El discipulado bajo presión
Semana 10
2 al 8 de Marzo
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Domingo 2 de marzo. El Dios de lo imposible "Volvimos, pues, y subimos camino de Basán. Entonces Og, rey de Basán, nos salió al encuentro con todo su pueble para pelear en Edrei" Deuteronomio 3:1 La ruta de los israelitas los llevó por varios lugares de grandes peligros, pero tenían la promesa de la victoria sobre todos sus adversarios. Los habitantes de la región por donde transitaban eran un pueblo belicoso, cuya estrategia se basaba en sus ciudades amuralladas y el emplazamiento privilegiado de sus aldeas, perfectamente protegidas por su entorno. Sin contar con provocación alguna, Og, el rey de Basán, confiado en la superioridad de sus tropas, salió a atacar a los hebreos. Hay quien cree que la ira de Og provenía del hecho de que Israel había derrotado al rey Sehón, aliado y amigo personal suyo, y estaba sediento de venganza. Salió a pelear, pero no consideró que las victorias de Israel no eran suyas, sino del Dios del cielo. Humanamente hablando, era imposible derrotar a Og y tomar Basán, pero Dios, que estaba con los hebreos, intervino nuevamente haciendo que lo imposible se hiciera posible: mandó una plaga de avispas que obligó a los habitantes a salir de sus casas y ciudades, teniendo que pelear así fuera de sus ciudades amuralladas. “Y envié delante de vosotros tábanos, los cuales los arrojaron de delante de vosotros, esto es, a los dos reyes de los amorreos; no con tu espada, ni con tu arco” (Jos. 24:12). No hay imposibles para Dios cuando su pueblo confía y depende de él. La promesa del Señor a Moisés ante esa aparente imposibilidad es la misma promesa que él nos hace hoy. No conocemos ni la mitad de las posibilidades de nuestro Dios. La confianza en él debiera ayudarnos a hacerle frente a cualquier obstáculo en la vida. La fórmula de confiar en brazo humano es la fórmula para la derrota, pero la de confiar en Dios, a pesar de las aparentes imposibilidades de la vida, es la fórmula del éxito seguro. Ante tantas maravillas del Señor, no tenemos por qué temer, Aunque aparentemente tarde, siempre cumple. Si la vida nos presenta situaciones imposibles, debemos recordar que nuestro Señor es el Dios que se encarga de lo imposible. No siempre derrumba los muros, como en el caso de Jericó. A veces saca a los habitantes de las ciudades amuralladas para que podamos triunfar. Cristo nos asegura: “Confiad, yo he vencido al mundo' Deuteronomio 3:1-4:49; Mateo 27:1-66
Lunes 3 de marzo. ¿Está mi nombre allá? “Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro”. Mateo28:1 Se avecina un acontecimiento portentoso que abarcará el mundo entero, y no habrá ser humano que participe de una manera u otra. La venida del Señor será parte de la historia de todos los eres humanos que hayan vivido en la tierra. Para algunos, será. el comienzo del fin de su historia, porque mil años después de este bendito acontecimiento, Dios pondrá fin a todos los que no hayan aceptado la gracia de Cristo. Para los otros, será el principio de una historia que no tendrá fin, porque vivirán para siempre con su Señor. La resurrección de Cristo es el acontecimiento más grande en la historia humana después de la crucifixión. Curiosamente no disponemos de una lista completa en un solo lugar que enumere a quienes realizaron el gran descubrimiento de primera mano. Hay que leer los cuatro Evangelios para conocer a todos los que allí estuvieron. El texto de hoy parece indicar que solamente participaron dos mujeres, pero en realidad otro evangelista nos da a entender que hubo por lo menos cinco: “Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles” (Luc. 24:10). El hecho que no se mencionen todas en el relato de Mateo parece indicar que lo más importante es que estuvieron