Admitámoslo, Jesús hizo
algunas declaraciones difíciles de entender, que nos desconciertan,
que no podemos comprender. Y ese es el tema de este capítulo: las
palabras difíciles de Jesús, el desafío de sus dichos. En algunos
casos sugeriré algunas respuestas; en otros dejaré el asunto
abierto.
En Mateo 11: 20-24, mientras Jesús
reprendía a algunas ciudades de Judea, cuyos habitantes, a pesar de
los extraordinarios milagros que él había realizado en medio de
ellas, no se habían arrepentido, las comparó con las ciudades
antiguas que habían experimentado el juicio de Dios. A Corazín y
Betsaida les dijo que "si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los
milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran
arrepentido en cilicio y en ceniza". Y si "en Sodoma se hubieran
hecho los milagros que han sido hechos en ti [Capernaúm], habría
permanecido hasta el día de hoy". ¿Significa eso que Dios no hizo
todo lo que podría haber hecho para llevar a aquellas ciudades al
arrepentimiento? ¿Qué más podría haber hecho?
Cuando Jesús descendió del Monte de
la Transfiguración, un hombre le trajo a su hijo enfermo a quien los
discípulos no habían podido sanar. Más tarde los discípulos
quisieron saber por qué ellos no habían podido sanarlo. "Por vuestra
poca fe", les respondió Jesús. "Porque de cierto os digo, que si
tuvieseis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate
de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible" (Mat. 17: 20).
Al parecer, estas dos respuestas de
Jesús están en conflicto entre sí. "Por vuestra poca fe" sugiere,
por supuesto, que la fe de los discípulos era demasiado pequeña. Y
uno esperaría que Jesús les recomendara luchar por alcanzar una fe
más grande. Pero en vez de eso, les dice que una fe tan pequeña como
un grano de mostaza habría logrado el éxito.
Por tanto, ¿qué se necesita? ¿Una
fe pequeña o una fe grande? O, ¿estaba diciendo Jesús que la fe de
los discípulos no era ni siquiera del tamaño de una semilla de
mostaza?
¿Cómo considerar, entonces, su
declaración de que con una fe tan pequeña como un grano de mostaza
"nada os será imposible"? Es razonable suponer que durante los
siglos que han pasado desde los días de Jesús, al menos una fracción
de cristianos, digamos el 0,0001 por ciento, ha experimentado esa
clase de fe (puse una fracción muy pequeña para ilustrar mejor el
punto). Y de ese número, digamos que mil de ellos, en algún momento
han encontrado una montaña enhiesta como un obstáculo en su camino.
Y sin embargo, hasta donde sabemos, jamás ha habido una
re-configuración geográfica caprichosa en ninguna parte del planeta.
Y, ¿existirá en alguna parte un cristiano que nunca le haya hecho
frente a un obstáculo que quisiera remover? Entonces, ¿por qué no
desaparecen muchos obstáculos? ¿Es la fe de tantos, o de todos
nosotros, más pequeña que un grano de mostaza?
Desconcertante, ¿verdad?
Jesús dijo: "A cualquiera que te
hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que
quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la
capa" (Mat. 5: 39, 40).
Estas son declaraciones difíciles,
casi totalmente imposibles de practicar cuando uno se detiene a
pensar en ellas. Imagine que alguien le hiere a usted, dándole una
bofetada, y en lugar de responder
de inmediato con un recto a la
quijada, usted le dice: "Aquí está mi otra mejilla, ¿qué tal un
segundo sopapo de este otro lado? ¡Vamos, estoy esperando!"
¿Es eso lo que Jesús quiso decir?
¿Así de radical era? ¿O lo estamos malinterpretando?
Si lo tomamos literalmente,
entonces, ¿aplicamos bien su consejo? ¿Y qué tal si alguien quiere
el billete de cien pesos que usted acaba de poner en su billetera?
