Ing. D. Jarquín López

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¿Quién fue Jesús?

Lección 1

Para el 5 de abril de 2008


Descubre: ¿Quién fue Jesús de Nazaret? ¿Cuál es el significado de su vida? ¿Y por qué deberíamos interesamos en él? ¿Qué dicen los Evangelios aceptados acerca de Jesús? ¿Cuál es la naturaleza del testimonio que presentan? ¿Cuántos millones de libros se han escrito acerca de él a través de los siglos? ¿Sabía Jesús quién era? ¿Sabe usted, quién es Jesús? ¿Conoces realmente a Jesús? ¿Cuál es tu experiencia diaria con él?

Memoriza y considera: “Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” (Mateo 16:13).

Pensamiento clave: En nuestros días con frecuencia aumentan los debates acerca de, ¿Quién fue Jesús? No cabe la menor duda,  podrían darse muchas respuestas, desde un enfoque filosófico, científico,  analítico y esto nos llevaría hasta una conclusión ateísta. Pero cuando estudiamos este tema,  desde un  enfoque a luz de las Sagradas Escrituras, en especial a lo que venía diciendo las profecías del Antiguo Testamento y por supuesto lo que corrobora el cumplimiento de éstas en el Nuevo Testamento, podemos dar una conclusión satisfactoria que Jesús, es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, en suma Jesús es Dios, Nuestro Salvador personal, esta vivo y volverá por segunda vez por todos aquellos que creen en él y le sirven. 

Únicamente Jesucristo ha cumplido las profecías anticipadas por los profetas desde el Génesis.  Dios prometió que el Salvador _el Mesías, el Ungido _ surgiría de Abraham: “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra” (Gén. 22:18; 12:3). Isaías predijo que el Salvador vendría como un Hijo varón y que sería tanto humano como divino: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz” (Isa. 9:6). Este Redentor ascendería al trono de David y establecería un reino eterno de paz (Isa. 9:7). El lugar de su nacimiento sería en Belén: “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (Miq. 5:2. El nacimiento de esta Persona divino-humana sería sobrenatural. Haciendo referencia a Isa. 7:14, el Nuevo Testamento declara: “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emmanuel, que traducido es: Dios con nosotros” (Mat. 1:23). La misión del Salvador se expresa en las siguientes palabras: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová” (Isa.61:1,2).  Jesús identificó su misión con la del Mesías: “Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a  pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos;  a poner en libertad a los oprimidos; a  predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. Y todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca y decían: ¿No es éste el hijo de José?”(Luc. 4:17-22). Son solamente algunos pasajes, que la Biblia muestra que Dios envió a su Hijo al mundo “cuando vino el cumplimiento del tiempo” (Gal. 4:4). De hecho, el foco de las Sagradas Escrituras es Jesús.

PROPÓSITOS DE LA LECCIÓN DE ESTA SEMANA

·                     Saber que la vida y el ministerio de Jesús no fueron mitos, sino que él fue realmente el Mesías, el Hijo del Dios viviente.

·                     Sentir la necesidad de estar unido a Jesús, quien es un Salvador muy personal para todo el que cree.

·                     Hacer conocer a otros que Jesús vino a salvar de los efectos desastrosos del pecado a un mundo caído.

 

I. ¿CONFUNDIENDO A  JESÚS?

“Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. (Mateo 16:14)

No el Bautista

·                     ¿Cómo era posible que algunos pensaran que Jesús podría ser Juan el Bautista, cuando ambos eran contemporáneos? Y ¿qué aspectos del mi­nisterio de Jesús pudieron haberse parecido a los del Bautista?

 1. ¿Quién era Juan el Bautista?

Juan el Bautista, el precursor de Jesucristo e hijo de Zacarías, sacerdote de la "clase de Abías", y de Elisabet (Luc. 1:5).  Mientras Zacarías estaba cumpliendo sus funciones sacerdotales de quemar incienso en el templo, Gabriel lo informó del nacimiento de un hijo y le dio instrucciones de llamar su nombre Juan y criarlo como nazareo.  El ángel predijo que el niño sería lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre, y que saldría con el espíritu y el poder de Elías para "preparar al Señor un pueblo bien dispuesto" (Luc. 1:8-17).  Al recordar su propia edad avanzada como también la de su esposa, Zacarías expresó dudas acerca de las palabra del ángel, y por ello quedó mudo (Luc. 1:18-22).  A su debido tiempo nació el niño, y 8 días más tarde fue circuncidado.  Los vecinos y parientes supusieron que el niño se llamaría Zacarías, pero Elisabet, siguiendo las instrucciones del ángel (Luc. 1:13), insistió en el nombre Juan.  Cuando Zacarías fue consultado por señas,  escribió en una tableta que el nombre debía ser Juan; en ese momento recuperó el habla.  Estos sucesos extraños asombraron a la gente de la región, de modo que se preguntaban qué clase de niño sería el que nació (Luc. 1: 57-66).  Su padre, lleno del Espíritu Santo, profetizó que su hijo sería llamado "profeta del Altísimo" y que iría "delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos" (Luc. 1: 67-79).

