Notas de Elena White

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Jesús nos llama al discipulado

Semana 5

Enero 27 al 2 de Febrero


 

 

Enero 27.  La familia es importante

  • Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo que el diez de este mes cada uno tome para sí un cordero en cada casa paterna, un cordero por familia.  Éxodo 12: 3

El mismo Señor que dijo «por lo tanto el hombre dejará a su padre y su madre» estaba aquí dando indicaciones que implicaban regresar a la casa paterna para esta celebración tan importante. En nuestros días, la familia nuclear -padre, madre e hijos- ha llegado a ser lo más importante, pero nunca deberíamos olvidamos de la familia extendida. Hay un dicho que indica que «se requiere de toda una aldea para educar a un niño».

Es verdad que el Señor pone énfasis en la familia nuclear, pero no desestima la familia extendida. La indicación de regresar a la casa paterna para participar de la Pascua y, si la familia era demasiado pequeña, de unirse con los vecinos nos muestra que la familia extendida tiene su importancia en la familia de Dios.

Las relaciones que el Señor usa como ejemplo son las relaciones de familia. «Como aquel a quien su madre consuela, así os consolaré yo a vosotros» (Isa. 66: 13). La expresión «vuestro Padre» se menciona muy a menudo en la Biblia, por no hablar de las ilustraciones de hijos y padres, o de esposos. Es indicativo de la importancia de la familia para el Señor, porque es ejemplo de la relación que él quiere tener con nosotros.

En el acto de salvación ilustrado por el cordero pascual, Dios no quiso dejar afuera el ejemplo perfecto de la relación de salvación; por eso indicó con claridad que se debía celebrar en familia. Nuestras familias no son simplemente un asunto de convivencia; cada familia es un ejemplo del plan de salvación. Una familia se funda cuando dos personas deciden aceptarse mutuamente para vivir juntos hasta que la muerte los separe. Así es como quiere el Señor estar con nosotros, con la salvedad que en la eternidad no habrá separación por muerte. El cuidado de la familia es un deber de cada cristiano, porque estamos protegiendo y defendiendo el ejemplo perfecto de Dios para el plan de salvación.

«Es un símbolo de la obra que debe hacerse en cada familia. Los padres han de reunir a sus hijos en el hogar y presentarles a Cristo como su Pascua. El padre debe dedicar cada miembro de la familia a Dios y hacer una obra representada por la cena pascua... Resuelvan los padres cristianos que serán leales a Dios» (HAd 293).

Éxodo 12: 1 - 13: 22; Juan 11: 1-57

 

Enero 28.  El bien que haces regresará a ti con creces

  • Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. Juan 12: 3

Cuan acertadas eran las palabras de Jesús cuando profetizó sobre el acto de María: «De cierto os digo que dondequiera que sea predicado este evangelio en todo el mundo, también lo que esta ha hecho será contado para memoria de ella» (Mar. 14: 9)1 El acto de María y la discusión que provocó con las observaciones de Judas han llegado a ser famosísimos.  Todos tienen opinión sobre el pasaje: la opinión del financiero suele coincidir con la de Judas; quienes tienen conciencia social lo toman como un gran acto de reconocimiento de relaciones; para el cristiano, es uno de los ejemplos más loables y dignos de imitar.

Dice el Evangelio que «la casa se llenó con el olor del perfume», indicando que todo lo que entraba en contacto con el perfume quedaba impregnado por el olor grato. Es obvio que la propia María recibió el olor agradable y lo llevó encima largo rato, si no días. Ella no tenía interés en el perfume, sino en derramado todo sobre los pies de Jesús. Pero, indirectamente, ella fue beneficiada por el perfume al que muy pocas personas de su nivel social tenían acceso. El bien que se hace para otros regresa a uno con creces.

María no buscaba provecho personal; no tenía interés en beneficiarse del perfume; su único interés era demostrar su amor al Mesías. Limpiando los pies de Jesús con su cabello, ella se untó del perfume y, cada vez que salía a la calle o se encontraba con alguien, el olor del perfume pudo haber indicado lo que ella había hecho con el Señor. El hacer el bien por el bien trae beneficios inesperados. Por eso el Señor nos ha indicado que debemos echar el pan sobre las aguas para encontrado después de muchos días (Ecl. 1: 11). El hacer el bien debe ser el objetivo de todo cristiano constantemente. El Señor, que deja salir su sol sobre buenos y malos, nos ama incondicionalmente y espera que nosotros seamos como él. Que hoy sea un día en el cual la bondad por la bondad sea nuestro actuar. Que hagamos el bien sin esperar recompensa. Que hagamos todo lo posible para beneficiar a alguien hoy con el amor de nuestro Señor.

