Notas de Elena White


La obra de los profetas

Lección 7

Para el 14 de febrero del 2009


 

 

Sábado 7 de febrero

Poderosas verdades han sido confiadas a instrumentos humanos; verdades que cuando son presentadas despiertan la mente de hombres y mujeres que están en el error y los invitan a venir, "que ya está todo preparado" (S. Lucas 14: 17). El conocimiento de la verdad es el gran poder de Dios para la salvación de todo aquel que cree, y la justicia de Cristo y su sacrificio expiatorio están en el centro vital de toda verdad. En la cruz deL Calvario "la misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron". La ley y el evangelio se unieron en perfecta armonía como la lana y el tejido. Derramaron su luz en medio de las tinieblas morales del mundo para estimular, renovar y santificar a todos los que creen en la verdad, aquellos que agradecidos y gozosos aceptan la luz que irradia del trono de Dios (Review and Herald, septiembre 29, 1891).

Estas lecciones fueron enseñadas al pueblo escogido de Dios hace miles de años, y fueron repetidas mediante diversos símbolos y representaciones para que la obra de la verdad pudiera ser afianzada en cada corazón: que sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados. La gran lección implícita en el sacrificio de cada víctima sangrante, impresa en cada ceremonia e inculcada por Dios mismo, era que únicamente mediante la sangre de Cristo se logra el perdón de los pecados; sin embargo, cuántos sufren el irritante yugo y cuán pocos sienten la fuerza de esta verdad, la tienen en cuenta personalmente y disfrutan de la bendición que podrían recibir mediante una fe perfecta en la sangre del Cordero de Dios ...

La justicia exigía los sufrimientos del ser humano; pero Cristo suministró los sufrimientos de un Dios. No necesitaba hacer expiación por sí mismo mediante sufrimientos; todos sus sufrimientos fueron por nosotros. Todos sus méritos y toda su santidad quedaron a disposición del hombre caído, presentados como un regalo (Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 925).

 

Domingo 8 de febrero: Predicación del evangelio

Muévase la mente a gratitud porque mediante Cristo Jesús, el Padre es fiel para cumplir la promesa de perdonar todos los pecados. Su misericordia y su amor son para siempre una seguridad cuando contemplamos a Cristo levantado en la cruz del Calvario. ¿No despertaremos individualmente a la comprensión de que, hasta donde tengamos capacidad para entender la verdad, Jehová Dios nos ama y perdona si creemos en Jesús y lo amamos?

¡Oh qué verdad gloriosa! Dios está esperando para perdonar a todos los que se le acercan arrepentidos. Predicad esto. Exaltad a Cristo en lo alto para que la gente pueda contemplado ...

Los judíos veían en las ofrendas de sacrificios el símbolo de Cristo, cuya sangre fue derramada por la salvación del mundo. Todas esas ofrendas eran para simbolizar a Cristo y para remachar la gran verdad en su corazón de que únicamente la sangre de Jesucristo limpia de todo pecado, y sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados. Algunos se preguntan por qué Dios deseaba tantos sacrificios y estableció la ofrenda de tantas víctimas sangrantes en el sistema judío.

Cada víctima que moría era un símbolo de Cristo; cuya lección era impresa en la mente y el corazón de la solemnísima y sacratísima ceremonia, y era explicada claramente por los sacerdotes. Los sacrificios fueron explícitamente diseñados por Dios mismo para enseñar esta grande e importante verdad, que sólo mediante la sangre de Cristo hay perdón de los pecados (Mensajes selectos, t. 1, pp. 124, 125).