Era primo de Jesús y unos 6 meses mayor que él (Luc. 1:36), por lo que probablemente comenzó su ministerio unos 6 meses antes que Cristo, más o menos a los 30 años de su vida.  Era la edad en la que los judíos consideraban que el hombre había alcanzado su madurez plena y, por tanto, podía aceptar las responsabilidades de la vida pública (Luc. 3:23).  Aparentemente, Juan fue un hombre de aspecto y carácter rudo.  No vaciló en hablar claramente cuando fue necesario (Mat. 3:7-12; Luc. 3:7-9).  Era austero; hasta parecería de hábitos casi antisociales (Mat. 11:19; Luc. 7:33): comía alimentos muy sencillos, -como langostas y "miel silvestre"-, su ropa estaba tejida de pelo de camello y usaba un cinturón de cuero (Mat. 3:4; Mar. 1:6; Mat. 11:8).

Creció en el desierto, donde vivió hasta el comienzo de su ministerio.  La Biblia no ofrece información con respecto a la vida y educación temprana de Juan, fuera de decir que "el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel" (Luc. 1:80).  Parecería que toda su predicación se realizó en el "desierto de Judea" (Mat. 3:1), una región de cerros estériles entre el Mar Muerto y los montes más altos de la región central de Palestina.  Lucas afirma que trabajó en la "región contigua al Jordán", y que su predicación en el desierto era el cumplimiento de la profecía de Isaías (Luc. 3:3, 4).  Una razón para predicar cerca del Jordán fue sin duda la presencia del río para los bautismos (Juan. 3:23).  El poder de su mensaje queda demostrado en que salían multitudes de las ciudades y de los campos para escucharlo y ser bautizados por él (Mat. 3:5, 6; Mar. 1:4, 5; Luc. 3:7).  No sólo su palabra llevó frutos entre los judíos de Judea, sino que los efectos de su mensaje se esparcieron por regiones más allá de Palestina (Hech. 18:25; 19:3).

El clímax y el comienzo de la declinación del ministerio de Juan llegó el día del bautismo de Jesús (Juan. 1:33).  Cuando el Señor lo pidió, Juan puso objeciones, afirmando que él mismo necesitaba ser bautizado por Cristo, pero Jesús le instó a que realizara la ceremonia, "porque así conviene que cumplamos toda justicia" (Mat. 3:13-15).  Después del bautismo, Juan vio al Espíritu Santo en forma de paloma que descendía sobre Jesús, y oyó una voz del cielo que testificaba que era el Hijo de Dios (Mat. 3:16, 17; Mar. 1:9-11; Luc. 3:21, 22; Juan. 1:30-34).  "El día siguiente" Juan señaló a Cristo como el Cordero de Dios a quienes lo rodeaban (Juan. 1:29).  Más tarde, cuando repitió su declaración, dos de sus discípulos que habían escuchado sus palabras comenzaron a seguir a Jesús (Juan 1:36-42), símbolo del cambio que se produciría en las multitudes que abandonarían a Juan para seguir al nuevo Maestro (Juan 3:26).

