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Jueves 5 de Julio |
Indice |
EL SUCESOR DE ELÍAS |
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Conflicto y Valor, 224 |
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He aquí os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. (1 Cor. 15: 51, 52) |
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| En el desierto, en la soledad y el desaliento, Elías había dicho que estaba
cansado de la vida, y había rogado que se le dejase morir. Pero en su
misericordia el Señor no había hecho caso de sus palabras. Elías tenía que
realizar todavía una gran obra; y cuando esta obra estuviese hecha no iba a
perecer en el desaliento y la soledad. No le tocaría descender a la tumba, sino
ascender con los ángeles de Dios a la presencia de su gloria. "Y viéndolo Eliseo, clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! Y nunca más le vio, y trabando de sus vestidos, rompiólos en dos partes. Alzó luego el manto de Elías que se le había caído, y volvió, y paróse a la orilla del Jordán. Y tomando el manto de Elías que se le había caído, hirió las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías? Y así que hubo del mismo modo herido las aguas, apartáronse a uno y a otro lado, y pasó Eliseo. Y viéndole los hijos de los profetas que estaban en Jericó de la otra parte, dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo. Y viniéronle a recibir, e inclináronse a él hasta la tierra". Cuando en su providencia el Señor ve conveniente retirar de su obra a aquellos a quienes dio sabiduría, sabe ayudar y fortalecer a sus sucesores, con tal que ellos esperen auxilio de él y anden en sus caminos. Hasta pueden ser más sabios que sus predecesores; porque pueden sacar provecho de su experiencia y adquirir sabiduría de sus errores (Profetas y Reyes, págs. 170, 171). Elías, el hombre de poder, había sido instrumento de Dios para vencer males gigantescos. . . Para suceder a Elías se necesitaba un hombre que, por medio de una instrucción cuidadosa y paciente, pudiese guiar a Israel por caminos seguros. La educación que recibió Eliseo durante sus primeros años, bajo la dirección de Dios, lo preparó para esta obra. . . Cada acto de la vida es una revelación del carácter, y solo aquel que en los pequeños deberes demuestra ser "obrero que no tiene de qué avergonzarse", será honrado por Dios con responsabilidades mayores (La Educación, pág. 57)
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