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Jueves 22 de Agosto |
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CURACIÓN DIVINA |
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Conflicto y Valor, 240 |
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2 Rey. 20: 1-11; Isa 38: 1-8 |
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"Te ruego, oh Jehová, te ruego que hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho las cosas que te agradan. Y lloró Ezequías con gran lloro. " (2 Rey. 20: 3) |
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| En medio de su próspero reinado, el rey Ezequías se vio repentinamente aquejado de una enfermedad fatal. Estaba " enfermo para morir", y no había remedio para su caso en el poder humano. Parecía perdido el último vestigio de esperanza cuando el profeta Isaías se presentó ante él con el mensaje: "Jehová dice así: Ordena tu casa, porque tú morirás, y no vivirás".
La perspectiva parecía sombría en absoluto; y sin embargo podía el rey orar todavía a Aquel que había sido hasta entonces su "amparo y fortaleza", su "pronto auxilio en las tribulaciones" (Sal. 46: 1). Así que "volvió él su rostro a la pared, y oró a Jehová . . . ". Aquel cuyas "compasiones nunca se acaban" oyó la oración de su siervo. "Y antes que Isaías saliese hasta la mitad del patio, fue palabra de Jehová a Isaías, diciendo: Vuelve, y di a Ezequías, príncipe de mi pueblo: Así dice Jehová, el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas: he aquí yo te sano. . . " El profeta volvió gozosamente con palabras de promesa y de esperanza. Ordenó que se pusiese una masa de higos sobre la parte enferma, y comunicó al rey el mensaje referente a la misericordia de Dios y su cuidado protector (Profetas y Reyes, págs. 252, 253). Los que buscan la salud por medio de la oración no deben dejar de hacer uso de los remedios puestos a su alcance. Hacer uso de los agentes curativos que Dios ha suministrado para aliviar el dolor y para ayudar a la naturaleza en su obra restauradora no es negar nuestra fe. . . Dios nos ha facultado para que conozcamos las leyes de la vida. Este conocimiento ha sido puesto a nuestro alcance para que lo usemos. Debemos aprovechar toda facilidad para la restauración de la salud, sacando todas las ventajas posibles y trabajando en armonía con las leyes naturales. Cuando hemos orado por la curación del enfermo, podemos trabajar con energía tanto mayor, dando gracias a Dios por el privilegio de cooperar con él y pidiéndole que bendiga los medios de curación que él mismo dispuso (El Ministerio de Curación, pág. 177).
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