
Un pilar en las misiones: El apóstol Pedro

Lección 9

Para el 30 de Agosto del 2008
UN PILAR EN LAS MISIONES: EL APÓSTOL PEDRO
“Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús” (Hech. 4:13).
INTRODUCCION
Después de la ascensión de Jesús en Hechos 1, Pedro toma la iniciativa de reemplazar a Judas por otro testigo de la vida, muerte, resurrección y ascensión de Jesús. Fue Pedro quien se puso de pie para predicar la palabra e Dios según Hechos 2. Fue Pedro, junto a Juan, que sanó al hombre paralítico que estaba a la entrada del Templo (Hechos 3:1-10). Repetidas veces Lucas registra cómo Pedro y los demás fueron llenos del Espíritu Santo en su hablar, sus decisiones y actividades (Hechos 4:8, 31; 13:2-4). Fue el Espíritu Santo quien le dio a Pedro la visión y la comisión de predicarle al gentil Cornelio y su familia y también autenticado esta misión para ser obviamente manifestado entre esos gentiles (Hechos 11:5-18).
I. LA COMISION DE PEDRO
a. “Sobre esta roca edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18): La mejor evidencia de que Cristo no designó a Pedro como la "roca" sobre la cual habría de construir su iglesia, es quizá el hecho de que ninguno de los que oyeron a Cristo en esta ocasión -ni siquiera Pedro- así lo entendió, mientras Jesús estuvo con ellos, ni después. Si Cristo hubiera establecido a Pedro como principal entre los discípulos, éstos no habrían disputado repetidas veces el primer puesto (Luc. 22: 24; ver Mat. 18: 1; Mar. 9: 33-35; etc.; DTG 755-756; com. Mat. 16: 19). El nombre Pedro proviene del Gr. pétros, "piedra" o "canto rodado". "Roca" es la traducción de la palabra griega pétra, que suele emplearse para designar una peña, o un macizo de piedra. Una pétra es una roca grande, fija, inamovible; en cambio potros es una piedra pequeña o un canto rodado. No puede saberse hasta qué punto Cristo tuvo en cuenta esta distinción, ni cómo pudo haberla explicado mientras hablaba, porque Cristo ciertamente habló en arameo, la lengua vernácula en Palestina en ese tiempo, y no empleó las palabras griegas. La palabra griega pétros, sin duda, equivale a la palabra aramea kefa' (Cefas; Mat 4: 18). Por otra parte, es muy posible que pétra también equivalga a kefa', aunque existe la posibilidad de que Cristo hubiera empleado algún otro sinónimo u otra expresión en arameo que haría notar la distinción entre pétra y pétros que se advierte en el relato evangélico en griego. Sin embargo, parece probable que Cristo debe haber tenido el propósito de hacer una diferencia; de lo contrario, Mateo, escribiendo en griego y guiado por el Espíritu Santo, no la hubiera hecho.
Evidentemente pétros, una piedra pequeña, no podría servir de fundamento para ningún edificio. Jesús aquí afirma que únicamente una pétra, o "roca", sería suficiente. Lo que Cristo dijo aquí queda más claro con sus palabras registradas en Mat. 7:24: "Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca [Gr. pétra]". Cualquier edificio construido sobre Pedro, pétros, un débil y falible ser humano, tal como lo presenta claramente el relato evangélico, tiene un fundamento muy poco mejor que las arenas movedizas.
