Notas de Elena White

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Crisis cósmica: La fractura del orden establecido por Dios 

Lección 2

Para el 11 de Octubre del 2008


 

 

Sábado 4 de octubre

Después de Cristo, entre todos los habitantes del cielo, Satanás era en un tiempo el más honrado por Dios y el más elevado en poder y gloria. Antes de su caída Lucifer, "hijo de la mañana", era el primero entre los querubines cubridores, santo y perfecto. Estaba en la presencia del gran Creador, y los rayos de gloria que rodean al Eterno reposaban sobre él.

Poco a poco Lucifer albergó el deseo de ensalzarse. La exaltación de Cristo, quien era igual al Padre, hizo despertar los celos en su corazón. ¿Por qué -se preguntaba- debía Cristo tener la supremacía y ser honrado por encima de él?

Aunque toda su gloria procedía de Dios, este poderoso ángel llegó a considerada como perteneciente a sí mismo. Descontento con el puesto que ocupaba, a pesar de ser el ángel que recibía más honores entre las huestes celestiales, se aventuró a codiciar el homenaje que sólo debe darse al Creador. Abandonando su lugar en la inmediata presencia del Padre, Lucifer salió a difundir el espíritu de descontento entre los ángeles. Trabajó con misteriosa reserva, y por algún tiempo ocultó sus verdaderos propósitos bajo una aparente reverencia hacia Dios. Principió por insinuar dudas acerca de las leyes que gobernaban a los seres celestiales; leyes que él consideraba arbitrarias y contrarias a los intereses del universo celestial; leyes que requerían cambios. Intereses vitales estaban en juego. ¿Tendría éxito Satanás en minar la confianza en las leyes de Dios? ¿Podría convencer a los demás habitantes del universo celestial de los supuestos defectos de la ley de tal manera que se justificara un reclamo para que las leyes fueran mejoradas? (Signs of the Times, julio 23, 1902; parcialmente en Patriarcas y profetas, pp. 13-15).

 

Domingo 5 de octubre: El pecado: Su origen

Antes de la aparición del pecado había paz y gozo en todo el universo. Todo guardaba perfecta armonía con la voluntad del Creador. El amor a Dios estaba por encima de todo, y el amor de unos a otros era imparcial. Cristo el Verbo, el Unigénito de Dios, era uno con el Padre Eterno: uno en naturaleza, en carácter y en designios; era el único ser en todo el universo que podía entrar en todos los consejos y designios de Dios. Fue por intermedio de Cristo por quien el Padre efectuó la creación de todos los seres celestiales. "Por él fueron creadas todas las cosas, en los cielos ... ora sean tronos, o dominios, o principados, o poderes" (Colosenses 1: 16, V.M.); y todo el cielo rendía homenaje tanto a Cristo como al Padre.

Como la ley de amor era el fundamento del gobierno de Dios, la dicha de todos los seres creados dependía de su perfecta armonía con los grandes principios de justicia. Dios quiere que todas sus criaturas le rindan un servicio de amor y un homenaje que provenga de la apreciación inteligente de su carácter. No le agrada la sumisión forzosa, y da a todos libertad para que le sirvan voluntariamente.

Pero hubo un ser que prefirió pervertir esta libertad. El pecado nació en aquel que, después de Cristo, había sido el más honrado por Dios y el más exaltado en honor y en gloria entre los habitantes del cielo. Antes de su caída, Lucifer era el primero de los querubines que cubrían el propiciatorio, santo y sin mácula. "Así dice Jehová el Señor: ¡Tú eres el sello de perfección, lleno de sabiduría, y consumado en hermosura! En el Edén, jardín de Dios, estabas; de toda piedra preciosa era tu vestidura". "Eras el querubín ungido que cubrías con tus alas; yo te constituí para esto; en el santo monte de Dios estabas, en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en tus caminos desde el día en que fuiste creado, hasta que la iniquidad fue hallada en ti" (Ezequiel 28:12-15, V.M.).

Lucifer habría podido seguir gozando del favor de Dios, amado y honrado por toda la hueste angélica, empleando sus nobles facultades para beneficiar a los demás y para glorificar a su Hacedor. Pero el profeta dice: "Se te ha engreído el corazón a causa de tu hermosura; has corrompido tu sabiduría con motivo de tu esplendor". Poco a poco, Lucifer se abandonó al deseo de la propia exaltación. "Has puesto tu corazón como corazón de Dios". "Tú ... que dijiste: ... ¡Al cielo subiré; sobre las estrellas de Dios ensalzaré mi trono, me sentaré en el Monte de Asamblea; me remontaré sobre las alturas de las nubes; seré semejante al Altísimo!" (Ezequiel 28:6; Isaías 14: 13, 14, V.M.). En lugar de procurar que Dios fuese el objeto principal de los afectos y de la obediencia de sus criaturas, Lucifer se esforzó por granjearse el servicio y el homenaje de ellas. Y, codiciando los honores que el Padre Infinito había concedido a su Hijo, este príncipe de los ángeles aspiraba a un poder que sólo Cristo tenía derecho a ejercer (El conflicto de los siglos, pp. 547, 548).

