1.
Acerca del matrimonio y la abstinencia
En realidad el tema de discusión en
Mateo 19:3-12
no es tanto el matrimonio y la abstinencia, como la
consideración del divorcio en el matrimonio. Primero veamos qué
dice el texto, después analizaremos los puntos más importantes
del mismo, y terminaremos con una conclusión bíblica sobre el
asunto.
1.1. El texto bíblico de Mateo 19:3-12, dice:
“Y
se acercaron a El algunos fariseos
para probarle,
diciendo:
¿Es lícito a un hombre divorciarse de su mujer por cualquier
motivo?
Y respondiendo El, dijo: ¿No habéis leído que aquel que los
creó, desde el principio LOS HIZO VARÓN Y HEMBRA, y añadió: “POR
ESTA RAZÓN EL HOMBRE DEJARA A su PADRE Y A su MADRE Y SE UNIRÁ A
SU MUJER, Y LOS DOS SERÁN UNA SOLA CARNE”? Por consiguiente, ya
no son dos, sino una sola carne. Por tanto,
lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe.
Ellos le dijeron*: Entonces, ¿por qué mandó Moisés DARLE CARTA
DE DIVORCIO Y REPUDIARLA? El les dijo*: Por la dureza de vuestro
corazón, Moisés os permitió divorciaros de vuestras mujeres;
pero no ha sido así desde el principio. Y yo os digo que
cualquiera que se divorcie de su mujer,
salvo por infidelidad,
y se case con otra, comete adulterio.
Los discípulos le dijeron*: Si así es la relación del hombre con
su mujer, no conviene casarse. Pero El les dijo: No todos pueden
aceptar este precepto,
sino sólo aquellos a quienes les ha sido dado. Porque hay
eunucos
que así nacieron desde el seno de su madre, y hay
eunucos
que fueron hechos eunucos por los hombres, y también hay
eunucos
que a sí mismos se hicieron
eunucos
por causa del reino de los cielos.
El que pueda aceptar esto, que lo acepte”
Mateo 19:3-12 (LBLA - destacado nuestro)
Hemos destacado en negrita o subrayado los aspectos de análisis
siguientes.
1.2. Breve análisis del texto
El primer punto importante, es que los que se acercan a Jesús
son
Fariseos, y lo hacen con una motivación
declarada en el propio pasaje, “para
tentarle” o “probarle”
(Versículo 3, según versión RV95 o LBLA).
Jesús ha sido tentado o probado en reiteradas ocasiones,
siempre para ser acusado:
A. Enfrentando a Jesús con la Ley de Moisés:
Preguntándole si era lícito repudiar mujer
(tal como había mandado Moisés): Marcos 10:2, Mateo 19:3
Preguntándole si debían apedrear a la adúltera (tal
como mando Moisés): Juan 8:3-7
Preguntándole si estaba permitido sanar en sábado:
Mateo 12:10
B. Enfrentando a Jesús con temas prácticos de la vida cristiana:
Preguntándole si era lícito dar tributo a César:
Mateo 22:17-19, Marcos 12:14-16, Lucas 20:22-24
Preguntándole cuál era el gran mandamiento de la Ley:
Mateo 22: 34-36
Preguntándole qué debían hacer para heredar la vida eterna:
Lucas 10:24-26
C. Enfrentando a Jesús con su propio potencial divino:
Pidiéndole señales del cielo: Mateo 16:1, Marcos
8:11, Lucas 11:16
Tentación
del diablo en el desierto (convertir piedras en pan, pidiéndole
que se lance hacia abajo para ser socorrido por los ángeles,
pidiéndole adoración) : Mateo 4
Si os fijáis detenidamente, prácticamente en todas las ocasiones
en las que Jesús fue tentado o probado
para ser
acusado se han tocado temas o circunstancias que
incluso HOY nos resultan de difícil respuesta.
Es decir, hoy nos preguntamos, por ejemplo, sobre cómo, cuándo y
porqué es lícito el divorcio; cómo, cuándo y porqué es lícito
castigar al adúltero o pecador; cómo cuándo y porqué es lícito
sanar o cocinar en sábado; cómo, cuándo y porqué debemos dar
tributo al Estado, etc. Nos seguimos preguntando cuál es la
“esencia de la Ley” o Gran Mandamiento (y nos cuestionamos si es
o no reducible a una sola Ley). Nos preguntamos cómo podemos
conseguir la vida eterna en la práctica, si la fe es realmente
suficiente, o si debemos preocuparnos por las obras. Y seguimos
pidiendo señales del cielo para afirmar nuestra fe.
