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Domingo 18 |
Indice |
ALCANCEMOS UN ELEVADO NIVEL ESPIRITUAL |
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Dios nos Cuida, 362 |
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Aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría. Jud. 24 |
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Cristo fue obediente a todo requerimiento de la ley... Por su perfecta obediencia ha hecho posible que cada ser humano obedezca los mandamientos de
Dios. Cuando nos sometemos a Cristo, el corazón se une con su corazón, la voluntad se fusiona con su
voluntad, la mente llega a ser una con su mente, los pensamientos se sujetan a
él; vivimos su vida. Esto es lo que significa estar vestidos con el manto de su
justicia. Entonces, cuando el Señor nos contempla, él ve no el vestido de hojas de
higuera, no la desnudez y la deformidad del pecado, sino su propio manto de
justicia, que es la perfecta obediencia a la ley de Jehová.
Mediante el plan de redención, Dios ha provisto medios, para vencer cada rasgo pecaminoso y resistir cada tentación, no importa cuán poderosa sea. La tentación más poderosa no puede excusar el pecado. Por intensa que sea la presión ejercida sobre el alma, la transgresión es un acto nuestro. Ni la tierra ni el infierno tienen poder para obligar a nadie a pecar. Debe haber consentimiento de la voluntad, sometimiento del corazón, pues de otro modo la pasión no puede vencer a la razón, ni la iniquidad triunfar sobre la justicia. Si permanecéis bajo el estandarte ensangrentado del Príncipe Emanuel, haciendo fielmente su servicio, nunca tendréis que ceder a la tentación pues estará a vuestro lado Aquel que es poderoso para guardaros sin caída. No tenemos motivo para conservar nuestras tendencias pecaminosas... A medida que nos hagamos partícipes, de la naturaleza divina, se irán eliminando del carácter las tendencias al mal hereditarias y cultivadas, y nos iremos transformando en un poder viviente para el bien. Al aprender constantemente del Maestro divino, al participar diariamente de su naturaleza, cooperamos con Dios en vencer las tentaciones de Satanás. Dios y el hombre obran de común acuerdo a fin de que éste pueda ser uno con Cristo así como Cristo es uno con Dios. Entonces nos sentaremos juntamente con Cristo en los lugares celestiales, y nuestra mente reposará en paz y seguridad en Jesús
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