Pr Israel Leito

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La sabiduría de sus enseñanzas

Semana 17

Del 20 al 26 de Abril del 2008


 

 

Domingo 20 de abril.  La única garantía

  • "Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa." 2 Samuel 11:2

La tentación es algo que no se puede tratar descuidadamente. Sin la gracia de Cristo, no hay quien pueda resistir y triunfar sobre la tentación. Somos más vulnerables cuando nos sentimos seguros de nosotros mismos.

En la oración modelo, Jesús nos enseñó a orar pidiendo la intervención divina en momentos de tentación. Es interesante ver cómo lo ponen las distintas traducciones. En inglés y holandés dice "No nos guíes a la tentación"; el Papiamento, como el español, pone "No nos dejes caer en la tentación"; en francés dice "No nos induzcas a la tentación".

Está claro que la relación de Dios y sus hijos en momentos de tentación es una relación de apoyo. Él puede hacer por nosotros lo que no podemos hacer solos. Esta es una gran verdad, pero debemos también recordar que no debemos crear las oportunidades de pecar, forzando así al Señor a tener que hacer horas extra para cuidarnos. Hay historias interesantes en la Biblia de personas que se pusieron donde la tentación era mayor. En algunos casos no cedieron, pero en otros, como el caso de David, no pudieron resistir la tentación.

Cuando fue mayordomo de Potifar, José fue consciente de las intenciones e insinuaciones sexuales de la esposa de Potifar. Sin embargo, no evitó quedarse solo con ella en casa cuando los demás siervos se habían ido (Gen. 39:11). La tentación nunca da cuartel, y no hay ocasión donde uno pueda estar tan fuerte que pueda resistir cualquiera tentación. Esto es posible solamente por la gracia de Cristo. David posiblemente subió a un lugar desde donde era posible espiar a sus vecinos, y así, cuando fue tentado, no pudo resistir la tentación. La mejor manera de resistir la tentación es orar constantemente al Señor pidiendo su ayuda.

"Aquí tenemos un ejemplo para todas las generaciones de creyentes que habrían de vivir sobre la tierra. Aunque estén expuestos a la tentación debieran saber que hay una defensa al alcance de la mano, y que si finalmente no reciben protección será por su propia culpa. Dios será un pronto auxilio y su Espíritu será un escudo. Aunque estén rodeados de las más terribles tentaciones hay una fuente de fortaleza a la cual pueden recurrir para resistirlas" (HR 104,105).

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2 Samuel 11:1-12:31; Romanos 8:1-39

 

Lunes 21 de abril.  ¿Quién te crees que eres?

  • "Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?" Romanos 9:20,21

Las pretensiones humanas suelen sobrepasar ampliamente lo que nuestro limitado conocimiento podría aconsejar. Y es que, como suele decirse, la ignorancia es muy atrevida. Es asombroso que, conociendo tan poco de Dios, y siendo tan limitada nuestra comprensión de su forma de actuar, haya quien se atreva a cuestionar a Dios.

Aunque el Señor da al hombre la capacidad de escoger y decidir, Dios sigue siendo soberano. Dicho de otro modo, la libertad del hombre no limita la autoridad de Dios. Dios se reserva el derecho de actuar en la esfera humana según sus propios deseos y prerrogativas. Mientras suceden cosas que agradan al hombre, ningún creyente duda de tildarlas de buenas y de atribuirlas a Dios. Sin embargo, tan pronto ocurra algo que desagrade al hombre, se empieza a desafiar la autoridad de Dios.

La palabra clave en todo esto es fe. Dios tiene autoridad por habernos creado, por habernos salvado, por dirigir los asuntos de nuestra vida y, sobre todo, por la sangre de su Hijo derramada por nosotros. El hombre tiene que reconocer que, no importa cuánto rechacemos la autoridad de Dios ahora, al final Dios tendrá plena autoridad sobre el hombre y no habrá forma de sustraerse de ello.

Cuando el Señor diga por fin "Venid, benditos de mi Padre" el hombre ya no podrá disentir. Nuestro "sí" o nuestro "no" solo gozamos de libertad para pronunciarlo hoy. Cuando el Señor diga a muchos "Apartaos de mí al lago de fuego" nadie podrá decir: "Yo no voy". No tendremos tal autoridad ni libertad.