Con esto queremos mostrar simplemente, que cuando Jesús era
tentado o probado para ser acusado,
los Fariseos
arremetían con cuestiones eminentemente difíciles
en cuanto al IDEAL de la vida cristiana y la vida PRÁCTICA,
del día a día.
Jesús sabía que los fariseos buscaban acusarle por cualquier
cosa “ilegal”
o incorrecta que hiciera o dijera. Cuando se acercaban a Él para
acusarle, Jesús respondía de manera inteligente, pero no siempre
explícitamente.
Él no
sacrificaría el IDEAL por la PRÁCTICA, y sin embargo, ofrecía
ejemplos PRÁCTICOS para cumplir el IDEAL
(aspecto este, que asombraba hasta a los más doctos)
Así, por ejemplo, cuando le trajeron la mujer adúltera para
apedrearla (según indicaba la Ley judía),
Jesús no se
enfrentó a la Ley, sino que escribiendo en la
arena, pidió que el que estuviera
libre de
pecado
tirase la
primera piedra (y así libró a la mujer de su
condena). Cuando le preguntaron si era lícito sanar en sábado,
Jesús
no explicó si eso era o no un “trabajo”, es
decir, no entró en el problema conceptual que ellos tenían en
mente, sino que explicó que era lícito
hacer bien en
sábado (y así sanó al de la mano seca).
De la misma manera, cuando le preguntan por el divorcio/repudio
(autorizado por Moisés), los fariseos probablemente tenían en
mente el problema conceptual que suponía
Deuteronomio
24:1:
“Cuando
alguno toma una mujer y se casa con ella, si sucede que no le es
agradable
porque ha
encontrado algo reprochable en ella,
y le escribe certificado de divorcio, lo pone en su mano y la
despide de su casa“
¿Qué significaba “algo
reprochable“? De ahí la primer pregunta de los
fariseos “¿Es
lícito a un hombre divorciarse de su mujer por cualquier
motivo?” (Versículo 3).
En otras
palabras le estaban preguntando si “algo
reprochable”
(Dt. 24.1) podía ser “cualquier
motivo”
(Mt. 19.3)
Jesús, simplemente, responde diciendo que “lo
que Dios juntó no lo separe el hombre“. Esta
expresión sólo nos dice que no hay motivo
exclusivamente humano para el divorcio (es
decir, las voluntades humanas no son suficientes). Sin embargo,
cabría preguntarse si lo que “Dios
juntó
puede ser
separado por Dios mismo”. Jesús en ningún momento
dice que el divorcio es inconcebible.
En términos sencillos pero bíblicos, cuando un hombre y una
mujer se unen y se hacen una sola carne,
¿se
unen ellos, o los une Dios?
Evidentemente, Jesús al explicar la razón de la creación del
hombre y la mujer, y su consecuencia, nos dice que
cuando un
hombre y una mujer se unen (voluntad humana) Dios los une
también haciéndolos una sola carne (ambas
voluntades están en plena relación y actividad permanente. Es
decir, la voluntad de la mujer, del hombre y de Dios). Ahora
bien, cuando Jesús dice que “lo
que Dios unió/juntó no lo separe el hombre“,
se refiere a
la voluntad divina de unión, no a la voluntad
humana de convivencia o de estar juntos físicamente hasta la
muerte.
¿Podría Dios, entonces, querer o permitir, que en determinadas
circunstancias, una pareja se divorcie? Sí. Así responde Jesús a
la segunda pregunta que le hacen los Fariseos en este sentido.
“¿por qué
mandó Moisés DARLE CARTA DE DIVORCIO Y REPUDIARLA?”
(versículo 7),
Jesús responde: “Y
yo os digo que cualquiera que se divorcie de su mujer,
salvo por
infidelidad,
y se case con otra, comete adulterio” (versículo 9 -
LBLA
Si es lícito el divorcio por causa de “infidelidad“,
esto quiere decir, implícitamente que Dios no sólo permite la
separación física y humana de la pareja, sino también la
separación de la unión-carne, que Dios había instituido en la
relación.