Cristo hizo un pleno y completo sacrificio, un sacrificio suficiente para salvar a cada hijo e hija de Adán que muestre arrepentimiento ante Dios por haber transgredido su ley, y manifieste fe en nuestro Señor Jesucristo. Pero, a pesar de que el sacrificio fue amplio, muy pocos llevan una vida de obediencia para alcanzar esta gran salvación. Pocos están dispuestos a imitar sus admirables privaciones, soportar sus sufrimientos y persecuciones, y compartir su agotador trabajo para traer a otros a la luz. Muy pocos siguen su ejemplo en ferviente y frecuente oración a Dios pidiendo fuerzas para soportar las pruebas de esta vida y cumplir sus deberes diarios. Cristo es el Capitán de nuestra salvación, y por sus propios sufrimientos y sacrificio ha dado ejemplo a todos sus seguidores de que la vigilancia y la oración y el esfuerzo perseverante, son necesarios de parte de ellos, para representar correctamente el amor que moraba en su pecho por la raza humana caída (Exaltad a Jesús, p. 236).

Su vida, desde su comienzo hasta su final, estuvo señalada por la abnegación y el sacrificio. En la cruz del Calvario, realizó el gran sacrificio de sí mismo en beneficio de la humanidad, para que todo el mundo tuviera salvación si así lo quería. Cristo estaba oculto en Dios, y Dios fue revelado al mundo en el carácter de su Hijo (A fin de conocerle, p. 290).

 

Lunes 9 de febrero: La conducción del pueblo de Dios

La organización de la iglesia de Jerusalén debía servir de modelo para la de las iglesias que se establecieran en muchos otros puntos donde los mensajeros de la verdad trabajasen para ganar conversos al evangelio. Los que tenían la responsabilidad del gobierno general de la iglesia, no habían de enseñorearse de la heredad de Dios, sino que, como prudentes pastores, habían de "apacentar la grey de Dios... siendo dechados de la grey" (1 Pedro 5:2, 3), y los diácono s debían ser "varones de buen testimonio llenos de Espíritu Santo y de sabiduría". Estos hombres debían colocarse unidamente de parte de la justicia y mantenerse firmes y decididos. Así tendrían unificadora influencia en la grey entera.

Más adelante en la historia de la iglesia primitiva, una vez constituidos en iglesias muchos grupos de creyentes en diversas partes del mundo, se perfeccionó aun más la organización a fin de mantener el orden y la acción concertada. Se exhortaba a cada uno de los miembros a que desempeñase bien su cometido, empleando útilmente los talentos que se le hubiesen confiado. Algunos estaban dotados por el Espíritu Santo con dones especiales: "Primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero doctores; luego facultades; luego dones de sanidades, ayudas, gobernaciones, géneros de lenguas" (1 Corintios 12:28). Pero todas estas clases de obreros tenían que trabajar concertadamente (Los hechos de los apóstoles, pp. 75, 76).

A medida que nuestros miembros fueron aumentando, resultó evidente que sin alguna forma de organización habría gran confusión, y la obra no se realizaría con éxito. Para proporcionar sostén al ministerio, para dirigir la obra en nuevos territorios, para proteger tanto a las iglesias como a los ministros de los miembros indignos, para custodiar las propiedades de la iglesia, para la publicación de la verdad por medio de la prensa, y para muchos otros objetos, la organización era indispensable.

Sin embargo, había un fuerte sentimiento entre nuestros hermanos en contra de ella. Los adventistas del primer día se oponían a la organización, y la mayor parte de los adventistas del séptimo día tenían las mismas ideas. Buscamos al Señor con ferviente oración para poder entender su voluntad, y nos fue dada luz por su Espíritu en el sentido de que debía haber orden y disciplina cabal en la iglesia: la organización era esencial. El sistema y el orden se manifiestan en todas las obras de Dios a través del universo. El orden es la ley del Cielo, y debe ser la ley del pueblo de Dios en la tierra.

Tuvimos una dura lucha para establecer la organización. A pesar de que Dios dio testimonio tras testimonio sobre este punto, la oposición era fuerte, y había que hacerle frente una y otra vez. Pero sabíamos que el Señor Dios de Israel estaba conduciéndonos, y guiándonos por su providencia. Nos empeñamos en la obra de la organización, y una señalada prosperidad caracterizó el progreso del movimiento.

