El discipulado bajo presión
Lección 10
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Dios no puede aprobar a quien se asocie con los que se oponen a nuestra fe mostrando un espíritu acusador y severo. Puede parecer que tiene celo por la verdad, pero es un celo no de acuerdo a ciencia. Ser despiadado, acusar a otros, dar expresión a juicios ásperos y severos, alimentar malos pensamientos, no es el resultado de la sabiduría que proviene de lo alto, sino el fruto de una ambición no santificada... El lenguaje del cristiano debiera ser suave y circunspecto, pues su fe santa requiere de él que represente a Cristo ante el mundo. Todos los que habitan en Cristo manifestarán la bondad y cortesía que caracterizaban la vida del Maestro. Sus obras serán obras de piedad, equidad y pureza. Tendrán la mansedumbre de la sabiduría y ejercerán el don de la gracia de Jesús. Representarán la actitud y el espíritu que desean que su Padre celestial muestre hacia ellos (Manuscript Releases, 1. 15, p. 179; parcialmente en A fin de conocerle, p. 187). Cuando estemos tentados a abandonarnos al desaliento, estudiemos la vida y las experiencias de Cristo. Tuvo que contender con los poderes de las tinieblas para que no lo vencieran. Nosotros tenemos las mismas batallas que pelear, las mismas victorias que ganar. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (S. Juan 3: 16). Es nuestro privilegio aferrarnos de la fortaleza del que puede salvar hasta lo sumo a todos los que acuden a Dios por medio de él. Él los invita a que presenten su caso ante el trono de la gracia y le entreguen su alma indefensa (Alza tus ojos, p. 250). Domingo 2 de marzo: El modelo del poder ... Ningún poder humano podía crear, de cinco panes de cebada y dos pececillos, bastantes comestibles para alimentar a miles de personas hambrientas. Y se decían unos a otros: "Éste verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo". Durante todo el día esta convicción se había fortalecido. Ese acto culminante les aseguraba que entre ellos se encontraba el Libertador durante tanto tiempo esperado. Las esperanzas de la gente iban aumentando cada vez más. Él sería quien haría de Judea un paraíso terrenal, una tierra que fluyese leche y miel. Podía satisfacer todo deseo. Podía quebrantar el poder de los odiados romanos. Podía librar a Judá y Jerusalén. Podía curar a los soldados heridos en la batalla. Podía proporcionar alimento a ejércitos enteros. Podía conquistar las naciones y dar a Israel el dominio que deseaba desde hacía mucho tiempo. En su entusiasmo, la gente estaba lista para coronarle rey en seguida. Se veía que él no hacía ningún esfuerzo para llamar la atención a sí mismo, ni para atraerse honores. En esto era esencialmente diferente de los sacerdotes y los príncipes, y los presentes temían que nunca haría valer su derecho al trono de David. Consultando entre sí, convinieron en tomarle por fuerza y proclamarle rey de Israel. Los discípulos se unieron a la muchedumbre para declarar que el trono de David era herencia legítima de su Maestro. Dijeron que era la modestia de Cristo lo que le hacía rechazar tal honor. Exalte el pueblo a su Libertador, pensaban. Véanse los arrogantes sacerdotes y príncipes obligados a honrar a Aquel que viene revestido con la autoridad de Dios. Con avidez decidieron llevar a cabo su propósito; pero Jesús vio lo que se estaba tramando y comprendió, como no podían hacerla ellos, cuál sería el resultado de un movimiento tal.. . Llamando a sus discípulos, Jesús les ordenó que tomasen el bote y volviesen en seguida a Capernaúm, dejándole a él despedir a la gente. Nunca antes había parecido tan imposible cumplir una orden de Cristo. Los discípulos habían esperado durante largo tiempo un movimiento popular que pusiese a Jesús en el trono; no podían soportar el pensamiento de que todo ese entusiasmo fuera reducido a la nada. Las multitudes que se estaban congregando para observar la Pascua anhelaban ver al nuevo Profeta. Para sus seguidores, ésta parecía la oportunidad áurea de establecer a su amado Maestro sobre el trono de Israel. En el calor de esta nueva ambición, les era difícil irse solos y dejar a Jesús en aquella orilla desolada. Protestaron contra tal disposición; pero Jesús les habló entonces con una autoridad que nunca había asumido para con ellos. Sabían que cualquier oposición ulterior de su parte sería inútil, y en silencio se volvieron hacia el mar. Jesús ordenó entonces a la multitud que se dispersase; y su actitud era tan decidida que nadie se atrevió a desobedecerle. Las palabras de alabanza y exaltación murieron en los labios de los concurrentes. En el