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I.
El Cristo compasivo
A.
Jesús no habló sencillamente palabras de consuelo;
también ministró a las necesidades de otros.
B.
Muchas de las experiencias de Cristo -tales como la
alimentación de los cinco mil- nos dan un cuadro visual de por
qué vino a la tierra: fue para mostrar a la humanidad que él es
capaz de atender todas las necesidades, tanto físicas como
espirituales.
C.
Jesús demostró su poder sobre todo lo que concierne a la
humanidad.
II.
El Mesías
A.
Jesús no buscó reconocimiento o ganancias personales,
sino que vivió su vida para beneficiar a otros, mostrando que él
vino para salvarnos.
B.
Juan el Bautista y muchas otras personas no estaban
seguras, al principio, de que Jesús fuera el verdadero Mesías.
C.
Las palabras, las acciones y los milagros de Jesús
revelaron el cumplimiento de las profecías mesiánicas.
III.
El Reino de Dios: para ahora y para siempre
En la vida de Cristo, se nos ha mostrado que el Reino de
Dios es tanto una realidad presente como futura.
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Solo para los maestros:
“Se llamará su nombre Admirable”, profetizó Isaías (9:6). La
maravilla y el misterio señalan la vida y el ministerio de
Jesús. Su nacimiento, su muerte, su resurrección y ascensión son
maravillas de proporciones cósmicas. Sus enseñanzas están llenas
de maravilla y desafían toda comprensión humana. Esta semana
estudiaremos la maravilla de sus obras.
De todos los milagros que Jesús realizó, ¿cuál es el más
maravilloso, y por qué?
Después de analizar la pregunta anterior, lee Mateo 11:4 y 5.
Ante la pregunta del Bautista de si él era el Mesías, Jesús
envió la respuesta: Díganle a Juan que “los ciegos ven, los
cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los
muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el
evangelio” (Mat. 11:5; la cursiva fue añadida). ¿Por qué Jesús
incluye “es anunciado el evangelio” junto con los milagros?
¿Será porque las buenas noticias del evangelio son el más
maravilloso de todos los milagros?
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Comentario de la Biblia
Solo para los maestros:
En Nazaret, Jesús anunció su misión mesiánica
citando un pasaje de Isaías y luego afirmando que él
era el cumplimiento de esa profecía. Lee Lucas 4:16
al 31 y permite que tu clase identifique: a) el
poder que había detrás de las obras de Jesús; b) el
evangelio, y su relación con la libertad y el
sanamiento; c) el significado de “el año agradable
del Señor”.
Jesús “anduvo haciendo bienes y sanando a todos los
oprimidos por el diablo” (Hech. 10:38). En este
versículo, notamos tres características de la obra
de Jesús: su ministerio no tenía fronteras; su
ministerio era la corporización de la justicia; su
ministerio era de liberación.
I. Un ministerio sin fronteras
Jesús “anduvo” es la forma en que Pedro describe la
extensión de su ministerio (Hech. 10:38). Mateo
también dice: “Recorría Jesús todas las ciudades y
aldeas” (Mat. 9:35). El ministerio de Cristo no se
limita a una localidad o un pueblo. Él es el Señor
del universo, y él vino a “buscar y a salvar lo que
se había perdido” (Luc. 19:10). Lo perdido es el
planeta; por eso, su misión era para Galilea, Judea,
Samaria, y por medio de sus discípulos hasta lo
último de la tierra (Mat. 28:19, 20; Hech. 1:8). Él
es el Señor del universo y un Hombre con un mensaje
para toda la gente. Por esto, él o su mensaje no
pueden restringirse a fronteras de ninguna clase:
sean geográficas, culturales, de castas, lenguas o
tribus.
Considera:
La Iglesia Adventista, hoy, tiene una misión global,
con la meta de alcanzar a cada comunidad no
alcanzada alrededor del mundo. ¿De qué modo tu vida
y tu testimonio concuerdan con esta misión mundial?