«Muestren los que quieran llevar el yugo de Cristo una firmeza de propósito que los induzca a hacer el bien por el bien mismo» (CDD 285).

Éxodo 14: 1 - 1 S: 27; Juan 12: 1-50

 

Enero 29.  Seguid mi método

  • Le dijo Jesús: «El que se ha lavado no tiene necesidad de lavarse más que los pies, pues está todo limpio. Ya vosotros estáis limpios, aunque no todos». Juan 13: 10

Archiconocido es el hecho que el Rey del universo se dignó lavar los pies a los discípulos. Sin embargo, todavía hoy hay muchos que no logran entender el significado de este acto.

El lavamiento de pies nos enseña que no debiera haber nada por debajo de nosotros. En la lucha por la supervivencia en un mundo de pecado, es muy común buscar sobre qué o quién alzarse para sentirse cómodo. Esta actitud ha generado muchísimos problemas y desafíos en el mundo, separando las gentes y los pueblos. Solamente la bondad, como la enseñó y practicó Cristo, puede regenerar el corazón humano. Si no fuera por la gracia de Cristo y por la bondad que él inspira, la supervivencia del más fuerte sería la única forma de relacionarse en el mundo. El ir contra las tendencias humanas de humillar al menos afortunado es un don de Dios que todo cristiano debe poseer.

Lo que importa de verdad es permitir de corazón que Cristo nos purifique.  Lavar todo el cuerpo es decisión y práctica humana; es definir cómo pienso yo que habría que hacer las cosas. Permitir que Cristo lave nuestros pies es decirle «Tú tienes la sabiduría, y, aunque no entiendo ni cómo ni por qué, acepto que lo que tú haces es suficiente». Fíjense en el proceso gradual de Pedro: «No me lavarás los pies jamás», pues eres demasiado para mí y yo soy muy poca cosa. Sin embargo, tras entender que no había otra forma, insiste, siempre a su manera: «No solo mis pies, sino también las manos y la cabeza». Jesús le enseña que no hay respuesta humana a la gracia de Dios, sino la sumisión y la aceptación.

Otra gran lección de Cristo en ese momento fue que, aunque haya hipócritas, ello no es razón para abandonar el grupo. «Ya vosotros estáis limpios, aunque no todos». La observación de algunos que abandonan la fe en el sentido de que hay demasiados hipócritas en la iglesia no se basa en la enseñanza bíblica. Al desenmascarar a judas, no estaba diciéndoles a los demás discípulos: «¡Apártense! ¡Hay un hipócrita en nuestro medio!» Más bien les estaba diciendo: «Sigan mi ejemplo. Dejen que el trigo y la cizaña crezcan juntos hasta el día del juicio». Sigamos el ejemplo de humildad y compasión de Cristo.

Éxodo 16: 1 - 18: 27; Juan 13: 1-38

 

Enero 30.  En la casa de Jehová moraré por largos días

«Ahora pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis para mí un pueblo especial entre todos los pueblos. Porque mía es toda la tierra, y vosotros me seréis un reino de sacerdotes y una nación santa». Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.  Éxodo 19: 5, 6

Desde el Edén, cuando Dios descendió a buscar al hombre extraviado, hasta los tiempos modernos en que con voz tierna todavía invita a la humanidad a una relación más estrecha con él, nos podemos dar cuenta de su gran interés en tener un pueblo como propiedad suya. Al principio no era así, siendo que la raza humana le pertenecía. El cambio vino con el pecado. Iras él, el Señor, siendo que muchos prefieren no relacionarse con él, escoge dar un estatus especial a los que le reciben. «Pero a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio derecho de ser hechos hijos de Dios» Juan 1: 12). El Señor está ansioso por llevar sus hijos a la casa que prometió que les está preparando Juan 14: 1-3).