allí, no tanto que sus nombres fueran mencionados. La que siempre se destaca en este contexto es María Magdalena, a quien el Señor había librado de los demonios tiempo atrás y que fue la primera que vio al Señor después de la resurrección. Hay una lista en la que sí es importante tener el nombre inscrito, y más importante aún es estar allí cuando se pase lista. Llegará un momento, pronto, en el que se presentarán muchos nombres ante el Señor. “,Se halla mi nombre allá? ¿Se halla mi nombre allá? En el libro del reino, ¿se halla mi nombre allá?” Este debiera ser el anhelo de cada hijo de Dios. ¡Qué dicha estar allí cuando nuestro nombre sea mencionado! ¡Qué felicidad inmensa será poder decir: “Presente, Señor. Por tu gracia estoy aquí”! Demos gracias al Señor por su fidelidad y por haber hecho todo lo necesario para que podamos estar allí y responder “cuando allá se pase lista' Deuteronomio 51-6:25; Mateo 28:1-20
Martes 4 de marzo. Sin misericordia
En nuestros días, cuando tanto se habla de derechos humanos y genocidios, cuando dictadores que cometieron atrocidades y creyeron escapar impunes son llevados ante tribunales internacionales de justicia, cuando resultan archiconocidas expresiones como holocausto o crimen contra la humanidad, algunos se preguntan qué es esto de exterminar a varios pueblos y no tener misericordia de ellos. ¿Cómo puede ser? Algunos ven en esto razón para perder la fe en un Dios de amor, misericordioso y compasivo. Pierden de vista que nuestro Dios promete visitar el pecado solamente sobre la tercera y la cuarta generación, pero que tiene misericordia sobre mil generaciones (Exo. 20:5, 6). La verdad es que Dios nunca ejecuta juicio sin dar oportunidad de arrepentimiento. El hecho de que decidiera usar al pueblo hebreo para ejecutar juicio sobre estos pueblos debe ser entendido en el contexto de que tuvieron su oportunidad para reconocer al Dios del cielo y no lo hicieron. Su permanencia en la tierra pondría en peligro el plan de salvación, porque harían que el pueblo de Dios, de quien había de nacer el Mesías para salvar al mundo, se desviara, echando a perder el plan de salvación. “Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá pronto. Mas así habéis de hacer con ellos: sus altares destruiréis, y quebraréis sus estatuas, y destruiréis sus imágenes de Asera, y quemaréis sus esculturas en el fuego” (Deut. 7:4, 5). Lo que pasó con los pueblos cananeos no fue genocidio. En su juicio, el Señor limpió al mundo de estos pueblos, carentes ya de esperanza, por amor a ti y a mí. Lo importante es que nos demos cuenta de que para nosotros hoy es el día de salvación, que todavía tenemos la oportunidad de aceptar a nuestro Señor de todo corazón, de estar cobijados por Cristo y, por su gracia, escapar de la ira. Deuteronomio 7:1-9:29; Lucas 1:1-80
Miércoles 5 de marzo . Adoradle
Una de las grandes diferencias que existen entre el Dios del cielo y los dioses falsos es la forma en que sus súbditos reaccionan ante su intervención en su vida. Los que adoramos al Dios verdadero ansiamos ver una manifestación y sentir su presencia. En cambio, los que creen en la existencia de dioses viven llenos de temor. Cuando de relación con nuestro Dios se trata, es siempre un gran gozo saber que nos contesta y se manifiesta en nuestra vida. El contacto con Dios produce gozo, paz y una tranquilidad inexpresable. El asombro que el contacto con nuestro Dios produce es tal que en la mayoría de los casos suscita el deseo casi inconsciente de adorar. Se llena el alma con un deseo de cantar, de alabar, de hacer que todo el mundo sepa de la relación existente con nuestro Dios. Es difícil hacer una distinción clara entre estar maravillados y la adoración. Cuando la majestad de Dios se revela, aunque no siempre se irrumpa en un canto, o se exprese una palabra