Pr Israel Leito

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La sabiduría de sus enseñanzas

Semana 18

Del 27 al 2 de Mayo del 2008


 

 

Martes 29 de Abril.  Diplomacia del cielo

  • A la iglesia de Dios que está en Corintio, a los santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos, con todos los que en todo lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. 1 Corintios 1: 2.

El apóstol Pablo da un ejemplo magnífico de cómo tratarnos entre hermanos. Los problemas en Corintio eran muchos, pero Pablo no entra a insultar o a regañar, sino que comienza apelando a lo que es la iglesia. Con todos los desafíos que había en la congregación de Corintio, los hermanos no dejaban de ser “los santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos”.

No era la iglesia de Pedro, ni de Apolos ni de Pablo. Debemos entender que nadie cuenta con la autoridad de imponer su voluntad sobre el pueblo de Dios. La expresión “santificados en Cristo” introduce una doctrina muy importante, y Pablo habla de esto para hacernos entender la realidad de una sana relación con nuestro Salvador.

La santificación no quiere decir que no cometan pecado. La santificación es vivir una vida en medio de pecado, pero sin las obras del pecado; es vivir una vida dedicada al Señor, en la que la voluntad de Dios es lo más importante. Santificación significa ser apartado por el Señor, como propiedad de él, para su propio uso.

Las cuatro dimensiones de la santificación bíblica son: (1) La atribución de santidad conferida por la gracia de Cristo, gracias a la cual ya no estamos condenados en nuestros pecados, sino perdonados y aceptados por Dios por medio de la sangre de nuestro Señor Jesucristo. (2) Desde ese instante, Dios ya no nos ve como perdidos, sino como hijos suyos por haber aceptado a Jesús. “Pero a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio derecho de ser hechos hijos de Dios, los cuales nacieron no de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1: 12, 13).  (3) Sigue el proceso de crecimiento diario que nos hace mejores cristianos, aumentando en la gracia cada día. (4) El paso último de la santificación es llegar a la semejanza de Cristo. Equivale a la glorificación, cuando estemos por siempre con el Señor.

Nada ni nadie debe arrancarnos de las manos del Señor. Pagó un precio por nosotros y por él estaremos ante el Padre. Que hoy sea un día de victoria para cada uno de nosotros, y que crezcamos hacia la semejanza de nuestro Señor.

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1 Reyes 7:1-8:66;  1 Corintios 1:1-31

 

Miércoles 30 de Abril.  De Cristo sois

  • Y vosotros sois de Cristo, y Cristo de Dios. 1 Corintios 3: 23.

Somos de Cristo. Lo somos por una donación, porque el Padre nos ha donado al Hijo. Somos de él por el precio sangriento que pagó por nuestra salvación. Pagó mucho más de lo que valíamos, porque, pecadores perdidos como éramos, no valíamos nada. Por su sangre nos dio valor, porque en nuestro estado de perdición él sintió tan gran estima por nosotros que pagó el precio máximo para lograr nuestra salvación. Por lo tanto, somos de él por la redención; somos de él por la dedicación, pues nos hemos consagrados a él; somos de él por la relación que mantenemos con él. Llevamos su nombre y ¡qué mejor relación hay que esa! Somos sus hijos, sus hermanos, su propiedad, coherederos con él.

Con una relación tan estrecha, debemos vivir de tal manera que el mundo sepa que somos el siervo, el amigo, la novia de Cristo. Cuando vengan las tentaciones debemos responder: “No puedo hacer este gran mal, porque soy de Cristo”. Son principios inmortales que impiden que los amigos de Cristo pequen. Son principios que el hombre no logra entender,  pero que hacen que el hermano de Cristo no lo crucifique de nuevo y que impulsan a la novia de Cristo a no traicionar a su Señor y Dios.

Cuando surjan tentaciones de riquezas mal habidas, diga el hijo de Cristo: “No, no quiero. No lo puedo tocar porque soy de Cristo”. Cuando el enemigo atenta contra los principios morales que heredaste de Cristo como parte de la herencia recibida de él, debes decir: “Si el Señor estuviera aquí, no lo haría; por lo tanto, tampoco lo hago yo”. Es Cristo quien nos da la fuerza para resistir el mal y el pecado, porque nos compró por precio. Al estar expuestos al peligro del olvido, hay que recordar siempre que él ha prometido estar con nosotros, como un hermano mayor cuidando a su hermano pequeño en las peores condiciones. No hay por qué flaquear, porque nadie sino los hijos de Dios tienen tantos recursos a su disposición para triunfar.

Cuando en derredor nuestro vemos a otros sentados sin hacer nada, levantémonos y pongamos manos a la obra, pues somos colaboradores del Señor. El está haciendo el trabajo, y todo lo que nos pide es que estemos dispuestos y disponibles para ser usados. Podemos estar seguros de las bendiciones que nos acompañarán para representarle siempre dignamente, pues somos de Cristo.

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1 Reyes 9:1–10:29; 1 Corintios 2:1-3:23

 

Jueves 01 de Abril.  No todo lo que hay en la Biblia

  • Tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas. Y sus mujeres hicieron que se desviara su corazón. 1 Reyes 11: 3.