En ningún momento fue mayor la grandeza de Juan que cuando algunos de sus discípulos vinieron a él con el mensaje de que todos los hombres seguían a Jesús.  Su respuesta mostró la más completa abnegación y entrega a Dios: "No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo...  Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe" (Juan. 3:2).  Algunos meses, o tal vez un año o más después del bautismo de Jesús, Herodes Antipas lo encarceló, porque lo había reprendido valientemente por abandonar a su esposa y casarse con su sobrina Herodías, que era la esposa de su hermanastro Herodes Felipe (Mat. 14:3, 4; Luc. 3:19, 20).  Algún tiempo después de su encarcelamiento Juan envió a dos de sus discípulos a Jesús para preguntarle si era el Mesías o no.  Jesús les pidió que le contaran a Juan lo que habían visto y oído: cómo los enfermos sanaban, los muertos resucitaban y el evangelio era predicado a los pobres (Mat. 11:2-6; Luc. 7:18-23).  Después de la partida de los mensajeros, Jesús pronunció un maravilloso panegírico de su precursor: Juan no era vacilante ni indeciso, como un junco movido en la dirección en que sopla el viento; no era un hombre de vestimenta y maneras palaciegas, sino un profeta, y mucho más que un profeta, a quien se le dio la tarea de anunciar la venida del Mesías (Mat. 11:7-18; Luc. 7:24-35). Tal vez unos 6 meses después de este incidente Juan fue decapitado.  Su muerte se debió a las intrigas de Herodías, que odiaba a Juan por haber reprendido los actos de Herodes en relación con ella (Mar. 6:19).  En ocasión del cumpleaños del gobernante, cuando éste atendía a algunos invitados importantes, Salomé, la hija de Herodías y Felipe, bailó ante ellos.  Su actuación agradó tanto a Herodes que le ofreció lo que pidiera, hasta la mitad de su reino.  Salomé consultó con su madre, que le indicó que pidiera la cabeza de Juan.  Esto turbó a Herodes, porque lo respetaba y temía.  Sin embargo, consideró que no podía dejar de cumplir su promesa; de modo que ordenó que el profeta fuera decapitado.

·                     La orden se cumplió y la cabeza del Bautista fue presentada en una bandeja (Mt. 14:3, 6-11; Mr. 6:19-28). 

·                     El cuerpo de Juan fue sepultado por sus discípulos (Mt. 14:12; Mr. 6:29). 

·                     Cuando más tarde Herodes oyó acerca de Jesús y de sus obras maravillosas, pensó que era Juan resucitado de los muertos (Mat. 14:1, 2; Mar. 6:14, 16; Luc. 9:7).   

No Elías, o Jeremías o alguno de los profetas

·                     ¿Cómo es que Jesús podría ser Elías, Jeremías o algunos otros profetas del Antiguo Testamento? ¿De dónde salieron estas ideas? ¿Por qué confundieron a Jesús con otros profetas del Antiguo Testamento? ¿Está confundida la humanidad de hoy, quién es Jesús? Para usted, ¿Quién fue Jesús? ¿Quién es Jesús?

2. ¿Sabes algo? ¿Quién era Elías? (1 Reyes 18).

Cuando Acab comenzó a reinar, había pasado poco más de medio siglo desde la muerte de Salomón y la división del reino; desde entonces Israel, el reino del norte, había caído rápidamente en apostasía.  Pero Acab "hizo lo malo ante los ojos de Jehová, más que todos los que reinaron antes de él", porque se casó con Jezabel, hija de un rey fenicio, y adoptó la religión de ella y se convirtió en un adorador de Baal (1 Reyes 16:30, 31).  No sólo eso, sino que le construyó un templo en Samaria (1 Reyes 16: 32, 33), y así hizo "Acab más que todos los reyes de Israel que reinaron antes que él, para provocar la ira de Jehová" (1 Reyes 16:33). 

·                     Tales eran las condiciones bajo las cuales Dios llamó a Elías para que visitara a Acab en la corte y le anunciara una sequía severa de duración indefinida como castigo aleccionador (1Reyes 17:1).  Luego se instruyó al profeta a que huyera por su seguridad al arroyo de Querit, un tributario estacional del río Jordán (1 Reyes 17:2, 3), donde fue alimentado por un tiempo con comida provista en forma milagrosa (1 Reyes 17:4-6).  Cuando se secó el arroyo, Elías recibió la instrucción de salir de Israel y encontrar refugio en Sarepta, un pueblo sidonio (Luc. 4: 26).

·                     Allí Dios hizo un nuevo milagro para sostenerlo (1Reyes 17: 7-16) y por medio de él resucitó al hijo de la viuda cuya hospitalidad le había provisto un refugio temporario (1 Reyes 17:17- 24).

·                     Después de unos 3 l/2 años (Luc. 4: 25, 26), durante los cuales Acab no había cejado en sus esfuerzos por encontrar al profeta y pedirle cuentas por el hambre que llegó a ser muy severa (1 Reyes 18:2-6, 10), Dios le indicó a Elías que tenía que presentarse una vez más en la corte de Acab (1 Reyes 18:1, 2). 

