La Naturaleza Humana de Cristo

Lección 3

Para el 19 de abril de 2008
La Iglesia Adventista ¿tiene una posición tomada con respecto a la naturaleza humana de Cristo?
Durante décadas, los adventistas han estado debatiendo con respecto a la
naturaleza humana de Jesús, sin resolver la diversidad de posiciones que
caracterizan el debate. Estoy agradecido de que no haya preguntado por mi
opinión personal, sino por la que la iglesia tiene con respecto a este tema. La
iglesia ha respondido su pregunta de una manera tangencial. Le mostraré la
posición y por qué, en mi opinión, la iglesia está en lo correcto.
1.
Posición oficial de la iglesia: Por "posición oficial de la iglesia" quiero
significar un entendimiento específico de un tema doctrinal, votado en consenso
por los representantes de la iglesia mundial en una sesión de la Asociación
General. Con respecto a su pregunta, la declaración de la iglesia de las
Doctrinas Fundamentales es útil, ya que resume lo que la iglesia sostiene como
verdades bíblicas alrededor del mundo. Déjeme citar algunas declaraciones
relacionadas con su inquietud: "Dios el Hijo eterno se encarnó en Jesucristo
[Juan 1:1-3, 14][...] Siendo para siempre verdaderamente Dios, también se
convirtió verdaderamente en hombre, en Jesús, el Cristo [Heb. 2:14][...] Vivió y
experimentó tentaciones como ser humano, pero ejemplificó perfectamente la
justicia y el amor de Dios [Heb. 4:15]" (Creencias fundamentales de la Iglesia
Adventista, nº 4). En su infinito amor y misericordia, Dios "al que no conoció
pecado, por nosotros lo hizo pecado" (2 Cor. 5:21).
Estas declaraciones atestiguan que, en primer lugar, Jesús es divino; segundo,
que llegó a ser lo que antes no había sido: verdaderamente humano; y, tercero,
que fue sin pecado, aun cuando enfrentó severas tentaciones. Podemos hacer estas
afirmaciones sin vacilaciones, porque es lo que la Biblia enseña claramente
acerca del Hijo de Dios. Sin embargo, la iglesia, sabiamente, no ha dilucidado,
en una declaración doctrinal, la esencia específica de la naturaleza humana de
Jesús.
2. El misterio de la encarnación: Lo que ocurrió dentro del vientre de María es
algo desconocido para los seres humanos. Deberíamos estar más que deseosos de
reconocer que la encarnación del Hijo de Dios escapa a nuestra comprensión. La
encarnación es, precisamente, la unión de lo divino y lo humano en la condición
de la carne humana. Aunque las dos naturalezas permanecen distintas, lo que
sucedió no fue que lo divino moró en
lo humano, sino una encarnación real.
Éste es el evento más misterioso en la historia del universo que las criaturas
inteligentes de Dios hayan conocido, y está más allá de su capacidad
intelectual. Es una singularidad genuina en el cosmos; probablemente, sea por
esta razón que Dios ha llevado a la iglesia a afirmar sólo lo que la Biblia
declara inequívocamente, sin intentar especular con respecto al evento mismo y
lo que sucedió en el momento en que las dos naturalezas se unieron en el vientre
de María.
3. Desafío para estudiar: El hecho de que la encarnación del Hijo de Dios sea un
misterio no debería desanimarnos de explorarla para obtener su mejor
entendimiento. Dado que el estudio del tema nos llevará toda la eternidad, sería
deseable —incluso necesario— comenzar a estudiarlo desde ahora. Sin embargo, la
profundidad de este sagrado tema debería conducirnos a reconocer que nuestras
posiciones son siempre limitadas y que nuestras pretensiones de que lo
entendemos deben estar caracterizadas por la humildad. Lo significativo de ese
magnífico evento es que Dios vino a habitar entre nosotros, revelándonos su
gloria, su gracia y su verdad (Juan 1:14); Jesús "es la imagen del Dios
invisible" (Col. 1:15). La encarnación no ocurrió para estimular el debate
teológico entre los creyentes, sino para hacer posible que el Hijo de Dios
muriera por nosotros y librara "a todos los que por el temor de la muerte
estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre" (Heb. 2:15). La
contemplación de la encarnación del Salvador debería llevarnos a imitar su amor
abnegado en un espíritu de humildad (Fil. 2:1-5).
Todo intento por definir la naturaleza humana de Cristo es una exploración del misterio de la encarnación, y debería ser abordado con reverencia y la conciencia de que no hay lugar para el orgullo humano y actitudes condenatorias. La iglesia ha permitido la diversidad de opiniones sobre este tema y anima su estudio, pero rechaza los intentos de imponer a otros nuestras ideas personales. Los esfuerzos por obligar a otros a adoptar una comprensión particular de la naturaleza humana de Cristo generalmente causan turbación, divisiones y actitudes anticristianas en las congregaciones locales. La exploración de este tema debería motivar la unidad cristiana, el amor y la fe.
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