Por su parte, Pedro, a quien fueron dirigidas estas palabras, rechaza enfáticamente, mediante sus enseñanzas, que la roca de la cual habló Cristo se refería al apóstol mismo (Hech. 4: 8-12; 1 Ped. 2: 4-8). Mateo registra el hecho de que Jesús empleó otra vez la misma figura, en circunstancias que indican claramente que él mismo era la roca (Mat. 21: 42; Luc. 20: 17-18). Desde tiempos antiguos, el pueblo hebreo había empleado la figura de la roca para referirse específicamente a Dios (ver com. Deut. 32: 4; Sal. 18: 2; etc.). El profeta Isaías se refirió a Cristo como "gran peñasco en tierra calurosa" (Isa. 32: 2), y como "piedra probada, angular, preciosa". Pablo afirma que Cristo era la Roca que había acompañado a su pueblo por el desierto en la antigüedad (1 Cor. 10: 4; cf. Deut. 32: 4; 2 Sam. 22: 32; Sal. 18: 31). En un sentido secundario, las verdades que Jesús habló son también una roca en la cual los hombres pueden construir con toda seguridad (Mat. 7: 24-25). Por otra parte, Cristo mismo es el "Verbo" hecho "carne" (Juan 1: 1, 14; cf. Mar. 8: 38; Juan 3: 34; 6: 63, 68; 17: 8). (Mayor información sobre el papado ver apéndice)
b. Las llaves del reino de los cielos: “Son las palabras de Cristo. Todas las palabras de la Santa Escritura son suyas y están incluidas en esa frase. Esas palabras tienen poder para abrir y cerrar el cielo. Declaran las condiciones bajo las cuales los hombres son recibidos o rechazados. Así la obra de aquellos que predican la Palabra de Dios tiene sabor de vida para vida o de muerte para muerte. La suya es una misión cargada de resultados eternos. El Salvador no confió la obra del evangelio a Pedro individualmente. En una ocasión ulterior, repitiendo las palabras que fueron dichas a Pedro, las aplicó directamente a la iglesia. Y lo mismo fue dicho en substancia también a los doce como representantes del cuerpo de creyentes. Si Jesús hubiese delegado en uno de los discípulos alguna autoridad especial sobre los demás, no los encontraríamos contendiendo con tanta frecuencia acerca de quién sería el mayor. Se habrían sometido al deseo de su Maestro y habrían honrado a aquel a quien él hubiese elegido” (El Deseado de todas las gentes, pp. 381, 382).
II. Crecimiento eclesial
El crecimiento de la iglesia los llevó a enfrentar algunos desafíos y hacer algunos cambios
a. Priorizarlos objetivos:
Era evidente que un gran crecimiento traería nuevos problemas. Había sido fácil atender las necesidades de la familia apostólica con lo que había en la bolsa que llevaba Judas. Fue más complicado, aunque no imposible, atender al primer grupo de creyentes en Pentecostés. Pero los miembros de la sociedad cristiana ahora habían aumentado de tal modo que el cuidado de los necesitados ocupaba todo el tiempo de los apóstoles, impidiéndoles atender deberes más importantes. La gente murmuraba que las personas eran desatendidas y no fue una queja suave, sino una protesta suficientemente fuerte como para merecer seria preocupación. El registro no culpa de nada a los apóstoles, porque no tenían la menor culpa. El rápido crecimiento de la feligresía había superado los recursos de la iglesia, y había creado un problema. Por ello decidieron compartir el liderazgo distribuyendo las responsabilidades: fue así que nombraron diáconos para seguir priorizando el objetivo principal: Compartir el evangelio. Ellos expresaron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Los doce reconocían que su primera responsabilidad era el ministerio de la Palabra de Dios mediante la predicación y la enseñanza.
b. Nueva estructura organizacional Interna: (Siete varones)
Frente al crecimiento numérico (implosión), buscaron compartir el liderazgo para ello nombraron colaboradores y era razonable que los apóstoles pensaran en el número siete. Entre los judíos se respetaba ese número. En tiempos posteriores eran siete los que estaban encargados de los asuntos públicos de las aldeas judías (Talmud, Megillah 26a). O simplemente puede haber sido porque en ese momento se necesitaban siete personas
En el NT no se llama "diáconos" a estos siete que fueron elegidos, y cuando se los vuelve a mencionar en el cap. 21: 8 son "los siete", como si constituyeran un grupo especial. Sin embargo, con ellos se originó la función de los "diáconos" (HAp 73-74), y es claro que los diáconos descritos por Pablo cumplían con funciones análogas (1 Tim. 3: 8-13). En algunas iglesias, como en Roma, se fijó más tarde en siete el número de diáconos (Eusebio, Historia eclesiástica vi. 43. 11). El concilio de NeoCesarea (año 314 d. C.; canon 14) indicó que debía haber siete diáconos en cada lugar. Muchos comentadores piensan que los siete escogidos aquí corresponden con los "ancianos" que aparecen en Hech. 11: 30; 14: 23, y en adelante. Ver p. 27; HAp 73-74.
c. Nueva estructura organizacional Externa: (Enviaron a…) “De dos en dos”.