·                     La intensidad del hambre y la gravedad con la que Acab consideraba la situación están reflejados en la reacción temerosa de Abdías, el oficial que administraba la casa de Acab, ante quien Elías se presentó (1 Reyes 18:7-14).

·                     El cargo inicial de Acab al encontrarse con Elías: "¿Eres tú el que turbas a Israel?", fue rápidamente silenciado por la acusación  divina de que Acab mismo era el culpable de la desgracia de la nación, y por la orden de que el rey se presentara inmediatamente en el monte Carmelo con todos los profetas de Baal y de Asera (1 Reyes 18: 17- 19).

·                     En el monte Carmelo se hizo una dramática prueba para ver si Baal o Yahweh era el Dios verdadero, con el propósito de que el rey mismo y el pueblo pudieran hacer una decisión sobre el tema (1 Reyes 18:20-40). 

·                     Los profetas de Baal tuvieron la primera oportunidad de demostrar el poder de su dios, pidiéndole que hiciera descender fuego del cielo para consumir el sacrificio que le había sido ofrecido (1 Reyes 18:22-29), pero Baal no respondió.

·                     Entonces Elías reparó el altar de Jehová que yacía en ruinas, puso un sacrificio sobre el altar, empapó todo con agua y luego invocó a Dios para que vindicara su nombre. 

·                     El Señor respondió enviando fuego que consumió el sacrificio, el altar y el agua (1 Reyes 18:30-38). La gente reconoció que Jehová era el verdadero Dios, y, al mandato de Elías, mataron a todos los profetas de Baal (1 Reyes 18:39, 40). 

·                     Luego, para demostrar que la sequía había sido un castigo  divino sobre la tierra, y como consecuencia de la admisión del pueblo de que Jehová era el verdadero Dios, cayó una lluvia abundante (1 Reyes 18: 41-46).

 

3. ¿Quién fue Jeremías? (Jeremías 20:1, 2, 7, 8).

A Jeremías se lo conoce como el profeta llorón.  Era hijo de Hilcías, un, sacerdote de Anatot (Jer. 1:1).  Fue llamado al oficio profético mientras todavía era joven (Jer. 1:6, 7).  Al principio, vaciló en aceptar el llamamiento, pero Dios le aseguró que aunque encontraría oposición violenta también podía esperar ayuda divina en la realización de su misión (Jer. 1:8, 17-19).

·                   Jeremías, tierno y suave por naturaleza, padeció mucha angustia personal por el conflicto entre sus sentimientos y los severos mensajes de reprensión y advertencia que debía llevar. 

·                   Al prever la triste suerte que esperaba a su amado pueblo, exclamó: "Me duelen la fibras de mi corazón" (Jer. 4:19). 

·                   La cautividad era inevitable (Jer. 4:27, 28), pero Dios con soló a Jeremías con la promesa de que no constituiría el fin de "todo" para su pueblo elegido (Jer. 4:27; 5:10). 

·                   Para impresionarlo con la desesperada degeneración moral y espiritual, Dios lo envió en excursión por las calles de Jerusalén en busca de un hombre que sinceramente buscara conocer y hacer la voluntad de Dios (Jer. 5:1). 

·                   Sin éxito, Jeremías volvió esperanzadamente a los dirigentes, pero encontró que ni uno de ellos guiaba a la nación por los caminos de justicia (Jer. 5: 3-5). 

·                   Percibiendo mejor ahora la completa apostasía de su pueblo, Jeremías recibió instrucciones de ponerse "a la puerta de la casa de Jehová" para advertirles de la suerte que les esperaba si no se arrepentían.  Ese sermón, comúnmente llamado "El discurso del templo", está registrado en Jeremías 7-10. 

·                     La gravedad del mensaje es evidente por la advertencia de Dios a Jeremías: "No ores por este pueblo... porque no te oiré" (Jer. 7:16). 

·                     Lamentándose por su solemne implicación, exclamó: "¡Oh, si mi cabeza se hiciese aguas, y mis ojos fuentes de lágrimas  para que llore día y noche...mi pueblo!" (Jer. 9:1).

·                     "¡Ay de mí, por mi quebrantamiento! mi llaga es muy dolorosa, clamó ante el Señor, pero reconciliándose con el  pensamiento añadió: Pero dije: Ciertamente enfermedad mía es esta, y debo sufrirla" (Jer. 10:19).  Sin embargo, reconociendo la justicia divina en los juicios predichos, el profeta pidió misericordia (Jer. 10:23-25).