de alabanza, la gran verdad es que casi siempre, aunque sea en el silencio, se eleva una oración de gratitud y se alaba al Dios del cielo. La manifestación de Dios nos da la certeza que nuestra fe no es en vano, y nos da plena confianza de la salvación que él ha hecho posible. El ejemplo de los pastores es un gran ejemplo para nosotros: “Volvieron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como les había sido dicho': No podían esconder la gran verdad descubierta. El canto de los ángeles los maravilló; el mensaje que recibieron los llenó del deseo de lograr que otros supiesen de su gran descubrimiento. Esa experiencia se ha repetido un sinnúmero de veces, porque cada ser humano que descubre a Dios y con humildad se somete a él tiene una experiencia similar de gozo y adoración. Nunca se debe olvidar que Dios desea que tengamos vida en abundancia, que tengamos gozo y seamos felices. Todas estas cosas están relacionadas con la adoración. Que hoy podamos descubrir a Dios a toda hora y tener un canto en el corazón por lo que el Señor ha hecho, está haciendo y hará por nosotros. Deuteronomio 10:1-12:32; Lucas 2:1-52
Jueves 6 de marzo. Ocupaciones de alto riesgo
Todo empleo tiene sus peligros y no importa cuán trivial pueda parecer, siempre tiene algo que puede ser considerado como de exposición al peligro. Puede que afecte a nuestro bienestar, que exista el riesgo de daño físico y que ponga en peligro nuestra vida. A los soldados que preguntaron qué curso de acción debían tomar, Juan les habló del peligro del abuso de autoridad. Aunque esta tentación no se limita solamente a los militares, en su caso se mencionaron tres cosas: no hacer extorsión, no aprovecharse de los inocentes con denuncias falsas y conformarse con el salario legítimo. El soldado bien podía abusar de la autoridad concedida para quitarles a los demás lo que era legítimamente de ellos. Por ello, Juan amonestó contra todo abuso de los pobres y los indefensos, así como contra la corrupción consistente en complementar los salarios con el pago de favores ilegítimos. Hay muchas otras cosas que podemos clasificar con los tres pecados que Juan amonestó a los militares a no cometer. Y todas ellas son de aplicación también para cualquiera, aunque no sea militar ni policía. Lo que Juan quería poner de relieve era que, no importa la ocupación de uno, ya seamos publicanos, soldados o cualquier otra cosa, los posibles pecados inherentes a la ocupación también deben ser confesados y abandonados. Para nosotros los cristianos es un mensaje fuerte la noción de que no podemos divorciar nuestra religión de nuestra ocupación. Hay que abrir el camino para que el evangelio entre en el corazón. Hay que eliminar los pensamientos que pretenden justificar actos equivocados hasta en asuntos tan seculares como el trabajo. Hay que someter todo el ser a la voluntad de Cristo, y eliminar todo lo que pueda impedir la obediencia al Señor, Solo así viviremos en forma coherente con la salvación y la gracia de Cristo. Puede que tengamos una ocupación que no consideremos arriesgada, pero si la ocupación causa la pérdida de nuestra salvación, entonces es de altísimo riesgo. Que todo lo que hagamos testifique que. somos de Cristo, y no separemos nuestra religión de nuestra ocupación. Deuteronomio 13:1 -15:23; Lucas 3:1-38
Viernes 7 de marzo . El Espíritu guía a la victoria