Los apóstoles habían quedado en Jerusalén dirigiendo las actividades de la iglesia. El Señor había fijado un límite geográfico para la predicación del mensaje del reino (Mat. 10: 5); pero había eliminado esos límites por medio de la comisión evangélica (explosión), (Mat. 28:19-20) y mediante la instrucción dada en Hech. 1:8. La noticia del éxito de Felipe en Samaria fue para los doce una prueba de que en verdad se habían eliminado esos límites. Había llegado el momento de testificar de Cristo en Samaria. Por decisión de todos los apóstoles, Pedro y Juan fueron enviados en misión a Samaria para ayudar a Felipe. Era lógico que eligieran a estos dos, pues habían sido los más activos en comenzar la obra de la iglesia (Hech. 8:14). Aquí no hay evidencia alguna de la supremacía de Pedro; estaba bajo la dirección del cuerpo apostólico. El y Juan fueron enviados por ese grupo para cumplir esta misión.
Igualmente enviaron a Bernabé y este buscó a Pablo para que fortalecieran la obra en Antioquía y para darle el apoyo y la aprobación de la iglesia de Jerusalén. (Hech. 11:19-26).
d. Nacionalismo Judío en Pedro (Hechos 10):
Hay que observar que el cambio de conceptos de los judíos cristianos fue paulatino, aunque aceptaron a Jesús mantenían sus ritos y preconceptos como prueba de fe, esto trajo mucha aflicción y dolor a la iglesia primitiva, especialmente a los apóstoles.
“Los judíos son extremadamente leales el uno con el otro, y siempre están listos para mostrar compasión; pero para con todo otro pueblo no sienten sino odio y enemistad. Se sientan aparte en las comidas, y duermen aparte”. CBA
Se hacía amplio alarde de tales sentimientos y se manifestaban en las rigurosas formas cada vez que se relacionaban judíos y paganos. Un judío estricto vacilaría en vivir en casa de un gentil. En la Mishnah se lee: "Las moradas de los paganos son inmundas" (Oholoth 18. 7). En un antiguo comentario judío sobre Levítico, aparece un notable ejemplo de contaminación ceremonial por contacto con un gentil. "Se relata que Simeón, hijo de Kimjith salió a hablar con un rey árabe, y un chorrillo de saliva de la boca de éste cayó sobre las vestiduras de aquél y lo contaminó. [Entonces] su hermano Judas entró, y ministró como sumo sacerdote en su lugar" CBA
El apóstol mostró que había aprendido la enseñanza de la visión que Dios le dio. La humanidad había sido redimida por la encarnación, el sacrificio y la ascensión de Cristo, y hasta el pagano más humilde ya no era común o inmundo. Dios estaba dispuesto a recibir a todos los hombres, y por medio de Jesús lo sigue haciendo.
e. Presión Social dominante (Gal. 2:11-14):
Aun los mejores hombres, si actúan por sí mismos, cometerán graves equivocaciones. Mientras mayores responsabilidades se coloquen sobre el agente humano, mientras más encumbrado sea su cargo para determinar y controlar, más males hará con seguridad pervirtiendo mentes y corazones si no sigue cuidadosamente el camino del Señor. Pedro fracasó en Antioquía en los principios de integridad. Pablo tuvo que resistirle frente a frente su influencia destructora. Esto está registrado para bien de otros, y para que la lección pueda ser una advertencia solemne para los hombres que están en cargos elevados, a fin de que no falten contra su integridad, sino se adhieran a los principios E.G.W. (Manuscrito 122, 1897)
Aunque la conducta de Pedro (vers. 11-14) nos parezca extraña, después de lo que le sucedió con Cornelio (Hech. 10: 19 a 11: 18) y especialmente después de la decisión del concilio de Jerusalén (Hech. 15: 7, 22, 29), es evidente que Pablo narra el caso en su debido orden cronológico. Debe recordarse que la decisión del concilio de Jerusalén afectaba únicamente a los creyentes gentiles; no había liberado a los cristianos de origen judío de los requerimientos de la ley ritual. Después de que los judaizantes fueron derrotados en lo que respecta a los creyentes gentiles, naturalmente se negaron a ver en la decisión del concilio lo que tal acuerdo implicaba. Pero Pablo y otros razonaban correctamente que si los gentiles podían ser salvos sin cumplir con la ley ritual, los judíos podían ser salvos del mismo modo. Cuando Pablo estuvo en Jerusalén, aunque judío, no puso objeciones para participar personalmente en ceremonias rituales (cf Hech. 21: 20-27). En lo que tenía que ver con comer alimentos ofrecidos a ídolos (1 Cor. 10: 27-29), no estaba implicado ningún principio moral (1 Cor. 8: 8). La preocupación de Pablo se enfocaba en esta ocasión en los miembros de la iglesia (cf. 1 Cor. 10: 29-33), y la iglesia de Antioquía estaba compuesta principalmente de gentiles (Hech. 11: 19-21). Por lo tanto, Pedro debería haber estado dispuesto a mantenerse Firme en la posición que había adoptado al principio: participar con los gentiles creyentes en un completo compañerismo basado en la reciprocidad.
