un estudio detenido de estas cuatro declaraciones será de mucha ayuda. Agreguemos, además, el balance que se obtenga en “Luz sobre nuestro sendero,” (1MS, 15-87; 5 T, 654-691). Es urgente que nos familiaricemos con estas lecturas.

La obra de la inspiración ha sido un asunto de especial interés para los fideicomisarios de Elena G. de White, guardianes especiales de sus escritos. A. G. Daniells, presidente de la Asociación General desde 1901 a 1922, se refiere a este tema en su libro El permanente don de profecía. Otro de los fideicomisarios mencionados, F. M. Wilcox, editor durante treinta años de la Review and Herald, en 1933 presentó varios aspectos de esta cuestión en una serie de artículos, con el título El testimonio de Jesús, los cuales fueron reimpresos en un libro con el mismo título. (Publicado por la Casa Editora Sudamericana en 1960.)

Cómo transmite Dios su mensaje

En 1929 comencé a trabajar como secretario del departamento de fideicomisarios de Elena G. de White, bajo la dirección de Guillermo C. White. A medida que leía los manuscritos, las cartas y las obras publicadas, comencé a interesarme más y más en la forma en que Dios hace llegar sus mensajes a la gente. Y pronto concluí que, así como Dios habló “muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo,” también ha hablado por medio de Elena G. de White. Este tema me ha apasionado.

Como en parte mi trabajo ha consistido en responder preguntas relativas a la Sra. White y sus escritos, me he dado cuenta que dichas respuestas están íntimamente unidas con la comprensión de la manera como la inspiración se manifiesta en todos los escritos del espíritu de profecía. Ella no respaldó una inspiración mecánica, rígida, como algunos la han catalogado. Nuestros pioneros la llamaron “inspiración verbal,” aunque algunos teólogos dan a esta expresión un sentido diferente al de ellos. ¡Y cuántas veces las perplejidades de nuestros interrogadores se desvanecieron a la luz de la información en cuanto a las maneras en que se manifiesta la inspiración!

La información que he encontrado, a menudo en referencias incidentales, la he recopilado, para beneficio de los ministros y de otras personas, en artículos que se han publicado. Estos artículos fueron reimpresos en un libro de amplia difusión, titulado Ellen G. White, Messenger to the Remnant.

De vez en cuando me invitan a hablar a nuestros profesores de Biblia y a otros grupos en cuanto a diversos aspectos de la obra de Elena G. de White. Uno de estos aspectos responde al tema “La autoridad de los escritos de Elena G. de White,” y otro, a la pregunta “¿Quién le habló a la Hna de White?” He preparado dos artículos titulados: “Elena G. de White como historiadora” y “Principios de hermenéutica en los escritos de Elena G. de White.” Estos artículos, junto con otro titulado “Hacia un concepto concreto de la inspiración,” han estado disponibles en forma mimeografiada. La naturaleza importante de su contenido, basado no en definiciones y conceptos teológicos sino simplemente en las pruebas provistas en los mismos documentos de Elena G. de White, indujeron a la casa editara Review and Herald Association a publicarlos en un libro titulado The Ellen G. White Writings. Este volumen contiene, además, tres apéndices muy esclarecedores:

1. “Nuestro uso de las visiones de la Hna. White,” por J. N. Andrews.

2. “La inspiración de los evangelistas y de los otros escritores del Nuevo Testamento,” por el Dr. Henry Alford, teólogo y comentador anglicano que trabajó en 1863. Este documento presenta lo que el Patrimonio White ha considerado por muchos años como una información sumamente útil, porque se refiere a muchas situaciones y principios que a menudo se piensa que no tienen que ver con la inspiración.

3. “La edición de 1911 de El conflicto de los siglos,” por Guillermo C. White. Es una explicación del hijo y ayudante de Elena G. de White en cuanto a los detalles propios de la revisión de un libro inspirado.

Es triste ver excelentes adventistas confundidos o que pierden su confianza en el espíritu de profecía por causa de falsos conceptos. Sostienen puntos de vista rígidos, sin haber hecho un estudio específico y cabal, y catalogan a los profetas como autómatas que hablan o escriben únicamente las palabras dictadas por el Espíritu Santo. Es doloroso también ver que muchos fracasan en percibir, por causa de conceptos liberales injustificables, la mano de Dios tal como se manifiesta en su pueblo por medio de su profetisa, y pierden la gran bendición de la certeza de que el pueblo adventista es un pueblo guiado y enseñado por Dios.

Creo que la presentación de estos artículos y la lectura detenida de las fuentes de información mencionadas, pueden ser de ayuda decisiva a medida que entremos en los días difíciles que nos esperan.

Fuentes para la Serie “Conflicto”

Desde la muerte de Elena G. de White, en 1915, no ha habido quizá, en la Iglesia Adventista, un interés tan grande e intenso en el asunto de la inspiración, especialmente de la Hna. de White, como ahora. Es comprensible, pues sus escritos afectan decisivamente a todo creyente.