A medida que el desarrollo de la obra exigía que nos empeñáramos en nuevas empresas, estábamos preparados para afrontarlas. El Señor dirigía nuestras mentes a la importancia de la obra educacional. Vimos la necesidad de tener escuelas, para que nuestros niños recibieran educación exenta de errores o falsas filosofías, a fin de que su preparación estuviera en armonía con los principios de la Palabra de Dios. La necesidad de instituciones de salud nos había sido presentada con urgencia, tanto para la ayuda y la instrucción de nuestros propios hermanos como para que también fuera un medio de bendición e iluminación para otros. Esta empresa también fue abordada. Todo esto era obra misionera del más alto orden (Testimonios para los ministros, pp. 22, 23).

 

Martes 10 de febrero: Reprobación del pecado

El Señor había enviado mediante sus profetas mensajes de advertencia y de reproche así como promesas de consuelo y esperanza; pero algunos de ellos fueron apedreados y otros golpeados. Finalmente Dios envió a su Hijo para ver si encontraba frutos de justicia entre los elevados o los humildes, pero no halló a ninguno. Vistió su divinidad con humanidad para caminar como uno de ellos, pero tuvo que huir entre los pies de los que lo atacaban y acusaban. Sin embargo ese pueblo rebelde tenía un lugar en su corazón e hizo todo lo posible para que lo aceptaran, pero sin resultados. Constantemente realizaba milagros, pero ellos insistían que hiciese uno frente a ellos para creerle. Finalmente, cuando rechazaron su amor y no creyeron ni en su divinidad ni en su misión, y cuando los dirigentes de la nación planearon destruirlo, lloró sobre la ciudad amada. Su ojo profético pudo leer su historia pasada y la miseria y culpa de su futuro, y su corazón se quebrantó de agonía porque su pueblo no conocía el tiempo de su visitación (Ellen G. White 1888 Materials, p. 1059).

Se me mostró que continuamente aumentarán las tentaciones respecto a las labores de los esposos White. Nuestra obra es una obra peculiar, es de un carácter diferente a la de cualquier otro que trabaja en el campo. Dios no llama a los ministros que tienen que trabajar sólo con palabra y doctrina para que hagan nuestro trabajo, ni nos llama a nosotros para que hagamos sólo el trabajo de ellos. Cada uno de nosotros tenemos, en algunos respectos, un trabajo distinto. Dios se ha agradado en abrirme los secretos de la vida interior y los pecados ocultos de su pueblo. Se me ha impuesto el desagradable deber de reprender errores y revelar los pecados ocultos. Cuando he sido impulsada por el Espíritu de Dios a reprobar los pecados que otros no sabían que existían, esto ha agitado los sentimientos naturales en el corazón de los no santificados. Mientras que algunos han humillado sus corazones ante Dios, y con arrepentimiento y confesión han abandonado sus pecados, otros han sentido surgir en su corazón un espíritu de odio. Su orgullo ha sido lastimado cuando se ha reprobado su conducta. Abrigan el pensamiento de que es la hermana White quien los está lastimando, en vez de sentir gratitud a Dios que en su misericordia les ha hablado a través de su humilde instrumento, para mostrarles sus peligros y sus pecados, con el fin de que puedan ponerlos a un lado antes que sea demasiado tarde para corregir sus errores.