Es evidente que esta visita de Pedro a Antioquía fue hecha poco después de que terminó el concilio de Jerusalén. Según Hech. 15: 1-2, el debate que tuvo lugar en Antioquía acerca de la circuncisión había causado la inmediata convocación del concilio. Ahora, cuando la cuestión había sido definida en una forma que parecía satisfactoria para todos los implicados, era natural que por lo menos algunos de los dirigentes visitaran a Antioquía. Por lo que se registra de la participación de Pedro en el concilio (Hech. 15: 6-11), especialmente por lo que le sucedió en la casa de Cornelio, era de esperar que en Antioquía hiciera todo lo posible para reconciliar las diferencias de opiniones y ayudar a que se cumplieran las decisiones del concilio.
Esta experiencia prueba claramente la igualdad de Pablo como apóstol, y justifica su argumento de no exigir que los gentiles fueran sometidos a las prácticas legalistas judaicas (vers. 14). Pablo, Bernabé y otros dos habían sido elegidos para llevar la decisión del concilio a Antioquía (Hech. 15: 22-23). Debido a que Pedro había estado en favor de la decisión del concilio y sin duda la había apoyado de corazón, difícilmente se puede decir que hubiera una controversia entre él y Pablo. Estaban de acuerdo, por lo menos en principios generales, y por lo tanto en cuanto a la decisión a que llegó el concilio respecto a la posición de los gentiles dentro de la iglesia cristiana. Esa clara e inequívoca decisión sin duda fue la base del franco reproche de Pablo a Pedro, y lo justificó.
Es posible que los dirigentes eclesiásticos tuvieran ocasión de discutir diversas opiniones sin que se produjeran resentimientos. Es razonable aceptar que el silencio de Pedro reflejó su admisión de haberse equivocado; fue un proceder noble.
f. Admiración del pueblo (egolatría)
La gente al ver la sanación realizada en el cojo acudió a ellos (Pedro y Juan) y los admiraban queriendo llegar al punto de querer adorarlos como más tarde lo haría Cornelio. Pedro sintió la tentación de recibir la gloria, pero esta vez, hizo que la mirada de ellos fuese hacia Jesús.
La filosofía del egoísmo se ha esparcido por todo el ámbito social como un voraz incendio que consume las mejores cualidades de la conducta humana. La nobleza de las personas, demostrada por la preocupación de los demás y el trabajar para el bienestar de los semejantes, prácticamente se ha extinguido en nuestra cultura hoy en día.
La egolatría lleva a una conducta cruel que causa enormes daños. En el área de las relaciones sociales que pueden ser tan hermosas, la persona o área interesada usará a los demás para su propia satisfacción personal. No solamente degrada a la otra persona sino que destruye la integridad del ofensor.
CONCLUSIÓN
“La manera en que el Salvador trató a Pedro contenía una lección para él y sus hermanos. Aunque Pedro había negado a su Señor, el amor que Jesús tenía por él nunca vaciló. Y, al aceptar el apóstol la responsabilidad de ministrar la Palabra a otros, debía reprender al transgresor con paciencia, simpatía y amor perdonador. Al recordar su propia debilidad y fracaso, debía tratar a las ovejas y los corderos encomendados a su cuidado con tanta ternura como Cristo lo había tratado a él” (HAp 425).
