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Viernes 30 |
Indice |
LA HERENCIA INMORTAL |
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Dios nos Cuida, 374 |
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Así ha dicho Jehová: Reprime del llanto tu voz, y de las lágrimas tus ojos; porque salario hay para tu trabajo, dice Jehová, y volverán de la tierra del enemigo. Esperanza hay también para tu porvenir, dice Jehová, y los hijos volverán a su propia tierra. Jer. 31: 16,17 |
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Dando gracias al padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz Col. 1: 12. El rescate ha sido pagado. Todos pueden acercarse a Dios y obtener la eternidad mediante una vida de obediencia. Cuán triste es, entonces, que el hombre se aparte de la herencia inmortal y viva para satisfacer el orgullo el egoísmo y el afán de ostentación y... pierda la bendición que podría recibir en esta vida y en la venidera. [Los hombres] podrían entrar en los palacios celestiales y alternar con libertad y en igualdad de condiciones con Cristo, los ángeles celestiales y los príncipes de Dios. Y aun así, por increíble que parezca rechazan los atractivos celestiales.
El Creador de todos los mundos se propone amar a los que creen que su Hijo unigénito es su Salvador personal así como ama a su
Hijo. Aun aquí y ahora nos concede en grado máximo su gracia y su favor. Ha dado a los hombres el don de la Luz y la Majestad del
cielo, y con el les ha concedido todos los tesoros celestiales. Por mucho que sea lo que nos ha prometido para la vida
venidera, también en esta vida nos concede magníficos dones, y como objetos de su
gracia, permitirá que gocemos de todo lo que ennoblezca, expanda y eleve nuestros
caracteres. Es su propósito prepararnos para las cortes celestiales. Los que aceptan a Cristo como su Salvador personal tienen la promesa de la vida presente; y también de la venidera.. El más humilde discípulo de Cristo puede llegar a ser un habitante del cielo, heredero de Dios, de una herencia incorruptible que jamás se marchitará. ¡Oh, que cada cual se decida a aceptar el don celestial, para que llegue a ser heredero de Dios, de esa herencia cuyo título está fuera del alcance de todo destructor, y que es un mundo sin fin! ¡Oh, no elijáis el mundo; elegid la herencia mejor! Apresuraos y esforzaos para alcanzar la meta que es el premio de vuestra elevada vocación en Cristo Jesús.
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