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Para el 19 de abril de 2008 |
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Audio: Diálogo Bíblico |
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Audio: Unión Mexicana del Sur |
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| Notas de Elena White | ||||
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Lectura para la Semana: |
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Gálatas 4:4; 1 Timoteo 2:5; 3:16; Hebreos 4:15, 16; 1 Juan 4:1-3 |
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La realidad de su humanidad |
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VERSO DE MEMORIA |
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“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14) |
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La lección de la semana pasada trató el tema del misterio de la divinidad de Cristo. Pero, al contemplar su humanidad, estamos también en la presencia de un profundo misterio. Como lo expresó Pablo: “No hay duda de que es grande el misterio de nuestra fe: Él se manifestó como hombre, fue vindicado por el Espíritu, visto por los ángeles, proclamado entre las naciones, creído en el mundo, recibido en la gloria” (1 Tim. 3:16, NVI). Un erudito destaca que la pretensión de que el Fundador del cristianismo era divino no resultaba chocante en el mundo romano; después de todo, sus emperadores corrientemente pretendían ser divinos. Pero la afirmación de que “el Dios cristiano estaba preocupado acerca de la humanidad, preocupado lo suficiente para sufrir en lugar de ella, esto era inaudito”.BHuston Smith, The Illustrated World´s Religions, p. 219. Pero, por extraño que fuera en el mundo grecorromano, eso es precisamente el testimonio del Nuevo Testamento. ¿Qué nos enseñan los siguientes pasajes acerca de esta asombrosa condescendencia? ___________________________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________________________ Es fascinante observar la precisión no estudiada con la que los escritores del Nuevo Testamento enfocan el tema de la humanidad de Cristo. En forma directa y desapasionada, sencillamente cuentan la historia, sin saber (tal vez) de las tormentas que se levantarían en los siglos siguientes. Pero, es precisamente esa ausencia de posición la que ayuda a dar credibilidad a los documentos que tenemos. No es como si los primeros discípulos no hubieran afrontado controversias con respecto a la naturaleza y la identidad de Jesús; las tuvieron, como vemos en el Nuevo Testamento mismo. Pero sus argumentos con respecto a la persona de Jesús claramente no fueron diseñados para contrarrestar la posición de los adversarios racionalistas o científicos, lo que le da una frescura natural a su testimonio. Es como si presentaran el caso con sorpresa de que alguno se atreviera a dudar del misterio, no común, que los había afectado tan dramáticamente, tanto corporativamente como en forma personal.
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