
|
Para el 19 de abril de 2008 |
||||
|
Audio: Diálogo Bíblico |
|
|||
|
Audio: Unión Mexicana del Sur |
||||
|
|
||||
| Notas de Elena White | ||||
|
Lectura para la Semana: |
||||
|
Gálatas 4:4; 1 Timoteo 2:5; 3:16; Hebreos 4:15, 16; 1 Juan 4:1-3 |
||||
La realidad de su humanidad |
||||
|
|
||||
VERSO DE MEMORIA |
||||
|
“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14) |
||||
|
|
||||
|
EN EL NUEVO TESTAMENTO, sin ninguna explicación racionalista, Jesucristo es presentado tanto como humano y divino. Después de iniciar su Evangelio con el Verbo que es Dios (Juan 1:1), Juan hace la declaración extraordinaria de que este mismo Verbo, este mismo Dios, “fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (vers. 14). Y, tal vez, anticipándose a futuras preocupaciones acerca de la contaminación moral, el Nuevo Testamento mantiene la verdad de la vida sin pecado de Jesús con una consistencia inequívoca (Heb. 7:26; 1 Ped. 2:22). Además, los escritores del Nuevo Testamento consideran desapasionadamente a Jesús como un objeto apropiado para adorar y venerar (Hech. 7:59; Rom. 9:5; Heb. 1:6). Estos primeros cristianos no fueron detenidos por problemas filosóficos inherentes en el concepto del Dios-hombre, o las dificultades que plantearía a pensadores posteriores. “La humanidad del Hijo de Dios es todo para nosotros. [...] Cuando tratemos este tema, haríamos bien en prestar atención a las palabras pronunciadas por Cristo a Moisés en la zarza ardiente: ‘Quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es’ (Éxo. 3:5). Debiéramos emprender este estudio con la humildad del que aprende con corazón contrito” (1 MS 286).
|