Los adventistas que aceptan los consejos del espíritu de profecía como del Señor y, consiguientemente, como obligatorios, disfrutan de la seguridad de que son dignos de confianza. Los lectores de la serie “Conflicto” pueden no sentirse tranquilos, ya que puede sostenerse su siguiente declaración: “La Hna. White no es la originadota de estos libros. Ellos contienen la instrucción que durante el período de su vida Dios le ha estado dando” (CE, 173, ed. 1967)

La manera en que Elena G. de White recibió la luz y cómo ella la impartió a otros, es el tema de un estudio digno y útil. A fin de colocar una base indispensable para comprender su obra, resulta muy importante la atención que se preste a la forma en que ella, una persona inspirada, se relacionó con los tiempos en que vivió, a los sucesos que presenció, las corrientes de información que escuchó en relación con sus escritos y en sus contactos con otros, y a las presiones de aquellos que quisieron influir sobre ella.

En los últimos años se ha despertado un gran interés en lo que ha dado en llamarse las “fuentes” de Elena G. de White en la redacción de la serie “Conflicto,” especialmente en los volúmenes El conflicto de los siglos y El Deseado de todas las gentes.

No hay necesidad de conjeturar acerca de estas “fuentes,” pues la extensa información contenida en todos los escritos de Elena G. de White y en las declaraciones de los que trabajaron con ella, es clara y amplia.

Por causa de mi larga relación con los escritos del espíritu de profecía se me pide que presente este tema a los lectores de la Adventist Review. Mi presentación tiene el respaldo de 50 años de experiencia con los fideicomisarios de Elena G. de White y en un estudio reciente más intenso de los documentos relacionados con este tema. Estos artículos nos apartarán un poco de los conceptos estrechos, de acuerdo a los cuales Elena G. de White escribió únicamente lo que le fue revelado en visión o le fue dictado por el Espíritu Santo. También proporcionarán, a mi entender, una comprensión más profunda sobre un tópico emocionante: cómo actúa la inspiración.

Ante todo, Elena G. de White ya se refirió en 1888 al tema de sus “fuentes” para la historia de la serie “Conflicto” en la Introducción de El conflicto de los siglos. La Introducción de este libro, el primero que apareció, de la serie mencionada, para el público en general, puede ser considerada también como un prefacio para los otros cuatro: Patriarcas y profetas, Profetas y reyes, El Deseado de todas las gentes y Los hechos de los apóstoles; y además, para los otros escritos relacionados con la misma serie. Es uno de los escritos más informativos sobre la inspiración que se puedan encontrar.

La redacción de la serie “Conflicto” varía algo, en esencia, de la redacción de los testimonios personales, de los Testimonios y de otros libros y artículos de consejo e instrucción para la iglesia. En los cinco libros mencionados utilizó un amplio paralelismo entre la historia de la Biblia y la secular. Y cuando termina la historia de los últimos escritores de la Biblia, continúa con la historia hasta la segunda venida de Jesús y más allá.

La redacción de aquellos cinco volúmenes fue algo que absorbió mucho de la atención de la Hna. White a través de los años de su ministerio.

Para dar una perspectiva apropiada a la discusión de las “fuentes” de información en la descripción de Elena G. de White publicada progresivamente en tres etapas, examinaremos sus objetivos. Estos libros no fueron escritos ni para presentar una historia del mundo, ni como una historia para corregir registros históricos; por el contrario, fueron escritos para trazar “un bosquejo de la historia de la lucha en las edades pasadas… de tal modo que derramase luz sobre la lucha futura… No consiste tanto en presentar nuevas verdades relativas a las luchas de edades pasadas como en hacer resaltar hechos y principios que tienen relación con acontecimientos futuros… Esos relatos del pasado” deben verse con un “nuevo significado,” pues “se desprende de ellos una luz que proyecta rayos sobre el porvenir” (CS, 14-15). La escritora, con los ojos fijos en la lucha culminante entre las fuerzas de Cristo y Satanás, estaba más interesada en el panorama histórico total que en detalles menores. Lo que describía en forma explícita era la intervención de Dios en los asuntos humanos.

La influencia del Espíritu Santo

E. G. de White fue instruida para que trazara “un bosquejo de la historia de la lucha”; ¿,pero en dónde podía una mujer, algo enferma y con sólo tres años de educación, una madre ocupada y ama de casa que viajaba extensamente en beneficio de la iglesia, que hablaba constantemente delante de grandes auditorios, sostenía entrevistas y escribía testimonios y artículos, obtener conocimientos históricos que debía presentar delante de la gente? Ella responde, en la Introducción mencionada, de dos maneras: (1) mediante la iluminación del Espíritu Santo, y (2) con el auxilio de registros históricos. Nos referiremos ahora especialmente a la primera de las dos:

“Mediante la iluminación del Espíritu Santo, las escenas de la lucha secular entre el bien y el mal fueron reveladas a quien escribe estas páginas. Vez tras vez se me permitió contemplar, en diferentes épocas, las peripecias de la gran lucha secular entre Cristo, Príncipe de la vida, Autor de nuestra salvación, y Satanás, príncipe del mal, autor del pecado y primer transgresor de la santa ley de Dios” (CS, 13).

