|
Solo para los maestros:
“Sabemos que has venido de Dios como maestro” (Juan 3:2). La
historia se une con Nicodemo al aclamar a Jesús como un gran
maestro. Otros fundadores de religiones, filósofos y dirigentes
también pudieron ser grandes maestros. Pero ¿qué separa a Jesús
de todos los demás? ¿Sus puntos de referencia éticos? ¿Sus
percepciones filosóficas? ¿Su definición profunda de la vida y
su significado? Pide a tu clase que se concentre en dónde reside
la singularidad de Jesús como maestro.
Reside en quién es él. Sócrates y Confucio, Buda y Krishna,
Shakespeare y Tolstoi encontraron su autoridad en la lógica, la
ética, la moralidad, la poesía, el humanismo o la filosofía,
pero la autoridad de Cristo era su propia vida: él era Dios, que
expresaba la voluntad de Dios. Él no vino para buscar la verdad;
él era la Verdad, el Camino y la Vida (Juan 14:6).
Reside en su autoridad. Cuando Jesús terminó de hablar,
la multitud se “admiraba” (Mat. 7:28, 29). La palabra traducida
“admiraba” significa literalmente “ser arrastrado por el
viento”. Sus enseñanzas eran tan apremiantes, tan significativas
y tan divinas que la gente se asombraba y quedaba perturbada. No
había lugar para el debate: su palabra era la palabra de Dios.
“Mi doctrina no es mía”, dijo Jesús, “sino de aquel que me
envió” (Juan 7:16).
Considera:
¿Qué otros factores destacan a Jesús como un maestro singular?
|
|
Comentario de la Biblia
Solo para los
maestros: Imagínate que los arqueólogos
encontraran de repente fragmentos de un libro
antiguo titulado Autobiografía de Jesús o Mi
doctrina, por Jesús de Nazaret. ¿Cambiaría eso algo
de lo que creemos como las enseñanzas de Cristo
basadas en los evangelios? Si no, ¿por qué no?
Reflexiona sobre Juan 21:24 y 25 para obtener una
respuesta posible.
Aunque la Biblia es el medio por el que Cristo, la
Palabra, nos habla (2 Tim. 3:16, 17), de una manera
especial los evangelios registran la maravilla de
las enseñanzas de Cristo sobre muchos aspectos
esenciales de la vida: de dónde vinimos y hacia
dónde vamos, con todos los problemas intermedios.
Pero, esta semana, nos concentraremos en las
enseñanzas de Cristo acerca de quién es Dios y cómo
deberíamos vivir.
I. Lo que Cristo enseñó acerca de Dios
Conversen acerca de cuáles son algunos conceptos que
otros tienen de Dios, fuera de los de Cristo, y qué
está mal en esos conceptos.
Cristo se encarnó como un ser humano, para disipar
los conceptos falsos que Satanás ha sembrado en las
mentes humanas, y para revelar la verdadera
naturaleza de Dios. Si en realidad Dios estaba
hablando por medio de su Hijo (Heb. 1:1, 2; Juan
1:1-3, 14), es importante que reconozcamos que Jesús
es la máxima revelación de Dios. ¿Qué reveló acerca
de Dios?
Cristo enseñó que Dios es nuestro Padre (Mat.
6:9-14). En el centro del Sermón del Monte, Jesús
nos dio una oración modelo en la que nos pide que
nos relacionemos con Dios como con un Padre: en
forma íntima, personal, interesada y amante; no con
una fuerza o una idea distante e impersonal. “Padre”
es la forma favorita de Cristo de describir a Dios.
Él la usa 4 veces en Marcos, 15 veces en Lucas, 44
veces en Mateo y no menos de 107 en Juan: un uso
creciente. ¿Indica esto la importancia del concepto
de Dios como Padre para la creciente comunidad de
fe?