¿Le dará también la billetera junto con su licencia de manejar y sus
tarjetas de crédito? ¿Y qué tal si alguien quiere quitarle su
automóvil, le dará también su casa?
Estas son preguntas difíciles, y
las respuestas no son fáciles. Pero mientras esperamos, consideremos
otros tres puntos que nos dan una pausa: El servicio cristiano, la
benevolencia radical, y el perdón.
El servicio cristiano
Cuando Jesús envió a sus
discípulos, sus instrucciones no fueron como las daríamos nosotros
hoy. "Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha
acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad
fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia"(Mat. 10: 7,
8). ¿Qué significado debe tener este mandato para nosotros hoy?
¿Cómo se podría llevar a cabo la misión en el mundo contemporáneo
sobre esas bases?
En todo lo que tiene que ver con la
predicación directa del evangelio, la iglesia ha sostenido la
política de: "Dad de gracia", es decir, no se cobra nada a quienes
lo reciben. Y por la razón que sea, la iglesia ya no se especializa
en resucitar muertos y echar fuera demonios y, por lo tanto, el tema
del encargo para tales servicios se vuelve discutible. Así que,
dejando aquellos elementos a un lado, nos concentraremos en el
asunto que queda, es decir, la sanidad. La Iglesia Adventista del
Séptimo Día ha mostrado en toda su historia un profundo interés en
el ministerio de curación, especialmente el ministerio médico, "el
brazo derecho" de su mensaje y misión.43
¿Cuáles son las implicaciones de
estos pasajes (y de otros similares) en los Evangelios para la forma
como cumplimos el ministerio médico en la actualidad? Si tomamos los
Estados Unidos como ejemplo, cualquiera que haya tratado de entrar a
cualquier hospital, incluyendo los que son dirigidos y administrados
por los adventistas, sabe que difícilmente logrará traspasar las
puertas, excepto en casos de emergencia, si no demuestra primero que
tiene un buen seguro o cualquier otro medio sólido para pagar.
Parece que "dar de gracia" no se aplica aquí.
Uno puede argüir, por supuesto, que
nadie cobra en la iglesia por ninguna curación milagrosa, la cual,
para ser exactamente literal, era a lo que Cristo se refería aquí.
Así que, si podemos imaginar una situación en la cual Jesús hubiera
tenido que recurrir a los farmacéuticos del primer siglo, ¿podría
haber proporcionado sanidad gratuita sin recibir grandes donaciones
de las organizaciones filantrópicas de su tiempo? ¿Y qué habría
hecho él si las circunstancias hubieran requerido, no solo
medicación, sino también hospitalización, maquinaria y equipo que
cuestan millones de dólares, más el personal de tiempo completo que
los manejara, personal que tuviera, además, sus propias necesidades
económicas? Y por encima de todo esto, añádale las preocupaciones
modernas por las responsabilidades y litigios legales, y la cuestión
se vuelve extraordinariamente compleja.
Tales consideraciones, válidas como
son, no debieran librarlo a uno totalmente del problema filosófico
que nos plantea la distancia que hay entre las órdenes de marcha de
Jesús y nuestra práctica contemporánea. Al menos, dada la naturaleza
de la actual escena médica, los adventistas debieran reflexionar
seriamente en el significado del concepto tradicional de "el brazo
derecho del mensaje". Es posible que necesiten considerar si no
sería más correcto pensar de la empresa médica adventista típica
simplemente como un negocio cristiano con orientación misionera, y
no como una empresa estrictamente eclesiástica. ¿No sería un enfoque
más creíble?
El tema es enormemente difícil.
Pero nuestro casi total fracaso para afrontar este tema con
profundidad no debe dejarnos tranquilos. La cuestión fundamental se
centra en cómo aplicamos las palabras de Jesús en la actualidad. ¿O
se han vuelto inoperantes en el mundo actual?
