Notas de Elena White

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Más lecciones en el discipulado

Lección 11

Para el 15 de Marzo del 2008


 

 

Sábado 8 de marzo

Ha empeñado su palabra. Las montañas podrían desaparecer y los collados podrían temblar, pero su amor no se apartará de su pueblo, ni se quebrantará el pacto de su paz. Se oye su voz que dice: "Con amor eterno te he amado" (Jeremías 31:3). "Con misericordia eterna tendré compasión de ti" (Isaías 54:8). Cuán asombroso es este amor, que Dios condescienda a quitar toda causa de duda e incertidumbre del temor y la flaqueza humanos, y tome la mano temblorosa que se levanta hacia él con fe; y nos ayude a confiar mediante renovados motivos de seguridad. Nos ha dado un pacto fiel a condición de que obedezcamos, y viene a encontramos en nuestra propia manera de entender las cosas. Creemos que una promesa de nuestros semejantes necesita una garantía. Jesús ha contemplado estos temores peculiares, y ha confirmado su promesa (A fin de conocerle, p. 264).

Debemos enfrentar valientemente a esas dudas que abruman el alma, y debemos decirle al alma que debe vencerlas de inmediato. No demoréis, porque no puede haber paz cuando se ha perdido la fe. No necesitamos manifestar esas dudas, porque pueden hacer vacilar a alguna pobre alma. Examinémoslas a la luz de la Palabra de Dios; luego hablemos de ellas con Jesús teniendo en la mano sus promesas, y oremos para que las quite. Digámosle al Señor: "Creo; ayuda mi incredulidad" (S. Marcos 9:24). No coloquemos ninguna duda en una silla confortable y cómoda. Es un huésped peligroso cuando se le permite arraigarse en la mente y contrarrestar la fe...

La fe genuina es vida, y donde hay vida hay crecimiento. La vida que Jesús imparte está destinada a crecer cada vez más. Una fe viva significa un aumento de vigor, una confianza segura, mediante los cuales el alma se convierte en un poder vencedor. El que bebe del agua de la vida que Jesús ha dado, posee dentro de sí una fuente de agua que salta para vida eterna. Aunque quede separada de todas las fuentes creadas, es alimentada por el manantial oculto. Es una fuente perpetua, en comunicación inmediata con la inextinguible fuente de vida.

El Señor es deshonrado cuando cualquiera que profesa su nombre adolece de vaciedad interior. Esto representa mal a Dios. Nada fuera de Cristo manifestado en el espíritu, la vida y el carácter puede revelar a Dios a un mundo que no le conoce (A fin de conocerle, p. 229).

Domingo 9 de marzo: Lecciones en el mar

Los discípulos se apresuraron a llegar a donde Jesús descansaba y lo reprocharon, reclamándole: "Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?" Estaban molestos de que él pudiera descansar tan pacíficamente mientras ellos enfrentaban el peligro y la muerte luchando sin descanso contra la furia de la tormenta. Sus gritos despertaron a Jesús de su sueño reparador, y mientras los discípulos volvían a los remos para hacer un último esfuerzo, él se levantó. La Majestad divina está en el humilde barco de los pescadores, en medio de la furiosa tempestad, con las olas pasando encima del bote y los relámpagos iluminando su rostro que refleja calma y paz. Entonces levanta su mano, la misma mano que había empleado tantas veces para realizar actos de misericordia, y le dice al mar enfurecido: "Calla, enmudece". Cesa la tempestad; las olas reposan; las nubes se disipan y las estrellas vuelven a brillar; el barco descansa sobre el mar sereno. Entonces les dice: "¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?”...