Cristo enseñó que Dios, nuestro Padre, tiene
amor, gracia y verdad (Juan 1:14; 3:16). La
paternidad de Dios presenta a Dios en términos de
amor verdadero (1 Juan 4:16). El amor de Dios no
solo nos ha creado sino también nos buscó para
redimirnos cuando habíamos elegido apartarnos en el
pecado (Rom. 5:6-8). Al describir el amor de Dios,
el Nuevo Testamento usa la palabra agápe, un amor
sacrificado, comunicativo y no merecido. Nunca
cambia ni oscila; es totalmente confiable. Es el
amor por el amor mismo. Nos ama no porque lo
merezcamos sino porque lo necesitamos. Por su agápe,
Dios ha dado una dignidad máxima a la vida humana,
de modo que si hubiera habido un solo pecador Cristo
habría muerto por ese único ser perdido.
II. Lo que Cristo enseñó acerca de cómo deberíamos
vivir
El Sermón del Monte (Mateo 5-7) se destaca como el
resumen del estilo de vida y la conducta cristianos.
Por medio de este sermón, el más importante que
alguna vez se predicó, Jesús presentó no un
idealismo imposible ni un perfeccionismo legalista
sino una norma de conducta para los que fueran
salvados por su gracia. El Sermón del Monte es el
manifiesto divino para la vida del creyente. Nota
dos claves para comprender este sermón.
Primero, el Sermón del Monte es el llamado eterno
de Dios a ser diferentes. Este es el mismo
llamado que le llegó a Noé, a Abraham, a Israel, y
ahora a sus discípulos. Cristo quiere un pueblo que
no sea “semejante a ellos” [los gentiles] (Mat.
6:8). Jesús demanda que sus discípulos sean
diferentes de los que los rodean: en la forma en que
creen, adoran, se relacionan, viven, aman o mueren.
El propósito no es formar un culto aislacionista,
sino ser un remanente peculiar e impregnador: como
la sal que sazona la comida o la luz que disipa la
oscuridad (Mat. 5:13-16). El discipulado es un
llamado a ser diferente.
Segundo, el Sermón del Monte es una afirmación de
la Ley moral, por medio de la técnica peculiar
de extensión del Señor que fue el autor de esa Ley,
estableciendo así la relevancia eterna del Decálogo
(Mat. 5:17-19). Jesús hizo esto en forma magistral,
al usar dos frases: “Oísteis que fue dicho [...]
pero yo os digo”. El contraste presenta una
definición más exigente y un estilo de vida
trasparente. El pecado pasa del acto al pensamiento
(Mat. 5:21-42); la oración, de ser mecánica a ser
una relación (Mat. 6:7-13); la justicia, de lo que
uno hace a en quién uno vive (6:14-34); la relación,
de la sangre a la hermandad (7:1-12); el amor, de
los cercanos a los otros (7:13-20); y el principio
máximo para la vida, de la hipocresía a un
compromiso radical (7:21-27).
Considera:
Las Bienaventuranzas (Mat. 5:3-11) no son una
exhibición de elecciones de las cuales el cristiano
puede escoger y seleccionar. Se deben poseer todas,
así como se tienen que tener todos los componentes
del fruto del Espíritu (Gál. 5:22, 23).
|
|
Solo para los maestros:
Toma el tiempo necesario para permitir que los miembros de tu
clase compartan entre sí la forma en que el Sermón del Monte es
relevante para algunos de los problemas agudos que existen,
tales como el abuso infantil y el conyugal, y la situación del
matrimonio en la sociedad actual.
Preguntas para reflexionar:
1.
Algunas versiones comienzan las Bienaventuranzas con
“Bienaventurados son los...”, y otras con “Dichosos son los...”
¿Cuál te atrae más, y por qué? ¿Hay alguna diferencia entre los
dos comienzos?
2.
Implícita en Mateo 5:17 al 20 está la idea de que algunos,
evidentemente, pensaron que Jesús estaba opuesto a la Ley.
¿Qué podría haber iniciado tal pensamiento?
Preguntas de aplicación:
1.
Ayunar no es una práctica popular en estos días. ¿Puedes
pensar en algunas razones en favor del ayuno?
2.
El Padrenuestro tiene seis peticiones. Identifícalas. ¿De
qué modo podemos usar esta oración como modelo para las
oraciones privadas y públicas?
|