“La iluminación del Espíritu Santo” se refiere a las impresiones hechas sobre el corazón por “el Espíritu de Dios” (2JT, 302), así como a la luz que recibió por medio de visiones diurnas y nocturnas, a menudo llamadas sueños. A veces, mientras hablaba a una congregación, el Espíritu de Dios le revelaba la vida y carácter de varias personas (2JT, 278-279). “Las cosas más preciosas del Evangelio” le fueron mostradas a menudo – dice ella – “para que yo tenga nuevas representaciones cada vez que abro mis labios al hablar a la gente” (MS, 174, 1903). También informó que mientras oraba o escribía en la quietud de su escritorio, y estaba completamente consciente de todo lo que la rodeaba, escenas importantes pasaban delante de su mente (MS, 12c, 1896).

Es difícil trazar líneas precisas en la experiencia de una persona que está completamente bajo la influencia del Espíritu Santo. No hay una fórmula exacta ni una definición apropiada.

“A veces soy llevada muy lejos dentro del futuro y se me muestra lo que sucederá. Entonces, de nuevo, contemplo sucesos como ocurrieron en el pasado.” A continuación indica su completa dependencia del Espíritu Santo durante la visión: “Dependo del Espíritu del Señor tanto para relatar o escribir una visión como para tenerla. Me es imposible rememorar cosas que me han sido mostradas, a menos que el Señor las traiga delante de mí en el momento en que desea que las relate o las escriba” (2SG, 292-293).

Estas visiones fueron un método importante en el proceso de la revelación. En visión, ya veía una ciudad siendo destruida mientras el ángel le explicaba el significado de la escena, (3 JT, 329-331), o bien era llevada de un cuarto a otro en una institución y observaba lo que sucedía (CH, 412-413), o tal vez se le mostraban edificios aún no construidos y se le daban instrucciones en cuanto a cómo hacer el trabajo una vez que estuvieran listos (Carta 135, 1903), o aun en arma simbólica se le mostraba la conducta de un dirigente (Carta 239, 1903), o quizá presenciaba las escenas que se le presentaban acerca de la gran controversia (CS, 12-13). Todo era parte del proceso por el cual Dios le impartía luz a su sierva escogida.

Cuando ella dice: “Vez tras vez se me permitió contemplar en diferentes épocas las peripecias de la gran lucha secular entre Cristo… y Satanás,” se refiere a escenas contempladas en visión. La frase “en diferentes épocas” sugiere no sólo muchas visiones, sino también eventos históricos ampliamente variados y relacionados, que ocurren en el largo período de la gran controversia.

En su autobiografía escrita en 1860, Elena G. de White menciona dos visiones tempranas de amplio alcance ‘que introducen la historia de la gran controversia, pero basa su relato primariamente sobre las visiones escénicas que le fueron dadas el 14 de marzo de 1858. De esta visión de dos horas, escribió: “En esta visión en Lovett’s Grove (Estado de Ohio) se me repitió la mayor parte del tema de la gran controversia que yo había visto diez años antes; y me fue mostrado que debía escribirla” (2SG, 270).

Y lo hizo en la primavera y el verano de 1858. En esta forma dio a la iglesia, en septiembre de ese año, el primer libro encuadernado. Fue el primer tomo de Spiritual Gifts, de 219 páginas, titulado La gran controversia entre Cristo y sus ángeles, y Satanás y sus ángeles.

Cómo recibió la información

Las representaciones escénicas visuales fueron el método más común para mostrarle la historia de la gran controversia (PE, 145-295). Hay tres capítulos iniciales que tienen que ver con la gran controversia: “La caída de Satanás,” “La caída del hombre” y “El plan de salvación.” Luego omite la historia del Antiguo Testamento para continuar con el nacimiento y ministerio de Cristo, y prosigue hasta la destrucción del pecado y los pecadores. La historia del Antiguo Testamento se desarrolla en los tomos 3 y 4 de Spiritual Gifts. En Primeros escritos se hallan muchas declaraciones como éstas: “Vi una tristeza extenderse por el semblante de Adán” (148); “ [Adán] recibió el fruto” (148); “Vi al amable Jesús” (149); “Se me mostró a Satanás” (152); “Contemplé a Jesús en el huerto con sus discípulos” (166); “Se me mostró a Satanás tal como había sido antes” (152); “Se me mostró que durante el ministerio de Cristo, Satanás”… (158); “Vi que la hueste angélica se llenó de asombro” (216); “Se me mostró que la ley de Dios permanecerá inalterable” (217); “Me fueron mostrados Adán y Eva en el Edén… Oí a un ángel preguntar: ‘¿Quién de la familia de Adán cruzó aquella flamígera espada, o comió de aquel árbol?’ Oí a otro ángel contestar: ‘Ni uno de la familia de Adán cruzó esa espada de fuego, ni comió de aquel árbol’ “ (218); “Vi que la hueste celestial se llenaba de indignación” (220), etc.

Estas declaraciones muestran cuál fue la fuente primaria de la información de la autora, y cómo la recibió.