Aunque los hombres más encumbrados prefieren no tener relación con los demás, el Dios del universo nos invita a su casa. Mientras que algunos mortales rehúyen la presencia de su prójimo en su hogar, Dios no solo invita, sino que hace provisión para que esto sea una realidad. Hace pactos con el hombre de acuerdo a las necesidades del hombre. Es el Dios del cielo quien se compromete a ser fiel a su palabra.

A nosotros, la generación posterior a la cruz, el Señor nos ha prometido que nos preparará un hogar. Nosotros, mediante la fe, le decimos: «¡Sí, ven, Señor' ¡Queremos morar contigo!» En ese acto de fe seguiremos esperando el cumplimiento de la promesa, aguardando aquel día glorioso cuando él se manifieste en las nubes de los cielos. La espera pueda aparentar ser larga, pero la promesa es segura. «El que ha de venir vendrá», y al fin se cumplirá el deseo ferviente del Padre de tener a sus hijos en casa y estar para siempre con ellos. Se cierra el ciclo, con el pecado destruido y los fieles en casa. Dios tendrá a toda la humanidad salvada como propiedad suya como era al principio.

«Por mucho tiempo hemos esperado el regreso de nuestro Salvador. Sin embargo, la promesa es segura. Pronto estaremos en nuestro hogar prometido» (8T 254).

Éxodo 19: 1 - 31: 36; Juan 14: 1-31

 

Enero 31.  Es imposible andar con él sin que se note

  • Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio Juan 15:27

En cada etapa de la vida de Jesús hallamos ejemplos dignos de imitar y encontramos fuerza para vivir la vida cristiana. El final del ministerio de Jesús fue muy dramático.  Los que querían acallarlo y terminar con el ministerio de él en la tierra pensaban que con su muerte se acabaría todo. Sin embargo, Jesús había hecho provisión para que su ausencia no fuese el fin de! ministerio. Sus seguidores seguirían con la obra de predicar, sanar e invitar a los pecadores al arrepentimiento y una entrega a Dios. Los nuevos creyentes podrían encontrar fuerza en la contemplación de la vida que él vivió.

La condición para seguir con la obra de Cristo era haber estado con él desde e! principio. No se debe tomar esto específicamente como si la cantidad de tiempo es lo indispensable para testificar de él, sino e! conocimiento profundo que se deriva de andar con él. Cuanto más tiempo pasemos con él, más lo llegamos a conocer y, por lo tanto, mejor capacitados estamos para dado a conocer. Sin embargo, la influencia del Espíritu Santo no necesita largo tiempo para influir en una persona y cambiada. Una relación prolongada solamente indica la antigüedad del conocimiento, pero no necesariamente que este sea mejor. Por la influencia del Espíritu, todos pueden llegar al conocimiento de la verdad.

La expresión «habéis estado conmigo desde el principio» podría significar conocer cada periodo del ministerio de Jesús. La gran verdad es que en cada fase Jesús fue victorioso. La vida del cristiano debe reflejar la vida de Cristo, porque en cada etapa de nuestro andar con él podemos encontrar aliento y fuerza. Hay ejemplos para el niño, para el joven, para el adulto; sí, para cada etapa de la vida hay un digno ejemplo de Cristo que podemos imitar. La calidad del tiempo con él es de mucho más valor que la cantidad. Un día de verdadera consagración es de mucho más valor que toda una vida de hipocresía Y' media conversión.

Cuando venga el Señor, vendrá por un pueblo que le conoce a él y tiene una relación de calidad con él. Pasar mucho tiempo con él es bueno, pero mucho mejor es pasar un día de consagración en los atrios de nuestro Dios. «Porque mejor es un día en tus atrios, que mil fuera de ellos. Prefiero estar en el umbral de la casa de mi Dios, que habitar en moradas de impiedad» (Sal. 84: 10).

Éxodo 22: 1 - 24: 18; Juan 15: 1-27

 

Febrero 1.  Dependamos del Señor

  • Y harán un santuario para mí y yo habitaré en medio de ellos. Éxodo 25:8

Hubo muchas cosas involucradas en la construcción del tabernáculo. Lo importante es que Dios se auto invitó a vivir en medio de su pueblo. Cuando alguien importante nos avisa que viene a visitarnos, hacemos todo lo posible para que esa persona se sienta cómoda y que las cosas estén de acuerdo a su gusto. Aunque hoy ya no se trata de en un tabernáculo visible, la realidad es que Dios quiere estar con cada uno de nosotros siempre. Debemos ser siempre conscientes de que, como en el desierto, la presencia de Dios debe ser visible en todas las facetas de nuestra vida. Este es un principio que no debemos perder de vista: Dios, que quiere estar con nosotros, debe ser visto por todos y en todo momento.