Su mensaje consistía en severos reproches por los pecados de Israel y advertencias de juicios divinos que no podían ser evitados.  Mediante el profeta, Dios procuró primero hacer volver el corazón de la gente hacia él y, fracasando esto, asegurar su cooperación con sus propósitos para el cautiverio, que llegó a ser no un castigo retributivo sino una disciplina restauradora.

Jeremías llegó a la conclusión de que tal vez Dios había "desechado enteramente a Judá" (Jer. 10:19).  Entonces, como Moisés en la antigüedad (Exo. 32:31, 32), confesó el pecado de su pueblo y clamó al Señor que no rompiera su pacto con ellos (Jer. 14:20-22). 

Pero Dios contestó que sería inútil, aunque Moisés orara por ellos: la cautividad era inevitable (Jer. 15:1).  Y dijo: "Destruiré" a mi pueblo, porque "no se volvieron de sus caminos" (Jer. 15: 6, 7).  Lamentando los vituperios que él había sufrido, Jeremías se quejó otra vez al Señor: "Vengame de mis enemigos... por amor a ti sufro afrenta... ¿Por qué fue perpetuo mi dolor, y mi herida desahuciada no admitió curación?" (Jer. 15:15-18).  Una vez más Dios le aseguró al profeta la protección y liberación divinas (Jer. 15:20, 21).  Jeremías no debía tomar esposa (Jer. 16:2) ni criar una familia, porque, en vista de la cautividad, morirían "de dolorosas  enfermedades" (Jer. 16:3, 4).  El profeta luego fue enviado a llevar un solemne mensaje de advertencia a la puerta de Jerusalén, basado en una visita simbólica a la casa del alfarero.  Al darlo, la conspiración contra su vida se profundizó, y clamó una vez  más (Jer. 17:18) al Señor por cansa de sus enemigos (Jer. 18:18-23).  Por ese tiempo, Pasur, el gobernador del templo, lo puso en el cepo junto a la puerta de Benjamín, al lado del templo, y lo dejó allí toda una noche (Jer. 20:1-3).  El profeta se quejo al Señor: "Cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mi", y decidió renunciar a su oficio profético (Jer. 20: 7-9).  Pero Dios no lo liberaría.  En consecuencia, el profeta maldijo el día de su nacimiento y lamentó el papel que se le había asignado (Jer. 20:14-18).

Cargando el yugo profético una vez más, Jeremías reflejó mayor madurez.  Ya no lloró ni se quejó por su suerte, sino que llevó un mensaje directo y valeroso, sin vacilaciones ni lamentos.  Enviado primero al "atrio de la casa de Jehová", anunció la cautividad de 70 años y la total desolación de la ciudad de Jerusalén y del templo (Jer. 26:2).  Inmediatamente después de este discurso los sacerdotes y profetas arrestaron a Jeremías y lo amenazaron con matarlo (Jer. 26:8), y sin duda lo hubieran hecho si no hubieran salido en su defensa los príncipes de Judá (Jer. 26:10-16).  La madurez de espíritu en ese momento es evidente por su serena respuesta a quienes se proponían quitarle la vida: "En lo que a mí toca, he aquí estoy en vuestras manos; haced de mí como mejor y más recto os parezca" (Jer. 26:14). Como se le prohibiera enseñar en los atrios del templo, Jeremías dictó sus mensajes a su ayudante, Baruc, que los escribió en un rollo y los leyó en el templo en cierto día de ayuno (Jer. 36:1-6).  La noticia de lo que estaba ocurriendo llegó a los príncipes, quienes requisaron el rollo y lo llevaron ante el rey Joacim, que a su vez lo quemó (Jer. 36:11-26).  Luego el profeta escribió de nuevo lo que había en el rollo y le agregó más material de advertencia: el trono de Judá se extinguiría y Joacim moriría de muerte violenta (Jer. 36: 27-32).  Jeremías más tarde apareció ante el rey Joaquín con un severo mensaje advirtiéndole que Nabucodonosor lo llevaría en cautiverio y que moriría en el exilio (Jer. 22:24-30).