El Señor nos invita ahora a aceptar su autoridad. Hoy podemos reconocer que él es el Alfarero y nosotros el barro; ahora nos podemos someter del todo a la voluntad de nuestro Dios, sabiendo que nos ha amado con amor eterno y que siempre ha deseado el bien para nosotros. Cuando alguien se atreve a cuestionar la sabiduría de Dios y pretende dirigir la mano del Alfarero, es señal inequívoca de que ha entendido radicalmente mal la bondad de Dios de darnos libre albedrío.

Que hoy sea otro día más de total sumisión a la voluntad de Dios para nosotros.

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2 Samuel 13:1-14:33; Romanos 9:1-33

 

Martes 22 de abril.  Sutil es el engaño

  • "Y fueron con Absalón doscientos hombres de Jerusalén convidados por él, los cuales iban en su sencillez, sin saber nada." 2 Samuel 15:11

Cuando se recurre a artimañas para engañar, hasta «las personas más nobles pueden quedar bajo el embrujo de la mentira. Por eso el Señor amonesta a sus fieles para que eviten ser engañados. Estar siempre vigilante es deber de todo cristiano.

Los engaños de Absalón fueron difíciles de desenmascarar. Primeramente engañó a su padre. ¡Qué padre no se alegra en ver a su hijo en actividades religiosas, mostrando devoción al Señor! Con el pretexto de ir a Hebrón a adorar y cumplir sus votos, Absalón engañó totalmente a su anciano padre. Pretender ser religioso con fines malignos es lo peor que puede haber, porque se difama a Dios y se engaña a los hombres. Las personas que de esta manera usan la religión terminarán, como Absalón, en total destrucción.

Absalón engañó a los nobles de Jerusalén, porque nunca reveló la razón de su viaje a Hebrón. Sabía que Hebrón era una ciudad resentida contra David por haber mudado la capitalidad a Jerusalén. La mayoría de los que acompañaron a Absalón a Hebrón desconocían sus planes de expresar a los habitantes de esa ciudad lo bien que entendía su resentimiento y lo dispuesto que estaba a devolver la capitalidad a la antigua ciudad.

La única persona que no fue engañada fue Ahitofel. Ahitofel era abuelo de Betsabé, hija de Eliam (2 Sam. 11: 3; 23: 34.) Ahitofel estaba resentido contra David por la desgracia que trajo a la familia y por haber causado la muerte de su yerno Urías. Se unió a la sublevación por el odio y resentimiento que albergó por tanto tiempo. Su asociación con David durante tantos años no había eliminado el resentimiento de su corazón.

Absalón engañó a medio mundo, pero Ahitofel se aprovechó de las circunstancias para vengarse de David. Albergar odio y resentimientos, hasta en las cosas religiosas, nos hace presa fácil del enemigo. Cuando nuestro Señor nos advierte del peligro de ser engañados, hemos de prestar atención. Debemos buscar la raíz de la ira, lo que quede en nosotros de resentimiento, y cuantas cosas hayamos de confesar, y apartarnos de ellas, pues el enemigo puede explotar hábilmente estos sentimientos para llevarnos a caer en la tentación y sentirnos justificados en hacerlo.

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2 Samuel 15:1-16:23; Romanos 10:1-21

 

Miércoles 23 de abril.  Israel será salvo

  • Y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad". Romanos 11:26

¡Cuán grande debe de haber sido el gozo de Moisés al ver a los hijos de Israel cruzar el Mar .ojo! Podemos imaginárnoslo fijándose en la vanguardia de la columna cuando llegaba a la otra orilla, pero atento al resto, pues todavía había pueblo viajando por el lecho del mar. El agua estaba detenida, y ni una gota cayó sobre ninguno de los israelitas. Esta situación permaneció así hasta que la retaguardia de la columna puso los pies en la otra orilla. De inmediato, el muro de agua se disolvió y el mar volvió a su estado natural. Y todo Israel estaba a salvo.

Moisés reconoció que el milagro había ocurrido únicamente por la gran misericordia de Dios, y expresó en su canto: "En tu misericordia guías a este pueblo que has redimido, y lo llevas con tu poder a tu santa morada" (Éxo. 15:13). El reconocimiento de que la salvación viene del Señor es una de las cosas que nos sostiene y nos guía en nuestra admiración de la grandeza de nuestro Dios. Cada día uno vive dependiendo de la gracia y misericordia de nuestro Dios, y hoy no debiera ser diferente.

