CBA Isaias 6

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Comentario Bíblico Adventista

Libro de Isaías

Introducción  1  2  3  4  5  6  7  8  9  10  11  12  13  14  15  16  17  18  19  20  21  22  23  24  25  26  27  28  29  30  31  32  33  34  35  36  37  38  39  40  41  42  43  44  45  46  47  48  49  50  51  52  53  54  55  56  57  58  59  60  61  62  63  64  65  66


Capítulo 6

Bosquejo

 


Biblias Paralelas

Cortesía de Ministerios PM

El Comentario Bíblico Adventista está basado en la versión Reina – Valera (revisión de 1960)

_________________

 

 

 

Vs.

Reina Valera 1960 (RVR60)

Reina Valera 1995 (RVR1995)

Nueva Versión Internacional (NVI)

Dios Habla Hoy (DHH)

La Biblia de Jerusalén (BJ)

La Biblia de las Américas (LBA)

1

En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime

El año en que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el Templo.

El año de la muerte del rey Uzías, vi al Señor excelso y sublime, sentado en un trono; las orlas de su manto llenaban el templo.

El año en que murió el rey Ozías, vi al Señor sentado en un trono muy alto; el borde de su manto llenaba el templo.

El año de la muerte del rey Ozías vi al Señor sentado en un trono excelso y elevado, y sus haldas llenaban el templo.

1En el año de la muerte del rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y la orla de su manto llenaba el templo.

2

Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban.

Por encima de él había serafines. Cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban.

Por encima de él había serafines, cada uno de los cuales tenía seis alas: con dos de ellas se cubrían el rostro, con dos se cubrían los pies, y con dos volaban.

Unos seres como de fuego estaban por encima de él. Cada uno tenía seis alas. Con dos alas se cubrían la cara, con otras dos se cubrían la parte inferior del cuerpo y con las otras dos volaban.

Unos serafines se mantenían erguidos por encima de él; cada uno tenía seis alas: con un par se cubrían la faz, con otro par se cubrían los pies, y con el otro par aleteaban,

2Por encima de El había serafines cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban.

3

Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, Santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria

Y el uno al otro daba voces diciendo: «¡Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos! ¡Toda la tierra está llena de su gloria!».

Y se decían el uno al otro: "Santo, santo, santo es el Señor Todopoderoso; toda la tierra está llena de su gloria"

Y se decían el uno al otro: “Santo, santo, santo es el Señor todopoderoso; toda la tierra está llena de su gloria”

Y se gritaban el uno al otro: «Santo, santo, santo, Yahveh Sebaot: llena está toda la tierra de su gloria.».

3Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, Santo, Santo, es el SEÑOR de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria.

4

Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.

Los quicios de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la Casa se llenó de humo.

Al sonido de sus voces, se estremecieron los umbrales de las puertas y el templo se llenó de humo.

Al resonar esta voz, las puertas del templo temblaron, y el templo mismo se llenó de humo.

Se conmovieron los quicios y los dinteles a la voz de los que clamaban, y la Casa se llenó de humo.

4Y se estremecieron los cimientos de los umbrales a la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.

5

Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labis inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.

Entonces dije: «¡Ay de mí que soy muerto!, porque siendo hombre inmundo de labios y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos».

Entonces grité: "¡Ay de mí, que estoy perdido! Soy un hombre de labios impuros y vivo en medio de un pueblo de labios blasfemos, ¡y no obstante mis ojos han visto al Rey, al Señor Todopoderoso!"

Y pensé: “¡Ay de mí, voy a morir! He visto con mis ojos al Rey, al Señor todopoderoso; yo, que soy un hombre de labios impuros y vivo en medio de un pueblo de labios impuros”

Y dije: «¡Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros, y entre un pueblo de labios impuros habito: que al rey Yahveh Sebaot han visto mis ojos!»

5Entonces dije: ¡Ay de mí! Porque perdido estoy, pues soy hombre de labios inmundos y en medio de un pueblo de labios inmundos habito, porque han visto mis ojos al Rey, el SEÑOR de los ejércitos.

6

Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas

Y voló hacia mí uno de los serafines, trayendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas.

En ese momento voló hacia mí uno de los serafines. Traía en la mano una brasa que, con unas tenazas, había tomado del altar.