La benevolencia radical
La historia es familiar. Un
gobernante "rico" se acerca a Jesús para preguntarle qué debe hacer
para obtener la vida eterna. Después de escuchar la enumeración de
los logros del joven, Jesús le dijo: "Aún te falta una cosa: vende
todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el
cielo; y ven, sigúeme" (Luc. 18: 22).
La explicación que muchos de
nosotros hemos dado es que Jesús no les dirigió a todos esa
indicación particular. Él, como profeta, poseía una percepción
especial de las necesidades específicas del joven gobernante que
estaba de pie frente a él aquel día; y vio que el único gran
obstáculo que se interponía entre la vida eterna y él era su
riqueza: por eso le indicó que vendiera todo lo que tenía y diera el
dinero a los pobres. Pero para usted y para mí la prueba puede ser
diferente, pues los obstáculos que afrontamos en la vida son
diferentes. Yo creo que esta explicación es válida.
Pero una mañana de enero de 2001 me
asaltó un nuevo pensamiento mientras reflexionaba en un capítulo del
libro The Politics of Jesús, de John H. Yoder. Por primera vez,
sentí el impacto de Lucas 12: 33. Resulta que ese texto es parte del
registro que hace Lucas del Sermón del Monte de Jesús y, por lo
tanto, las amonestaciones y ordenanzas proclamadas allí no pueden
considerarse aisladas, o tan específicas que son dirigidas a una
sola persona.
Por tanto, aquí está el pasaje de
Lucas 12: 33: "Vended lo que poseéis y dad limosna; haceos bolsas
que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde
ladrón no llega, ni polilla destruye". Jesús parece estar aplicando
a todos los que tienen riqueza el mismo mandato que dio al joven
rico en el capítulo 18.
¿Qué quiso decir Jesús? Si yo vendo
todo lo que tengo y doy el dinero a los pobres, entonces
inmediatamente me convierto en pobre, necesitado de que alguien más,
siguiendo el mismo principio, venga en mi rescate. Pero entonces esa
persona, a su vez, se convierte en pobre. Y no es difícil visualizar
la forma en que tal proceso conducirá con el tiempo a severas e
inesperadas complicaciones.
Encuentro que cuando uno lucha con
este tema es útil considerar lo que ocurrió en la iglesia primitiva,
tal como se registra en el libro de los Hechos. Estos, después de
todo, fueron los cristianos que vivieron más cerca del contexto
social en que Jesús hizo esta declaración. Hechos 4: 32-35 dice que
"la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y
ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían
todas las cosas en común [...]. Así que no había entre ellos ninguno
necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las
vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de
los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad". Lo que
se presenta aquí es el retrato de una comunidad integrada, una
unidad familiar de creyentes.
Pero el incidente con Ananías y
Safira (Hech. 5: 1-10), aunque sea trágico, nos muestra algo de la
dinámica que impulsaba este rico programa de distribución: era
voluntario, no se obligaba a nadie, no se le requería a nadie. No
todo es explícito en la historia, pero, al parecer, la pareja,
viendo quizá la general aprobación que recibió Bernabé (Hech. 4: 36,
37) después de dar a la iglesia todo el dinero que había recibido de
la venta de sus propiedades, quería recibir los mismos elogios por
un sacrificio menor.44 Lo qi<e aprendemos de la confrontación de
Pedro con ellos es que la pareja tenía total autoridad y libertad
para hacer con su propiedad lo que quisiera: no tenían ninguna
obligación de venderla. "Y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué
pusiste esto en tu corazón?" En otras palabras, podrían haber dado a
la iglesia cualquier porción del precio que quisieran. Fue la
egoísta tergiversación de la transacción la que los llevó a la
tragedia.
Otra consideración es la idea que
propone Yoder en el capítulo 1 que yo estaba leyendo aquella mañana.