La influencia de una mente sobre otra, que es un poder tan grande para el bien cuando está santificada, es igualmente fuerte para el mal en las manos de los que se oponen a Dios. Satanás ha usado este poder en su obra de inculcar el mal en las mentes de los ángeles, dando a entender que estaba buscando el bien del universo. Lucifer había sido sumamente ensalzado como querubín ungido; era muy amado por los seres celestiales, y su influencia era poderosa sobre ellos. Muchos de ellos escucharon sus sugestiones y creyeron sus palabras. "Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo" (Comentario bíblico adventista, 1. 7, p. 984).

El mal se originó con Lucifer, el cual se rebeló contra el gobierno de Dios. Antes de su caída era un querubín cubridor que se distinguía por su excelencia. Dios lo hizo bueno y hermoso, tan semejante a su Creador como fue posible (Comentario bíblico adventista, 1. 4, p. 1184).

 

Lunes 6 de octubre: Ataque a Dios

"No tendrás dioses ajenos delante de mí". Lucifer consideraba que este requerimiento no tenía sentido en el cielo; que era absolutamente innecesario. En su corazón se decía: "Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo". Debido a que era hermoso y había sido exaltado en los cielos, su corazón se enalteció a causa de su hermosura y corrompió su sabiduría a causa de su esplendor. ..

Bajo el símbolo del rey de Tiro, las Escrituras nos dan una descripción del carácter y el destino del primer gran rebelde contra la ley divina. Aquel que conoce el fin desde el principio había establecido leyes y mandamientos antes de la creación del mundo. Pero Satanás criticó esos principios ante los ángeles del cielo porque establecían que el Omnipotente era el único y verdadero Dios, y que ningún otro ser debía recibir adoración. La autoridad de Dios y sus requerimientos debían ser reconocidos como supremos en todo el universo celestial.

Es prerrogativa de Dios establecer los deberes de hombres y ángeles. Su perfecta voluntad debe ser obedecida tal como está establecida en su santa ley, porque es justa y proviene de una sabiduría infinita. Ni el temor ni la recompensa debieran ser los motivos de la obediencia, porque en la ley se buscan los mejores intereses de los seres celestiales y terrenales. Ninguna invención humana debiera ocupar el lugar de la ley, porque el seguir mandamientos de hombres es una abominación a la vista de Dios. Lo que él requiere es esencial para el bienestar de sus súbditos y su cumplimiento también es esencial para darle gloria a él.

Mediante su ley, es el propósito de Dios remover el egoísmo del corazón, evitar la indulgencia de los apetitos pervertidos y quitar del alma toda rebelión e ingratitud. ¿Acaso preferiríamos que Dios aboliera sus mandamientos cuando sabemos que son para nuestra felicidad? ¿Acaso recibiríamos alguna ventaja o bendición por dejarlos de lado? ¿Qué ganaríamos con acumular riqueza, honor, educación o reputación, si ignoráramos los mandamientos de Jehová mientras recibimos sus beneficios en cada instante? Ninguna de estas cosas debiera interferir en la relación entre el alma y Dios. El Señor debe ocupar el primer lugar en nuestros afectos, "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Signs of the Times, septiembre 24, 1894).

 

Martes 7 de octubre: El pecado y la ley de Dios

La voluntad de Dios se expresa en los preceptos de su sagrada ley, y los principios de esta ley son los principios del cielo. Los ángeles que allí residen no alcanzan conocimiento más alto que el saber la voluntad de Dios, y el hacer esa voluntad es el servicio más alto en que puedan ocupar sus facultades.

En el cielo no se sirve con espíritu legalista. Cuando Satanás se rebeló contra la ley de Jehová, la noción de que había una ley sorprendió a los ángeles casi como algo en que no habían soñado antes. En su ministerio, los ángeles no son como siervos, sino como hijos. Hay perfecta unidad entre ellos y su Creador. La obediencia no es trabajo penoso para ellos. El amor a Dios hace de su servicio un gozo. Así sucede también con toda alma en la cual mora Cristo, la esperanza de gloria. Ella repite lo que dijo él: "Me complazco en hacer tu voluntad, oh Dios mío, y tu ley está en medio de mi corazón".