Cuando fue despertado abruptamente por aquellos pescadores temerosos, el Salvador no sintió miedo por sí mismo; más bien sintió pesar por sus discípulos que habían desconfiado de él en ese momento de peligro. Reprochó sus temores que habían manifestado incredulidad. Si lo hubieran llamado cuando comenzó la tormenta, les hubiese evitado su ansiedad. Pero en su esfuerzo por salvarse a sí mismos se habían olvidado que Jesús estaba a bordo. Cuántos, en medio de los problemas de la vida, en medio de sus perplejidades y peligros, pelean solos contra las tormentas y la adversidad, olvidándose que hay Uno que puede ayudarlas. Primero confían en su propia fuerza y habilidad; pero cuando se sienten superados y desanimados entonces recuerdan a Jesús y le ruegan humildemente que los salve. Y él, aunque siente pesar por la incredulidad y confianza propia que han mostrado, nunca deja de escuchar sus clamores y darles la ayuda que necesitan.

El cansado navegante que lucha con los remolinos de las profundidades debiera recordar que Jesús estuvo en el mar; que su voz le ordenó a la tormenta detenerse; que los furiosos elementos obedecieron su mandato y que sus seguidores quedaron a salvo. Cuando las olas amenazan con hundir nuestro barco; cuando los relámpagos iluminan un mar embravecido que intenta destruimos, debemos recordar que Jesús está a bordo, que escucha nuestro clamor y que nunca abandona a quien confía en él.

Sea que estemos sobre la tierra o en el mar, dormidos o despiertos, si tenemos al Salvador en nuestros corazones no tenemos necesidad de temer. Nuestro llamado siempre obtendrá una respuesta. Puede ser que recibamos un reproche por no haberlo llamado al principio de nuestra prueba y por haber intentado salvamos a nosotros mismos, pero siempre aceptará nuestras humildes peticiones. Una fe viviente en el Redentor aquietará el mar de nuestra vida y nos llevará, en medio de los peligros, por los caminos que él conoce mejor (Folleto: Redemption: Or the Miracles of Christ, the Mighty One, pp. 83-86).

Lunes 10 de marzo: Lecciones en el mar (cont.)

¡Oh, cuánto significa ese "Yo soy"! Significa todo para nosotros cuando estamos en problemas o incertidumbre. ¿No pueden escuchar su voz? ¿No le escuchan decir: "Yo soy, no temáis?”... Jesús nos habla. No importa nuestra debilidad o prueba, Cristo está cerca de nosotros. Él nos dice: "Yo soy, no temáis”...

¿Alguna vez alguien levantó sus manos hacia Jesús diciéndole: "Sálvame, Señor, que perezco", y él fue indiferente? ¡Nunca, nunca! Jesús oye hasta el más débil llanto. No necesitamos desmayar ni llorar ni desanimamos. No necesitamos desmayar porque, como Pedro, podamos ver las sombras y las pruebas que nos rodean... El Señor tomó la mano de Pedro y lo salvó. Tenemos un Salvador, y en toda prueba debemos confiar en el Señor, Dios de Israel, y él será nuestro Ayudador (Reflejemos a Jesús, p. 348).

En su barquichuelo, sobre el mar de Galilea, en medio de la tempestad y las tinieblas, los discípulos luchaban para alcanzar la orilla, pero todos sus esfuerzos eran infructuosos. Cuando la desesperación se estaba apoderando de ellos, vieron a Jesús que andaba sobre las ondas espumosas. Pero al principio no reconocieron la presencia de Cristo, y su terror aumentó hasta que su voz, que les decía: "Yo soy; no tengáis miedo", disipó sus temores y les infundió esperanza y gozo. Entonces, ¡cuán voluntariamente los pobres y cansados discípulos cesaron en sus esfuerzos y lo confiaron todo al Maestro!

Este sorprendente incidente ilustra la experiencia de los que siguen a Cristo. ¡Con cuánta frecuencia nos aferramos a los remos, como si nuestra propia fuerza y sabiduría bastaran, hasta que encontramos inútiles nuestros esfuerzos. Entonces, con manos temblorosas y fuerza desfalleciente, entregamos el trabajo a Jesús y confesamos que no podemos cumplirlo. Nuestro misericordioso Redentor se compadece de nuestra debilidad; y cuando, en respuesta al clamor de la fe, él asume la obra que le pedimos que haga, ¡cuán fácilmente realiza lo que nos parecía tan difícil! (Testimonios selectos, 1. 3, pp. 381, 382).