En ese momento uno de aquellos seres como de fuego voló hacia mí. Con unas tenazas sostenía una brasa que había tomado de encima del altar,

Entonces voló hacia mí uno de los serafines con una brasa en la mano, que con las tenazas había tomado de sobre el altar,

6Entonces voló hacia mí uno de los serafines con un carbón encendido en su mano, que había tomado del altar con las tenazas

7

y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa y limpio tu pecado

Tocando con él sobre mi boca, dijo: —He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa y limpio tu pecado.

Con ella me tocó los labios y me dijo: "Mira, esto ha tocado tus labios; tu maldad ha sido borrada, y tu pecado, perdonado."

y tocándome con ella la boca, me dijo: “Mira, esta brasa ha tocado tus labios. Tu maldad te ha sido quitada, tus culpas te han sido perdonadas.”

y tocó mi boca y dijo: «He aquí que esto ha tocado tus labios: se ha retirado tu culpa, tu pecado está expiado»

7y con él tocó mi boca, y dijo: He aquí, esto ha tocado tus labios, y es quitada tu iniquidad y perdonado tu pecado.

8

Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mi.

Después oí la voz del Señor, que decía: —¿A quién enviaré y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: —Heme aquí, envíame a mí.

Entonces oí la voz del Señor que decía: ¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros? Y respondí: Aquí estoy. ¡Envíame a mí!

Entonces oí la voz del Señor, que decía: “¿A quién voy a enviar? ¿Quién será nuestro mensajero?” Yo respondí: “Aquí estoy yo, envíame a mí”

Y percibí la voz del Señor que decía: «¿A quién enviaré? ¿y quién irá de parte nuestra»?  Dije: «Heme aquí: envíame»

8Y oí la voz del Señor que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí: Heme aquí envíame a mí.

9

Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis

Y dijo: —Anda, y dile a este pueblo: “Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, pero no comprendáis”.

Él dijo: Ve y dile a este pueblo: "Oigan bien, pero no entiendan; miren bien, pero no perciban.

Y él me dijo: “Anda y dile a este pueblo lo siguiente: ‘Por más que escuchen, no entenderán; por más que miren, no comprenderán’

Dijo: «Ve y di a ese pueblo: "Escuchad bien, pero no entendáis, ved bien, pero no comprendáis."

9Y El dijo: Ve, y di a este pueblo: "Escuchad bien, pero no entendáis; mirad bien, pero no comprendáis."

10

Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.

Embota el corazón de este pueblo, endurece sus oídos y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos ni oiga con sus oídos ni su corazón entienda, ni se convierta y haya para él sanidad.

Haz insensible el corazón de este pueblo; embota sus oídos y cierra sus ojos, no sea que vea con sus ojos, oiga con sus oídos, y entienda con su corazón, y se convierta y sea sanado.

Entorpece la mente de este pueblo; tápales los oídos y cúbreles los ojos para que no puedan ver ni oir, ni puedan entender, para que no se vuelvan a mí y yo no los sane”

Engorda el corazón de ese pueblo hazle duro de oídos, y pégale los ojos, no sea que vea con sus ojos. y oiga con sus oídos, y entienda con su corazón, y se convierta y se le cure»

10Haz insensible el corazón de este pueblo, endurece sus oídos, y nubla sus ojos, no sea que vea con sus ojos, y oiga con sus oídos, y entienda con su corazón, y se arrepienta y sea curado.

11

 

Y yo dije: ¿Hasta cuándo, Señor? Y respondió él: Hasta que las ciudades están asoladas y sin morador, y no haya hombre en las casas, y la tierra esté hecha un desierto;

Yo dije:—¿Hasta cuándo, Señor? Y respondió él: —Hasta que las ciudades estén asoladas y sin morador, no haya hombre en las casas, y la tierra esté hecha un desierto;

Entonces exclamé: ¿Hasta cuándo, Señor? Y él respondió: Hasta que las ciudades queden destruidas y sin habitante alguno; hasta que las casas queden deshabitadas, y los campos, asolados y en ruinas;

Yo le pregunté: “¿Cuánto tiempo durará esto, Señor?” Y él me contestó: “Hasta que las ciudades queden destruidas y sin ningún habitante; hasta que las casas queden sin gente, y los campos desiertos,