mismo acto de adelantarse para tomarle, sus pasos se detuvieron y se desvanecieron las miradas alegres y anhelantes de sus rostros. En aquella muchedumbre había hombres de voluntad fuerte y firme determinación; pero el porte regio de Jesús y sus pocas y tranquilas palabras de orden apagaron el tumulto y frustraron sus designios. Reconocieron en él un poder superior a toda autoridad terrenal, y sin una pregunta se sometieron (El Deseado de todas las gentes, pp. 340-342). Lunes 3 de marzo: El modelo de la avaricia En ocasión del ungimiento de los pies de Cristo por parte de María, el lado oscuro del carácter de Judas se manifestó. Frente a una crisis en su vida, el rasgo dominante de su carácter tomó la supremacía sobre cualquier otro. La codicia, que es idolatría, había sido cultivada y fortalecida en su corazón, y cuando llegó la tentación, cedió a su control. Las tentaciones de Satanás siempre encontrarán respuesta de parte de los elementos depravados del carácter humano que no han sido resistidos y vencidos. La codicia y avaricia que Judas había desarrollado por años se mostró abiertamente; su actitud coincidía con los planes satánico s, y al ceder a la tentación triunfó la maldad. Aunque era un profeso seguidor de Jesús, en su corazón y en su carácter se seguía fortaleciendo la impiedad. Jesús conocía sus transgresiones y se entristecía que aquel que era contado entre los doce, no aceptara ni cumpliera sus consejos. Los demás discípulos no podían discernir la maldad en el corazón de Judas porque sólo el ojo de Dios puede ver los motivos escondidos y los deseos no santificados. Cuando se da la bienvenida a un pensamiento impuro; cuando se acaricia un deseo no santificado; cuando se tiene un propósito rebelde, se mancha la pureza del alma y se pierde la inocencia. Entonces prevalecen las tentaciones y el mal gana la victoria. "Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte" (Santiago 1:14, 15). Un individuo es tentado cuando algo atractivo o lujurioso le es presentado, y está dispuesto a dejar a un lado sus principios y a violar su conciencia para hacer algo que sabe que es incorrecto. Ese fue el caso de Judas; no tenía aceite en su lámpara; profesaba tener un profundo interés por los pobres, pero sólo era hipocresía. Delante de los demás quería dar la impresión de ser un hombre piadoso, cuando en realidad era un pecador que se engañaba a sí mismo (Signs of the Times, diciembre 18, 1893). Hasta ese momento los discípulos no sabían que Judas era ladrón; lo supieron después. Aunque había estado con Cristo durante su ministerio, su avaricia no había sido curada; por el contrario, la seguía considerando como un precioso tesoro. Las lecciones de Cristo acerca de la abnegación no habían sido atendidas y su amor por el dinero lo llevaba a idolatrar la bolsa confiada a su cuidado para atender las necesidades de los pobres y de la iglesia. ¿Por qué, entonces, siendo que Cristo conocía el punto oscuro en el corazón de Judas, le permitió permanecer entre los discípulos? ¿Por qué, si sabía que era deshonesto y avaro, le fue confiada la bolsa? El Señor permite que los que están en posiciones de confianza permanezcan en sus puestos para que su corazón sea probado y su carácter expuesto. Entonces se revelarán los defectos y las tendencias a actuar incorrectamente; las circunstancias revelarán la corrupción interior de aquel que acaricia un espíritu avaro y codicioso (Manuscript Releases, t. 20, p. 146). Martes 4 de marzo: El modelo del trueno "Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron y entraron en una ciudad de los samaritanos, para prevenirle". Pero los habitantes rehusaron recibirle, porque estaba en camino a Jerusalén. Interpretaron que esto significaba que Cristo manifestaba preferencia por los judíos, a quienes ellos aborrecían con acerbo odio. Si él hubiese venido a restaurar el templo y el culto en el monte Gerizim, le hubieran recibido alegremente; pero iba en camino a Jerusalén, y no quisieron darle hospitalidad. ¡Cuán poco comprendieron que estaban cerrando sus puertas al mejor don del cielo! Jesús invitaba a los hombres a recibirle, les pedía favores, para poder acercarse a ellos y otorgarles las más ricas bendiciones. Por cada favor que se le hacía, devolvía una merced más valiosa. Pero aquellos samaritanos lo perdieron todo por su prejuicio y fanatismo. Santiago y Juan, los mensajeros de Cristo, se sintieron vejados por el insulto inferido a su Señor. Se llenaron de indignación porque él había sido tratado tan rudamente por los samaritanos a quienes estaba honrando con su presencia. Poco antes, habían estado con él en el monte