¡Cuántos en este tiempo de peligro están intentando enfrentar el mar embravecido! La luna y las estrellas parecen estar escondidas por las nubes tormentosas, y en su desesperación muchos dicen: "Para qué seguir luchando si nuestros esfuerzos no tienen éxito. Por más que intentemos usar los remos, de todas maneras vamos a perecer". En el caso de los discípulos, los ojos de Jesús habían estado vigilándolos y "a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar". Los discípulos comenzaron a gritar: ¡Es un fantasma!, pero Jesús los calmó diciéndoles: "¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!"

Jesús está tan cerca de nosotros cuando enfrentamos las pruebas y tempestades como estuvo cerca de sus seguidores sobre el mar de Galilea. Debemos estar calmas y firmes y confiar totalmente en Dios.  Mi hermano, ahora es el tiempo de mantenerse asido a nuestra Fortaleza y no ser movido por nada que pueda levantarse a nuestro alrededor, porque Cristo está a bordo de nuestro barco. Él es nuestro Capitán que no sólo cuidará de nosotros sino también del barco. Satanás usará sus poderes maestros para intentar separar a las almas de Dios. Se escucharán diferentes voces que tratarán de quitar nuestra atención de las verdades para este tiempo. No debemos permitir que esas voces confundan y desorienten a las almas que han estado resistiendo la voz del Buen Pastor y desoyendo los llamados de la Omnipotencia, porque al decides "paz, paz", estamos aquietando su conciencia y dejándolos seguir en camino a la muerte. Algunos, en su orgullo, pueden abandonar los mejores intereses y acariciar pensamientos que estén opuestos al Espíritu de Dios. El Señor me ha mostrado que algunos que debieran conocer la voz del Buen Pastor, están más listos a escuchar la voz de un extraño y seguir sus caminos inseguros y prohibidos, debido a lo rebelde de su naturaleza (Ellen G. White 1888 Materia/s, pp. 1001, 1002).

Martes 11 de marzo: La levadura de los fariseos

Los fariseos requerían de Jesús una señal del cielo que mostrara que él era el Hijo de Dios. Querían una evidencia de su poder milagroso similar a la que había mostrado del otro lado del mar. Jesús les respondió que no lo buscaban por motivos dignos; no deseaban aprender cómo agradar a Dios en sus vidas. En cambio buscaban ver un milagro porque eran incrédulos, o porque deseaban beneficiarse de los favores temporales que él había concedido. Les sugirió trabajar, no por la comida que perece, sino por la comida espiritual: esa sabiduría que perdura para vida eterna. Y él era el único que podía ofrecerles tal comida. Con fervor y solemnidad intentó impresionados con el pensamiento de que los favores temporales son de poco valor comparados con la gracia celestial que les ofrecía el Hijo de Dios...

Jesús les declaró a los judíos que aunque habían visto sus obras, no creían. Y no se refería a que lo habían visto con sus ojos físicos, sino al hecho de que aunque estaban convencidos mentalmente, sus corazones rebeldes y orgullosos no les permitían reconocerlo como el Mesías. Había estado en medio de ellos realizando acciones que nadie había hecho antes. Las evidencias vivientes de su divino poder habían estado delante de ellos día tras día. Sin embargo, sus corazones cavilantes y endurecidos pedían otra señal de su divinidad para que pudieran creer. Si la hubiera hecho, hubiesen continuado tan incrédulos como antes. Si no estaban convencidos de que era el Mesías con lo que habían visto y oído, no se convencerían por más obras maravillosas que hiciese. La dignidad del santo Hijo de Dios no debía comprometerse sólo para gratificar a una muchedumbre incrédula...