Hay expresiones que refuerzan el concepto de las visiones escénicas, y que indican que cuando ella contemplaba el desarrollo de los sucesos era “transportada” atrás o “llevada” adelante: “Fui transportada al tiempo cuando Jesús comió la cena de pascua con sus discípulos” (165); “Fui transportada al tiempo cuando los idólatras paganos perseguían cruelmente y mataban a los cristianos. La sangre corría a torrentes” (210); “Se me transportó a la era apostólica, y se me mostró que Dios había confiado una obra especial a su amado discípulo Juan” (230), etc.

Elena G. de White usa una expresión similar cuando escribe el capítulo “La Reforma,” en donde se menciona particularmente a Lutero y a Melanchton: “Me fue mostrada la sabiduría de Dios al escoger a estos dos hombres, de caracteres diferentes, para llevar a cabo la obra de la Reforma.

“Fui luego transportada a los días de los apóstoles, y vi que Dios escogió como compañeros a un Pedro ardiente y celoso y a un Juan benigno y paciente” (224).

Aunque en el contexto inmediato ella no dice específicamente que vio a Lutero y a Melanchton en una visión en 1858, la expresión “fui luego transportada a los días de los apóstoles” implica que, desde una escena de la Reforma, se desplazó dentro de un período de 1.500 años para que contemplara otras escenas. En otro momento ella declaró: “Eventos en la historia de los reformadores han sido presentados delante de mí” (Carta 48, 1894. EGWW, 123).

Después de escribir un trabajo autobiográfico, Spiritual Gifts, volumen 2, publicado en 1860, se dedicó a escribir la historia del Antiguo Testamento, repasando las experiencias de los hombres del pasado que ilustraban la lucha entre las fuerzas del bien y el mal. En el Prefacio de Spiritual Gifts, volumen 3, ella declara: “Al presentar éste mi tercer pequeño volumen al público, me siento confortada con la convicción de que el Señor me ha hecho un humilde instrumento para proyectar algunos rayos de preciosa luz en el pasado.”

Menciona además que “los grandes hechos de fe, relacionados con la historia de los santos hombres del pasado,” se le habían presentado a ella en visión.

Luego narra en Spiritual Gifts, volumen 3, y en la primera mitad del volumen 4, ambos publicados en 1864, los puntos máximos de la historia de la controversia desde la creación hasta Salomón, y concluye con una breve narración respecto a la cautividad de Israel y el Mesías. El volumen lleva el título “Los grandes hechos de fe, relacionados con la historia de los santos hombres del pasado.” En los volúmenes 3 y 4 aparecen menos declaraciones como éstas: “Vi,” “Me fue mostrado,” pero se usan en relación con algunos puntos vitales, importantes.

Escenas vistas en visión

Las frecuentes descripciones de los sucesos dejan en el lector la profunda convicción de que ella presenció las escenas. Esto es muy claro cuando habla de la caída del hombre, del diluvio, etc. Cuando se refiere a los días de la creación y la caída del hombre, y a la relación de la geología con la Biblia, hace directa referencia al origen de la visión: “Vi,” “Se me mostró,” etc. (3SG, 42, 92-93).’

Cinco años antes (1864) de estas declaraciones, Carlos Darwin había publicado su libro El origen de las especies, en el cual se asienta la evolución como el origen de todas las cosas. Estas teorías se extendieron rápidamente. El capítulo “Disguised Infidelity(Infidelidad disfrazada, 3SG) parece ser una respuesta directa a la teoría de la evolución.

En resumen: parece evidente que las visiones fueron la “fuente” principal de información de Elena G. de White, para la emocionante presentación de la historia de la gran controversia en los libros que aparecieron en 1858 y 1864. Hay, por supuesto, otros medios por los cuales Dios iluminó su mente. Y debemos recordar que aunque expresiones como “Vi,” “Me fue mostrado,” etc., no las utiliza más tarde, esto no significa necesariamente que lo que presenta no lo hubiera visto en visión.


La Historia de la Gran Controversia: Redacción y Ampliación

 

La sierva del Señor utilizó tres fuentes principales para la redacción de la historia de la gran controversia: (1) la Biblia, en la cual tenía una fe única; (2) las visiones impartidas por Dios; (3) varios ensayos históricos que ampliaron su vocabulario y la ayudaron a ser más exacta en cuanto a fechas y descripciones geográficas, y a ciertos detalles y secuencia de la historia de la iglesia. Es probable que estos recursos sugirieran algo así como un enlace narrativo, una suposición lógica o una conclusión apropiada. Pero, de estas tres fuentes, las repetidas visiones relativas a la controversia proveyeron la información básica.

En 1888, 30 años después de su segunda visión acerca de la gran controversia escribió: “Vez tras vez se me permitió contemplar las peripecias de la gran lucha secular entre Cristo… y Satanás” (CS, 13).

En 1911 declaró: “Mientras escribía El conflicto de los siglos, a menudo estaba consciente de la presencia de los ángeles. Y muchas veces las escenas de las cuales estaba escribiendo se me presentaban de nuevo por la noche, de manera que estaban frescas y vívidas en mi mente” (Carta 56, 1911).