1.3. Primeras conclusiones
Para recapitular lo que hemos visto hasta aquí, podemos decir
que:
1. Existe una
voluntad
humana (hombre y mujer) de querer estar juntos
físicamente.
2. Existe, junto a la voluntad humana de unión, una
voluntad
divina que considera dicha unión física (punto
1) como “una
sola carne“, y que el hombre no puede separar
(repasa la lección “Adán y Eva: El ideal propuesto“, donde
explicamos qué significa realmente “una
sola carne“)
3. El
divorcio implica que Dios puede dejar de
considerar dicha unión como “una
sola carne“, siempre que haya existido “infidelidad”
(aunque el perdón y la restitución siempre debe ser considerado
en una pareja cristiana. Ver Efesios 4:32 y la lección sobre
Oseas y Gomer: Perdonar a la infiel).
Por tanto estamos frente a
dos
posibilidades:
1. El
divorcio, que sólo es “permitido“,
o considerado por Dios como tal, cuando existe “infidelidad“.
En otras palabras, Dios deja de considerar a dicha pareja como “una
sola carne“.
2. La
separación, cuando una pareja, sin
divorciarse, deciden dejar de convivir juntas (1 Corintios
7:10-11), pero ninguna vuelve a casarse. Es decir, cuando el
acuerdo de voluntad humana de convivencia se rompe, pero Dios
sigue considerándola “una
sola carne” (puesto que ha habido una unión física
indivisible por el hombre, y que sólo Dios considera “divisible”
frente a la
infidelidad/adulterio)
“A los
casados instruyo, no yo, sino el Señor: que la mujer no debe
dejar al marido (pero
si lo deja, quédese sin casar, o de lo contrario que se
reconcilie con su marido),
y que el marido no abandone a su mujer” 1 Corintios
7:10-11 (LBLA - destacado nuestro)
1.4 Últimas consideraciones
Hemos comprendido, por tanto, las dos opciones válidas
bíblicamente que permiten la separación de una pareja (divorcio
y separación).
Evidentemente
Dios “detesta
el divorcio”
(ver Malaquías 2:16), y su ideal, y el de todo cristiano, es el
ser “una sola carne” hasta la muerte”. Sin
embargo, no debemos sacar de contexto a Malaquías 2:16, y pensar
que esto obliga a toda pareja a permanecer junta
incondicionalmente. Dios detesta el PECADO (cualquiera de ellos
y con la misma intensidad, no sólo el divorcio), pero AMA al
pecador. Por tanto, hasta aquí,
es fácilmente
comprensible, bíblicamente hablando, que tanto la separación,
como el divorcio por infidelidad/adulterio, fueron
contemplados por el Señor como opciones válidas para solucionar
problemas de pareja. La convivencia
incondicional de una pareja no es bíblica.
Si embargo, aún cabe una última reflexión. Para terminar de
comprender de forma completa o íntegra el problema del
“divorcio”, debemos, contestar a una pregunta fundamental:
¿Qué
significa “infidelidad”? ¿Quién determina dónde comienza y
termina dicho pecado de “infidelidad”? ¿Qué significado tiene
para Jesús dicho término? ¿Cómo lo utilizaba?
La mayoría de las versiones de la Biblia traducen esta palabra
como “fornicación”
(RV 60, RV 95, , “infidelidad”
(LBLA, NVI) o “pecados
sexuales” (BLS).
Sin embargo, el versículo en griego de
Mateo 19:9
es el siguiente:
“λεγω δε υμιν οτι ος αν απολυση την γυναικα αυτου μη επι
πορνεια
και γαμηση αλλην μοιχαται“.
ΚΑΤΑ ΜΑΤΘΑΙΟΝ 19:9 Greek NT: Westcott/Hort (en negrita hemos
destacado la palabra que traducen como “infidelidad“,
“fornicación”
o “pecados
sexuales“)
La palabra en griego traducida como “infidelidad” o
“fornicación” es
πορνεια
(porneia)
que incluye:
Primera acepción carnal:
adulterio o incesto.