La incredulidad siempre encontrará causas para dudar a pesar de tener pruebas positivas. Los judíos se ponían en guardia porque no querían ser forzados a ceder sus prejuicios e incredulidad por evidencias irrefutables. Los que se enorgullecían de su conocimiento y sabiduría frente al resto del mundo, no podían aceptar que necesitaran un maestro (Folleto: Redemption: or the Teachings of Christ, the Anointed One, pp. 88-91).

La hipocresía de los fariseos era resultado de su egoísmo. La glorificación propia era el objeto de su vida... Los mismos discípulos, aunque exteriormente lo habían abandonado todo por amor a Jesús, no habían cesado en su corazón de desear grandes cosas para sí. .. Así como la levadura, si se la deja completar su obra, ocasionará corrupción y descomposición, el espíritu egoísta, si se lo alberga, produce la contaminación y la ruina del alma. ¡Cuán difundido está, hoy como antaño, este pecado sutil y engañoso entre los seguidores de nuestro Señor! ¡Cuán a menudo nuestro servicio por Cristo y nuestra comunión entre unos y otros quedan manchados por el secreto deseo de ensalzar al yo! A sus propios discípulos se dirigen las palabras amonestadoras de Cristo: "Mirad, y guardaos de la levadura de los fariseos”... Únicamente el poder de Dios -puede desterrar el egoísmo y la hipocresía (La maravillosa gracia de Dios, p. 106).

Miércoles 12 de marzo: Lecciones del temor

"En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor" (1 Juan 4:18).

Esta es una declaración importante, porque hay muchos que desean amar y servir a Dios. No obstante, cuando viene la aflicción sobre ellos, no disciernen el amor de Dios en ella, sino la mano del enemigo. Se conduelen, murmuran y se quejan; pero éste no es el fruto del amor de Dios en el alma. Si tenemos perfecto amor, sabremos que Dios no está tratando de herirnos, sino que en medio de las pruebas, el dolor y las penas, está tratando de perfeccionarnos y probar el temple de nuestra fe. Cuando dejemos de preocupamos en cuanto al futuro y comencemos a creer que Dios nos ama y desea hacemos bien, confiaremos en él como el niño confía en su padre amante. Entonces nuestras dificultades y tormentos desaparecerán, y nuestra voluntad será absorbida en la de Dios (Hijos e hijas de Dios, p. 195).

¿Alguna vez alguien levantó sus manos hacia Jesús diciéndole: "Sálvame, Señor, que perezco", y él fue indiferente? ¡Nunca, nunca! Jesús oye hasta el más débil llanto. No necesitamos desmayar ni llorar ni desanimamos. No necesitamos desmayar porque, como Pedro, podamos ver las sombras y las pruebas que nos rodean... El Señor tomó la mano de Pedro y lo salvó. Tenemos un Salvador, y en toda prueba debemos confiar en el Señor, Dios de Israel, y él será nuestro Ayudador (Reflejemos a Jesús, p. 348).

El Señor me ha dado un mensaje para Ud., y no solamente para Ud., sino para todas las otras almas fieles que están agobiadas por las dudas y los temores respecto de su aceptación por parte del Señor Jesucristo. Su palabra a Ud. es la siguiente: "No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú". Desee agradar al Señor; y puede hacerlo creyendo en sus promesas. Él está esperando para llevarlo a un puerto de experiencia llena de gracia, y él le ordena: "Estad quietos, y conoced que yo soy Dios". Ha tenido Ud. un tiempo de intranquilidad; pero Jesús le dice: "Venid a mí... que yo os haré descansar". El gozo de Cristo en el alma merece cualquier esfuerzo. "Entonces se alegran", porque tienen el privilegio de descansar en los brazos del amor eterno.

