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Martes 7 de Octubre |
Indice |
LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO |
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Maranata, 287 |
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Vendrá nuestro Dios, y no callará; fuego consumirá delante de él, y tempestad poderosa le rodeará. Convocara a los cielos de arriba, y a la tierra, para juzgar a su pueblo. Sal. 50: 3 |
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| Pronto se volvieron nuestros ojos hacia el oriente, donde había aparecido una
nubecilla negra del tamaño de la mitad de la mano de un hombre, que era, según
todos comprendían, la señal del Hijo del hombre. En solemne silencio
contemplábamos cómo iba acercándose la nubecilla, volviéndose cada vez más
esplendorosa, hasta que se convirtió en una gran nube blanca cuya parte inferior
parecía fuego. Sobre la nube lucía el arco iris y en torno de ella aleteaban
diez mil ángeles cantando un hermosísimo himno. En la nube estaba sentado el
Hijo del hombre. Al vislumbrarse a la distancia, parecía muy pequeña. El ángel dijo que era la señal del Hijo del hombre. Cuando se acercó a la tierra, pudimos contemplar la excelsa gloria y la majestad de Jesús al avanzar como vencedor. Sus cabellos, blancos y rizados, le caían sobre los hombros; y llevaba muchas coronas en la cabeza. Sus pies parecían de fuego; en la mano derecha tenía una hoz aguda y en la izquierda llevaba una trompeta de plata. Sus ojos eran como llama de fuego, y escudriñaban de par en par a sus hijos. Palidecieron entonces todos los semblantes y se tornaron negros los de aquellos a quienes Dios había rechazado. Todos nosotros exclamamos: "¿Quién podrá permanecer? ¿Está mi vestidura sin manchas?" Después cesaron de cantar los ángeles, y por un rato quedó todo en pavoroso silencio cuando Jesús dijo. "quienes tengan las manos limpias y puro el corazón podrán subsistir. Bástaos mi gracia". Al escuchar estas palabras, se iluminaron nuestros rostros y el gozo llenó todos los corazones. Los ángeles pulsaron una nota más alta y volvieron a cantar, mientras la nube se acercaba a la tierra. La tierra temblaba delante de él; los cielos se apartaron como arrollado
pergamino, y las montañas e islas se movieron de su lugar. "Y los reyes de la
tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y
todo libre, se escondiron las cuevas y entre las peñas de los montes" (Apoc.
6: 15) (El énfasis y la Cursiva son nuestro) |
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