El discipulado, entonces y ahora
Semana 2

Enero 6 al 12
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Enero 6. En todas partes menos en casa
Ser apreciada es el anhelo de toda persona normal, y el cristiano no puede sustraerse a este deseo. El mensaje de Cristo parecería decir que —salvo en la propia tierra, familia y casa— uno siempre es apreciado, Sabemos que esto tiene que ver con el rechazo provocado por la predicación de la Palabra. Esto, sin embargo, no debería ser razón para no hacerlo. Predicador, o no, la posibilidad de ser apreciado por otros es muy grande, pero debemos vivir la vida para facilitar el aprecio de los demás. El cristiano tiene en este sentido una ventaja enorme sobre los demás, porque la enseñanza básica del cristianismo es que deberíamos ser “buena gente': Es nuestra responsabilidad reflejar el carácter de Cristo para que el mundo pueda ver al Señor en nosotros. El diario vivir no debería eximirnos de este privilegio de representar al Señor ante un mundo que tanto lo necesita. Pensemos en la gran pérdida de los paisanos de Jesús por no recibirlo. Él no hizo milagros allí no por incapacidad de hacerlo, sino por la falta de fe de los habitantes. ¿Cuántos enfermos siguieron en su enfermedad? ¿Cuántos ciegos, mudos o leprosos quedaron como estaban por falta de fe? Pese a todo, Jesús les manifestó el mensaje de salvación. Este ejemplo debería ser seguido por todos. No permitamos que la falta de aprecio nos detenga en el glorioso privilegio de ser “buenos': Que cada cristiano pida al Señor cada día que le dé el ánimo de ser bueno y hacer algún acto de bondad, aunque el mundo no lo aprecie. “La abnegada labor de los cristianos del pasado debería ser para nosotros una lección objetiva y una inspiración. Los miembros de la iglesia de Dios deben ser celosos de buenas obras, renunciar a las ambiciones mundanales, y caminar en los pasos de Aquel que anduvo haciendo bienes. Con corazones llenos de simpatía y compasión, han de ministrar a los que necesitan ayuda, y comunicar a los pecadores el conocimiento del amor del Salvador. Semejante trabajo requiere empeñoso esfuerzo, pero produce una rica recompensa. Los que se dedican a él con sinceridad de propósito verán almas ganadas al Salvador; porque la influencia que acompaña al cumplimiento práctico de la comisión divina es irresistible” (HAp 91).
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Enero 7. Confiar en la incertidumbre
Es importante reconocer que Dios muchas veces obra de manera inesperada. Es como si crease una situación de incertidumbre para luego llenar el vacío. Tal situación debe guamos a confiar en él en todo momento, porque vez tras vez hemos visto que responde de una manera maravillosa que no hemos esperado ni previsto. Debemos aprender a confiar sin ver pruebas, seguir sin saber adónde, obedecer sin conocer el resultado. Confiar sin pruebas, porque Dios tiene control del mañana; seguir sin saber adónde, porque él guía con la nube de día y la columna de fuego de noche; obedecer sin previo conocimiento del resultado, porque los resultados están seguros en las manos del Señor. “El Señor escogió a Abram, y lo identificó de entre sus familiares idólatras, para que él pudiera reservar un pueblo para sí mismo, entre quienes la verdadera adoración pudiera ser mantenida hasta la venida de Cristo. De allí en adelante, Abram y su simiente están casi en la totalidad de la historia de la Biblia. Él fue probado para saber si amaba a Dios más que los demás, y si estaba dispuesto a dejarlo todo para seguir al Señor. Sus familiares, la casa de su padre, y otras cosas en el lugar eran tentaciones constantes para él. No podía continuar entre ellos sin ser infectado por ellos. Los que abandonan sus pecados y llegan a Dios, serán ganadores indecibles” (Matthew Henry's Commentary, p. 84). Obedecer en la incertidumbre es el objetivo principal del cristiano. Estar dispuestos a seguir un “así dice Jehová' sin consideraciones humanas, debería ser el objetivo principal de nuestra vida. Que nuestra vida hoy pueda dar fe de que estamos dispuestos a obedecer sin esperar confirmación de fe. “Nuestra fe tiene que aumentar; si no, no podemos ser renovados conforme a la imagen divina y amar y obedecer los requerimientos de Dios. Nazca de labios sinceros la oración: “Señor, auméntame la fe; dame iluminación divina; porque sin ayuda de tu parte nada puedo hacer” [...] Haced con Dios el pacto de que responderéis a sus requerimientos; decidle que creeréis sin otra evidencia fuera de la desnuda promesa. Esto no es presunción; pero a menos que obréis con celo, a menos que seáis fervientes y estéis decididos, Satanás obtendrá ventajas, y vosotros seréis dejados en la incredulidad y las tinieblas” (COES 79). Génesis 12: 1 - 14: 24; Marcos 7: 1-37
Enero 8. Llenos para no sentir hambre