El apóstol Pedro pasó por una oscura noche del alma antes, durante y después de la muerte de Jesús. Cuando Jesús resucitó, se le dio otra oportunidad para ser fiel al Señor. Pedro dedicó su vida a esa tarea y condujo a la iglesia de fortaleza en fortaleza en tiempos muy difíciles.
APÉNDICE
El término “Papa” procede del griego “Pappas” o “Papas” y significa “papá” o “padre” y aparece por vez primera en una sepultura de la catacumba de san Calixto hacia el año 296 referida al papa Marcelino; el uso de la palabra quedó restringido como título sólo aplicable al obispo de Roma en 384 y su empleo comenzó a generalizarse en el transcurso de los siglos siguientes.
La palabra "Papa" quiere decir en italiano Padre y por esa razón se le ha llamado así al Obispo de Roma. En la Iglesia, sólo existen tres ministerios: Diácono, Presbítero y Obispo. El Papa es Obispo de la Ciudad de Roma.
Para algunos católicos San Miltiades I o San Milciades I o San Melcíades I o San Melquíades I fue el primer hombre que llevó el apelativo de papa, este ejerció el sumo pontificado desde el 311 hasta el 314. Africano de nacimiento, según el «Liber Pontificalis». Fue el primero que ocupó el palacio de Letrán (basílica de Letrán), obsequio del emperador Constantino.
EN 2.000 AÑOS 265 PERSONAS OCUPARON EL TRONO VATICANO LUEGO DE SAN PEDRO SEGÚN LA IGLESIA CATÓLICA
01. San Pedro I ( 32- 67)
02. San Lino I ( 67- 76)
03. San Anacleto I ( o Cleto ) ( 76- 88)
04. San Clemente I ( 88- 97)
05. San Evaristo I ( 97- 105)
06. San Alejandro I (105- 115)
07. San Sixto I ( o Xystus ) (115-125)
08. San Telesforo I (125-136)
09. San Higinio I (136-140)
10. San Pió I (140-155)
11. San Aniceto I (155-166)
12. San Sotero I (166-175)
13. San Eleuterio I (175-189)
14. Sam Victor I (189-199)
15. San Ceferino I (199- 217)
16. San Calixto I (217- 222)
17. San Urbano I (222- 230)
18. San Ponciano I (230- 235)
19. San Antero I (235- 236)
20. San Fabián I (236- 250)
21. San Cornelio I (251- 253)
22. San Lucio I (253- 254)
23. San Esteban I (254- 257)
24. San Sixto II (257- 258)
25. San Dionisio I (260- 268)
26. San Felix I (269- 274)
27. San Euticio I (275- 283)
28. San Cayo I ( o Gayo ) (283- 296)
29. San Marcellino I (296- 304)
30. San Marcelo I (308- 309)
31. San Eusebio I (309 - 310)
32. San Melquiades I (311- 314)
33. San Silvestre I (314- 335)
34. San Marco I (336 - 336)
35. San Julio I (337- 352)
36. Liberio I (352- 366)
37. San Dámaso I (366- 383)
38. San Siricio I (384- 399)
39. San Anastasio I (399- 401)
40. San Inocente I (401- 417)
41. San Zosimo I (417- 418)
42. San Bonifacio I (418- 422)
43. San Celestino I (422- 432)
44. San Sixto III (432- 440)
45. San León I Magno (440- 461)
46. San Hilario I (461- 468)
47. San Simplicio I (468- 483)
48. San Felix III (483- 492)
49. San Gelasio I (492- 496)
50. Anastasio II (496- 498)
51. San Simaco I (498- 514)
52. San Omisdas I (514- 523)
53. San Juan I (523- 526)
54. San Felix IV (526- 530)
55. Bonifacio II (530- 532)
56. Juan II (533- 535)
57. San Agapito I (535- 536)
58. San Silverio I (536- 537)
59. Vigilio I (537- 555)
60. Pelagio I (556- 561)
61. Juan III (561- 574)