El contexto en que Pablo pone esta historia es que todo aquel que quiere puede ser salvo, siendo que la salvación está a la disposición de todos. Hasta los integrantes del pueblo que rechazó a Jesús tienen la esperanza individual de alcanzar la salvación.

Los hijos de Dios deberíamos tener presente en todo momento que la salvación supone el inmenso e inmerecido privilegio de ser llamados hijos de Dios. Es voluntad de nuestro Salvador que todos alcancen la salvación. Esto implica que, en su amor, nuestro Dios pone hoy, como lo ha hecho siempre, todos los recursos del cielo a nuestra disposición para salvaguardar una salvación tan grande que nos fue otorgada por la sangre de Cristo. El Señor tiene tanto invertido en nuestra salvación que no le es fácil descansar un solo día y dejarnos a nuestra suerte sin su ayuda.

La lección del día es que nuestro Dios ha hecho y hará todo lo posible para que ese día glorioso podamos entrar a ocupar las mansiones que Cristo ha ido a preparar. La raza humana se reunirá alrededor del trono para dar gloria al Señor por su gran salvación.

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2 Samuel 17:1-18:33; Romanos 11:1-36

 

Jueves 24 de abril.  Contemplad la cruz

  • Entonces Rizpa hija de Aja tomó una tela de cilicio y la tendió para sí sobre el peñasco, desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua del cielo; y no dejó que ninguna ave del cielo se posase sobre ellos de día, ni fieras del campo de noche. 2 Samuel 21:10

Es difícil determinar el tiempo necesario para el luto. Hay quien pasa rápidamente el trance del dolor y logra reemprender su vida en el punto en el que se dio el hecho luctuoso. Otros necesitan mucho más tiempo para llorar la pérdida. También hay quienes no quieren ser consolados después de la muerte de un ser querido, y en ciertas culturas incluso se da que la esposa, obligada o de buena gana, se arroje a las llamas de la pira funeraria que consume los restos de su marido.

Todo momento de dolor causa una reacción que puede ayudarnos a reflexionar y tomar decisiones sabias para el futuro. En el caso particular de la lectura de hoy, Rizpa no quiso olvidar a sus hijos. Pasó meses velando y cuidando para que las aves y las fieras no tocasen los cadáveres de los así ajusticiados para expiar el pecado de Saúl contra los gabaonitas. Ella no quiso olvidarse de la muerte de sus hijos y la razón por la cual fueron ejecutados.

La muerte de Cristo es una muerte que jamás se debiera olvidar. Aunque su duelo no dure siglos, sí debemos meditar constantemente en lo que significa y por qué fue sacrificado. Un amigo compartió conmigo una lección de la muerte de Cristo que circula por internet:

"A los 33 años Jesús fue condenado a muerte, la "peor" muerte de la época. Solo los peores criminales morían como Jesús. Y con Jesús todavía fue peor, porque no todos los criminales condenados a aquel castigo recibían clavos en sus miembros. Sí, fueron clavos... ¡y de los grandes! Cada uno tenía de 15 a 20 cm. de largo, con una punta de 6 cm.

"Eran clavados en las muñecas y no en las manos, como se creía. En la muñeca hay un tendón que llega al hombro, y cuando los clavos fueron martilleados, ese tendón se rompió, obligando a Jesús a forzar todos los músculos de la espalda, por tener sus muñecas clavadas, para poder respirar, pues perdía todo el aire de los pulmones... Jesús aguantó esta situación poco más de 3 horas..."

El sufrimiento físico fue horrible, pero lo aguantó todo por nosotros. Meditar en la cruz nos ayuda a valorar lo que allí sufrió nuestro Salvador por nosotros.

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2 Samuel 19:1-21:22; Romanos 12:1-21

 

Viernes 25 de abril.  Fiel hasta la muerte

  • Estas son las palabras postreras de David. Dijo David hijo de Isaí, dijo aquel varón que fue levantado en alto, el ungido del Dios de Jacob, el dulce cantor de Israel. 2 Samuel 23:1

Es un privilegio poder mirar atrás y decir: "Hasta aquí me ha ayudado Jehová". David quería dejar un legado de fidelidad a su hijo Salomón, y aprovechó sus últimos días para dar instrucciones en público para el futuro.