Elimine su desconfianza en nuestro, Padre celestial. En vez de hablar de sus dudas, rompa con ellas con la fuerza de Jesús, y que la luz brille en su alma al permitir que' su voz exprese confianza en Dios. Sé que el Señor está por darle la victoria, y yo le digo: Ayúdese, fortalézcase, elévese por encima de la mazmorra de la incredulidad. Las dudas irrumpirán en su mente,'porque Satanás está tratando de mantenerlo en cautiverio bajo su cruel. poder; pero hágale frente con la fuerza que Jesús está dispuesto a darle y venza la inclinación a expresar incredulidad en su Salvador ...

Es su privilegio confiar en el amor de Jesús para la salvación, de la manera más plena, más segura y más noble; tiene Ud. el privilegio de decir: él me ama, me recibe; confiaré--en él, porque dio/su vida por mí. Nada disipa tanto la duda como eL ponerse en contacto con el carácter de Cristo. Él declara "Y al que a mí viene, no-le echo fuera:; esto es, no hay ninguna posibilidad de que yo le eche fuera, porque he comprometido mi palabra de que lo recibiría. Tome la palabra de Cristo, y declaren sus labios que ha ganado la victoria (Testimonios para los ministros, pp. 525, 526).

Jueves 13 de marzo: El discipulado y la testificación

Sin embargo, como las investigaciones-de la ciencia humana no pueden explicar los caminos y las obras del Creador, los hombres prefieren dudar de la existencia de Dios, y atribuyen a la naturaleza un poder infinito. La existencia de Dios, su carácter y su ley son hechos que ni los pensadores más capacitados pueden discutir. Niegan las demandas-de Dios y descuidan los intereses de sus almas porque no pueden entender los caminos de Dios ni sus obras. Sin embargo, Dios procura siempre instruir a los hombres limitados para que puedan ejercer fe en él y confíen plenamente en sus manos. Cada gota de lluvia o copo de nieve, cada brizna de hierba, cada hoja y flor y arbusto testifican de Dios. Esas cosas pequeñas, tan comunes alrededor de nosotros, enseñan la lección de que nada queda excluido sin que lo advierta el Dios infinito, y de que nada es demasiado pequeño para que escape a su atención (Comentario bíblico adventista, 1. 3, p. 1159).

Delicada cosa es tratar con las mentes. Sólo Aquel que lee en el corazón sabe llevar a los hombres al arrepentimiento. Sólo su sabiduría nos proporcionará éxito en alcanzar a los perdidos. Podéis- erguiros, imaginándoos ser más santos que ellos, y por acertado que sea vuestro razonamiento o veraz vuestra palabra, no conmoverán los corazones. El amor de Cristo, manifestado en palabras y obras, se abrirá camino hasta el alma, cuando de nada valdría la reiteración de preceptos y argumentos (El ministerio de curación, p. 121).

Sin una fe viva en Cristo como Salvador personal, nos es imposible ejercer influencia eficaz sobre un mundo escéptico. No podemos dar a nuestros prójimos lo que nosotros mismos no poseemos. La influencia que ejercemos para bendecir y elevar a los seres humanos se-mide-por la devoción y la consagración a-Cristo que nosotros mismos tenemos. Si no prestamos un servicio verdadero, y no tenemos amor sincero, ni hay' realidad en nuestra experiencia, tampoco tenemos poder para ayudar, ni relación con el cielo, ni hay sabor de Cristo en nuestra vida. A menos que el Espíritu Santo pueda empleamos como agentes para comunicar la verdad de Jesús al mundo; somos como la sal que ha perdido el sabor y quedado totalmente inútil Por faltamos la gracia de Cristo, atestiguamos ante el mundo- que la verdad en la cual aseguramos confiar no tiene poder santificador; y así; en la medida de nuestra propia influencia, anulamos el poder de la Palabra de Dios. "Si yo hablase: lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe... y. si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer ajos pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve" 1 Corintios 13:1-3) (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 34, 35).

Viernes 14 de marzo: Para estudiar y medita

El Deseado de todas las gentes, pp. 300-309; 340-346; 378-392; 738-742; Palabras de vida del Gran Maestro, p. 22; El conflicto de los siglos, pp. 397,398.

 

 

 

 

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