Lecciones de los candidatos a discípulos
Lección 4
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Muchos no están conscientes de su condición ni del peligro que corren; y hay mucho en el carácter y el estilo de la obra de Cristo que se opone a todo principio mundanal y al orgullo del corazón humano. Jesús requiere que nos entreguemos confiadamente en sus manos y que confiemos en su amor y sabiduría. Como Nicodemo, nos podemos jactar de que nuestro carácter moral no ha estado errado y que no tenemos necesidad de humillamos ante Dios como un pecador común y corriente. Sin embargo, tenemos que conformamos con entrar en la vida eterna tal como lo hace el primero de los pecadores. Tenemos que renunciar a nuestra propia justicia y rogar para que la justicia de Cristo nos sea imputada. Para recibir fuerza, tenemos que depender enteramente de Cristo. El yo tiene que morir. Tenemos que reconocer que todo lo que deseamos proviene de las sobreabundantes riquezas de la divina gracia. Que sea éste el lenguaje de vuestro corazón: "No a nosotros, oh Señor, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, y en nombre de tu verdad". La fe genuina es seguida por el amor, y el amor por la obediencia. Todas las fuerzas y pasiones del hombre convertido son puestas bajo el control de Cristo. Su Espíritu es un poder renovador que transforma a la imagen divina a todo aquel que lo recibe. Me apena decir que sólo unos pocos de los que profesan la verdad saben 10 que significa esta experiencia. Muchos siguen sus propios caminos y acarician sus pasiones pecaminosas, mientras que a la vez profesan ser discípulos de Cristo. Nunca han rendido sus corazones a Dios. Como las vírgenes insensatas, no llevaron consigo aceite en sus vasijas para sus lámparas. Mis hermanos, os digo que un gran número de los que profesan creer, y hasta enseñar la verdad, son esclavos del pecado. Las bajas pasiones contaminan la mente y corrompen el alma. Algunos que viven en la iniquidad más vil han usado la librea del cielo para poder servir a Satanás de una manera más eficaz (Testimonios para la iglesia, 1. 5, pp. 203, 204).
Domingo 20 de enero: El escriba Después de haber escuchado sus maravillosas enseñanzas, el escriba se acercó a Jesús y le dijo: "Maestro, te seguiré adonde quiera que vayas". Pero Jesús leyó el corazón y los pensamientos de aquel hombre; sabía que lo que él deseaba era recibir algún alto honor en el reino de Cristo, reino que él pensaba sería instaurado muy pronto. Por eso Cristo le respondió: "Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza". Y todo aquel que quiere seguirle adondequiera que él vaya, debe obrar como el obró. Todos los que quieran ser participantes con Cristo, también deberán serio en su humillación y sufrimientos; en ocasiones enfrentarán dificultades y estrecheces, no sólo en asuntos temporales sino también en las cosas espirituales (Review and Herald, marzo 29, 1887). Jesús había estado enseñando y sanando durante todo el día y deseaba que tanto él como sus discípulos pudieran retirarse y descansar. Por eso instruyó a sus discípulos a que navegaran hacia la otra orilla del mar. Justamente en ese momento se acercó el escriba que había escuchado sus palabras, a las que el Maestro se había referido como gemas de verdad más valiosas que un tesoro escondido. En su mente entenebrecida se despertó el pensamiento de que tales joyas podrían enriquecer a sus seguidores con tesoros terrenales y se adelantó, como Judas lo había hecho, para ofrecerse a seguirle. El Salvador leyó su corazón y lo indigno de sus pensamientos y le respondió, como a Judas: "Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza". Este maestro de Israel sólo tenía en mente sus propios intereses egoístas cuando se propuso seguir a Jesús. Esperaba que el Salvador estableciera muy pronto su reino en la tierra y que los tesoros escondidos de los que él hablaba serían las riquezas que compartiría con sus discípulos. Sólo una mente enceguecida por la avaricia y la lujuria podía malinterpretar de esa manera las palabras del Salvador. Si no hubiera sido por la pobreza de Cristo, y por el hecho de que la mayoría de los que le seguían eran pobres y humildes, muchos se hubieran conectado con él y lo hubiesen alabado. Si él hubiera ofrecido riquezas y honores a los que llegaran a ser sus discípulos, cuán prestamente los orgullosos fariseos y los principales sacerdotes y escribas le hubiesen rendido homenaje. También en la actualidad muchos aceptarían la verdad si ésta no requiriera abnegación y sacrificios; si con ello pudieran ganar el mundo, muchos se enrolarían en su ejército. Pero seguirle en su humillación, sin perspectiva de recompensas terrenales, está más allá de lo que la débil fe de la mayoría está en condiciones de soportar. Rápidamente se vuelven atrás como el escriba que pensó en seguir a Jesús (Folleto, Redemption: or the Miracles of Christ, the Mighty One, pp. 81, 82).