La construcción del tabernáculo supuso un problema importante para Moisés y el pueblo. Escaseaban las personas capacitadas para hacer el trabajo. Había muchos expertos en hacer ladrillos, pero construir un tabernáculo según las especificaciones de Dios requería una destreza artesana fuera de lo común. Pese a ser esclavos sin grandes conocimientos, Dios tuvo a bien usarlos y dar la solución. La insuficiencia puesta humildemente a disposición de Dios puede ser usada por él. Él pide humildad de espíritu y disposición a obedecerlo a pesar de las debilidades e insuficiencias. Aquí hay una gran lección para nosotros hoy: Aprender a depender totalmente de nuestro Señor.

La construcción del tabernáculo enseñó a los antiguos hebreos a confiar en Dios y no en los brazos del hombre.  Resulta digna de imitar la dedicación que pusieron en el trabajo con el fin de acabar la obra del tabernáculo lo antes posible. Algunos argumentaron que, dado que lo que se hacía era la obra de Dios, era lícito trabajar en sábado para terminar pronto. Pero tal noción fue desestimada (RH 28 de octubre de 1902). Por buena e importante que sea la obra, no hay que usar métodos no aprobados por Dios para lograrlo. Esto es un desafío mayor para el pueblo de Dios, porque el fin no justifica los medios.

“Habitaré entre ellos” es una indicación para nosotros hoy también. Los mismos principios se aplican hoy: Seguir la indicación del Señor en humildad, no depender del brazo humano y no usar métodos no aprobados por él.

Éxodo 25:1-27:21; Juan 16:1-33

 

Febrero 2.  No desesperes. Confía. Jesús ora por ti

  • Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo sino por los que me diste; por que tuyo son. Juan 17:9

Si hay una cosa de la que el cristiano puede estar seguro, es la realidad de que hay uno que oró por nosotros y lo sigue haciendo. Las oraciones de Jesús van mas allá de lo que el hombre se puede imaginar.

Si Dios contesta la oración del pecador, mucho más atiende y contesta la oración de su Hijo. La certeza de la oración de Cristo es suficiente para que ningún hijo de Dios jamás sienta desesperación. “Yo ruego por ellos” nunca se debe tomar livianamente. Es la promesa del Hijo de Dios, es la certeza de nuestro Salvador, es la promesa de uno que nunca ha fallado en su palabra.

La desesperación viene cuando no hay esperanza de salida o de solución. Sin embargo, la oración de Cristo no era una oración por llenar el tiempo y para usar palabras bonitas. Es la promesa segura de que él nos mira y nos cuida. Por difícil que la vida pueda parecer, por imposible que parezca la situación, la gran verdad es que la oración de Cristo todavía tiene eficacia. Como a ovejas, el Padre nos puso en manos de nuestro Pastor para ser cuidadas; como a enfermos, nos confió a las manos de nuestro Médico para ser sanados; como a niños, nos entregó al cuidado de nuestro Tutor para ser enseñados.

Algunos se han preguntado: “Por qué recalca que no estaba orando por el mundo? ¿Qué habría pasado si hubiese orado por el mundo?” Jesús tenía una sola preocupación por el mundo, y la reservó para una de sus últimas oraciones, dando así a conocer de su gran amor por el mundo y la gran relación que ansiaba tener con él. “Y Jesús decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Luc. 23:34). La preocupación de Jesús era la salvación del hombre; por eso, antes de expirar en la cruz, pronunció la mayor oración que se ha hecho a favor del ser humano: “Padre, perdónalos':

Como todas las oraciones de Cristo fueron contestadas, seguramente esta también recibió atención del Padre y pronta respuesta. Todo aquel que se allega al Hijo es aceptado por el Padre. Antes de que acepten a Jesús, la oración es “Padre, perdónalos' Después de aceptar a Jesús, la oración, de mayor gozo para Jesús, es “Padre, guárdalos' Esa oración te acompañará hoy. No desesperes. Confía en la gracia de nuestro Señor Jesucristo y en su intercesión en tu beneficio.

Éxodo 28:1-31:18; Juan 17:1-26

 

 

 

 

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