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Para el 12 de abril de 2008 |
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Audio: Diálogo Bíblico |
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Audio: Unión Mexicana del Sur |
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Lectura Devocional: Pastor Israel Leito |
Notas de Elena White | |||
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Lectura para la Semana: |
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Isaías 9:6; Miqueas 5:2; Mateo 16:13-17; Juan 1:1, 14, 18; 8:58; 17:5; 20:28; 1 Corintios 1:3; 2 Corintios 13:14 |
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El misterio de su divinidad |
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VERSO DE MEMORIA |
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“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:1-3) |
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DEJANDO EL PANORAMA HISTÓRICO, vamos a las Escrituras mismas. Queremos ver lo que ellas nos dicen acerca de Jesús, cuya vida reclamó mucha atención a lo largo de los siglos. Al hacerlo, debemos recordar el intercambio crucial entre Jesús y sus discípulos en Cesarea de Filipo, al escuchar la confesión que Pedro hizo de él como el Mesías, el Hijo de Dios. Jesús le recordó que esta percepción no surgió de la investigación humana, sino que fue revelada ‘por mi Padre que está en los cielos’ (Mat. 16:17). (Ver Mat. 16:13-17 y también Mat. 11:25-27.) No fue ‘carne ni sangre’ (Mat. 16:17); nuestra sabiduría humana, sin ayuda, es inadecuada en la presencia del supremo misterio de los siglos. Creer en Jesús como el Mesías y el Hijo de Dios es afirmar, indirectamente, que él no tuvo su origen en el vientre de María. Es afirmar su cualidad de ser diferente del resto de la humanidad, por más que pueda ser semejante a nosotros en otras formas. En síntesis, es creer que él existió antes de su tiempo sobre la tierra; que, sencillamente, preexistió. Él era ‘la imagen del Dios invisible’, por quien ‘fueron creadas todas las cosas’ (Col. 1:15, 16). ‘Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten’ (vers. 17).
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