Segunda acepción
espiritual:
en términos figurados es la fornicación idólatra.
En este sentido existen dos posiciones respecto a la
“infidelidad”, y que Jesús expresa como única vía para el
divorcio con aceptación divina (es decir, para que Dios
considere que esa pareja ya no es “una
sola carne“).
1.
La primera posición ESTRECHA y bíblica,
es que sólo por
adulterio
(es decir cualquier relación sexual extramatrimonial), o
incesto
(relación carnal entre parientes dentro de
los grados en que está prohibido el matrimonio) Dios puede
considerar que la pareja ya no es “una
sola carne“, y libera a la otra
parte para un nuevo casamiento.
2.
La segunda posición AMPLIA y también bíblica,
la encontramos en las propia consideración del concepto de
“adulterio” que Jesús utiliza en
Mateo 5:27-30,
y que dice así:
“Habéis
oído que se dijo: “NO COMETERAS ADULTERIO.” Pero yo os digo que
todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió
adulterio con ella en su corazón.
Y si tu ojo derecho te es ocasión de pecar, arráncalo y échalo
de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y
no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano
derecha te es ocasión de pecar, córtala y échala de ti; porque
te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu
cuerpo vaya al infierno”
Mateo 5:27-30 (LBLA - destacado nuestro)
Por tanto, la última consideración que podemos hacer al respecto
radica en comprender que no es sólo el ACTO sexual explícito
extramatrimonial el que Dios considera como “infidelidad”
en Mateo 19.9, y que libera a la otra parte para un nuevo
casamiento, sino que también el PENSAMIENTO (en este caso
codicia) es considerado adulterio.
¿Debemos considerar estas palabras de Jesús como “metafóricas”?.
De ninguna manera. El pecado es esencialmente la separación del
Hombre y Dios. Jesús viene a decir que TODO PECADO (incluido el
adulterio) comienza en la mente, y luego se consuma,
normalmente, en acciones. Pero no es necesaria la consumación
del acto deseado para ser considerado pecado. Las reflexiones
que podemos sacar de todo esto son:
A. El pecado no tiene grados o niveles. Todo pecado “quiebre
o ruptura de relación” es detestado por Dios.
B. Todos los hombre y mujeres somos pecadores.
C. El pecado de
adulterio
no es sólo el acto de la relación sexual extramatrimonial, sino
que está
en nuestra propia inclinación de separación de Dios,
y se puede consumar en la propia mente (es decir, todos estamos
en condiciones de cometer este pecado sin necesidad de que “se
den las circunstancias” físicas).
D. No
es lógico, desde el punto de vista cristiano, considerar el
divorcio sólo por un pecado de adulterio (sea
físico o mental). Dios nos ha dado ejemplo de haber perdonado a
su pueblo “infiel”, y Jesús de no condenar a la “adúltera”. El
perdón es la primer consideración que hace un cristiano frente a
cualquier pecado (más aún de quien considera ser una carne en
él).
E. Si alguien quiere divorciarse “por
cualquier motivo“, seguramente encontrará “excusas”
para ello. Pero la Biblia no está escrita para que el hombre
encuentre excusas a sus deseos o pretensiones, sino para
ayudarle a tener una mejor comunión con Dios y con los demás.
F. Y finalmente, ni el divorcio, ni la separación son el ideal
de Dios. Sin embargo, ambos son contemplados como posibles
frente a las infinitas circunstancias de convivencia que puede
estar “sufriendo” la pareja. La convivencia incondicional no es
bíblica.
Cada pareja e individuo (cristiano) debe valorar en la soledad
con el Señor su situación personal y marital, y aprendiendo de
Él, conseguir encontrar respuesta a la infinidad de situaciones
difíciles que muchos matrimonios están viviendo en la sociedad
actual.
Quizá uno de
los aspectos más importantes de todo este estudio, radique en no
pretender considerar el problema del divorcio como un tema
meramente “legal”
(siendo así tarde o temprano se encontrarán razones para el
mismo), sino que el matrimonio y el divorcio debe tratarse como
una cuestión de
AMOR,
tal como Dios nos trata a nosotros. ¿No crees
que Dios tiene excusas suficientes para “divorciarse” de todos
nosotros?
2.