En 1889, mientras redactaba Patriarcas y profetas, se refirió a otros asuntos: “Durante mis 45 años de experiencia he estado mostrando las vidas, caracteres e historia de los patriarcas y los profetas… No podía menos de tener en mi mente un vívido panorama de la forma en que los reformadores fueron tratados día tras día, y cuán pequeña diferencia de opinión parecía crear un frenesí en el sentimiento. Así sucedió en la traición, juicio y crucifixión de Jesús: todo esto pasó delante de mí, punto por punto” (Carta 14, 1889).

Su terminología aquí es interesante. Ella dice que vio la manera en que los reformadores eran tratados, y que la historia sagrada pasó delante de ella en visiones o representaciones escénicas, “punto por punto.” Mientras preparaba el manuscrito de El Deseado de todas las gentes a comienzos de 1890, confesó: “No sé cómo presentar con poder viviente los temas que están delante de mí”(Carta 40, 1892).

Tres años después, mientras trabajaba en El Deseado de todas las gentes, se refirió a la claridad en que las escenas se le presentaban: “Mi mente ha estado profundamente preocupada por muchas cosas. Me parece que la luz del cielo brilla sobre mí, y que el Espíritu Santo trae truchas cosas a mi memoria. Asuntos importantes son claros para el ojo de mi mente, como si estuviera observando la escena mientras escribía” (Carta 27, 1895).

En cuanto al futuro, ella dice cómo le fue presentada la segunda venida de Jesús: “Escenas tan emocionantes y de un interés tan solemne pasaron ante mí, que ningún lenguaje puede describir. Todo fue una realidad viviente para mí” (1MS, 86).

Con respecto a una forma más general en que, a veces, se le daba luz, y cómo recordaba las cosas que había olvidado, escribió en 1889: “¿Cómo sabe la Hna White con tanta seguridad las cosas de las cuales habla, como si tuviera autoridad para decirlas? Hablo así porque ellas brillan sobre mi mente cuando estoy perpleja, como el relámpago sobre una nube oscura en la furia de la tempestad. Algunas escenas presentadas a mí hace años no han persistido en mi memoria, pero cuando esa instrucción ya dada se necesita, algunas veces, estando delante de la gente, el recuerdo llega claro y veloz como la luz del relámpago, trayendo a mi mente en’ forma precisa esa instrucción particular. En esos momentos no puedo dejar de decir las cosas que brillan en mi mente, no porque haya tenido una nueva visión, sino porque la que me fue presentada, quizá años antes, ha sido traída vivamente a mi memoria” (MS, 33, 1911).

En una entrevista que tuvo en 1907, dijo cómo a menudo le llegaba la luz: “Ahora tengo luz, mayormente [la recibe] durante la noche, exactamente como si las cosas estuvieran sucediendo, y yo lo contemplo, y… escucho la conversación” (MS, 105, 1907).

Y no era sólo en visiones nocturnas como contemplaba dichas escenas. Meses antes había escrito: “Mientras estoy escribiendo se me dan representaciones maravillosas del pasado, del presente y del futuro” (Carta 86, 1906).

El testimonio de Guillermo C. White

Guillermo C. White nos da algunos datos interesantes. Muerto su padre, ayudó a su madre por 35 años en sus viajes, y en la preparación y publicación de sus escritos. Al hablar de El conflicto de los siglos y la manera en que ella había recibido luz acerca de los acontecimientos históricos, hizo esta declaración aprobada por su madre: “Las cosas que ella ha escrito son descripciones fulgurantes y otras representaciones que se le dan en cuanto a las acciones de los hombres, y la influencia de éstas sobre la obra de Dios para la salvación del mundo, con escenas de la historia del pasado, del presente y del futuro, y su relación con esta obra” (EGWW, 33).

La siguiente declaración es muy importante en lo que se refiere al lenguaje usado en las descripciones: “Las casas reveladas a la Hna. White no le fueron dadas como una historia que ella debía repetir. Estando en visión, ella parecía mirar hacia abajo, a través de una abertura grande en el cielo, y veía multitudes de gente en acción, y a los ángeles de Dios ministrando en su favor. No le fueron dadas palabras. Recordó muchas veces lo que el ángel le dijo, pero muchas veces tuvo que describir lo mejor que pudo lo que había visto. A medida que el libro avanzaba, y ella lo revisaba una y otra vez, su descripción era más completa” (Guillermo C. White, White Estate Document File 107g).

Tampoco sus visiones fueron uniformes en extensión. El mismo Guillermo C. White escribió: “El armazón del gran templo de la verdad sostenido por sus escritos, le fue presentado claramente en visión. En cuanto a algunos aspectos de la revelación, como la cronología profética, el servicio en el santuario y los cambios que tuvieron lugar en 1844, el asunto le fue presentado a ella muchas veces, y detalladamente en muchas ocasiones. Esto la capacitó para hablar muy clara y muy positivamente en cuanto al fundamento de los pilares de nuestra fe.