Conectando el texto de Lucas 12: 33 con el pronunciamiento de Jesús
registrado en Lucas 4:18, 19 (que él ve como una clara referencia al
esquema de la realineación de las propiedades en conexión con el
antiguo año del jubileo), propone la idea de que la declaración de
Jesús en Lucas 12 no estaba dirigida simplemente a un grupo especial
de personas ultra-dedicadas, ni era tampoco una "ley constitucional
para fundar un utópico Estado de Israel". Era, más bien, dice Yoder,
"una ordenanza del jubileo que debía ponerse en práctica aquí y
ahora, como una prefiguración del restablecimiento de todas las
cosas".45
Así que Yonder pone el énfasis en
algo que iba a ocurrir como parte de la misión mesiánica de Jesús,
sin ninguna aplicación necesaria en la actualidad. Así, los
cristianos contemporáneos están libres de esa obligación. Yo
considero inadecuada esta interpretación, y creo que una forma más
natural de comprender el texto es verlo como aplicable
universalmente y en todos los tiempos. Por muy radical que suene, su
aplicación, como lo vimos en el caso de la iglesia primitiva, es la
correcta. Tenemos, además, un caso que demuestra ese mismo punto
durante el ministerio de Jesús. Cuando Zaqueo rindió su vida al
Maestro, voluntariamente ofreció: "La mitad de mis bienes doy a los
pobres", no todo, como Jesús le había estipulado al joven gobernante
rico. (Tampoco Lucas 12: 33 sugiere que vendamos todo.) Y "si en
algo he defraudado a alguno", añadió Zaqueo, "se lo devuelvo
cuadruplicado". Aceptando el arreglo, Jesús dijo: "Hoy ha venido la
salvación a esta casa" (Lúe. 19: 8, 9).
Más allá de todo esto, la
preocupación de Jesús con respecto a la riqueza era señalar su
peligro intrínseco. Sus declaraciones comparando las posibilidades
de una persona rica de entrar al cielo con la posibilidad de que un
camello entrara por el ojo de una aguja (Mar. 10: 18-25) no tenían
el propósito de parecer ingeniosas, como todo el contexto aclara
perfectamente. Lo que se proponía era indicar cuan serio es el
impedimento que las riquezas le plantean a nuestra salvación. Sin
embargo, Jesús añadió, alentadoramente: "Todas las cosas son
posibles para Dios" (Mar. 10: 27).
Con respecto al perdón
La historia es familiar. Pedro le
preguntó a Jesús: "Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que
peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta
siete, sino aun hasta setenta veces siete" (Mat. 18: 21, 22).
Los beneficios espirituales,
emocionales y psicológicos del perdón son bien conocidos, y se han
escrito numerosos libros y artículos sobre el tema. Mi corazón late
al unísono con todos esos sentimientos, sentimientos que he
expresado innumerables veces, y los expresaré otra vez. Sin embargo,
siempre he albergado una persistente preocupación con respecto a la
inadecuada comprensión que la gente tiene de la declaración de
Jesús.
La forma como vierte la Nueva
Versión Internacional la cláusula es "setenta y siete veces".
Cualquiera sea la versión que adoptemos, estamos hablando aquí de un
gran número de ofensas. Y siendo que ninguna persona normal tomaría
tiempo para llevar un registro, la comprensión común (y yo creo que
es la correcta) de la declaración de Jesús es que no debiera haber
limites para el perdón. Alguien nos insulta, nos humilla, nos habla
groseramente, dice una serie de hirientes mentiras con respecto a
nosotros y nuestra familia, se burla públicamente de nosotros, daña
nuestra reputación, hay simplemente docenas de casos de esos en el
curso de la vida diaria, y nosotros nos hacemos un enorme favor a
nosotros mismos si ponemos tales heridas a un lado, perdonándolas y,
si es posible, olvidándolas.
Es probable que Pablo tuviera tal
cosa en mente cuando escribió a los creyentes de Colosas: "Vestios,
pues, como escogidos de Dios [...] de entrañable misericordia, de
benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos
unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviera queja
contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo
vosotros" (Col. 3: 12, 13).