Cuando se está con Cristo, cuando la felicidad nos embarga, ni hambre sentimos. La presencia del Señor llenará nuestro ser de tal manera que las necesidades básicas se toman en nada, porque Cristo satisface. Lo más hermoso de todo es que el Señor apela a esa necesidad básica para enseñamos que, igual que no toleramos el hambre, tampoco podemos tolerar estar alejados de él. Cuando el Señor dijo «No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mal. 4: 4), se refería a esto. Al citar Deuteronomio 8: 3, quiso dejamos una preciosa lección. «Él te humilló y te hizo sufrir hambre, pero te sustentó con maná, comida que tú no conocías, ni tus padres habían conocido jamás. Lo hizo para enseñarte que no solo de pan vivirá el hombre, sino que el hombre vivirá de toda palabra que sale de la boca de Jehová». En nuestra experiencia previa, en nuestro conocimiento previo, en todo cuanto podamos recordar, nada iguala el estar llenos del Señor. El Señor nos vacía de lo que tenemos para damos lo que necesitamos. Nos hace sentir hambre, para que apreciemos el maná que nos quiere dar. Nos quita lo que más apreciamos, para damos lo que más nos conviene. Toda su relación con nosotros se puede resumir en la frase «Lo hizo para enseñarte». La multitud estaba tan llena de la presencia de Cristo, que se había olvidado de sus cosechas, de su sometimiento a los romanos, de sus cuitas y sus penas; hasta el hambre se les había ido, porque el Salvador del mundo estaba con ellos. Cristo, que nos llena de las cosas espirituales, no nos deja solos en nuestras necesidades temporales. «Tengo compasión de la multitud... Me han entregado todo este tiempo, han permanecido conmigo; yo supliré sus necesidades. Confíen en el Señor, pues él hará». «Dios probó siempre a su pueblo en el hamo de la aflicción a fin de hacerla firme y fiel, Y limpiarlo de toda iniquidad... Nada tenemos que sea demasiado precioso para darlo a Jesús. Si le devolvemos los talentos de recursos que él ha confiado a nuestra custodia, él entregará aún más en nuestras manos. Cada esfuerzo que hagamos por Cristo será remunerado por él, y todo deber que cumplamos en su nombre, contribuirá a nuestra propia felicidad» (1JT 448). Génesis 15: 1 - 17: 27; Marcos 8: 1-38
Enero 9. El reino de Dios vendrá con poder
Cuando todo parecía indicar que la empresa era un fracaso rotundo, cuando todas las expectativas y las esperanzas estaban por el suelo, Cristo les da una inyección de esperanza a sus seguidores. «El reino de Dios vendrá con poder». La promesa hecha entonces todavía es válida. El reino de Dios no vendrá a escondidas, no vendrá en un suspiro, no vendrá solamente para quienes quieran verlo. Todo ojo lo verá; vendrá con trompeta; conmoverá al mundo. No quedará piedra sobre piedra, y todo lo que el hombre haya hecho quedará en la nada. El reino de Dios vendrá con poder. La transfiguración posterior de Jesús ante algunos de sus discípulos cumplió la profecía, pero no era el todo. Esa era una aplicación y cumplimiento particular a aquellos que lo vieron en el monte de la transfiguración, pero para los que vivimos, para los que lo verán venir en su segunda venida, la profecía tiene significado especial, porque da la seguridad de que nuestro Señor se manifestará con gran poder y gloria. A diferencia de su primera venida, cuando vino como un niño inocente, que después sufriría y moriría para luego resucitar y ascender al cielo, ninguna de estas cosas sucederá en su segunda venida. La transfiguración y la revelación de su gloria eran un anticipo de lo que él haría. Habrá creyentes vivos cuando él regrese. Para los que oían a Jesús esas palabras eran de gran aliento. Si los apóstoles vivieran hoy, se alegrarían al ver que seguimos creyendo y esperando, seguros de que el reino de Dios vendrá con poder. El reino de Dios tiene poder, y de ello damos testimonio todos nosotros por medio de la vida que vivimos, de las expectativas que tenemos, de la fe que manifestamos. Con todo ello estamos diciéndole al mundo que el reino de Dios viene con poder». Nuestra vida cambiada es el mejor testimonio de ello. «La fe de los discípulos se fortaleció muchísimo en ocasión de la transfiguración, cuando se les permitió contemplar la gloria de Cristo y escuchar la voz del cielo que daba testimonio de su carácter divino. Dios decidió dar a los seguidores de Jesús una prueba contundente de que era el Mesías prometido, para que cuando vinieran el amargo pesar y la desilusión de la crucifixión no perdieran por completo su confianza» (HR213).
Enero 12. No toques lo que no es tuyo
En su interpelación de Jesús, las palabras halagadoras de sus enemigos dejan a las claras sus propias carencias: “Eres hombre de verdad”; nosotros, no. “No te cuidas de nadie”; todo lo nuestro tiene fines políticos. “No miras la apariencia de los hombres”; nosotros no podemos ver más allá de los hombres. “Con verdad enseñas el camino de Dios”; nosotros usamos trucos y juegos de palabras. En su relación con el dinero eran igual de tramposos. Esa era la gran verdad que querían esconder. Eran ladrones que alardeaban de piedad para encubrir su pecado. El lenguaje puede ser duro, pero es la verdad bíblica. El que no puede ser honesto con los hombres que ha visto, ¿cómo puede ser honesto con Dios, a quien no ha visto? (1 Juan 4:20). El malhechor siempre pretende no entender su mal, y siempre encuentra excusas para encubrir y seguir en el pecado. “Robará el hombre a Dios?” Los contemporáneos de Malaquías respondían con fingida inocencia: “¿En qué te hemos robado?” (Mal. 3:8). No devolví el diezmo porque... Sabemos qué es lo correcto, pero queremos que alguien nos ayude a calmar la conciencia con una respuesta que bien sabemos no existe.
Poner a Jesús sobre un pedestal social para luego darle la estocada
espiritual no les funcionó a los dirigentes de Israel. Los
argumentos sociales para robar en lo espiritual no tienen validez a
la vista de Dios. “Dad a Dios lo que es de Dios” es la misma
respuesta que Cristo nos da hoy. “Traed todo el diezmo al alfolí, y
haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de
los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y
derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Mal
3:10). No debiera haber excusas para no recibir las bendiciones
prometidas en la fidelidad de uno. Dios cumple derramando sus
bendiciones sobre nosotros, y espera que nosotros no busquemos cómo
estorbarle. Génesis 27:1-28:22; Marcos 12:1-44
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