“En algunos de los asuntos históricos como la producción de Patriarcas y profetas, Los hechos de los apóstoles y El conflicto de los siglos, los bosquejos básicos fueron muy claros y sencillos para ella; y cuando comenzó a escribir sobre estos tópicos tuvo que estudiar la Biblia y la historia para conseguir las fechas y las relaciones geográficas, y perfeccionar así su descripción” (Carta a L. E. Froom, diciembre 13, 1934).

Todo esto resulta muy claro cuando se compara lo que la Hna. White escribió basada en una visión que tuvo en 1858, con sus escritos posteriores. Sus primeros escritos tocaron asuntos de vital importancia, pero omitieron muchos de menor consecuencia. En ocho páginas cuenta lo que se le mostró en cuanto a la caída de Satanás, la caída del hombre y el plan de salvación (PE, 145-152). Entonces es “trasladada al tiempo en que Jesús había de asumir la naturaleza del hombre” (153). Después de describir su nacimiento, bautismo, tentación y conflictos, y la transfiguración, en doce páginas (153-164), nos dice que fue “transportada al tiempo cuando Jesús comió la cena de pascua” (165). Los sucesos vitales en la historia de la gran controversia: la pascua, la entrega de Cristo, su juicio, crucifixión, resurrección y ascensión, aparentemente le fueron revelados más detalladamente, pues les dedica 27 páginas (165-191).

Al reconstruir ciertos aspectos menos importantes del Antiguo Testamento, ella narra muy brevemente y utiliza muchas citas bíblicas para completar el relato. (Léase 3SG, 252-253, 261-266; 4SG, 16-18, 20-21) Esto lo hizo también en algunos libros posteriores.

Los materiales sobre la vida de Cristo y la historia de la iglesia primitiva fueron, a su debido tiempo, bastante ampliados: de 87 páginas pequeñas en 1858, a 810 páginas en The Spirit of Prophecy, tomos 2 y 3, publicados en 1877 y 1878.

La historia post-bíblica llenó un libro de l 17 páginas en 1858. Este libro, The Spirit of Prophecy, volumen 4, aumentó a 486 páginas en 1884. Cuando se publicó el libro pequeño, en 1858, había menos de 2,000 adventistas observadores del sábado. A medida que la iglesia creció hubo una gran demanda de estos libros, y se agotaron. No sólo se podían preparar libros más grandes, sino que también Elena G. de White anhelaba redactarlos en forma más completa. Finalmente las 572 páginas originales que narraban la gran controversia, publicadas en tres pequeños libros que aparecieron en 1858 y 1864, aumentaron a 1.710 páginas en los cuatro volúmenes de The Spirit of Prophecy, que aparecen de 1870 a 1884. Estos constituyen la segunda presentación de la historia de la controversia.

Libros para el colportaje

Durante este tiempo comenzó el colportaje. Se vio que la presentación del mensaje de puerta en puerta podía bien ser parte de las publicaciones adventistas. La Hna. White se dio cuenta de que era necesario introducir ampliaciones considerables y un cambio en el lenguaje para adaptarlos mejor al público, y que también serían más útiles para la iglesia. En esta forma los libros de la Serie Conflicto crecieron en tamaño y cantidad: The Great Controversy (El conflicto de los siglos) a 678 páginas en 1888; Patriarchs ang Prophets (Patriarcas y profetas) a 755 páginas en 1890; The Desire of Ages (El Deseado de todas las gentes) a 835 páginas en 1898. The Acts of the Apostles (Los hechos de los apóstoles) a 602 páginas en 1911, y Prophets and Kings (Profetas y reyes) a 733 al final de la vida de la Hna. White en 1915. Además se publicaron Thoughts From the Mount of Blessing (El discurso maestro de Jesucristo) y Christ’s Object Lessons (Palabras de vida del gran Maestro).

En las nuevas ediciones y ampliaciones no se hizo referencia directa al hecho de que ese material estaba basado en visiones. La Hna. White pensó en los lectores no adventistas, y a propósito se abstuvo de usar frases como “Vi,” “Me fue mostrado,” etc., para no apartar la atención de los lectores de las verdades presentadas. Por esto, mientras que el pequeño libro de 1858 estaba repleto con referencias a las visiones, sólo pocas de tales expresiones fueron incluidas en los cuatro volúmenes de The Spirit of Prophecy, y ninguna en los cinco volúmenes siguientes de la Serie Conflicto.

The Great Controversy Between Christ and Satan (La gran controversia entre Cristo y Satanás) fue publicado en 1888, y revisado en 1911 bajo la dirección de la Hna. White, con cambios mínimos de la fraseología en algunos lugares. Este libro traza la historia del gran conflicto desde la destrucción de Jerusalén hasta la tierra nueva, dando énfasis a la gran apostasía y a la Reforma del siglo XVI.

Como se anotó en el artículo anterior, en el libro impreso en 1858 hay un capítulo de sólo cinco páginas dedicado a la Reforma. Pero en el libro que aparece en 1884 se dedican 128 páginas (en inglés) a este tema; y en la ampliación del libro, en 1888, este asunto se expande a 228 páginas, o sea casi el doble de la edición previa.