En la confrontación de Cristo con el diablo en el desierto pocas veces se enfatiza la obra del Espíritu Santo en todo ello. La Biblia indica claramente que fue el Espíritu Santo quien lo llevó al desierto y lo sostuvo allí; después de los cuarenta días allí, Jesús fue tentado por el diablo (Mat. 4:2, 3). El Espíritu Santo estuvo con él en todo momento. En las peores pruebas y más agudas tentaciones, él podía depender de la presencia del Espíritu para sostenerle y guiarle. Cuando Jesús fue llevado al desierto para ser tentado, fue llevado por el Espíritu de Dios. Él no invitó a la tentación. Fue al desierto para estar solo, para contemplar su misión y su obra. Por el ayuno y la oración, debía fortalecerse para andar en la senda manchada de sangre que iba a recorrer. Pero Satanás sabía que el Salvador había ido al desierto, y pensó que esa era la mejor ocasión para atacarle. “Grandes eran para el mundo los resultados que estaban en juego en el conflicto entre el Príncipe de la Luz y el caudillo del reino de las tinieblas. Después de inducir al hombre a pecar, Satanás reclamó la tierra como suya, y se llamó príncipe de este mundo. Habiendo hecho conformar a su propia naturaleza al padre y a la madre de nuestra especie, pensó establecer aquí su imperio. Declaró que el hombre le había elegido como soberano suyo. Mediante su dominio de los hombres, dominaba el mundo. Cristo había venido para desmentir la pretensión de Satanás. Como Hijo del hombre, Cristo iba a permanecer leal a Dios. Así se demostraría que Satanás no había obtenido completo dominio de la especie humana, y que su pretensión al reino del mundo era falsa. Todos los que deseasen liberación de su poder, podrían ser librados. El dominio que Adán había perdido por causa del pecado, sería recuperado” (DTG 89, 90). Desconocemos las tentaciones y las pruebas que nos sobrevendrán hoy; no sabemos cuándo va a atacar el enemigo. Pero, de una cosa estamos seguros: el Espíritu Santo está a nuestra disposición para sostenemos en todo momento. Que hoy sea un día de victoria para los hijos de Dios. Deuteronomio 16:1-18:22; Lucas 4:1-44
Sábado 8 de marzo. No te dejes intimidar
Toda guerra abierta va precedida de una fase psicológica en la que los contendientes tratan de intimidarse mutuamente. Todo general sabe que es preferible ganar la guerra sin pelear a sacrificar muchos de sus soldados. Es tal el costo de muchas victorias que apenas quedan ánimos para disfrutar de las mismas. En la batalla que los israelitas estaban por pelear, parecía que el enemigo ya contaba con la baza de la victoria psicológica. Hizo falta un discurso formidable para recordarles que no todo estaba perdido, que Dios estaba de su lado y que, por lo tanto, no tenían por qué temer al enemigo. En la historia de Gedeón encontramos que él estaba desanimado para emprender tan gran empresa. Vez tras vez supeditó su decisión a prueba para estar absolutamente seguro de que tendría la victoria. Si el propio Gedeón, que había escuchado la voz de Dios y había visto las pruebas de fe contestadas positivamente, tenía dudas, entonces no debemos juzgar demasiado severamente a sus soldados más dubitativos. Dios conocía los corazones de los pusilánimes, que ya habían perdido la guerra psicológica y podían desanimar a los fieles. Por lo tanto, entró en el proceso de la depuración del ejército. No quería de ninguna manera que Gedeón o sus soldados llegasen a pensar que la victoria era de ellos. Dios usó psicología inversa para ayudarlos a entender que solamente confiando en él se logran las cosas. Los ejércitos tratan de intimidar al oponente con un gran número de hombres, con el despliegue del armamento más sofisticado y con la ventaja de la sorpresa. La actuación de Dios fue exactamente la opuesta a esto. Se valió de pocos hombres. Nunca antes se había ganado una guerra con toques de trompeta y lámparas. Y es que no hay batalla que él no pueda ganar. Tenemos la seguridad de que él está de nuestro lado, que no hay por qué temer. No hay por qué prepararse a hacerle frente al enemigo como él espera, porque de Jehová es la victoria, y él ya ganó la batalla. Confiemos en nuestro Dios y él hará. Deuteronomio 19:1-21:23; Lucas 5:1-6:49 76
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