Los años de lucha, sus victorias, los logros de su vida..., ninguna de estas cosas era lo que quería mencionar. David se remonta a su humilde origen. Él era hijo de Isaí, el pastorcillo en el que nadie se fijaba. Pese a sus logros, David nunca olvidó quién era. Con humildad sirvió al Señor y a su pueblo. Su dependencia de Dios lo llevó a siempre buscar la dirección divina en todo lo que hacía.

David no habría alcanzado nada si no hubiese sido por la confianza en Dios. Su dependencia de Dios fue total. Por eso, en su lecho de muerte, el rey recuerda que todo cuanto logró fue por la bondad de Dios. La expresión "el hombre quien Dios levantó" era un tributo a la obra de Dios en su vida. Así debe vivir el cristiano, siempre consciente de que sin Dios no podemos hacer nada. Es Cristo quien lo hace todo posible.

A lo largo de su vida, David puso de manifiesto con frecuencia su dependencia de Dios. No llegó al trono por voluntad propia, sino que fue llamado por Dios, y él permitió que el Señor lo usase. A todo cristiano se le brinda la oportunidad de reconocer que el Señor llama, el Señor capacita y el Señor nos usa en diferentes formas para el bien de su obra.

En nuestro texto de cabecera, David se identifica, por último, como el dulce cantor de Israel. No de Israel como nación, sino como pueblo de Dios. No solamente por los preciosos salmos que cantó y escribió, sino por la influencia que tuvo en la vida de sus conciudadanos y hasta nuestros días. El cristiano debe vivir siempre consciente de su lugar en la historia del pueblo de Dios, reconociendo que todos tenemos una influencia para el bien o para el mal. Como David, podemos ser identificados como alguien que tuvo una dulce influencia para el bien del pueblo de Dios. Que hoy seamos identificados como personas que tienen una influencia dulce y duradera para el bien en el pueblo de Dios y en nuestra comunidad.

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Samuel 22:1-24:25; Romanos 13:1-14

 

Sábado 26 de abril.  ¿Liberal o conservador?

  • El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido. Romanos 14:3

Lamentablemente, la religiosidad de algunas personas se encasilla en bandos, y así se habla de los liberales y de los conservadores. Tal encasillamiento obedece a menudo al afán de condenar a otras personas que puedan tener ideas diferentes de las nuestras, pero no necesariamente malas. Es importante notar que tales distinciones no se encuentran en la Biblia. Más bien hay en ella llamamientos a la tolerancia. La intolerancia es uno de los "pecados blancos" más prevalecientes en la iglesia. Abunda el sentir de que cualquiera que no piense o interprete la Biblia igual que yo debe ser rechazado.

Es cierto que la iglesia tiene normas que no deben ser violadas ni rebajadas; de lo contrario, pronto no habría iglesia, sino solo un grupo de personas cada una de las cuales haría lo que mejor le pareciese. Sin embargo, por mucho celo que podamos sentir por la iglesia, sus doctrinas, sus prácticas, su estructura, sus integrantes y sus dirigentes, debemos ser conscientes de que la propia Biblia se define en favor de la tolerancia en cosas que no son de consecuencia.

Lo que Pablo nos recuerda hoy es el elemento común que debiera prevalecer en la congregación del Señor: reconocer que "Dios lo ha recibido". Si Dios lo ha recibido, ¿quién soy yo para rechazarlo? El juicio pertenece a Dios y debo someterme a la dirección de Dios y no seguir mis inclinaciones naturales de estar condenando a todo el mundo.

Pablo usa la cuestión de la comida a modo de ilustración para llamar la atención a algo mucho más grande: Debemos amarnos de tal manera que seamos capaces de tolerar las diferencias. El llamamiento a la tolerancia es que pongamos al otro primero, porque "Dios lo ha recibido". En realidad, el apóstol está haciendo mucho más que abogar por la tolerancia: está demandando un amor de corazón puro que nos ayude a ser menos dados a condenar y que amemos hasta al pecador, tal como lo hace Cristo. Sí, no hay duda: las normas están para ser guardadas, y las doctrinas deben considerarse inviolables. Sin embargo, el amor es el elemento unificador que nos mantiene como quiere Cristo. Él pidió en su oración: "Que todos sean uno". Que el Señor nos ayude a ser más tolerantes con los demás.

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1 Reyes 1:1-2:46; Romanos 14:1-46

 

 

 

 

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