Interés en la historia de la Reforma

Cualquiera haya sido la información que se le presentó a la sierva del Señor acerca de la Reforma del siglo XVI como parte básica de la gran controversia, este asunto despertó un inmediato interés en Jaime White y su señora por la historia de la Reforma. Su hijo Guillermo escribió en 1911 en cuanto a la redacción de El conflicto de los siglos: “Cuando yo era apenas un muchacho, escuché que ella le leía a mi padre la Historia de la Reforma de d’Aubigné… Ella ha leído otras historias de la Reforma. – Y explica –: Esto la ha ayudado a situar y describir muchos de los eventos y movimientos presentados a ella en visión. Esto es algo similar a la manera en que el estudio de la Biblia le ayuda a localizar y describir muchas representaciones simbólicas que ha recibido en cuanto al desarrollo de la gran controversia entre el bien y el mal” (EGWW, 33).

Cuando comenzó, en 1880, la primera ampliación de su manuscrito sobre la controversia, en la parte histórica post-bíblica ella se detuvo más en la Reforma, y particularmente en la experiencia de Martín Lutero, como el primer punto en disputa en el siglo XVI. Las experiencias de los reformadores, antes y después de Lutero, completaron esa parte de la historia. Pero el desarrollo de la obra de Lutero y Melanchton ocupó más de la mitad de las páginas dedicadas a la Reforma. Y esta fue básicamente una condensación de 18 artículos de ella misma que aparecieron en Signs of the Times (Señales de los tiempos) un año antes, en 1883.

Esto no era nada excepcional cuando ella decidía escribir un libro extenso basado en una fase del tema general de una serie de artículos que fueran a publicarse inmediatamente en una de las revistas de la iglesia. Más tarde sería condensado como un libro, prestando atención al tamaño que podría dedicarse a un tópico en un volumen. Este procedimiento se usó particularmente en la preparación de Profetas y reyes, en donde se condensaron series de artículos extensos sobre Esdras, Nehemías, Daniel, etc., que habían sido publicados años antes en revistas de la iglesia.


Las Fuentes Históricas y la Serie “Conflicto”

Algunos podrían pensar que, en su trabajo de trazar “un bosquejo de la historia de la lucha en las edades pasadas,” Elena G. de White tenía que ignorar todos los registros históricos y escribir sólo lo que pudiera reconstruir a base de lo que había visto en visión. Este punto de vista implica un concepto mecánico y dictatorial de la inspiración según el cual las palabras usadas por ella le fueron dictadas. Pero ni ella ni sus asociados afirmaron tal cosa, ni tampoco la Iglesia Adventista. Durante la reunión de la Asociación General celebrada en 1883 se registró: “Creemos que la luz que Dios ha dado a sus siervos es para la iluminación de la mente, y así, para impartir los pensamientos y no (excepto en raros casos) las palabras exactas para expresar las ideas” (RH, noviembre 27, 1883).

Hay una fuerte evidencia interna y externa de que las escenas de la historia de la controversia, como pasaron delante de Elena G. de White en visión, proveen la estructura básica de la narración, y probablemente también de los detalles. Sin embargo, falta evidencia de que todos los detalles o todas las fases de la historia le fueron revelados, especialmente en asuntos de menor importancia o de simple significación secular. Por esto, cuando ella traza un panorama histórico en el orden de los acontecimientos utiliza los registros del pasado.

Siendo que ella declaró: “Dependo del Espíritu del Señor tanto para relatar o escribir una visión como para tenerla” (2SG, 293), parece lógico suponer que los complementos para redondear los detalles están en armonía con las órdenes del Espíritu Santo de trazar la historia de la gran controversia.

“Los grandes acontecimientos que marcaron los pasos de reforma que se dieron en siglos pasados – aclara ella –, son hechos históricos harto conocidos y universalmente aceptados, que nadie puede negar. – Y explica –: Esa historia la he presentado brevemente, de acuerdo con el fin y objeto de este libro y con la concisión que necesariamente debe observarse, condensando los hechos en forma compatible con una clara inteligencia de las enseñanzas consiguientes.”

Y va un poco más allá en su explicación, al dar las fuentes de su información histórica: “Cuando he encontrado que un historiador había reunido los hechos y presentado en pocas líneas un claro conjunto del asunto, o agrupado los detalles en forma conveniente, he reproducido sus palabras… porque… resumían adecuadamente el asunto” (CS, 14).

Guillermo C. White recuerda que cuando su madre escribía sobre la historia de la Reforma, vino a su casa desde la Review and Herald, en donde a menudo trabajaba, y le dijo a su esposo que había sido impresionada especialmente por el Espíritu de Dios para que buscara en cierto libro; y sus ojos se posaron en un pasaje que le fue de valiosa ayuda (Carta a L. E. Froom, diciembre 13, 1934).