No existe la menor duda de que
cuando Pedro le preguntó a Jesús tenía la misma idea en mente: las
múltiples ofensas que pueden producirse durante el curso de la
interacción cotidiana de los seres humanos. De acuerdo con esto no
debiéramos extrapolar demasiado la respuesta de Jesús y hacer
aplicaciones universales a todas las situaciones de la vida humana.
Si estamos preparados para ir más abajo de la superficie, podemos
preguntarnos si la respuesta de Jesús se aplica en la misma forma a
todos los siguientes casos:
1. Una familia se sacrifica durante
mucho tiempo para reunir el dinero necesario para construir o
comprar una casa, y allí guardan sus pertenencias invaluables e
irremplazables: libros, papeles, videos, computadoras con
información vital para la familia, fotografías irremplazables de
bodas, graduaciones, nacimientos y otras ocasiones especiales. Luego
viene un pirómano, y todo se desvanece en humo.
¿Y qué ocurre cuando encuentran al
pirómano? Si decimos, "perdonemos", ¿qué queremos decir? ¿Significa
que el incendiario se puede ir tranquilamente a su casa? Pero,
digamos, por causa del argumento, que el pirómano se va a su casa
perdonado. ¿Y qué pasa si la misma persona, al día siguiente, quema
el departamento donde la familia damnificada se había refugiado
temporalmente? ¿Qué pasará entonces? ¡Ysolo estamos en el incidente
número dos! ¿Tenían Jesús y Pedro tal atrocidad en mente?
2. En el mes de octubre de 2005, un
hombre entró en una tienda en Maryland, donde su ex esposa trabajaba
como cajera, la regó con gasolina y le prendió fuego, dejándola
horriblemente desfigurada para el resto de su vida. En la actualidad
ella no es más que un fantasma, no quedó nada de su antigua belleza.
Pero vuelva conmigo a la escena del incidente; e imagine que
inmediatamente la mujer recobra la conciencia suficiente para
perdonarlo. Luego imagine que después de haberlo perdonado, él sigue
la ambulancia hasta el hospital (y por fantástico que parezca todo
esto, le pido que permanezca conmigo un momento) se arrastra como
gusano hasta la misma sala de cuidados intensivos con una botella de
ácido en las manos. Y mientras ella está inconsciente rocía el ácido
en lo que le queda de rostro a su ex esposa. ¿Habrá alguien, en
algún lugar, que tenga la capacidad para decir que esta mujer ha
desobedecido a Cristo si encuentra difícil perdonar al demonio en
que se convirtió su ex marido? Y, para remachar el punto: ¿estaba
Jesús hablando de incidentes como estos?
3. El 7 de junio de 2003, Brian y
Daphne Gipson se dirigían a su casa en Pennsylvania. Estaban de
regreso de su luna de miel que habían pasado en la Florida. Mientras
su vehículo pasaba bajo un puente, alguien tiró una piedra que
rompió el parabrisas y le dio a Daphne en la cara. Semanas más
tarde, Brian todavía estaba esperando el día en que su esposa
hablara de nuevo. "Él espera, ora, y se obsesiona con esta pregunta:
¿cómo pudo alguien arrojar aquella piedra, cambiar tantas vidas y
todavía dormir tranquilo por la noche?" Después de pasar muchos
meses en el hospital, Daphne sale como una persona destruida, para
hacerle frente a la ruptura de su matrimonio.46
Pero supongamos que Daphne conoce a
la persona que realizó aquella perversa acción y la perdona. ¿Puede
usted imaginar que su capacidad de perdonar a esa persona sea la
misma la segunda, la tercera, la cuarta, la vigésima vez? ¿No
malinterpretamos a Jesús cuando utilizamos sus palabras para
acumular sentimiento de culpabilidad sobre las personas que al hacer
frente a actos brutales e inenarrables, encuentran difícil perdonar
y buscar justicia al mismo tiempo?