II. Un ministerio de justicia
“Jesús anduvo haciendo bienes”. Él es bueno,
y únicamente puede hacer el bien. Pero el bien que
hizo Jesús era considerado un bien no porque esas
obras buenas alcanzaran alguna norma humana. Lo que
Jesús hizo eran bienes porque eran parte de las
“buenas noticias” del Reino de Dios, que él
estableció. Su nombre, dijo el profeta, es “Jehová,
justicia nuestra” (Jer. 23:6), y en Jesús tenemos
justicia en toda su plenitud y poder.
Un ministerio de compasión. Una manera en que
la bondad absoluta de Jesús se describe en los
evangelios es que él era movido a compasión siempre
que veía alguna necesidad humana; fuera estar
perdido espiritualmente (Mat. 9:36), sentir hambre
(Mat. 14:14; 15:32), padecer lepra (Mar. 1:40, 41),
la ceguera (Mat. 20:34), la viudez (Luc 7:13), o la
posesión demoníaca (Mar. 9:25). La palabra griega
para “compasión” es splágjna, que indica no la
piedad ordinaria sino la emoción más profunda que un
ser humano es capaz de sentir, una emoción que surge
de las mismas profundidades del ser. Sugiere estar
apasionadamente involucrado con el otro, como el
amor que el padre mostró al hijo pródigo (Luc.
15:20) y la compasión exhibida por el buen
samaritano (Luc. 10:33).
Ambas parábolas usan la palabra
splágjna.
Considera:
“Nunca deberíamos actuar con indiferencia y falta de
simpatía, especialmente cuando tratamos con los
pobres. [...] Cristo declaró que el evangelio debía
predicarse a los pobres. La verdad de Dios nunca se
reviste de un aspecto de mayor belleza que cuando es
llevada a los necesitados y desposeídos. Entonces es
cuando la luz del evangelio brilla con su claridad
más radiante, e ilumina la choza de los campesinos y
la rústica cabaña del labrador. Los ángeles de Dios
están allí y su presencia convierte en un banquete
el pedazo de pan duro y el vaso de agua” (CMC 168,
169).
La compasión y el amor sin reservas señalaron
el ministerio de justicia de Jesús. Él vio ovejas
sin pastor, enfermedad sin médico, niños sin padres,
personas sin dignidad, los oprimidos sin libertador,
pecadores sin un Salvador, y él hizo algo para
remediarlo. Fue movido a compasión para otorgar su
ministerio de justicia.
III. Un ministerio de liberación y paz
Jesús sanó “a todos los oprimidos por el diablo”
(Hech. 10:38). A este testimonio de Pedro,
añadamos la autocomprensión de Jesús mismo, quien
vino “a poner en libertad a los oprimidos” (Luc.
4:18), y tenemos una definición notable de cuál es
la obra de Jesús y su razón de ser. Jesús apuntó,
como la raíz de cada problema en el mundo -sea
temor, enfermedad, soledad, depresión, incapacidades
y muerte-, al pecado y su originador. Por eso, para
él la curación y la restauración completas residen
en la liberación de las garras de Satanás. Las obras
que hizo Jesús y los milagros que realizó eran solo
pequeñas ilustraciones del gran cuadro: Dios, en
Cristo, invadió el dominio de Satanás y ha
establecido su Reino de justicia (Heb. 2:14; 1 Juan
3:8).
¿Cuál es la opresión que tienes o que sientes?
¿Hundirte en un mar tormentoso (Mat. 8:23-27)?
¿Estar poseído por los demonios de la cultura o el
abuso (vers. 28-33)? ¿Una vida sin esperanza (Juan
5:5-9)? ¿La incapacidad de seguir una vida normal
(Mat. 15:29-31)? ¿Una enfermedad con malicia (Mat.
8:1-4)? ¿Una pérdida de identidad y de aceptabilidad
(Mar. 5:24-34)? ¿O dolor y muerte (Juan 11:1-45)? La
ayuda está a solo una oración de distancia. Jesús
nos libera de toda opresión del Malo. Por medio de
su obra y su mensaje, “ha llegado a vosotros el
reino de Dios” (Mat. 12:28). Aquellos que por fe
entran en ese Reino, tienen libertad y paz (Juan
8:36; Rom. 5:1).
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