Acerca del perdón
Roy Adams, nos propone una reflexión en el siguiente pasaje:
“Entonces
se le acercó Pedro, y le dijo: Señor, ¿cuántas veces pecará mi
hermano contra mí que yo haya de perdonarlo? ¿Hasta siete veces?
Jesús le dijo*: No te digo hasta siete veces, sino
hasta setenta veces siete”
Mateo 18:21-22 (LBLA - destacado nuestro)
Y luego nos hace la siguiente pregunta:
“¿Está
pidiendo Jesús que las víctimas de los actos horrendos perdonen
no solo la primera vez que se cometió el acto, sino también la
séptima? ¿Y está Diciendo él que Dios nunca perdonará a aquellos
que se encuentran incapaces de perdonar a los demonios en carne
humana que los cometen?
El punto no
es que no debemos perdonar.
Más bien, es si no estaremos aplicando mal el consejo lleno de
gracia del Señor cuando lo ponemos al servicio de la clase de
atrocidades aterradoras mencionadas arriba”
Lunes, 5 de mayo, pág. 46 (destacado nuestro)
No sabemos exactamente a qué se está refiriendo Roy Adams cuando
hace esta declaración. Lo cierto, es que
el perdón en
la Biblia NO SE NIEGA A NADIE. Ni aún al más
criminales de los seres humanos. Quizá el problema conceptual
este en comprender qué significa perdonar, y como se relaciona
este con el “daño” o “perjuicio” que traen dichos pecados sobre
terceros.
Lo cierto es que si le preguntáramos a Jesús si debemos perdonar
al mentiroso así como al asesino, él nos diría “Sí,
porque tu no eres más que ninguna de ellos“. A
los seres humanos que nos denominamos “cristianos” no nos gusta
que se nos comparen con los “pecadores”, y mucho menos con los
asesinos. Sin embargo, Jesús vino a enseñarnos que
TODOS SOMOS
PECADORES, y que
NO EXISTEN
NIVELES DE PECADO (salvo aquel pecado que
rechaza la completa influencia de Cristo en la vida del pecador,
impidiendo recibir el perdón). Jesús quiere que comprendamos que
el problema del pecado no radica en los “actos pecaminosos” sino
en nuestro corazón (el de TODOS los seres humanos).
“Habéis
oído que se dijo: “NO COMETERAS ADULTERIO.” Pero yo os digo que
todo el que mire a una mujer para
codiciarla
ya cometió
adulterio con ella en su corazón”
Mateo 5:27-28 (LBLA - destacado nuestro)
“Habéis
oído que se dijo a los antepasados: “NO MATARAS” y: “Cualquiera
que cometa homicidio será culpable ante la corte.” Pero yo os
digo que
todo aquel
que esté enojado con su hermano será culpable ante la
corte;
y cualquiera que diga: “Raca” a su hermano, será culpable
delante de la corte suprema; y cualquiera que diga: “Idiota”,
será reo del infierno de fuego” Mateo 5:21-22 (LBLA
- destacado nuestro)
“Habéis
oído que se dijo: “AMARAS A TU PROJIMO y odiarás a tu enemigo.”
Pero yo os digo:
amad a vuestros enemigos
y orad por los que os persiguen”
Mateo 5:43-44 (LBLA - destacado nuestro)
Por otro lado, no debemos olvidar que la expresión de Jesús “setenta
veces siete” (o
setenta y
siete veces, como traducen otras versiones) se
refiere a que
no hay límite
para ofrecer perdón, y que dicha expresión se
explica seguidamente en la “Parábola
de los dos deudores” o “Parábola
del siervo que no quiso perdonar” (Mateo
18:23-34).
En dicha parábola queda claro que el Rey (Dios) perdonó a un
siervo (Hombre) su deuda, y sin embargo éste inmediatamente
después exigió el pago de la deuda de un consiervo (Hermano u
otro hombre), sin ningun tipo de misericordia.
La enseñanza de Jesús radica en que así como Dios nos perdona
TODO PECADO, nosotros debemos perdonar a quienes pecan contra
nosotros.
Para completar nuestra reflexión, debemos comprender que un
asesino merece el perdón de su pecado contra su prójimo, igual
que el mentiroso, el ladrón, el adúltero o cualquier otra
persona.