62. Benedicto I (575- 579)
63. Pelagio II (579- 590)
64. San Gregorio I (el Grande) (590-604)
65. Sabinio I (604-606)
66. Bonifacio III (607 -607)
67. San Bonifacio IV (608- 615)
68. Adeodato I (615- 618)
69. Bonifacio V (619- 625)
70. Honorio I (625- 638)
71. Severino I (640 - 640)
72. Juan IV (640- 642)
73. Teodoro I (642- 649)
74. San Martin I (649- 655)
75. San Eugenio I (655- 657)
76. San Vitaliano (657- 672)
77. Adeodato (672- 676)
78. Dono I (676- 678)
79. San Agatón I (678- 681)
80. San León II (682- 683)
81. San Benedicto II (684- 685)
82. Juan V (685- 686)
83. Conono I (686- 687)
84. San Sergio I (687- 701)
85. Juan VI (701- 705)
86. Juan VII (705- 707)
87. Sisinio I (708 - 708)
88. Constantino I (708- 715)
89. San Gregorio II (715- 731)
90. San Gregorio III (731- 741)
91. San Zacarías I (741- 752)
92. Esteban II (752 - 752)
93. Esteban III (752- 757)
94. San Pablo I (757- 767)
95. Esteban IV (767- 772)
96. Adrian I (772- 795)
97. San León III (795- 816)
98. Esteban V (816- 817)
99. San Pascual I (817- 824)
100. Eugenio II (824- 827)
101. Valentino I (827 - 827)
102. Gregorio IV (827- 844)
103. Sergio II (844- 847)
104. San León IV (847- 855)
105. Benedicto III (855- 858)
106. San Nicolas I (el Grande) (858- 867)
107. Adrian II (867- 872)
108. Juan VIII (872- 882)
109. Marino I (882- 884)
110. San Adrian III (884- 885)
111. Esteban VI (885- 891)
112. Formoso (891- 896)
113. Bonifacio VI (896 - 896)
114. Esteban VII (896- 897)
115. Romano I (897 - 897)
116. Teodoro II (897 - 897)
117. Juan IX (898-900)
118. Benedicto IV (900- 903)
119. León V (903 - 903)
120. Sergio III (904- 911)
121. Anastasio III (911- 913)
122. Landon (913- 914)
123. Juan X (914- 928)
124. León VI (928 - 928)
125. Esteban VIII (929- 931)
126. Juan XI (931- 935)
127. León VII (936- 939)
128. Esteban IX (939- 942)
129. Marino II (942- 946)
130. Agapito II (946- 955)
131. Juan XII (955- 963)
132. León VIII (963- 964)
133. Benedicto V (964 - 964)
134. Juan XIII (965- 972)
135. Benedicto VI (973- 974)
136. Benedicto VII (974- 983)
137. Juan XIV (983- 984)
138. Juan XV (985- 996)
139. Gregorio V (996- 999)
140. Silvestre II (999- 1003)
141. Juan XVII (1003 - 1003)
142. Juan XVIII (1003- 1009)
143. Sergio IV (1009- 1012)
144. Benedicto VIII (1012- 1024)
145. Juan XIX (1024- 1032)
146. Benedicto IX (1032- 1045)
147. Silvestre III (1045 - 1045)
148. Benedicto IX (1045 - 1045)
149. Gregorio VI (1045- 1046)
150. Clemente II (1046- 1047)
151. Benedicto IX (1047- 1048)
152. Dámaso II (1048 - 1048)
153. San León IX (1049- 1054)
154. Víctor II (1055- 1057)
155. Esteban X (1057- 1058)
156. Nicolás II (1058- 1061)
157. Alejandro II (1061- 1073)
158. San Gregorio VII (1073- 1085)
159. Beato Víctor III (1086- 1087)
160. Beato Urbano II (1088- 1099)
161. Pascual II (1099-1118)
162. Gelasio II (1118- 1119)
163. Calixto II (1119- 1124)
164. Honorio II (1124- 1130)
165. Inocente II (1130- 1143)
166. Celestino II (1143- 1144)
167. Lucio II (1144- 1145)
168. Beato Eugenio III (1145- 1153)
169. Anastasio IV (1153- 1154)
170. Adrián IV (1154- 1159)
171. Alejandro III (1159- 1181)
