Jesús nos llama al discipulado
Semana 4

Enero 20 al 26
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20 de Enero.
Depende más de tu Dios
Es
asombroso ver cómo Dios nos ayuda vez tras vez
a
entender que dependemos de él y que no debemos cometer el error de
tratar de darle la mano con artimañas humanas, con métodos no
santificados, aunque la lógica parezca darnos la razón. Así, al darle la recomendación de bajar a Egipto, el Señor quería darle la seguridad que no iría solo, que podía confiar plenamente en la promesa divina de hacerle una gran nación. Otra vez, cuando Jacob estaba en su lecho de muerte, el Señor lo llama por su antiguo nombre y no el nuevo nombre de perdón y aceptación. No era que Dios no cumpliera la promesa de olvidar su pasado negativo. Al repetir el nombre, Dios le estaba diciendo que no había necesidad de mentir para conseguir la primogenitura.
En momentos imposibles, parece más fácil ir por nuestro propio
camino y tomar decisiones que no incluyen ni a Dios, ni sus métodos
ni su dirección. Hay una cosa que el cristiano debe hacer siempre:
preguntarse si las cosas que está haciendo, o la dirección que
quiere tomar, cuentan con la aprobación de Dios. Debemos vivir
siempre pidiéndole que revele su voluntad en nuestra vida, y estar
dispuestos a esperar en Jehová, pues él hará. “Porque los malignos
serán destruidos, pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la
tierra” (Sal. 37:9). Es una firme promesa, no solo para el futuro,
sino para la vida presente, igual que Isaías 40:31: “Pero los que
esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las
águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán'
Al dirigirse a Jacob como Jacob y no como Israel en los momentos más
significativos de su vida, el Señor nos recuerda a todos que sus
métodos son siempre mejores que los métodos humanos. Génesis 46:1-48:22; Juan 4:1-54
21 de Enero. Presta atención a los despreciados y desdichados
Es responsabilidad del cristiano imitar a su maestro. Claro que no todo tiene que consistir en milagros. Estos son para ocasiones especiales y no para jactarse de poseer el don del Señor. El Señor pide de sus hijos una actitud que refleje la actitud de Cristo. Lo ocurrido en el estanque comúnmente queda limitado al milagro, a la confrontación con los líderes religiosos, a los excesos de estos en la observancia del sábado, y al odio que sentían hacia Jesús.
Sin embargo hay algo que no se debe pasar por alto ni nunca ser
olvidado: Jesús fue movido por la compasión. Si hay algo que todos
podemos hacer es tener un corazón compasivo hasta hacia quienes no
lo merecen. El enfermo de Betesda no merecía la compasión de nadie;
muchos de sus sufrimientos eran resultado de su propia forma de ser.
La motivación de Jesús fue su espíritu compasivo. Sus seguidores debemos hacer exactamente esto: buscar a una persona, a alguien en cuya vida podemos entrar sin que ellos lo esperen, sin que lo merezcan, y mostrar compasión y misericordia. ¡Cuántos cristianos hoy pueden demostrar un acto de bondad y ayudar a una persona necesitada! ¡Qué bonito sería que, al final del día, todos pudiéramos decir: “Gracias, Señor, por permitirme ser de ayuda hoy a una persona”! “Él no contempla sin sentir compasión al alma postrada a sus pies como un temeroso suplicante, y no dejará de alzarme... Él llegó a ser el Abogado del hombre. Ha levantado a los que creen en él y ha puesto un tesoro de bendiciones a su disposición” (LC 79). Génesis 49:1-50:26; Juan 5:1-47
22 de Enero. Antes, es preciso obedecer a Dios
En la vida de todo cristiano puede llegar el momento de adoptar decisiones éticas que pueden afectar a la salvación de la persona. Puede tratarse de situaciones tan delicadas como la que enfrentaban las parteras en Egipto, o puede ser algo tan simple como tener que decidir si actuar con honestidad o no. Lo interesante del caso es que toda situación ética es fácil mientras no se tenga que vivir día a día. Alguien ha dicho: “Es más fácil morir por Cristo que vivir por él': Vivir la vida cristiana como el Señor espera no es fácil estando en el reino del enemigo. Las parteras asumieron un riesgo enorme, porque podían ser delatadas y traicionadas. Pero, con todo, escogieron ser fieles a su conciencia y no cometer infanticidio. El acto de no matar a los niños hebreos era una intervención directa de Dios, porque al exterminar a los niños se acabaría la posibilidad de que el Mesías naciera y no habríamos sido salvos. Dios intervino para preservar su plan de la salvación. De las parteras, que de una manera u otra tuvieron que ver con la preservación de la vida de Moisés, se puede decir con toda propiedad que escogieron sufrir con el pueblo de Dios. La fidelidad de ellas fue premiada posteriormente, porque la Biblia nos dice que “Dios hizo bien a las parteras” (Exo. 1:20). Es importante vivir con el Señor hoy para poder hacer frente a las tentaciones del futuro, cuando nuestra fe será probada severamente. Hay hermanos que ya están pasando por esa prueba tanto colectiva como individualmente. Que nuestra oración sea a favor de los que sufren persecución por su fe. Uniones enteras de la iglesia están enfrentando situaciones difíciles a causa de la fe que profesan. “Hemos de reconocer los gobiernos humanos como instituciones ordenadas por Dios mismo, y enseñar la obediencia a ellos como un deber sagrado, dentro de su legítima esfera. Pero cuando sus demandas estén en pugna con las de Dios, hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres. La palabra de Dios debe ser reconocida sobre toda otra legislación humana... La corona de Cristo ha de ser elevada por sobre las diademas de los potentados terrenales” (FV243). Éxodo 1:1-2:25; Juan 6:1-71
23 de Enero. Yo te seguiré, ¡oh Cristo!