Sin embargo,
Jesús no
pretendía, aquí, enseñarnos cómo debemos legislar los daños y
perjuicios producidos por dichos pecados hacia terceros.
La restitución legal del daño ocasionado no implica, en
absoluto, el rechazo al perdón. Mientras que el primero (el
perdón para salvación) es una “legislación” divina, perfecta y
universal, la segunda (la restitución o pena por daños y
perjuicios) es una “legislación” humana, imperfecta y particular
de cada caso, que también tiene su lógica y derecho dentro del
entorno social en el que convivimos pero que no están
necesariamente unidas.
3.
Acerca de la riqueza y del dar
Sobre el “Joven rico” que en realidad era un “hombre dignatario
y jefe judío”, lee el siguiente comentario bajo el epígrafe 2,
titulado
“El hombre dignatario y prominente jefe judío que tenía muchas
posesiones”, en el
siguiente vínculo:
http://escuelasabatica.wordpress.com/2008/01/22/4-lecciones-de-los-candidatos-a-discipulos/
4.
Acerca de la de perfección
El versículo propuesto por el autor, sobre el tema de la
“perfección” es
Mateo 5:48:
“Por
tanto, sed vosotros
perfectos
como vuestro Padre celestial es perfecto“
Mateo 5:48 (LBLA - destacado nuestro)
En primer lugar dicho versículo se encuentra en el contexto del
“amor
a nuestros enemigos“. Jesús comienza diciendo,
en el versículo 43 y 44:
“Habéis
oído que se dijo: “AMARAS A TU PROJIMO y odiarás a tu enemigo.”
Pero yo os digo:
amad a
vuestros enemigos
y orad por
los que os persiguen,” Mateo 5:43-44 (LBLA -
destacado nuestros)
Por tanto, el contexto más inmediato nos dice que el “sed
perfectos” está relacionado con el
“amor“
y no con la perfección humana entendida como “impecabildiad”
(tal como algunos pretenden concluir).
Pero es el sinóptico de este pasaje, que se encuentra en
Lucas 6:32-36,
a través del cual podemos comprender cabalmente las palabras de
Jesús (recuerda que el sinóptico cuenta el mismo hecho bajo las
palabras de otro autor… y siempre son complementarios). Dice
así:
“Si
amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los
pecadores aman a los que los aman. Si hacéis bien a los que os
hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores
hacen lo mismo. Si prestáis a aquellos de quienes esperáis
recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los
pecadores para recibir de ellos la misma cantidad. Antes bien,
amad a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad no esperando
nada a cambio, y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos
del Altísimo; porque El es bondadoso para con los ingratos y
perversos.
Sed misericordiosos, así como vuestro Padre es
misericordioso“
Lucas 6:32-36 (LBLA - destacado nuestro
Resulta por tanto evidente que el “sed
vosotros
perfectos
como vuestro Padre celestial es perfecto” de
Mateo 5:49, es lo mismo que decir “Sed
misericordiosos,
así como vuestro Padre es
misericordioso” de Lucas 6:36. La pregunta
final que debemos hacernos es, ¿Es la misericordia necesaria
para amar a nuestros enemigos? Por supuesto.
Por tanto, analizando el contexto más inmediato del versículo de
Mateo, así como el sinóptico de Lucas, resulta esclarecedor el
significado del concepto de la palabra “perfecto”
utilizada por Jesús. Incluso, analizando el capítulo completo de
Mateo 5, y la vida y libro completo de Mateo,
la conclusión
es aún más contundente (pero por motivos de
espacio y tiempo no nos extenderemos en ello, dado que lo
presentado es suficiente para su comprensión).
Finalmente, recalcar que la “perfección
humana” entendida como “impecabilidad”
no es enseñada en estos versículo, y sólo si lo sacamos del
contexto podemos llegar a semejantes conclusiones.
5.
Acerca de la familia
Sobre la familia y los versículos propuestos por el autor para
este día, lee el siguiente comentario: Epígrafe 1 titulado
“El escriba… y alguno más que dicen querer seguir a Jesús”,
en el siguiente vínculo:
http://escuelasabatica.wordpress.com/2008/01/22/4-lecciones-de-los-candidatos-a-discipulos/