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Para el 26 de abril de 2008 |
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Audio: Diálogo Bíblico |
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Audio: Unión Mexicana del Sur |
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| Notas de Elena White | ||||
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Lectura para la Semana: |
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La sabiduría de sus enseñanzas |
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VERSO DE MEMORIA |
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“Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mar. 1:22). |
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En una encuesta hecha en 1995, se preguntó a algunos atletas: Si hubiera una droga que pudieras tomar que te garantizara que recibirías una medalla de oro en los Juegos Olímpicos, pero que te mataría cinco años después, ¿la tomarías? Más del cincuenta por ciento dijo que sí. Es un comentario sobre la atracción de la fama y el poder en nuestra sociedad contemporánea. Estar “frente a la cámara”, mantener multitudes en la palma de nuestra mano, esa es el ansia del siglo XXI. Y el mismo espíritu general puede invadir a la iglesia, si no nos mantenemos constantemente en guardia. El deseo de poder sobre otros (el impulso de controlar a otros, el hambre por estar en el primer lugar) no ha disminuido con el paso de los años. Estudia los siguientes pasajes en el contexto de esta lucha insaciable por la cumbre: ___________________________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________________________ Los crueles eventos de la historia a veces han enviado a orgullosos dictadores a correr sin un centavo entre los refugiados, o quedar encerrados en confinamiento solitario, recibiendo órdenes de guardiacárceles. Hasta se ha dado el caso en que un monarca renunció temporariamente a su trono para seguir la suerte de los miembros marginados de la sociedad. Pero, todos estos casos, puestos juntos, voluntarios o forzados, empalidecen en comparación con la magnitud de la condescendencia que vemos en Cristo. Él era “por naturaleza Dios”, dice Pablo; es decir, (estamos hablando acerca del Dios del universo! “Se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo, haciéndose semejante a los seres humanos”. Todavía descendió más: “se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!” (Fil. 2:5-8, NVI). A la luz de la Cruz, a la luz de la asombrosa condescendencia del Hijo de Dios, ¿por qué todas las formas de exaltación propia deberían constituirse en vergüenzas? ¿Cómo podemos protegernos de esta sutil, pero muy peligrosa, forma de engaño propio?
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