Las razones de seguir a Cristo varían de persona en persona. Muchos vienen por los panes y los peces; otros, por pura gratitud, le dicen “muéstrame dónde moras': con la intención de estar siempre con él. Otros siguen a Cristo por el amor mostrado por el Salvador. Y muchos porque creen firmemente en él como Redentor. Los hermanos de Jesús tenían sus propias razones para seguirle. No era precisamente porque creyesen en él, sino porque, como los discípulos, también tenían sueños de grandeza temporal. Esperando lograr así lo que no habían obtenido hasta entonces, lo desafiaron para que se revelase al mundo. “Yo te seguiré, ¡oh Cristo!” es un himno conocido que entonamos sobre todo en momentos de bautismos o de un llamado al altar, pero es muy apropiado considerar las palabras de este canto cada día. La pregunta que se debe hacer es: “Y yo, ¿por qué sigo a Cristo? ¿Qué espero yo sacar de esa relación? ¿Lo estoy siguiendo por los panes y los peces o lo hago porque es mi Salvador?” Están también los que no creen en él ni desean dar un solo paso para ser usados por el Señor para la testificación al mundo. El amor por las ganancias terrenales hace que los hijos de Dios controlados por la avaricia se nieguen a testificar y prefieran que el mismo Cristo vaya o que mande a otro. “El tentador ofrece siempre ganancia y honores mundanos para apartar a los hombres del servicio de Dios. Les dice que sus escrúpulos excesivos les impiden alcanzar prosperidad. Así muchos se dejan desviar de la senda de una estricta integridad. Después de cometer una mala acción les resulta más fácil cometer otra, y se vuelven cada vez más presuntuosos. Una vez que se hayan entregado al dominio de la codicia y a la ambición de poder se atreverán a hacer las cosas más terribles. Muchos se lisonjean creyendo que por un tiempo pueden apartarse de la probidad estricta... y que, después de haber logrado su fin, podrán cambiar de conducta cuando quieran. Los tales se enredan en los lazos de Satanás, de los que rara vez escapan” (PP 468, 469). Éxodo 3:1-4:31;Juan 7:1-53
24 de Enero. ¿En qué ocupas tu tiempo?
La oración es parte integral de las victorias del cristiano. Después de un largo día de labor y confrontación, los líderes religiosos y Jesús partieron a lugares diferentes a pasar la noche. Lo que ocurrió en esa noche es de mucha importancia, siendo que afectó la historia del día siguiente. Jesús se encaminó al monte de los Olivos, su lugar predilecto para orar y meditar. Los líderes, en cambio, fueron a sus casas. Las actividades del día siguiente nos dan una indicación de que no se fueron simplemente a dormir, sino a planear estrategias para buscar cómo sorprender a Jesús con preguntas y situaciones de las que esperaban que no le fuese posible escapar. La malicia de su corazón no les permitió recapacitar y reconocer que Jesús era el Mesías esperado y que ellos tenían la oportunidad de aceptar la salvación que él les vino a ofrecer. Más bien, como dice la Palabra de Dios, dedicaron el tiempo para maquinar maldad sobre sus camas, “Ay de los que en sus camas piensan iniquidad y maquinan el mal, y cuando llega la mañana lo ejecutan, porque tienen en su mano el poder!” (Miq. 2:1). Vinieron con todas sus armas, con una mujer con quien muchos de ellos también habían pecado. Parecía que la trampa tendida a Jesús no tenía escapatoria. Pero Jesús, aparte de ser el Cristo, había pasado toda la noche en oración. Tales momentos de oración siempre lo fortalecían y le daban más vigor para seguir haciendo la obra que estaba haciendo. ¿Qué permitimos que ocupe nuestra mente en nuestro tiempo libre? Bien se ha dicho que “la mente desocupada es taller de Satanás' La forma como pasamos nuestro tiempo libre o los momentos de asueto servirá o bien para fortalecernos espiritualmente, o será causa de mayor debilidad cuando llegue el momento de crisis. Jesús se dedicó a orar, dejándonos con ello un ejemplo incomparable. Las palabras que dirigió a sus discípulos con ocasión de su última sesión de oración en aquel lugar todavía tienen valor para nuestros tiempos: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mat. 26:41). Usemos nuestro tiempo para siempre elevar una oración al Padre, pidiendo fortaleza para resistir el mal y triunfar en el bien para gloria de su nombre, Éxodo 5:1-6:30; Juan 8:1-59
25 de Enero. ¿Cuántos dioses más necesitas para creer?