Lunes 21 de enero: Un discípulo no identificado La puntualidad y la decisión en la obra de Dios son fundamentales. Las demoras son virtuales derrotas. Los minutos son de oro y deben ser aprovechados de la mejor manera posible. Las relaciones terrenales y los intereses personales siempre deberían ser secundarios. Nunca deberíamos permitir que la causa de Dios sufra en lo más mínimo por causa de nuestros amigos terrenales o nuestros parientes más queridos. "Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios. Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios". Ningún lazo o asunto terrenal debiera pesar en la decisión de cumplir con el deber en la causa de Dios. Jesús se separó de todo para salvar al mundo perdido y requiere de nosotros una consagración plena y completa, y la voluntad de hacer sacrificios por la causa de Dios (Testimonies, 1. 3, p. 500). Cristo deseaba enseñar algo cuando dijo: "Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna". Quería impresionamos con el hecho de que las cosas eternas deben ocupar el primer lugar; que al trabajar en la causa de Dios no debemos ser estorbados por cosas de naturaleza temporal; éstas deben siempre ocupar un lugar secundario. Una vez que nos colocamos la armadura de Dios, no debemos buscar excusas para dejarla a un lado. Lo que necesitamos ahora es mostrar energía y perseverancia incansables para que las dificultades en la Causa o las perplejidades en el hogar no nos quebranten. No debemos permitir que el enemigo traiga problemas a nuestra familia para apartamos de la obra. Si nos mantenemos firmes como obreros de Dios y declaramos que el Señor nos ha dado un mensaje para compartir y no podemos ser fieles centinelas a menos que nos mantengamos en el puesto del deber, entonces continuaremos trabajando a pesar de las dificultades, y los ángeles de Dios estarán alrededor de nuestros hogares para decirle al enemigo: "Retírate de este hogar". La nuestra es una obra solemne y sagrada y si confiamos plenamente en Dios, él nos ayudará a llevarla adelante (Historical Sketches, p. 28).
Martes 22 de enero: El joven rico Ahí estaba su deficiencia [del joven rico]. Falló en guardar los primeros cuatro mandamientos, y también los últimos seis. Falló en amar a su prójimo como a sí mismo. Jesús dijo: "Dalo a los pobres". Jesús tocó sus posesiones. "Vende lo que tienes y dalo a los pobres". En esta referencia directa señaló cuál era su ídolo. Su amor a las riquezas era supremo, por lo tanto era imposible que él amara a Dios de todo corazón, con toda el alma y con toda la mente. Y ese amor supremo por sus riquezas cerró sus ojos a las necesidades de sus semejantes. No amó a su prójimo como a sí mismo, y por lo tanto falló en guardar los últimos seis mandamientos. Su corazón estaba con su tesoro. Fue absorbido por sus posesiones terrenas. Amaba sus posesiones más que a Dios, más que al tesoro celestial. Escuchó las condiciones de boca de Jesús. Si vendiera sus bienes y diera el producto a los pobres, tendría tesoro en el cielo. Esa era una prueba para establecer cuánto más apreciaba la vida eterna que las riquezas. ¿Se aferró él a la posibilidad de recibir la vida eterna? ¿Luchó sinceramente por remover el obstáculo que se encontraba en el camino que debía recorrer para tener un tesoro en el cielo? Oh, no; en cambio "se fue triste, porque tenía muchas posesiones". Se me llamó la atención a estas palabras: "Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios". Jesús dijo: "Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible". El ángel dijo: "¿Permitirá Dios a los ricos quedarse con sus riquezas y al mismo tiempo entrar en el reino de Dios?" Otro ángel contestó: "No, nunca". Vi que el plan de Dios es que esas riquezas se utilicen debidamente, que se distribuyan para bendición de los necesitados, y para hacer avanzar la obra de Dios. Si los hombres aman sus riquezas más de lo que aman a sus semejantes, más de lo que aman a Dios o las verdades de su Palabra, si sus corazones están con sus riquezas, no podrán tener la vida eterna. Estarán más dispuestos a abandonar la verdad que a vender sus posesiones y dar el producto a los pobres. En esto se los prueba para demostrar cuánto aman a Dios, y cuánto aman la verdad; lo mismo que el joven de la Biblia, muchos se van tristes porque no pueden tener sus riquezas y también un tesoro en el cielo. No pueden tener ambas cosas, de modo que se arriesgan a perder la vida eterna por conservar las posesiones mundanales (Testimonios para la iglesia, 1. 