Casi todos los papeles originales usados en la composición de la Serie Conflicto de los siglos se perdieron. Elena G. de White viajaba mucho: frecuentemente cambiaba de residencia en los Estados Unidos; también viajó por Europa y Australia, para regresar de nuevo a su país. Es evidente que una vez que el manuscrito recibía su aprobación final y el libro ya impreso era aceptado por ella, no se necesitaba guardar los mazos de papel que ya no rendirían servicio extraordinario alguno.

Sin embargo, tenemos una pequeña parte de manuscritos originales sobre Martín Lutero, los cuales nos capacitan para seguir los pasos dados en la preparación de uno de los capítulos de El conflicto de los siglos. Es un manuscrito de 51 páginas, escrito en hojas de papel de 21,5 x 14 cm.

Este manuscrito comienza en el momento en que Lutero deja la Dieta de Worms, y continúa con el relato de su secuestro y prisión en el castillo de Wartburgo. La segunda parte contiene una extensa discusión de sus esfuerzos para salvar la Reforma de los excesos de algunos fanáticos. Hay comparaciones con las experiencias por las cuales pasaron los primeros adventistas en sus encuentros con los fanáticos.

Las primeras páginas de este manuscrito fueron publicadas en Signs of the Times, en octubre 11 de 1883, en un artículo titulado “Lutero en Wartburgo.” La relación entre esta copia manuscrita y el artículo mencionado es muy estrecha. El material, un poco condensado, se imprimió en 1884 en el volumen 4 de Spirit of Prophecy, como una parte del capítulo “Lutero ante la Dieta.”

Es obvio que cuando la Sra. White comenzó a escribir la experiencia de Lutero, consultó libros y decidió seguir el bosquejo de un historiador, utilizando a veces las palabras de éste para describir los sucesos. Pero al mismo tiempo entremezcló estas citas y párrafos con aplicaciones del significado de ciertos eventos y lecciones espirituales. Al examinar la narración histórica parece que a menudo siguió de cerca la Historia de la Reforma de d’Aubigné, autor que ella y su esposo habían leído una o dos décadas antes. Se alegró mucho cuando encontró una condensación de esta obra en el libro Words That Shook the World (Palabras que conmovieron al mundo), de Carlos Adams publicado en Nueva York en 1858, y compró un ejemplar del mismo. Es un libro de 333 páginas que contiene “descripciones del gran reformador basadas en sus propias expresiones,” presentado en “un estilo y brevedad apropiados para los lectores jóvenes.” El autor declara que su fuente principal fue d’Aubigné.

Los manuscritos de la Sra. White muestran que hizo uso de los trabajos del historiador, y esto, más su material único de percepciones especiales y lecciones espirituales, están, de manera general, en sus libros publicados en 1884 y 1888.

Otro manuscrito significativo, de 75 páginas, escrito por ella mientras estaba en Europa, forma parte de El conflicto de los siglos.

Apenas llegó a Europa, en 1885, se le pidió que preparara el tomo 4 de Spirit of Prophecy, que presenta la historia post-bíblica, para ser distribuido. Este pedido le hizo ver la necesidad de presentar en forma más amplia que en el libro de 1884 una descripción de los reformadores europeos más destacados. Y con la ayuda de sus colaboradores comenzó esta ampliación. Vivía en Basilea. En la biblioteca del pastor J. N. Andrews estudió todos los historiadores a su alcance.

Un asunto que exigía ampliación era la obra de Hus y Jerónimo. Tres páginas era demasiado poco para los lectores europeos. Esto la impulsó a preparar manuscritos para ampliar este tema. Condensó materiales del historiador Wylie y de otros, y los combinó con comentarios y lecciones espirituales. Así produjo un manuscrito de tal longitud, que se pensó que ocuparía dos capítulos sobre Hus.

El manuscrito de Hus

Este manuscrito es similar al de Lutero, escrito cuatro o cinco años antes, excepto en que muestra evidencias de que fue preparado con premura para satisfacer la urgente demanda de un libro más amplio. La ortografía, las mayúsculas y la caligrafía estuvieron casi a la altura de lo normal. El manuscrito fue abultado, pues, según ya se dijo, era común que ella escribiera mucho más, inicialmente, de lo que se necesitaba después para un libro. El manuscrito fue reducido para mantener un balance necesario.

Por causa de sus muchos viajes, esta tarea fue encomendada a Marian Davis, una asistente literaria muy eficiente de Elena G. de White. El trabajo editorial, cuidadosamente preparado, fue examinado por su autora para establecer si decía exactamente lo que ella había escrito. Los cambios, si los había, los escribía de su propio puño y letra. Desafortunadamente, por falta de espacio, la mayor parte de las lecciones espirituales relacionadas con Hus no pudieron incluirse. Esto dejó un registro histórico escueto en la narración de la gran controversia.

Como complemento a la explicación de la autora en su Introducción a El conflicto de los siglos, tenemos las palabras de su hijo Guillermo: “Mi madre escribe muy rápidamente. Escribe muy temprano en la mañana; se esfuerza por trasladar al papel las cosas relativas al movimiento de las naciones, las comunidades, las iglesias y los individuos, que se mueven