Al orar: "Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra", se pide que el reino del mal en este mundo termine, que el pecado sea destruido para siempre, y que se establezca el reino de la justicia. Entonces, así como en el cielo, se cumplirá en la tierra "todo su bondadoso beneplácito" .

La primera mitad de la oración que Jesús nos enseñó tiene que ver con el nombre, el reino y la voluntad de Dios: que sea honrado su nombre, establecido su reino y hecha su voluntad. Y así, cuando hayamos hecho del servicio de Dios nuestro primer interés, podremos pedir que nuestras propias necesidades sean suplidas y tener la confianza de que lo serán. Si hemos renunciado al yo y nos hemos entregado a Cristo, somos miembros de la familia de Dios, y todo cuanto hay en la casa del Padre es nuestro. Se nos ofrecen todos los tesoros de Dios, tanto en el mundo actual como en el venidero. El ministerio de los ángeles, el don del Espíritu, las labores de los siervos, todas estas cosas son para nosotros. El mundo, con cuanto contiene, es nuestro en la medida en que pueda beneficiamos. Aun la enemistad de los malos resultará una bendición, porque nos disciplinará para entrar en los cielos. Si somos "de Cristo", "todo" es nuestro (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 93,94).

"Si me amáis, guardad mis mandamientos" (S. Juan 14: 15). Establezcamos plenamente esto en nuestra mente: Si aceptamos a Cristo como a un Redentor, debemos aceptado como a un Legislador. No podemos tener la seguridad, la perfecta confianza en Cristo como nuestro Salvador, hasta que lo reconozcamos y obedezcamos sus mandamientos. Así manifestamos nuestra lealtad a Dios. Entonces nuestra fe es genuina. Obra por amor. Decid desde vuestro corazón: "Señor, sé que moriste para redimir mi alma. Si evaluaste tanto mi alma que entregaste tu vida por mí, te entrego mi vida y todas sus posibilidades". La voluntad debe ponerse en completa armonía con la voluntad de Dios.

Hoy se hace esta invitación: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas" (S. Mateo 11 :28, 29). Cristo tiene des-

- canso para todos los que quieran llevar su yugo y aprender su humildad y mansedumbre de corazón. Aquí se nos enseña sujeción y obediencia, y en esto hallaremos descanso. Gracias a Dios porque en la humildad y la obediencia podemos encontrar justamente lo que tanto necesitamos, el descanso que se encuentra en la fe y la perfecta confianza. No debemos hacemos yugos opresivos para nuestro cuello. Tomemos el yugo de Cristo y andemos junto a él con entera obediencia ...

"Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor" (S. Juan 15:10). Este es el yugo que Cristo nos invita a llevar: el yugo de la obediencia. Digamos: "Señor, confío en tu palabra; recibo tu promesa. Acudo a ti porque te necesito como Salvador personal. Necesito un Cristo permanente. Dependo de ti. Tú eres mío" (A fin de conocerle, p. 295).

Conformándonos a la voluntad de Dios en nuestras palabras, nuestro comportamiento y carácter, es como probamos nuestra relación con él. Cuando quiera que uno renuncie al pecado, que es la transgresión de la ley, su vida será puesta en conformidad con la ley, en perfecta obediencia. Esta es la obra del Espíritu Santo. La luz de la Palabra estudiada cuidadosamente, la voz de la conciencia, las súplicas del Espíritu, producen en el corazón verdadero amor a Cristo, quien se dio como sacrificio completo para redimir toda la persona: el cuerpo, el alma, y el espíritu. Y el amor se manifiesta por la obediencia (Exaltad a Jesús, p.296).

 

Miércoles 8 de octubre: El pecado como rebelión contra el gobierno divino

"Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro"(Romanos 6:23).

La evidencia más amplia concedida por Dios de que desea la salvación de todos, será la condenación de los que rechacen el don del cielo. En el último gran día, cuando todos sean recompensados o castigados de acuerdo con su obediencia o desobediencia, la cruz del Calvario aparecerá claramente ante los que se hallen frente al Juez de toda la tierra para recibir la sentencia eterna. Se los capacitó para que comprendieran algo del amor que Dios ha expresado por los seres humanos caídos. Ven cuán grandemente ha sido deshonrado por los que continuaron en la transgresión, escogiendo ponerse junto a Satanás y manifestando menosprecio por la ley de Jehová ...

Hoy se envía a los ángeles para que ministren a los que serán herederos de la salvación, para que les ayuden a escapar de la esclavitud del poder de Satanás ... A todo ser humano se le da libertad de elección. Debe decidir si permanecerá bajo la bandera negra de la rebelión, o bajo el estandarte ensangrentado del Príncipe Emanuel. Con gran afán el cielo observa el conflicto entre el bien y el mal. Nadie sino el obediente puede entrar por las puertas de la ciudad de Dios. Sobre los que prefieren continuar en la transgresión se pronunciará al fin la sentencia de muerte. La tierra será purificada de sus malas obras, de su oposición obstinada a Dios ...