de la transfiguración, y le habían visto glorificado por Dios y honrado por Moisés y Elías. Pensaban que esta manifiesta deshonra de parte de los samaritanos, no debía pasarse por alto sin un notable castigo. Al volver a Cristo, le comunicaron las palabras de los habitantes del pueblo, diciéndole que habían rehusado darle siquiera albergue para la noche. Pensaban que se le había hecho un enorme agravio, y al ver en lontananza el monte Carmelo, donde Elías había matado a los falsos profetas, dijeron: "¿Quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elías?" Se sorprendieron cuando vieron que Jesús se apenaba por sus palabras, y se sorprendieron aun más cuando oyeron su reproche: "Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas". ¡Qué lección para aquellos que están encendidos de celo religioso y dispuesto a hacer sufrir a aquellos cuyas creencias no están de acuerdo con las suyas! ¡Qué reproche para quienes son rápidos en proferir palabras duras y manifestar un espíritu condenatorio hacia aquellos que tienen ideas que no están en armonía con sus teorías! El reproche dado a Santiago y Juan llega hasta nuestro tiempo. Muchos revelan los atributos satánicos al tratar de obligar a sus prójimos a creer como ellos creen; al querer castigar a quienes ellos piensan que deshonran a Cristo. Estos creyentes pueden decir que están luchando por la verdad y la justicia y que lo hacen para honrar a Dios. Pero si al ejercitar tal celo producen dolor al cuerpo y al espíritu de los que difieren con ellos, están controlados por el enemigo de Dios. Pueden pensar de sí mismos que son justos, pero Cristo les dice como les dijo a sus discípulos: "Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas". En su trato con los samaritanos, Cristo nos ha mostrado que aunque la gente se manifieste abiertamente en contra de él, sus seguidores no deben mostrar odio y revancha contra los que se oponen (Review and Herald, febrero 7, 1899; parcialmente en El Deseado de todas las gentes, pp. 450, 451). Miércoles 5 de marzo: El modelo del Pedro arrepentido Temerario, agresivo, confiado en sí mismo, rápido para percibir y apresurado para actuar, pronto para vengarse, y, sin embargo, generoso para perdonar, Pedro se equivocó a menudo, ya menudo fue reprendido. No fueron menos reconocidas y elogiadas su lealtad afectuosa y su devoción a Cristo. El Salvador trató a su impetuoso discípulo con paciencia y amor inteligente, esforzándose por reprimir su engreimiento y enseñarle humildad, obediencia, y confianza. Pero la lección fue aprendida sólo en parte... Repetidas veces Jesús le advirtió que negaría que le conocía. Del corazón apenado y amante del discípulo brotó la declaración: "¡Señor, dispuesto estoy para ir contigo a la cárcel, y a la muerte!”... Cuando Pedro negó en la sala del tribunal que conocía al Salvador; cuando su amor y lealtad, despertados por la mirada de compasión, amor y pena del Salvador le hicieron salir al huerto donde Cristo habla llorado y orado; cuando sus .lágrimas de remordimiento cayeron al suelo que había sido humedecido con las gotas de sangre de la agonía del Señor, las palabras del Salvador: "Mas yo he rogado por ti" fueron un sostén para su alma. Cristo, aunquel1abía previsto su pecado, no lo había abandonado a la desesperación (Conflicto y valor, p. 313). Si Pedro hubiera caminado humildemente con Dios, y. ocultado el yo en Cristo; si hubiera buscado fervientemente la ayuda divina; si hubiera sido menos confiado en sí mismo; si hubiera recibido la instrucción del Señor y la hubiera puesto en práctica, habría velado en oración, y habría obrado su propia salvación con temor y temblor. Si se hubiera examinado íntimamente a sí mismo, el Señor le habría dado ayuda divina, y no hubiera habido necesidad de que el Señor lo zarandeara... No hay poder en toda la fuerza satánica que pueda incapacitar al 'alma que confía, en sencilla confianza, en la sabiduría que procede de Dios... El cuidado que Cristo manifestó, por Pedro fue la causa de su restauración. Satanás no podía hacer nada contra la todopoderosa intercesión de Cristo. Y la oración que Cristo ofreció-por Pedro la ofrece por todos los, que son humildes y contritos de corazón (Hijos e hijas de Dios, p. 93). Pedro, confiado en sí mismo, fue presuntuoso y cayó. Aprendamos la lección. No fijemos nuestros ojos en aquellos que, por conocer la verdad, piensan que pueden hacer las cosas como les place. Lo que necesitamos es fe; una fe fuerte y perseverante; una confianza plena en Dios. Nuestra fuerza no depende de lo que nosotros mismos -pobres y débiles mortales- podamos hacer, sino en lo que Cristo puede