1, pp. 160, 161). El que se ama a sí mismo es un transgresor de la ley. Jesús deseaba revelarle esto al joven, y le dio una prueba que pondría de manifiesto el egoísmo de su corazón. Le mostró la mancha de su carácter. El joven no deseaba mayor iluminación. Había acariciado un ídolo en el alma; el mundo era su dios. Profesaba haber guardado los mandamientos, pero carecía del principio que es el mismo espíritu y la vida de todos ellos. No tenía un verdadero amor a Dios o al hombre. Esto significaba la carencia de algo que lo calificaría para entrar en el reino de los cielos. En su amor a sí mismo y a las ganancias mundanales estaba en desacuerdo con los principios del cielo. Cuando este joven príncipe vino a Jesús, su sinceridad y fervor ganaron el corazón del Salvador. "Mirándole, amóle". En este joven vio él a uno que podría ser útil como predicador de justicia. Él quería recibir a este noble y talentoso joven tan prestamente como recibió a los pobres pescadores que lo siguieron. Si el joven hubiera consagrado su habilidad a la obra de salvar almas, habría llegado a ser un diligente obrero de éxito para Cristo. Pero primeramente debía aceptar las condiciones del discipulado. Debía consagrarse a sí mismo sin reservas a Dios. Al llamado del Salvador, Juan, Pedro, Mateo, y sus compañeros, "dejadas todas las cosas, levantándose, le siguieron". La misma consagración se exigió del joven príncipe. Y en esto Cristo no pidió un sacrificio mayor del que él mismo había hecho. "Por amor de vosotros se hizo pobre, siendo rico; para que vosotros por su pobreza fueseis enriquecidos". El joven rico sólo tenía que seguir el camino recorrido por Cristo. Cristo miró al joven, y anheló que le entregara su alma. Anheló enviarlo como un mensajero de bendición a los hombres. En lugar de aquello que lo invitó a entregarle, Cristo le ofreció el privilegio de su compañía. "Sígueme", dijo. Este privilegio había sido considerado como un gozo por Pedro, Santiago y Juan. El joven mismo miraba a Cristo con admiración. Su corazón era atraído hacia el Salvador. Pero no estaba listo a aceptar el principio del sacrificio propio expresado por el Salvador. Elegía sus riquezas antes que a Jesús. Anhelaba la vida eterna, pero no quería recibir en el alma ese amor abnegado, el único que es vida, y con un corazón pesaroso se apartó de Cristo (Palabras de vida del Gran Maestro, pp. 323, 324).
Miércoles 23 de enero: Nicodemo Pero Jesús conocía el suelo en el cual había arrojado la semilla. Las palabras pronunciadas de noche a un solo oyente en la montaña solitaria no se perdieron. Por un tiempo, Nicodemo no reconoció públicamente a Cristo, pero estudió su vida y meditó sus enseñanzas. En los concilios del Sanedrín, estorbó repetidas veces los planes que los sacerdotes hacían para destruirle. Cuando por fin Jesús fue alzado en la cruz, Nicodemo recordó la enseñanza que recibiera en el monte de las Olivas: "Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado; para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna". La luz de aquella entrevista secreta iluminó la cruz del Calvario, y Nicodemo vio en Jesús el Redentor del mundo. Después de la ascensión del Señor, cuando los discípulos fueron dispersados por la persecución, Nicodemo se adelantó osadamente. Dedicó sus riquezas a sostener la tierna iglesia que los judíos esperaban ver desaparecer a la muerte de Cristo. En tiempos de peligro, el que había sido tan cauteloso y lleno de dudas, se manifestó tan firme como una roca, estimulando la fe de los discípulos y proporcionándoles recursos con que llevar adelante la obra del evangelio. Aquellos que en otro tiempo le habían tributado reverencia, le despreciaron y persiguieron. Quedó pobre en los bienes de este mundo, pero no le faltó la fe que había tenido su comienzo en aquella conferencia nocturna con Jesús (El Deseado de todas las gentes, p. 148). El Señor desea que trabajemos y oremos con toda sencillez. Le dijo a Nicodemo que a menos que naciera otra vez no podría ver el reino de los cielos. Debemos nacer otra vez; debemos apartamos de nuestras tendencias heredadas y cultivadas hacia el mal; debemos caminar, trabajar y hablar con Jesús, llevándolo con nosotros dondequiera que vayamos; debemos sentamos a sus pies para aprender las preciosas lecciones que desea enseñamos. Lo que necesitamos es una religión de corazón (General Conference Bulletin, abril 22, 1901). Si el Espíritu Santo está modelando y dando forma a vuestro corazón diariamente, tendréis perspicacia divina para percibir el carácter del reino de Dios. Nicodemo recibió la lección de Cristo y se convirtió en un creyente fiel. Su voz se oyó en el concilio del Sanedrín para oponerse a las medidas que exigían la muerte de Cristo. "¿Juzga nuestra ley a hombre, si primero no oyere de él?" dijo él. Le contestaron en forma desdeñosa: "¿Eres tú también galileo? Escudriña y ve que de Galilea nunca se levantó profeta". Jesús tenía un discípulo en Nicodemo. En aquella entrevista nocturna con Jesús el hombre convicto estaba ante el Salvador bajo la influencia subyugante y suavizadora de la verdad que brillaba en las cámaras de su mente, e impresionaba su corazón. Jesús dijo: "Si os he dicho cosas terrenas, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo". Jesús no solamente le dice a Nicodemo que debe tener un nuevo corazón a fin de ver el reino de los cielos, sino le dice cómo obtener el nuevo corazón. Lee la mente inquisitiva de un verdadero buscador de la verdad, y presenta delante de él la representación de sí mismo: "Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado; para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna". ¡Buenas nuevas! ¡Buenas nuevas resuenan por el mundo! "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". Esta lección es de la mayor importancia para toda alma que vive; porque los términos de la salvación son presentados aquí en forma clara. Si uno no tuviera otro texto en la Biblia, éste solo sería una guía para el alma (Testimonios para los ministros, pp. 376, 377).