La ley de Dios es el trasunto de su carácter y únicamente los que la obedezcan serán aceptos por él. Toda desviación de la obediencia a la ley de Dios es rebelión. Es del mayor provecho para el hombre el obedecer la ley de Dios; porque la conformación a los principios de esta leyes esencial para la formación de un carácter justo. Las reglas de vida que el Señor ha dado harán a los hombres puros, felices y santos. Únicamente los que obedecen estas reglas pueden escuchar de los labios de Cristo estas palabras: "Venid más alto" (En lugares celestiales, p. 361).

La fe obra por amor y purifica el alma, eliminando el amor al pecado que conduce a la rebelión contra la ley de Dios y a su transgresión. El verdadero amor en el corazón siempre lleva a su poseedor a estar en armonía con los mandamientos de Dios, porque el carácter se transforma por medio de la obra del Espíritu Santo, y la mente y la voluntad del ser humano se colocan en perfecta conformidad con la voluntad divina, que es la norma de justicia. A los que son así transformados, Cristo les dirá: "Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad" (The Youth 's Instructor, febrero 17, 1898).

La historia del gran conflicto entre el bien y el mal, desde que principió en el cielo hasta el final abatimiento de la rebelión y la total extirpación del pecado, es también una demostración del inmutable amor de Dios ... Siendo la ley del amor el fundamento del gobierno de Dios, la felicidad de todos los seres inteligentes depende de su perfecto acuerdo con los grandes principios de justicia de esa ley. Dios desea de todas sus criaturas el servicio que nace del amor, de la comprensión y del aprecio de su carácter (Hijos e hijas de Dios, p. 20).

 

Jueves 9 de octubre: Guerra en el cielo

... Esta obra de oposición a la ley de Dios tuvo su comienzo en las cortes celestiales con Lucifer, el querubín cubridor. Satanás se propuso ser el primero en los concilios celestiales, e igual a Dios. Comenzó su obra de rebelión con los ángeles que estaban a sus órdenes, procurando difundir entre ellos el espíritu de descontento. Y trabajó en una forma tan engañosa que muchos de los ángeles se decidieron por su causa antes de que se conocieran plenamente sus propósitos. Aun los ángeles leales no pudieron discernir plenamente su carácter ni ver dónde llevaba su obra. Cuando Satanás consiguió ganar a muchos ángeles para su bando, llevó su causa a Dios, pretendiendo que era el deseo de los ángeles que él ocupara el puesto que tenía Cristo.

El mal continuó obrando hasta que el espíritu de descontento se tradujo en una revuelta activa. Entonces hubo guerra en el cielo y Satanás, con todos sus simpatizantes, fue expulsado. Satanás había lidiado en procura del dominio en el cielo, y había perdido la batalla. Dios no podía dispensarle más honor y supremacía, y éstos le fueron quitados junto con la parte que había tenido en el gobierno del cielo.

Desde entonces Satanás y su ejército aliado han sido los enemigos declarados de Dios en nuestro mundo, y han luchado siempre contra la causa de la verdad y la justicia. Satanás ha continuado presentando a los hombres, así como lo hizo a los ángeles, sus falsas descripciones de Cristo y de Dios, y ha ganado al mundo para su bando (Mensajes selectos, 1. 1, pp. 260, 261).

Es imposible explicar el origen del pecado y dar razón de su existencia. Sin embargo, se puede comprender suficientemente lo que atañe al origen y a la disposición final del pecado, para hacer enteramente manifiesta la justicia y benevolencia de Dios en su modo de proceder contra todo mal. Nada se enseña con mayor claridad en las Sagradas Escrituras que el hecho de que Dios no fue en nada responsable de la introducción del pecado en el mundo, y de que no hubo retención arbitraria de la gracia de Dios, ni error alguno en el gobierno divino que dieran lugar a la rebelión. El pecado es un intruso, y no hay razón que pueda explicar su presencia. Es algo misterioso e inexplicable; excusarlo equivaldría a defenderlo. Si se pudiera encontrar alguna excusa en su favor o señalar la causa de su existencia, dejaría de ser pecado. La única definición del pecado es la que da la Palabra de Dios: "El pecado es transgresión de la ley"; es la manifestación exterior de un principio en pugna con la gran ley de amor que es el fundamento del gobierno divino (El conflicto de los siglos, pp. 546, 547).

 

Viernes 10 de octubre: Para estudiar y meditar

Patriarcas y profetas, pp. 11-23.

 

 

 

 

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