Yo dije: «¿Hasta dónde, Señor?» Dijo: «Hasta que se vacíen las ciudades y queden sin  habitantes, las casas sin hombres, la campiña desolada,

11Entonces dije yo: ¿Hasta cuándo, Señor? Y El respondió: Hasta que las ciudades estén destruidas y sin habitantes, las casas sin gente, y la tierra completamente desolada

 

12

 

hasta que Jehová haya echado lejos a los hombres, y multiplicado los lugares abandonades en medio de la tierra.

hasta que Jehová haya echado lejos a los hombres y multiplicado los lugares abandonados en medio del país.

hasta que el Señor haya enviado lejos a todo el pueblo, y el país quede en total abandono.

y el Señor haga salir desterrada a la gente, y el país quede completamente vacío.

y haya alejado Yahveh a las gentes, y cunda el abandono dentro del país.

12 hasta que el SEÑOR haya alejado a los hombres, y sean muchos los lugares abandonados en medio de la tierra.

13

Y si quedare aún en ella la décima parte, ésta volverá a ser destruida; pero como el roble y la encina, que al ser cortados aún queda el tronco, así será el tronco, la simiente santa.

Y si queda aún en ella la décima parte, esta volverá a ser destruida; pero como el roble y la encina, que al ser cortados aún queda el tronco, así será el tronco, la simiente santa.

Y si aún queda en la tierra una décima parte, ésta volverá a ser devastada. Pero así como al talar la encina y el roble queda parte del tronco, esa parte es la simiente santa"

Y si aún queda una décima parte del pueblo, también será destruida, como cuando se corta un roble o una encina y solo queda el tronco” (Pero de ese tronco saldrá un retoño sagrado).

Aun el décimo que quede en él volverá a ser devastado como la encina o el roble, en cuya tala queda un tocón: semilla santa será su tocón»

13Pero aún quedará una décima parte en ella, y ésta volverá a ser consumida como el roble o la encina, cuyo tronco permanece cuando es cortado: la simiente santa será su tronco.

 

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Sociedades Bíblicas Unidas

© 1995

Sociedades Bíblicas Unidas

© 1973, 1978, 1994

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Sociedades Bíblicas Unidas

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Comentarios

 


Versículo 1.

·          En el año.

o         Probablemente el año 7401/739 a.C. Evidentemente esta fecha es importante. En el año final del largo reinado de Uzías (52 años), el Señor concedió al joven Isaías una visión que confirmaba su vocación para que ejerciera la misión profética, y le dio un mensaje de reprensión para Israel (PR 226-228; 2JT 348-349). Era un tiempo de peligro y crisis. El gran rey asirio Tiglat-pileser III había ascendido al trono en 745, y casi inmediatamente comenzó una serie de campañas que culminaron con la conquista de buena parte del Asia Occidental (ver p. 130). En 745 luchó contra Babilonia; en 744 invadió el territorio al noreste de Asiria, y entre 743 y 738 realizó campañas anuales contra el noroeste. En sus anales, Tiglat-pileser menciona con frecuencia a Azriau de Iauda, al que generalmente se identifica con Azarías (Uzías) de Judá, quien sin duda era el caudillo de la resistencia contra la agresión asiria en los países de la región mediterránea del Asia. También se menciona a Manahem de Israel. Uzías murió mientras Tiglat-pileser dirigía sus campañas contra los reyes occidentales. El que se había opuesto tan decididamente a Asiria, había muerto. ¿Cuál se ría la suerte de Judá? ¿Todo el mundo caería presa de las armas asirias? Por causa de sus pecados, el profeso pueblo de Dios había perdido la protección divina. El poderío asirio parecía invencible, y aparentemente antes de mucho Judá sería vencido, y Asiria dominaría al mundo.