Jueves 24 de enero: Mentalidad de rebaño Todos los que quieran conservar sus nombres en el libro de la vida, deberían ahora, en los pocos días que restan de su vida, afligir sus almas ante Dios con dolor por el pecado y con verdadero arrepentimiento. Debe realizarse un escudriñamiento profundo y fiel del corazón. La liviandad y el espíritu frívolo a los cuales se entregan tantos profesos cristianos deberían desecharse. A todos los que quieran subyugar las malas tendencias que pugnan por obtener la supremacía, les aguarda una ruda lucha. La obra de preparación es una tarea individual. No nos salvamos en grupos. La pureza y la devoción de uno no suplirá el deseo que tenga otro por adquirir esas cualidades... Cada uno debe ser probado, y encontrarse sin mancha, ni arruga, ni cosa semejante (Hijos e hijas de Dios, p. 357). Tenemos una labor personal, una responsabilidad individual, una cuenta personal que rendir, y es nuestra propia salvación la que debemos asegurar, porque es un asunto de preocupación individual.. .La piedad y la obediencia de otros' no nos salvarán' ni harán la obra que nosotros deberíamos hacer. Sus esfuerzos nunca se registrarán frente a nuestros nombres como esfuerzos nuestros... Dios nos ha dejado una obra a cada uno, no el trabajo temporal como plantar, cosechar, sembrar y guardar la cosecha, sino edificar su reino, conducir a las almas al conocimiento de la verdad, y considerar éste como nuestro deber primero y más elevado. Dios tiene derecho sobre nosotros. Nos ha dotado de capacidades y nos ha dado oportunidades, si queremos vedas y aprovechadas. Ninguno fuera de nosotros individualmente, puede cumplir estas obligaciones hacia Dios. La delincuencia de otros... no será una excusa para que cualquiera siga su ejemplo, porque Cristo se alza como el único Modelo verdadero, inmaculado, puro, incorrupto (Nuestra elevada vocación, p. 305). Cada individuo debe formar su propio carácter. No puede ser transferido a otro aun cuando su poseedor estuviera dispuesto a hacer tal sacrificio. Pero podemos hacer mucho para ayudar a otros mientras dure el tiempo de gracia. Podemos representar el carácter de Cristo; amonestar a los que yerran; reprender y exhortar con toda paciencia y doctrina; alcanzar el corazón de muchos con la sagrada Palabra; mostrar sincera simpatía y orar con unos y otros. Al vivir una vida respetuosa y mantener una conversación santa podemos dar un ejemplo de vida cristiana. Pero no podemos moldear .. el carácter de otra persona. No seremos salvados en grupo sino como individuos: Es peligroso descuidar la preparación del alma para' la eternidad, porque seremos juzgados de acuerdo al carácter que hayamos formado, y no deberíamos esperar hasta estar en el lecho de muerte para hacer la paz con Dios. Nuestro destino eterno se determina por las acciones cotidianas y por el espíritu que manifestamos en ellas. Aquel que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel. Si hemos hecho de Cristo nuestro modelo; si hemos caminado y obrado siguiendo el ejemplo que él nos ha dejado en su propia vida, seremos capaces de enfrentar las solemnes sorpresas que vendrán en nuestra experiencia .cristiana, y podremos decir de corazón: "No se haga mi voluntad, sino la tuya" (Review and Herald, septiembre 17, 1895).
Viernes 25 de enero: Para estudiar y meditar El Deseado de todas las gentes, pp. 140-149; 300-309; 477-481.
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