El relato bíblico está repleto de bondades y bendiciones. Dios siempre se ha gozado en mostrar a sus hijos lo bueno que es. En cambio, son pocos los casos en la Biblia donde el hombre muestre su lealtad a Dios. Constantemente se describen las debilidades, los pecados, las desobediencias y hasta la pura maldad de los hombres.

No todo lo que se revela en la Biblia es ejemplo para que lo sigamos, porque mucho de lo revelado, especialmente de los hechos de los hombres, es para enseñarnos que no hacer. Que Salomón tuviera tantas mujeres no es un ejemplo ni una justificación para hacer lo mismo. No solo se excedió con tantas mujeres, sino que algunas eran extranjeras. No era que Dios odiara a las extranjeras, porque también por ellas había de morir Cristo. La cuestión era que tales matrimonios harían que Salomón se desviase y anduviese tras las religiones de sus mujeres.

El sabio Salomón llegó a una situación en la que su sabiduría no le sirvió de nada. De ser capaz de emitir juicios justos y definir el engaño, pasó a ser un anciano al que sus mujeres llevaban arrastrado a los templos de sus dioses. La sabiduría que era el resultado del temor de Jehová ya no se encontraba en él.

Salomón transgredió la ley no solo en lo referente a las mujeres, sino también en su acopio de riquezas y caballos (Deu. 17: 16-17). ¿Cómo puede ser que un hombre con tanto conocimiento, con capacidad de razonar de causa a efecto, que había tenido por lo menos dos encuentros extremadamente significativos con Dios, cayera en tan profunda idolatría en su vejez? La respuesta es que se había alejado del Señor glorificándose en su sabiduría. Las cosas que el Señor le había confiado fueron usadas para gloria propia y el Dios del cielo dejó de ser la meditación proferente de Salomón. No hay nada que garantice la victoria sobre el mal, salvo caminar constantemente con Dios. Cuando el hombre se cree bueno es señal que su caída ha comenzado. La historia de Salomón se repite todos los días en la vida de muchos que se creen fuertes y firmes. A la larga abandonan a Dios por confiar en sí mismos y no vivir pendientes del Señor.

Que hoy sea un día de victoria para cada hijo de Dios, porque el que hoy se descuida puede llegar a ser el pecador lleno de vicios en el futuro.

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1 Reyes 11: 1–43; 1 Corintios 4:1–5:13

 

Viernes 02 De Abril.  ¿No hay entre vosotros ni un solo sabio?

  • Para avergonzaros lo digo. Pues, ¿qué? ¿No hay entre vosotros ni un solo sabio que pueda juzgar entre sus hermanos? 1 Corintios 6: 5.

La pregunta retórica de Pablo no se debe tomar a la ligera. Dios espera que su pueblo sea un pueblo sabio. No solamente en el conocimiento de las ciencias y las letras, sino en el diario vivir. Tal sabiduría no proviene de la acumulación de información, sino de saber vivir la vida y vivirla de acuerdo a la voluntad de Dios.

La razón por la cual algunos acuden a los tribunales es porque no confían en la sabiduría de los hermanos para dirimir dificultades con justicia. ¿Qué pasaría si fuésemos llamados a decidir asuntos de querellas entre hermanos? En primer lugar, no debiera haber querellas entre hermanos. Si todos viviéramos con la humildad que el Señor requiere de sus hijos, entonces las cosas que puedan llegar a ser disputas se resuelven antes de llegar a un punto de ebullición. Si hay que llevar un caso ante un juez es porque los hermanos no han sido sabios para atender el asunto. Algunos de las cosas que demuestran falta de sabiduría son. (1) Instigar el mal. En vez de asociarse con personas pacificadoras, algunos se asocian con personas belicosas que echan más leña al fuego. (2) La parcialidad y tomar partido, aunque no se haga públicamente. (3) No buscar la reconciliación.

La falta de sabiduría entre el pueblo de Dios para atender los asuntos de diferencias de opiniones es una falta grave. ¡Qué bonito sería que, en vez de ahondar en una situación desagradable, hubiese sabios pacificadores entre el pueblo de Dios! “Bienaventurados los que hacen la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.  (Mat. 5: 9).

Cada día se nos presentan oportunidades para demostrar nuestra sabiduría para así ayudar a los hijos de Dios en su lucha contra las tendencias naturales, para ayudar a otros a conocer la humildad de Jehová, que, pese a la maldad y el pecado, es el primero en perdonar, buscar la reconciliación y traer paz. La sabiduría que proviene del cielo nos enseña a aportar paz, armonía y buena voluntad. Dios nos da ejemplo en esto, y espera que sus hijos demuestren una actitud sabia que promueva la paz, no más disensión y pleitos. Que seamos ese sabio que pueda juzgar entre los hermanos y promover la paz y la armonía que Dios quiere ver entre sus hijos.

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1 Reyes 12: 1 – 13: 34;  1 Corintios 6:1–7:40

 

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