hacer por nosotros. De esa manera aprenderemos la lección enseñada por Cristo (Battle Creek Letters, p. 77). Cuando por tercera vez Cristo preguntó a Pedro: "¿Me amas?" la sonda llegó al fondo del alma. Reprendido por su propia conciencia, Pedro cayó sobre la Roca, diciendo: "Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo". Ésta es la obra que está delante de cada alma que ha deshonrado a Dios y entristecido el corazón de Cristo al negar la verdad y la justicia. Si el alma examinada soporta el proceso de prueba sin 'que el yo despierte a la vida sintiéndose herido y ultrajado bajo la prueba, ese cuchillo agudo revela que el alma está realmente muerta, al yo, mas viva para Dios. Algunos aseguran que si un alma tropieza y cae, nunca puede recobrar su posición; pero el caso que estamos considerando contradice esto... Al encomendar a su cuidado las almas por las que había dado su vida, Cristo dio a Pedro la evidencia más fuerte de su confianza en su restauración. Y no sólo se le encargó alimentar a las ovejas, sino a los corderos: una obra más amplia y más delicada que la que hasta entonces se le había asignado (Conflicto y valor, p. 322). Jueves 6 de marzo: El modelo de la huida Entristeció al Salvador el hecho de que sus discípulos no comprendieran el carácter de su reino .. Les había dicho claramente la humillación, el sufrimiento y la muerte que le esperaban, 'pero ellos parecían incapaces de entenderlo. Por el contrario, mientras Jesús se dirigía hacia su juicio y su muerte, ellos discutían acerca de quién debería ser el mayor en su reino. Judas se contaba entre los doce; había sido aceptado no porque fuese perfecto sino a pesar de sus imperfecciones; Pedro, Santiago y Juan tampoco eran perfectos, pero fueron recibidos para que mediante el ejemplo y las palabras de Cristo sus caracteres pudieran ser moldeados. Judas había sido testigo del poder que los demás discípulos habían mostrado frente a los demonios y había visto que éstos se le sujetaban. Tanto Judas como los demás discípulos no soportaban la idea de la humillación y muerte del Señor, porque esto significaría el fin de todas sus esperanzas. Sin embargo, cuando Cristo les habló claramente de su verdadera misión, percibieron, 'por lo menos en parte, el beneficio espiritual que su acción traería y no se sintieron ofendidos (Signs of the Times, diciembre 24, 1894). Si los discípulos creyesen en esta relación vital entre el Padre y el Hijo, su fe no los abandonaría cuando vieran los sufrimientos y la muerte de Cristo para salvar a un mundo que perecía. Cristo estaba tratando de conducirlos de su poca fe a la experiencia que podían recibir si 'realmente comprendían lo que era: Dios en carne humana. Deseaba que viesen que su fe debía llevarlos hacia arriba, hacia Dios, y anclarse ahí. ¡Con cuánto fervor y perseverancia procuró nuestro compasivo Salvador preparar a sus discípulos para la tormenta de tentación que pronto iba a azotarlos! Él quería que estuviesen ocultos con él en Dios. Mientras Cristo pronunciaba estas palabras, la gloria de Dios resplandecía en su semblante, y todos los presentes sintieron un sagrado temor al escuchar sus palabras con arrobada atención. Sus corazones fueron más decididamente atraídos hacia él; y mientras eran atraídos a Cristo con mayor amor, eran también atraídos los unos hacia los otros. Sentían que el cielo estaba muy cerca, y que las palabras que escuchaban eran un mensaje enviado a ellos por su Padre celestial (El Deseado de todas las gentes, p. 619). Hermano cristiano, Satanás conoce tu debilidad; por lo tanto aférrate a Jesús. Permaneciendo en el amor de Dios, puedes soportar toda prueba. Sólo la justicia de Cristo puede darte poder para resistir a la marea del mal que arrasa al mundo. Introduce fe en tu experiencia. La fe alivia toda carga y todo cansancio. Si confías de continuo en Dios, podrás comprender las providencias que te resultan ahora misteriosas. Recorre por la fe la senda que él te traza. Tendrás pruebas; pero sigue avanzando. Esto fortalecerá tu fe, y te preparará para servir. Los anales de la historia sagrada fueron escritos, no simplemente para que los leamos y nos maravillemos, sino para que obre en nosotros la misma fe que obró en los antiguos siervos de Dios. El Señor obrará ahora de una manera que no será menos notable doquiera haya corazones llenos de fe para ser instrumentos de su poder (Profetas y reyes, pp. 129, 130). Viernes 7 de marzo: Para estudiar y meditar El Deseado de todas las gentes, pp. 332-343; 404, 405; 501-505; 512-517; Los hechos de los apóstoles, pp. 445-450.
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