·          Señor sentado sobre un trono.

o         Esta manifestación de la gloria divina acaeció en una de las visitas de Isaías a los sagrados recintos del templo (PR 228). Dios tenía el propósito de que Isaías pudiera captar una visión más amplia que la que le proporcionaba su ambiente. Dios deseaba hacerle saber que, a pesar del poderío de Asiría, él seguía siendo    supremo en su trono, y que bajo su dominio estaban todos los asuntos terrenales. A Moisés se le concedió una visión similar de Dios (Exo. 24:10). Más de cien años antes del tiempo de Isaías, el profeta Micaías había visto a Jehová sentado en su trono, rodeado de los ejércitos del cielo (1 Reyes 22:19). Anteriormente, durante el reinado de Uzías, Amós también vio al Señor, "que estaba sobre el altar" (Amós 9:1). Más tarde, durante el cautiverio babilónico, tanto Daniel (Daniel 7:9) como Ezequiel (Ezequiel 1:1; 10:1-5) vieron visiones del Señor en su trono. También Juan, en la isla de Patmos, vio algo similar (Apocalipsis 4:1-6). Cuando los peligros asedian al pueblo de Dios, y las potestades de las tinieblas parecen estar a punto de prevalecer,  Dios invita a con templarlo sentado en su trono, dirigiendo los asuntos del cielo y la tierra, a fin de que los suyos se reanimen y tengan esperanza (Ed 169).

·          Sus faldas llenaban el templo.

o         En el momento cuando se le, concedió esta visión, Isaías estaba orando en el atrio del templo (PR 228). Las puertas del templo parecieron abrirse ante él, y en el lugar santísimo vio a Dios mismo sentado en su trono. La palabra hebrea hekal, comúnmente empleada para referirse al templo, designa a ese lugar como "templo" o "palacio" del gran Rey del cielo (cf. Salmo 11:4; 29:9; Hab. 2:20). Las "faldas" son la vestimenta de la infinita gloria de Dios. Juan (capítulo 12:41) aplica esta visión a Cristo.


 

Versículo 2.

·          Serafínes.

o         Hebreo sérafim, que significa literalmente, "los que queman" o "los que arden".

·          Seis alas.

o         Compárese con Apocalipsis 4:8, donde los seres vivientes que Juan vio en derredor del trono también tenían seis alas. Sin embargo, los seres vivientes vistos por Ezequiel, sólo tenían cuatro alas (Ezequiel 1:6). Isaías vio que estos ángeles con dos alas se cubrían el rostro, en actitud de homenaje y reverencia delante de Dios, con dos alas se cubrían los pies, y con dos volaban. Ezequiel vio (que los seres vivientes con dos alas se cubrían el cuerpo, mientras extendían las otras dos hacia arriba (Ezequiel 1:11).


 

Versículo 3.

·          Santo, santo, santo.

o         Los ángeles que rodean el trono de Dios sienten profundamente el principal atributo divino: la perfecta santidad de carácter. Los seres vivientes que Juan vio en torno del trono también clamaban:"Santo, santo, santo es el Señor Dios Todo poderoso" (Apocalipsis 4:8). Dios procuraba impresionar en la mente de Isaías el concepto de su santidad, a fin de que el profeta siempre colocara ante su pueblo este atributo del carácter divino, para que pudiera sentirse estimulado a apartarse de sus pecados y aspirara a la santidad. En el rollo 1QIsª de los Manuscritos del Mar Muerto (t. I, p. 35; t. IV, p. 128) se omite la palabra "diciendo", y sólo aparece dos veces la palabra "santo".

·          Llena de su gloria.

o         Cf. capítulo 40:5. La percepción de la gloria y de la santidad de Dios induce a los hombres a humillarse ante él. En un tiempo cuando las tinieblas cubrían la tierra y oscuridad las naciones (capítulo 60:2), Isaías esperaba la hora cuando la gloria de Dios cubriría toda la tierra.


 

Versículo 4.

·          Los quiciales de las puertas.

o         Literalmente, "los umbrales", es decir la piedra horizontal en la cual estaban los orificios dentro de los cuales giraban los pivotes de las puertas. Los cimientos mismos del templo parecían estremecerse ante la voz de Dios.

·          Humo.

o         Como de incienso, que reflejaba la luminosa gloria de Dios. Cf. Éxodo 19:18, donde se describe al monte Sinaí como cubierto de humo y temblando "en gran manera", y Apocalipsis 15:8, donde el templo aparece lleno de humo a causa de la gloria de Dios.


 

Versículo 5.

·          ¡Ay de mí!

o         Isaías había pronunciado ayes sobre los pecadores del pueblo de Dios (capítulo 5:8-30). Ahora, lleno de pavor, al  encontrarse en la presencia de un Dios santo, siente profundamente las imperfecciones de su propio carácter. Pasaremos por la misma experiencia en la medida en que nos acerquemos a Dios.