Algunos están listos a preguntar: ¿Quién le dijo estas cosas a la hermana White? Incluso me han hecho la pregunta a mí: ¿Le dijo alguien estas cosas? Pude contestarles: Sí, sí, el ángel de Dios me ha hablado. Pero lo que ellos quieren decir es: ¿Los hermanos y hermanas han estado exponiendo las faltas de ellos? Para el futuro, no empequeñeceré los testimonios que Dios me ha dado, para hacer explicaciones que traten de satisfacer a esas mentes tan estrechas, sino que trataré todas esas preguntas como un insulto al Espíritu de Dios. Dios ha visto conveniente ponerme en una posición en la que no ha colocado a ningún otro en nuestras filas. Me ha impuesto cargas de reprensión que no ha dado a ninguna otra persona. Mi esposo ha permanecido a mi lado para respaldar los Testimonios y dar su voz en unión con el testimonio de reprensión. Ha sido obligado a asumir una posición firme para rechazar la incredulidad y rebelión, que ha sido audaz y desafiante, y que derribaría cualquier testimonio que yo pudiera dar, porque los que eran reprobados se sintieron heridos y profundamente afectados por el reproche dado. Esto es exactamente como Dios lo planeó. Era su propósito que ellos se sintieran afectados. Era necesario que se sintieran así antes que sus corazones orgullosos se entregaran a sus pecados, para que ellos limpiaran sus corazones y vidas de toda iniquidad (Testimonios para la iglesia, 1. 3, pp. 345, 346).

 

Miércoles 11 de febrero: La comunicación de la voluntad de Dios

Desvanecida la visión, hice señas de que me trajesen la pizarra y escribí en ella que estaba muda, y también lo que había visto, y que deseaba la Biblia grande. Tomé la Biblia y rápidamente busqué todos los textos que había visto en la tarjeta.

No pude hablar en todo el día. A la mañana siguiente, temprano, mi alma se llenó de gozo, se desató mi lengua y prorrumpí en grandes alabanzas a Dios. Después de esto ya no me atreví a dudar; ni por un momento resistí al poder de Dios, aunque los demás pensaran de mí lo que quisieran.

Hasta entonces no me había sido posible escribir, y mi mano temblorosa era incapaz de sujetar firmemente la pluma. Mientras estaba en visión, un ángel me mandó que escribiera la visión. Obedecí, y pude escribirla fácilmente. Mis nervios estaban fortalecidos, y desde entonces hasta hoy, he tenido la mano firme.

Muy penoso me era decirles a los que andaban en error lo que se me había mostrado respecto a ellos. Me causaba mucha angustia ver a otros turbados o afligidos. Y cuando me veía obligada a declarar los mensajes, a menudo los suavizaba y los hacía parecer tan favorables para las personas a quienes concernían como me era posible, y después me retiraba a la soledad para llorar en agonía de espíritu. Me fijaba en aquellos que parecían no tener que cuidar sino de sus propias almas, y pensaba que, de hallarme yo en su situación, no me quejaría. Me era muy penoso referir los explícitos y terminantes testimonios recibidos de Dios. Anhelosamente aguardaba el resultado, y si los reprendidos se rebelaban contra la reprensión y después se oponían a la verdad, yo me preguntaba: ¿Habré dado debidamente el mensaje? ¿No podía haber algún medio de salvarlos? Y entonces se oprimía tan angustiosamente mi alma, que muchas veces la muerte habría sido para mí una mensajera bienvenida, y la tumba un dulce lugar de reposo (Notas biográficas de Elena G. de White, pp. 97-99).

Así también, en muchos casos Dios me ha dado luz acerca de los defectos peculiares de carácter de ciertos miembros de la iglesia y de los riesgos que corren las personas y la causa si estos defectos no se suprimen. En determinadas circunstancias hay peligro de que las malas tendencias se desarrollen mucho y se confirmen, perjudicando la causa de Dios y arruinando a la persona afectada. A veces cuando peligros especiales amenazan la causa de Dios o a individuos en particular, me llega una comunicación del Señor, en sueño o visión nocturna, y estos casos me son presentados vívidamente. Oigo una voz que me dice: "Levántate y escribe; estas almas están en peligro". Obedezco al impulso del Espíritu de Dios y mi pluma describe su verdadera condición. Durante mis viajes, al encontrarme delante de los hermanos en diferentes lugares, el Espíritu del Señor me recuerda claramente los casos que se me mostraron y revive el asunto que vi anteriormente.