Temprano en el reinado de Sedequías, el profeta aconsejó al rey: "Servid al rey de Babilonia y vivid; ¿por qué ha de ser desolada esta ciudad?" (Jer. 27:12,17).  A esta política se opuso un grupo de falsos profetas, pero la muerte de su líder, Hananías, dentro del tiempo profetizado por Jeremías, fue un testimonio en favor de la misión y del mensaje de Jeremías (Jer. 28:9, 16, 17).  Más o menos en esta época también escribió a los exiliados en Babilonia aconsejándoles que se establecieran, porque el cautiverio sería largo (Jeremías  29).  Los dirigentes judíos en Babilonia contestaron a Jerusalén pidiendo que aprisionaran a Jeremías, porque era un profeta falso (Jer. 29:24-27).  Pronto después de esto, Nabucodonosor invadió otra vez Judá y puso sitio a Jerusalén.  Jeremías, que "estaba preso en el patio de la cárcel" (Jer. 32:1-3), aparentemente fue liberado cuando el sitio fue levantado temporariamente porque Nabucodonosor se aprestó a pelear contra el ejército egipcio que había venido para ayudar a Sedequías (Jer. 37:11,12).  El profeta se dispuso a ir a su casa en Benjamín para inspeccionar una parcela de tierra que había comprado recientemente, pero fue tomado preso al salir de Jerusalén y se le acusó de pasarse a los caldeos.  En este momento, Sedequías pidió consejo secretamente acerca de qué política debía tomar (Jer. 37:16-21).  El profeta le aconsejó que se rindiera a los caldeos, pero los príncipes y los comandantes del ejército pidieron la muerte de Jeremías (Jer. 38:1-4); éste fue alojado en una cisterna vacía, cuyo piso estaba cubierto de barro blando en el que se hundió (Jer. 38:5, 6).  Su vida fue salvada cuando Ebed-melec, un eunuco etíope, intercedió por él ante Sedequías y recibió permiso para sacarlo de la mazmorra y dejarlo en el patio de la cárcel (Jer. 38: 7-13).  Allí permaneció el profeta hasta la caída de Jerusalén (Jer. 38:28).

Cuando la ciudad se rindió, Jeremías gozo de la protección personal del rey Nabucodonosor, aparentemente por causa de la política del profeta pidiendo a los judíos que se entregaran a los caldeos, informe que éstos llegaron a conocer (Jer. 39 y 40).  Cuando se le permitió escoger entre ir a Babilonia o quedarse en Judá, Jeremías se relacionó con Gedalías, a quien Nabucodonosor había designado como gobernador (Jer. 40:1-16).  Cuando un grupo de fanáticos mató a Gedalías, el pueblo que quedó, temiendo a los caldeos, huyó a Egipto, obligando a Jeremías a ir con ellos (Jer. 41:17-43:13).  En Egipto continuó sus esfuerzos por hacer volver el corazón de la gente hacia Dios, pero sin éxito (Jer. 44; no se sabe cuánto tiempo duró su ministerio en Egipto).  ¿Por qué confundieron a Jesús con otros personajes? ¿Se justifica? ¿Qué similitudes existen? ¿Cuál es vuestra opinión?

 

II. JESÚS: TÚ ERES EL CRISTO, EL HIJO DEL DIOS VIVIENTE

Mesías, el hijo de Dios

1. ¿Por qué preguntó Jesús a sus discípulos de quién era él? ¿Qué lecciones podemos extraer de este episodio para nosotros del siglo XXI? ¿Conoces realmente quién es Jesús?

Jesús comenzó a hablar de su pasión inminente dirigiendo los pensamientos de los discípulos a sí mismo como el Mesías. 

·                     Al parecer, nunca antes había tratado este tema en forma directa. 

·                     Era esencial que lo reconocieran como el Mesías antes de que pudieran comprender en sentido alguno el significado de su sacrificio en el Calvario. 

·                     Si sólo fuera reconocido como un maestro "venido de Dios" (Juan 3: 2) o como uno de los antiguos profetas resucitado de entre los muertos (Mat. 16: 14), su muerte no podría haber tenido más importancia que la de cualquier otro gran hombre bueno.  Serviría de ejemplo, pero no sería vicaria.  No tendría virtud expiatoria.

·                     El que quiere hallar la salvación en la cruz del Calvario, debe primeramente reconocer que Aquel que pendió en la cruz no fue otro sino el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, el Mesías, el Cristo. 

·                     Solamente si se reconoce a Jesús de Nazaret como Mesías, se tiene la base para comprender y apreciar la cruz en su verdadera perspectiva. Por supuesto, Jesús sabía perfectamente lo que la gente pensaba de él. 

·                     Jesús conocía también el concepto erróneo que tenían de la naturaleza del reino que había venido a establecer (Luc. 4: 19).