En el mundo de los negocios existe el dicho de que “el cliente siempre tiene razón": Sin embargo, se dice que para los japoneses, que están cerca de conquistar el comercio mundial, la relación cliente-vendedor se expresa con la idea de que “el cliente es Dios' ¡tan importante lo ven! En su mundo, y comparado con los más destacados miembros de aquella sociedad, Faraón era descollante Ni siquiera Moisés podía compararse con todo el boato de su corte. Pero Moisés tenía una misión encomendada por el Señor, quien hizo de su siervo un dios para Faraón, Aunque en los contactos iniciales entre ambos personajes Faraón cuestionó la existencia de Dios, su arrogante pregunta, basada en la ignorancia, acabó quedando en nada con el paso del tiempo, pues el rey egipcio, tras una serie de reveses incontrovertibles, acabó reconociendo que hay un Dios en el cielo cuyas órdenes deben ser acatadas. La magnanimidad de Dios no debiera ser tomada nunca como debilidad. Que él suplique tiernamente al pecador no es razón para cuestionar su existencia. Faraón necesitó un “dios” para acabar viendo la luz. ¿Cuántos dioses son necesarios para convencernos de la realidad del Dios del cielo? Si abrimos nuestro corazón al Dios del cielo, no se necesitan más dioses para convencernos de la realidad del Señor. Hoy se presenta ante nosotros un nuevo día en el que podemos definir nuestra relación con Dios. Conscientes de ello, tenemos una nueva oportunidad de afianzar nuestra creencia en un solo Dios, porque sus obras en nuestra vida son incontrovertibles. “La vida no es un juego; está llena de solemne importancia, cargada de responsabilidades eternas. Cuando consideremos la vida desde este punto de vista, nos daremos cuenta de nuestra necesidad de ayuda divina. Sentiremos vigorosamente la convicción de que una vida sin Cristo será una vida de completo fracaso; pero si Jesús habita en nosotros, viviremos para un propósito. Entonces comprenderemos que sin el poder de la gracia y el Espíritu de Dios, no podemos alcanzar la elevada norma que él ha colocado delante de nosotros” (RH 22 de septiembre de 1891). Éxodo 7:1-8:32;Juan 9:1-41
26 de Enero. Jehová es mi pastor
El debate en el templo entre Cristo y los escribas y fariseos nos enseñan grandes lecciones. Sin embargo una de las más importantes es pasada por alto muy a menudo. Es la actitud de las ovejas. Si bien se cree que los animales no tienen conciencia y no piensan como nosotros, Cristo aquí revela que las ovejas . pueden identificar la voz del pastor. La vida de las ovejas es una vida de dependencia. El pastor es el todo para ellas. Las conducirá Junto a aguas de reposo, las llevará a pastos verdes, las protegerá de las fieras, y si alguna se extravía, puede estar segura que es de tal importancia para el pastor, que este dejará a las noventa y nueve para ir en busca de la extraviada. La gran verdad es que la oveja puede estar totalmente tranquila y confiada, porque el pastor está para servirlas. En cambio, todo lo que el pastor pide es que “reconozcan mi voz': Jesús usó esta ilustración porque había la necesidad no solamente de mostrar el valor de una oveja, sino también de mostrar lo malos pastores que eran algunos. “Los fariseos acababan de echar a uno del redil porque había osado testificar del poder de Cristo. Habían excomulgado a un alma a la cual el verdadero Pastor estaba atrayendo. Así habían demostrado que desconocían la obra a ellos encomendada, y que eran indignos del cargo de pastores del rebaño” (DTG 443). Hoy debemos recordar que ovejas somos de su prado; por lo tanto, su voz nos es de vital importancia, sobre todo en momentos de peligro, cuando una orden directa tiene que ser obedecida de inmediato, porque puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. Los hijos de Dios debemos poder identificar su voz.
En un país donde estaban a punto de promulgar una ley restrictiva,
amigos en altos puestos sugirieron a la dirección de la Iglesia que
dispensase a los miembros para que pudieran hacer o no ciertas
cosas. Sabiamente, el presidente indicó que “es asunto de
conciencia, y que la iglesia no puede entremeterse entre la persona
y su Dios': Llegará el momento en la vida de cada uno que todo lo
que tenemos para seguir es la voz del pastor divino. Si la conocemos
hoy, la podremos reconocer entonces. Éxodo 9:1-11:10;Juan 10:1-42
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