·          Han visto mis ojos.

o         Esta visión de la santidad y gloria de Dios proporcionó a Isaías una idea de la pecaminosidad e insignificancia del hombre. Al contemplar a Dios y luego mirarse a sí mismo, comprendió que él no era nada en comparación con el Eterno. En la presencia del "Santo de Israel" (capítulo 5:24) vio su culpabilidad. Moisés ocultó su rostro cuando entró en la presencia de Dios (Éxodo 3:6), y Job se aborreció a sí mismo y se arrepintió en polvo y ceniza (Job 42:6).


 

Versículo 6.

·          Del altar.

o         El dorado altar del incienso (ver Comentario Éxodo 30:1-5), el cual era, en esencia, un altar de intercesión (ver Comentario Éxodo 30:6-8). Juan vio que las plegarias de los corazones de los pecadores arrepentidos eran presentadas con incienso ante el trono de la gracia (Apocalipsis 8:3-4).


 

Versículo 7.

·          Tocó tus labios.

o         El carbón encendido del altar representaba el poder refinador y purificador de la gracia divina. También significaba una transformación del carácter. Desde ese momento, el único gran deseo de Isaías para su pueblo fue que ellos también pudieran experimentar la misma obra de purificación y transformación. Nuestra mayor necesidad hoy es que nuestros labios sean tocados con el santo fuego del altar de Dios.


 

Versículo 8.

·          Envíame.

o         La respuesta de Isaías fue inmediata. Como Pablo, Isaías tenía un gran deseo: que Israel pudiera ser salvo (cf. Romanos 10:1). Sabía que el castigo pronto caería sobre el pueblo culpable, y anhelaba que los israelitas abandonaran sus pecados. A partir de entonces, la única tarea de Isaías sería la de llevar el mensaje divino de amonestación y esperanza a Israel, a fin de que pudiera captar la visión del amor y de la santidad de Dios para ser salvo.


 

Versículo 9.

·          Oíd bien.

o         Como muchos otros profetas, Isaías se enfrentaba a una tarea difícil. Dios le advirtió que el mensaje del cual era portador, en buena medida sería desoído; que a pesar de todo lo que él pudiera hacer, el pueblo continuaría andando en sus malos caminos. Su triste destino sería un aparente fracaso, pero sin duda no mayor del que se manifestó en el ministerio de Jesús (Mateo 13:14-15; 15; Juan 12:37-41) y el de Pablo (Hechos 28:26-27). Repetidas veces se citan estas palabras aplicándolas a los tiempos del NT.  Sin embargo, a Isaías se le había asegurado que su obra no sería totalmente en vano, porque Dios le reveló que un remanente sería salvado (capítulo 1:9; 6:13; 10:21 ). Por otra parte, Pablo comprendió que en su tiempo los judíos ya habían hecho su decisión final y habían dejado de ser el pueblo de Dios (Hechos 28:26-28; Romanos 9-11).


Versículo 10.

·          Engruesa el corazón.

o         "Haz torpe el corazón" (BJ). La percepción espiritual de Israel sería tan torpe, que no harían caso ni siquiera de los mensajes más conmovedores que el cielo pudiera enviar. La situación sería similar a la de Faraón cuando endureció su corazón, y rehusó cumplir con el mensaje de Dios presentado por medio de Moisés (ver Comentario Éxodo 4:21). En los días de Isaías no fue Dios quien cegó los ojos del pueblo o entorpeció su corazón. Ellos mismos provocaron esa situación por haber rechazado las advertencias que Dios les enviaba. Con cada rechazo de la verdad, el corazón se endurece más, y la percepción espiritual se embota más, hasta que al final es completamente imposible percibir las cosas espirituales. Dios no se deleita con la muerte de los impíos, y hace todo lo posible para apartarlos de sus malos caminos, a fin de que puedan vivir y no morir (Ezequiel 18:23-32; 33:11; 1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9).


 

Versículo 11.

·          ¿Hasta cuándo, Señor?

o         Isaías afrontaba una lúgubre perspectiva. Le resultaba difícil creer que la situación que Dios le describía pudiera perdurar. Después de algún tiempo el pueblo seguramente volvería en sí, y aceptaría el mensaje divino de salvación y liberación. De aquí su pregunta.