·                     Jesús dijo: ¿quien dicen los hombres que es el hijo del hombre?, formuló esta pregunta a los discípulos a fin de prepararlos para la siguiente pregunta: "Y vosotros, quién decís que soy yo?" (Mat. 16: 15).  La fe de los discípulos resaltaba más en contraste con la incredulidad o la poca fe del resto de sus compatriotas.  Sin duda, ellos estaban en mejor condición de creer pues habían estado en íntima relación con el Maestro por algún tiempo.

2. De acuerdo con los discípulos, ¿Qué decía la opinión pública acerca de Jesús? ¿Quién era Jesús?

Los discípulos presentaron cuatro opiniones que habían oído acerca de Jesús.  En todas esas opiniones si bien se reconocía a Jesús como un gran hombre, en ninguna se lo reconocía como a Dios.  Así había ocurrido en el caso de Nicodemo (Juan 3: 2) y la reacción pública anteriormente ante la persona de Jesús (Mar. 6: 14-16)

Las diversas opiniones que tenían los hombres acerca de Jesús eran una triste admisión de que, a pesar de todas las evidencias proporcionadas por el cielo, los suyos no le habían reconocido como lo que en verdad era, el Mesías de la profecía del Antiguo Testamento (Juan 1: 11; Luc. 24: 25-27).

3. ¿Por qué la cita de la opinión pública no satisfizo a Jesús? ¿Qué más buscaba él?

Jesús dijo:"Vosotros, ¿quién decís que soy?".  Algunos de los discípulos habían sido compañeros constantes de Jesús durante más de un año; otros lo habían sido como por dos años. 

·                     Mucho más que los otros hombres, ya habían tenido la oportunidad de observar las muchas evidencias de la divinidad de Jesús (Juan 1: 1-3).  En este momento, Jesús les dio la oportunidad de testificar de su fe. 

·                     Aunque todavía no comprendían perfectamente a Jesús, Andrés, Felipe y Natanael parecen haber creído desde un principio que Jesús era el Mesías (Juan 1: 40-49; DTG 114).

·                      Después del incidente de la tormenta en el lago, todos los discípulos lo habían adorado (Mat. 14: 33), y luego de la crisis en Galilea habían profesado fe en él como Hijo de Dios (Juan 6: 68-69).

·                     Pedro expresó no sólo su convicción, sino también la de sus compañeros (DTG 380, 383).  En parte por su impulsividad, en parte por sus dotes de liderazgo, Pedro fue el primero en contestar ahora, como en otras ocasiones (Juan 6: 68-69; Mat. 14: 28; Mar. 3: 16).  Pedro expreso:"Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente" (Mat. 16: 15, 16).

·                     La respuesta de los discípulos implicaba que ellos comenzaban a captar quién era Jesús, aunque no entendían todavía cuál era su misión.

4. ¿De qué manera Jesús reconoció la verdadera identidad la confesión  que hicieron  sus discípulos?

Jesús, con toda solemnidad, aceptó la confesión de fe de Pedro y le dijo: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”.  En la medida en que Pedro era el portavoz de todos, la bendición que se pronunció sobre él les pertenecía a ellos también, siempre que la fe de ellos alcanzara a la medida de la fe de Pedro.

·                     Aunque muchos ya habían rechazado la idea de que Jesús pudiera ser el Mesías de la profecía (Mat.16: 13-14), los discípulos le seguían siendo leales, aunque entendían en forma imperfecta lo que esta creencia implicaba.  Por supuesto, más tarde la comprendieron (Luc. 24: 25-34). 

·                     Si no comprendían por fe esta verdad fundamental y se aferraban a ella, también ellos fracasarían del todo en comprender que el Mesías debía sufrir. 

·                     Así y todo, cuando llegó la hora extrema, "todos los discípulos, dejándole, huyeron" (Mat. 26: 56). 

·                     Aún así, Jesús basaba las esperanzas futuras de la iglesia en este grupito de testigos, y si ellos no creían que él era el Cristo, ¿qué esperanza habría de que otros creyeran alguna vez en esta verdad sublime? (Juan 1: 11-12).

5. ¿Qué podemos decir de Jesús  que todavía no se haya dicho? ¿Qué hay de nuevo que usted pueda descubrir acerca de Jesús? Si  estamos confundidos, ¿Quién es Jesús? ¿Por qué no leemos solamente los cuatro evangelios en el contexto del resto de las Escrituras y permitamos que su mensaje nos hable de nuevo? Personalmente, ¿Qué de nuevo podemos escribir cada día acerca de Jesús?