172. Lucio III (1181- 1185)
173. Urbano III (1185- 1187)
174. Gregorio VIII (1187 - 1187)
175. Clemente III (1187- 1191)
176. Celestino III (1191- 1198)
177. Inocente III (1198-1216)
178. Honorio III (1216- 1227)
179. Gregorio IX (1227- 1241)
180. Celestino IV (1241 - 1241)
181. Inocente IV (1243- 1254)
182. Alejandro IV (1254- 1261)
183. Urbano IV (1261- 1264)
184. Clemente IV (1265- 1268)
185. Beato Gregorio X (1271- 1276)
186. Beato Inocente V (1276 - 1276)
187. Adrián V (1276 - 1276)
188. Juan XXI (1276- 1277)
189. Nicolás III (1277- 1280)
190. Martín IV (1281- 1285)
191. Honorio IV (1285- 1287)
192. Nicolás IV (1288- 1292)
193. San Celestino V (1294 - 1294)
194. Bonifacio VIII (1294-1303)
195. Beato Benedicto XI (1303- 1304)
196. Clemente V (1305- 1314)
197. Juan XXII (1316- 1334)
198. Benedicto XII (1334- 1342)
199. Clemente VI (1342- 1352)
200. Inocente VI (1352- 1362)
201. Beato Urbano V (1362- 1370)
202. Gregorio XI (1370- 1378)
203. Urbano VI (1378- 1389)
204. Bonifacio IX (1389- 1404)
205. Inocente VII (1406- 1406)
206. Gregorio XII (1406- 1415)
207. Martín V (1417- 1431)
208. Eugenio IV (1431- 1447)
209. Nicolás V (1447- 1455)
210. Calixto III (1455- 1458)
211. Pío II (1458- 1464)
212. Pablo II (1464- 1471)
213. Sixto IV (1471- 1484)
214. Inocente VIII (1484- 1492)
215. Alejandro VI (1492-1503)
216. Pío III (1503 -1503)
217. Julio II (1503- 1513)
218. León X (1513- 1521)
219. Adrián VI (1522- 1523)
220. Clemente VII (1523- 1534)
221. Pablo III (1534- 1549)
222. Julio III (1550- 1555)
223. Marcelo II (1555 - 1555)
224. Pablo IV (1555- 1559)
225. Pío IV (1559- 1565)
226. San Pío V (1566- 1572)
227. Gregorio XIII (1572- 1585)
228. Sixto V (1585- 1590)
229. Urbano VII (1590 - 1590)
230. Gregorio XIV (1590- 1591)
231. Inocente IX (1591 - 1591)
232. Clemente VIII (1592-1605)
233. León XI (1605 - 1605)
234. Pablo V (1605- 1621)
235. Gregorio XV (1621- 1623)
236. Urbano VIII (1623- 1644)
237. Inocente X (1644- 1655)
238. Alejandro VII (1655- 1667)
239. Clemente IX (1667- 1669)
240. Clemente X (1670- 1676)
241. Beato Inocente XI (1676- 1689)
242. Alejandro VIII (1689- 1691)
243. Inocente XII (1691-1700)
244. Clemente XI (1700- 1721)
245. Inocente XIII (1721- 1724)
246. Benedicto XIII (1724- 1730)
247. Clemente XII (1730- 1740)
248. Benedicto XIV (1740- 1758)
249. Clemente XIII (1758- 1769)
250. Clemente XIV (1769- 1774)
251. Pío VI (1775- 1799)
252. Pío VII (1800- 1723)
253. León XII (1823- 1729)
254. Pío VIII (1829- 1830)
255. Gregorio XVI (1831- 1846)
256. Beato Pío IX (1846- 1878)
257. León XIII (1878-1903)
258. San Pío X (1903- 1914)
259. Benedicto XV (1914- 1922)
260. Pío XI (1922- 1939)
261. Pío XII (1939- 1958)
262. Beato Juan XXIII (1958- 1963)
263. Pablo VI (1963- 1978)
264. Juan Pablo I (1978 -1978)
265. Juan Pablo II (1978- 2005)
266- Benedicto XVI (2005- )
Pastor Alfredro Padilla Chávez
Pastor IASD Puente Piedra “A” - Lima, Perú
El Pastor Alfredo Padilla , ha autorizado al Dr. Martínez a publicar en el Centro de Escuela Sabática de Ministerios PM, sus comentarios semanales de la Escuela Sabática
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