·          Hasta que las ciudades.

o         La triste respuesta que Isaías recibió de Dios fue que la situación prevalecería hasta que Judá se hubiera destruido a sí misma. No había esperanza de arrepentimiento; ni tampoco de supervivencia. Se salvaría un remanente, y por amor de ese grupo fiel, Isaías tenía que proclamar su mensaje de salvación. Pero la nación como conjunto rehusaría apartarse de sus malos caminos, y a la larga, ese rechazo provocaría una ruina total e irreparable. Las ciudades quedarían deshabitadas y la tierra completamente abandonada y desolada. El pecado no produce felicidad sino desdicha; no causa prosperidad sino ruina; no lleva a la vida sino a la muerte. Esta es la gran lección que los portavoces de Dios han presentado al mundo vez tras vez (Lev. 26:31-33; Isa. 1:20; 5:9; 14:17, 20; Jer. 4:7, 20, 23-27; 7:34; 9:11; 26:6, 18; Miq. 3:12; etc.).


 

Versículo 12.

·          Haya echado lejos.

o         Se refiere al cautiverio venidero. Primero, mediante Asiria, en los días de Isaías; después, un siglo más tarde, por medio de Babilonia, el pueblo sería llevado a países extraños. Esto había sido predicho por Moisés, en forma condicional, antes de que Israel hubiera entrado en la tierra prometida (Lev. 26:33; Deut. 4:26-28; 28:64).

·          Lugares abandonados.

o         Esa tierra que Dios había querido que floreciera como una rosa sería desolada y abandonada por sus habitantes. En vez de prosperidad, habría ruina.


 

Versículo 13.

·          La décima parte.

o         Puesto que algunos detalles del hebreo del versículo 13 no son muy claros, es difícil traducir e interpretar correctamente este pasaje. La traducción literal es la siguiente:"Y todavía en ella [en la tierra; versículo 12] una décima parte y ella [ la tierra o la décima parte] volverá y será para quemar como terebinto o como encina que al cortar [queda] tronco en ella [en la tierra, en la décima parte, o según algunas versiones en ellos, es decir en el terebinto y la encina] semilla santa el tronco de ella". El sentido básico del versículo es claro. En los versículos 11-12 se describe la desolación de Judá a causa del cautiverio babilónico. Aunque la tierra quedara totalmente desolada, esto no significaría el fin de Israel como nación (Jeremías 4:27; 5:10, 18; 30:11; 46:28). Se levantaría otra vez. El cuadro desalentador de un pueblo que persistía en su perversidad, ciego y sordo a los mensajes que Isaías había de presentarle hasta que fuera arrastrado al cautiverio, se mezcla aquí con la promesa de que la tierra no quedaría totalmente abandonada para siempre, y que el propósito que Dios había tenido para con su pueblo se cumpliría (PR 229-230).  Compárese esto con el nombre del primogénito de Isaías, Sear-jasub, que significa literalmente "un remanente volverá". La idea de que un "remanente" volvería aparece vez tras vez en todo el libro (capítulo 4:2-3; 10:21; etc.). No debe asignársela ningún significado especial al hecho de que lo que quedaría sería una "décima parte" del original. En la Biblia se habla del número diez como de un número pequeño, a veces indefinido. Por ello, la décima parte sería un número pequeño.

·          Como el roble.

o         Las palabras hebreas que se traducen como "roble" y "encina" se refieren a cualquier árbol grande, aunque también pueden significar los árboles relacionados con el culto. También se ha pensado que el "roble" sería más bien el "terebinto", árbol del cual se extrae la trementina.  Aunque no quedara de ese árbol más que un tocón, brotaría un nuevo árbol. Por lo tanto, el mensaje era de estímulo y esperanza. La misión de Isaías no habría de ser del todo vana. Al final se salvaría un remanente.

·          Simiente santa.

o         La última parte de este versículo dice así en la BJ:"En cuya tala queda un tocón: semilla santa será su tocón". En ese tronco subsistiría vida, y ésta finalmente brotaría otra vez y llegaría a ser un nuevo árbol. En el AT se emplea repetidas veces la figura del árbol para representar al pueblo de Dios (Isaías 65:22; Jeremías 17:8; cf. Daniel 4:14, 23). De esa "simiente santa" se levantaría un nuevo y glorioso Israel.


 

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

 

 


 

 

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