¿Sabes cuántos millones de libros se han escrito acerca de Jesús en el transcurso de la historia? ¿Cuánta gente ama u odia a Jesús? ¿Por qué? ¿Cuántas películas se han filmado acerca de Jesús?

La industria cinematográfica desde sus inicios, Jesús ha sido un favorito de todos los tiempos. La vida y la pasión de Jesucristo, fue una producción francesa de los años 1902-1905, comenzó la interminable procesión de películas de largo metraje basadas en su vida. A continuación se mencionan: el “Rey de reyes”, de Cecil B. DeMille (1927); “El manto sagrado”, de Henry Kosner (1953); “La historia más grande jamás contada”, de George Stevens (1965); Godspell (1973); “Jesucristo Superstar”, de Andrew Lloyd Webber (1973); “El Mesías”, de Roberto Rossellini (1976); “Jesús de Nazaret”, de Franco Zeffirelli (1977); y The Miracle Maker (2000). El más reciente éxito de taquilla, fue, por supuesto, “La pasión de Cristo”, de Mel Gibson (2004). ¿Por qué no se filman películas como Aristóteles, Sócrates, Platón, Buda, Confucio entre otros, si como dicen los de alta critica “Jesús es como uno de ellos”? ¿Por qué los historiadores toman como referencia a Cristo, a. C y d. C?

6. ¿Sabes algo del Nuevo Testamento? ¿Cuántos textos hablan de Jesús?

El Nuevo Testamento es una colección de 27 escritos religiosos cortos que constituyen la  segunda parte, y la más breve, de las dos grandes divisiones de la Biblia cristiana.  El Nuevo Testamento tiene menos de la tercera parte del contenido del Antiguo Testamento.  Consiste de los cuatro Evangelios, Hechos de los Apóstoles, una cantidad de cartas de Pablo, algunas epístolas generales y el Apocalipsis.  Los Evangelios son libros de fe, o testimonio, que contienen las buenas noticias de la provisión de Dios para la salvación del hombre mediante Jesucristo.  Hechos de los Apóstoles presentan un informe de los comienzos de la iglesia cristiana.  Las cartas de Pablo fueron originalmente escritas a iglesias y personas específicas para atender necesidades religiosas definidas, pero bajo la inspiración de Dios han tenido un valor permanente para los cristianos de todas las épocas.  Lo mismo se puede decir de las epístolas generales de Pedro, Santiago, Juan y Judas.  El libro del Apocalipsis, con su simbolismo, presenta la victoria final de Cristo y su reino sobre las fuerzas del mal.  Estos libros, aunque fueron escritos en el siglo  I d.C., han  tenido un mensaje para los cristianos de todos los siglos, y hoy hablan con fuerza especial.

La mayoría de los eruditos cristianos están de acuerdo en que la lengua original en que fue redactado el Nuevo Testamento fue el griego.  Sin embargo, para muchos de sus escritores este idioma era una lengua secundaria; así, algunos pocos eruditos sostienen que los 4 Evangelios y parte de Hechos se escribieron originalmente en arameo, la lengua materna de Jesús y los apóstoles.  Pero no sobrevivieron copias del Nuevo Testamento en este idioma, y el sabor semítico que contienen estos libros se puede explicar, en parte por lo menos, por el trasfondo semítico de los escritores y por una imitación consciente, particularmente de parte de Lucas, del lenguaje de la LXX.  Fue sin duda la providencia de Dios que hizo que los diversos libros del Nuevo Testamento fueran redactados en griego, la lengua internacional de la época. La clase de griego en el que se escribió nuestro Nuevo Testamento fue tema de considerable debate en el siglo XVII d.C.  Algunos eruditos de esa época argumentaron que era el griego ático puro de la época clásica.  Los hebraístas afirmaron que era hebreo-griego, una especie de jerga judeo-griega.  Otros, que era una lengua especial del Espíritu Santo.  Hoy sabemos que todos estos puntos de vista son incorrectos, y que el Nuevo Testamento se escribió en griego popular, koiné (siglo I d.C.).  Este griego común o helenístico había llegado a ser la lengua franca del mundo greco-romano y se usaba ampliamente aun en Palestina.  Estaba basado en el ático popular tardío, pero con elementos derivados de otros dialectos griegos.  La prueba para esto se encontró en el estudio de las inscripciones y los papiros griegos del período del Nuevo Testamento.

Los autógrafos, es decir, los documentos originales de puño y letra de los autores, han desaparecido.  Probablemente fueron escritos en papiro, una sustancia frágil que no podía sobrevivi