4. La mujer paquistaní de 32 años
había sido acusada por su marido de tener relaciones sexuales con su
hermano, y un día, el esposo se vengó. Un informe de Gujar Khan,
Pakistán, difundió los horribles resultados: "La cabeza de Zahida
Perveen está envuelta en una tela blanca de algodón, que ella
aprieta constantemente. Pero cuando ella se indina para levantar a
su bebé, el velo cae para revelar "las horribles heridas que había
sufrido". "Los ojos de Perveen son dos cuencas vacías de carne viva,
sus orejas habían sido cortadas, y su nariz no era más que un pedazo
de hueso enorme y enrojecido. Seis meses antes, su esposo, en un
arranque de rabia por la supuesta infidelidad, le había atado las
manos y los pies, y la había acuchillado con una navaja de afeitar y
un cuchillo. Ella tenía tres meses de embarazo en ese momento".47
La pregunta no es si esa mujer
debiera perdonar a su esposo, sino: ¿Puede alguien pensar seriamente
que Jesús o Pedro tenían esas atrocidades en mente hace dos mil
años?
Estas son algunas de las
consideraciones que hacen difíciles de entender las declaraciones de
Jesús acerca del perdón. ¿Cómo aplicamos sus palabras, por ejemplo,
en casos de repetido abuso sexual y físico de los niños dentro del
hogar? Fue al principio de Mateo 18, cuando, al poner énfasis sobre
ese tema, Jesús expresó estas terribles palabras: "Y cualquiera que
haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le
fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y
que se le hundiese en lo profundo del mar" (vers. 6). Aunque su
primera referencia aquí es el juicio divino, sería ingenuo tomar
livianamente lo que Dios trata con tanta seriedad: ofrecer el perdón
"fácil" y repetidamente.
Mi intención en esta sección era ir
un poco más profundo en estas cuestiones que, por lo general,
consideramos superficialmente. Por ejemplo, la respuesta de Jesús a
Pedro. Mi intención no es, en lo absoluto, alentar las actitudes de
venganza y falta de perdón, porque tales actitudes (como dijimos
antes) producen destrucción emocional. Pero creo que es importante
reconocer que los enfoques simplistas que echan las ofensas comunes
de la vida diaria en el mismo saco que las atrocidades que cambian,
desfiguran y acaban con la vida en todos los sentidos; se burlan de
las palabras de Jesús y crean sentido de culpabilidad en aquellos
que hacen frente a terribles y criminales ofensas contra sus
personas o sus propiedades. Al parecer, Jesús mismo hace una
diferencia con ciertas ofensas particulares, como la ominosa
advertencia que le hizo a Judas la noche de su entrega: "A la verdad
el Hijo del hombre va, como está escrito de él, mas ¡ay de aquel
hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! Bueno le fuera a
ese hombre no haber nacido" (Mar. 14: 21).
El asunto del perdón es
extraordinariamente sensible y complejo. Es lo que hace que la
declaración de Jesús acerca de él sea tan desafiante.
En conclusión
Admitámoslo, Jesús dijo algunas
cosas difíciles, que nos confunden; cosas difíciles de entender.
Esparcidas por todos los Evangelios se encuentran algunas de las más
desafiantes declaraciones éticas que podamos encontrar jamás en
parte alguna. Exigen un estudio y un esfuerzo constantes para
comprenderlas. En este capítulo apenas hemos tocado la superficie.
Referencias
43. Ver Elena G. de White, Consejos sobre salud, p. 328.
44. Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 176.
45. )ohn H Poder, The Politics of Jesús (Grand Rapids, Michigan:
Eerdmans, 1972), p. 76.
46.
Lonnae O'Neal Parker, "Fight to Regain Life After 1-95 Attack."
Washington Post, 8 de abril de 2003, pp. AI, A3.
47. "In
Pakistán, Women Pay the Price of'Honor'", Washington Post, 8 de mayo
de 2000, pp. AI.
Compilador: Dr. Pedro Martínez