Durante los últimos cuarenta y cinco años el Señor me ha estado revelando las necesidades de su causa y los casos de diferentes personas en todos los aspectos de la vida, mostrándome dónde y cómo habían descuidado el perfeccionamiento de un carácter cristiano. Se me ha presentado la historia de centenares de casos y se me ha indicado claramente lo que Dios aprueba y lo que él condena. El Señor me ha mostrado que si se sigue cierta conducta, o se conservan ciertos rasgos de carácter, se producirán determinados resultados (Joyas de los testimonios, 1. 2, p. 296).

Dios me ha dado una notable y solemne experiencia en relación con su obra; podéis tener la seguridad de que mientras tenga vida, no cesaré de elevar una voz de amonestación según sea impresionada por el Espíritu de Dios, quieran o no los hombres oírla o tolerarla. No tengo sabiduría especial en mí misma; soy tan sólo un instrumento en las manos del Señor para hacer la obra que él me ha asignado. Las instrucciones que he dado por pluma o voz han sido una expresión de la luz que Dios me ha dado. He presentado los principios que el Espíritu de Dios ha estado grabando durante años en mi mente y escribiendo en mi corazón (Joyas de los testimonios, 1. 2, pp. 301, 302).

 

Jueves 12 de febrero: Predicciones de lo futuro

Con la luz más clara y amplia que brilla sobre nosotros, podemos ver con mayor nitidez la gloria de la antigua dispensación. Podemos hablar con los patriarcas; escuchar a Moisés mientras declara las leyes a Israel; oír a los profetas predecir los eventos futuros y a los apóstoles declarar los misterios de la nueva dispensación y relatar sus experiencias personales con Aquel que habló como ningún otro ha hablado. Cuando vemos las predicciones de los profetas cumplirse a nuestro alrededor, nos sentimos más cerca de ellos y leemos sus escritos con un interés más profundo e inteligente. Mientras el tiempo avanza y nos acercamos al final de la historia de esta tierra, si somos humildes estudiantes en la escuela de Cristo, seremos capaces de comprender aun más claramente la sabiduría divina (Review and Herald, marzo 2, 1886).

En tiempo pasado el Señor Dios del Cielo reveló sus secretos a sus profetas, y lo sigue haciendo todavía. El presente y el futuro son igualmente claros para él, y muestra a sus siervos la historia futura de lo que habrá de ser. El Omnisciente miró a través de las edades y predijo mediante sus profetas el levantamiento y la caída de reinos, centenares de años antes de que ocurrieran los eventos preanunciados. El eco de la voz de Dios se deja escuchar a través de las edades, diciéndole al hombre lo que ha de ocurrir. Reyes y príncipes ocupan sus lugares en el tiempo designado. Ellos piensan que están llevando adelante sus propios propósitos, pero en realidad están cumpliendo la palabra que Dios dio por medio de sus profetas. Desempeñan su parte en el desarrollo de los grandes propósitos de Dios. Se suceden los eventos, y así se cumple la palabra que Dios ha hablado (Alza tu voz, p. 94).

[Predicciones sobre el avance del espiritismo] El 24 de agosto de 1850, vi que los "golpes misteriosos" eran efectos del poder de Satanás. Algunos procedían directamente de él, y otros indirectamente, por medio de sus agentes; pero todos dimanaban de Satanás. Eran su obra y la realizaba de distintos modos. Sin embargo, en las iglesias y en el mundo había muchos tan sumidos en densas tinieblas, que se imaginaban y sostenían que esos golpes misteriosos eran obra del poder de Dios. Dijo el ángel: "¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?" ¿Han de ir los vivos a aprender de los muertos? Los muertos nada saben. En vez de acudir al Dios vivo, ¿recurriréis a los muertos? Se han apartado del Dios vivo para conversar con los muertos que nada saben.

Vi que no tardaría en calificarse de blasfemia todo cuanto se dijera en contra de los golpes misteriosos, los cuales se irían extendiendo más y más, con incremento del poder de Satanás (Primeros escritos, p.59).

 

Viernes 13 de febrero: Para estudiar y meditar

El conflicto de los siglos, pp. 486-503.

 

 

 

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