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Para el 3 de mayo de 2008 |
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Audio: Diálogo Bíblico |
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Audio: Unión Mexicana del Sur |
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Lectura Devocional: Pastor Israel Leito |
Notas de Elena White | |||
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Lectura para la Semana: |
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La maravilla de sus obras |
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VERSO DE MEMORIA |
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“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mat. 9:36) |
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Desde su celda de prisionero, Juan el Bautista envió un mensaje urgente a Jesús: “¿Eres tú aquel había de venir, o esperaremos a otro?” (Mat. 11:3). Para el lector de los evangelios, es una pregunta sorprendente e inesperada. ¿No era este el mismo Juan que con tanta confianza anunció que Jesús era el Mesías a orillas del Jordán (Juan 1:29-36)? Y ¿por qué plantearía esta pregunta precisamente después de que él había oído “en la cárcel, los hechos de Cristo” (Mat. 11:2)? Sin embargo, lo importante para nuestro estudio aquí es la respuesta de Jesús: “Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio” (vers. 4, 5). El mensaje codificado de Jesús a Juan era que su ministerio era la señal del amanecer de un nuevo día; el Mesías, realmente, había llegado. Seguramente en la mente de Jesús estaban las profecías mesiánicas gloriosas del libro de Isaías, entre otras. Lee Isaías 29:18-19; 35:5-6; y 61:1-3. ¿De qué modo se relacionan estos pasajes con el ministerio de Jesús? ¿Por qué crees que Juan y otros fueron lentos para darse cuenta de esto? ___________________________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________________________ La idea del ministerio de Jesús como el cumplimiento de la profecía y el amanecer de la edad mesiánica aparece claramente en la interpretación que da Mateo a los eventos, en la forma en que ubica las actividades de Jesús en el contexto más amplio del mesianismo: “Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: Él mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias” (Mat. 8:17, citando a Isa. 53:4). Vemos la misma idea desarrollada en la descripción resumida de Mateo acerca del ministerio general de Jesús: “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mat. 9:35, 36; ver también Mat. 4:23-25). Mirando hacia atrás, nos maravillamos de cómo Juan y otros pudieron haber sido tan lentos para ver quién era Jesús. Por supuesto, la mirada hacia atrás es siempre muy clara. ¿Qué sucede hoy con nosotros? ¿Cómo podríamos estar igualmente ciegos a lo que son verdades obvias? Pero, más importante, ¿cómo podemos cambiar?
La maravillosa curación del hombre poseído por el demonio, que era ciego y mudo, en vez de generar aleluyas de parte de los fariseos, trajo en cambio una acusación: “Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios” (Mat. 12:24). De este modo, Jesús fue impulsado a dar una explicación educativa del significado de lo que estaba sucediendo: “Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios”, rechazando así la inferencia de los fariseos, “ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios” (vers. 28). La declaración es importante, siendo que en la enseñanza de los evangelios el Reino de Dios no solo es una realidad presente (como es evidente, en forma más directa, en la declaración citada), sino también es una realidad futura (ver Mat. 26:29; Luc. 23:42; Juan 18:36). Esto significa que las obras de Cristo también apuntaban hacia adelante, a la restauración final. Cuando Jesús aplicó la profecía fundamental de Isaías acerca de sí mismo durante la lectura de los rollos en la sinagoga de Nazaret (Luc. 4:18, 19), él estaba proclamando mucho más de lo que ocurriría en los breves tres años y medio de su propio ministerio terrenal. “El año agradable del Señor”, volviendo atrás, al antiguo Jubileo, era un anuncio de la inauguración del Reino de Dios, comenzando con la venida del Mesías, y alcanzando hasta la consumación final, cuando todos los prisioneros hayan sido puestos en libertad, toda visión restaurada, toda opresión eliminada, y cuando el gozo saturaría el cosmos entero. ¿Que nos enseñan los pasajes siguientes acerca de la relación entre el ministerio de Jesús y la restauración final? Marcos 5:35-42; Lucas 7:11-15; Juan 11:38-44; Hechos 3:19-21. ___________________________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________________________ La señal más poderosa del reinado del pecado es la muerte. Y la restauración de la vida por Jesús, durante su ministerio, apuntaba hacia el día final, cuando la muerte ya no será más. “[Yo soy] el que vivo”, dice el Cristo resucitado en la visión apocalíptica de Juan, “y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos [...]. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades” (Apoc. 1:18). Aquellos a quienes Jesús había restaurado a la vida durante su ministerio, todos sucumbieron a la muerte otra vez. Pero Jesús miraba más allá de eso, a la restauración final, cuando “se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles” (1 Cor. 15:52). ¿Cuán esencial es la esperanza de la resurrección? ¿Qué tenemos sin ella? ¿Qué razones tienes para confiar en la promesa de Dios de que un día destruirá la muerte para siempre?
Examina la siguiente declaración. ¿De qué manera se relaciona con la lección de esta semana en general? ¿Ves áreas de tensión? ¿O plantea el mismo punto general de una manera diferente? Aquí está: “Los evangelios están llenos con los informes de los milagros de Jesús, pero sería un error poner nuestro énfasis allí. Por un lado, Jesús mismo no puso énfasis en ellos; casi todos ellos fueron realizados en forma silenciosa, lejos de la multitud y como demostraciones del poder de la fe. Obtenemos una mejor perspectiva de las actividades de Jesús si ponemos el énfasis donde uno de los discípulos lo puso. Una vez, al dirigirse al grupo, Pedro encontró necesario resumir la vida de Jesús, y dijo: “Anduvo haciendo bienes”. Moviéndose en forma fácil y sin afectación entre la gente común y los desajustados sociales, sanándolos, aconsejándolos, Jesús anduvo haciendo bien. Lo hizo así con tal efectividad sincera que los que estaban con él constantemente encontraban que su estimación de él se modulaba en otro tono. Se encontraron pensando que si la bondad divina había de manifestarse en forma humana, de este modo debía comportarse”.-Huston Smith, The Illustrated World's Religions, p. 210. Preguntas Para Dialogar: 1. Elena de White dijo que “la gran obra de evangelización no terminará con menor manifestación del poder divino que la que señaló el principio de ella”. Ella habló de un impulso vigoroso y mundial al acercarse el fin, y dijo que “se realizarán milagros, los enfermos sanarán, y signos y prodigios seguirán a los creyentes” (CS 669, 670). ¿Cómo ves que esta profecía se ha de cumplir? ¿De qué modo visualizas tu propia participación en ella? ¿Qué lugar ocupa tu iglesia local en todo esto? ¿Qué cosas puedes hacer a fin de prepararte para ese tiempo? 2. Supón que alguien apareciera haciendo milagros sorprendentes, como los hizo Jesús, milagros que testifican que son claramente sobrenaturales. ¿Cómo podrías, o deberías, responder? 3. Trae a la clase tu respuesta a la pregunta del lunes sobre milagros modernos, y analiza las respuestas de todos y las razones para ellas.
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