Notas de Elena White

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Un panorama del discipulado 

Semana 1

Diciembre 30 al 5 de Enero


 

 

Enero 1.  Los cielos y la tierra Gran esperanza

  • En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Génesis 1:1

Las palabras de Génesis 1:1 se han tomado fundamentalmente para establecer la gran verdad de que nosotros y cuanto nos rodea hasta los confines del universo fuimos creados por Dios. Sin embargo, hay palabras de esperanza en estos versículos que nos ayudan a entender que Dios no solo creó, sino que, sustenta, cuida, y que, en última instancia, cuando restaure toda la creación y nos dé una tierra nueva y un cielo nuevo, tomará cargo total de lo creado. “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más” (Apoc. 21:1).
La certeza de que existe hoy día un cielo y, desde luego, una tierra, nos infunde confianza en su promesa de dar a los redimidos cielos nuevos y tierra nueva. Las palabras de Génesis debieran hacernos mirar atrás, pero también, y mucho más, mirar adelante, porque la promesa es firme:
el creador del cielo y de la tierra nos dará todo esto nuevo. La tierra nueva y el cielo nuevo no serán destinos inalcanzables para el salvado, sino que serán los lugares donde estaremos en perfecta paz disfrutando las eternas bendiciones de nuestro Padre. Estas palabras de esperanza nos ayudarán a pasar por la vida hoy, sabiendo que nuestro Dios estará con nosotros.
La presencia de Dios estará fundamentada en los principios del reino
de Dios, y debiéramos pedirle hoy al Señor que nos ayude a seguir los principios de su reino hoy.
“La curiosidad de los hombres los ha inducido a buscar el árbol del conocimiento, y cuán a menudo piensan que están cosechando frutos esenciales cuando en realidad, tal como en el caso de Salomón, descubren que todo ello es vanidad de vanidades en comparación con la ciencia de la verdadera santidad que les abrirá los portales de la ciudad de Dios...
“Todo ser humano debe ver que la obra más grande, más importante de su vida, consiste en recibir la semejanza divina, con el fin de preparar el carácter para la vida futura. Debe apropiarse de las verdades celestiales para aplicarlas especialmente en la vida práctica” (CDD 167).
Que el Señor nos ayude hoy a tener esperanza en sus promesas, pero también a permitir al Espíritu implantar su reino en nosotros.

Génesis 1:1—2:25; Marcos 1:1-45 ;1

 

Enero 2 .  «Hijo, tus pecados te son perdonados»

  • Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: - dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados». Marcos 2: 5

Como consecuencia de una salud quebrantada, es muy difícil sentirse animados. La enfermedad, especialmente si es prolongada, tiende a llevarnos a la desesperación.

En ese estado de ánimo, la forma de actuar de las personas varía mucho. Hay quienes prefieren la soledad, mientras que a otros les agrada estar rodeados de gente.

Una cosa es cierta: cuando estamos agobiados, abrumados con lo que la sociedad nos quiere hacer sentir y con un sentido de culpabilidad, lo mejor que puede ocurrirnos es que una persona con experiencia nos pueda ayudar a enderezar los pensamientos. Esto contribuye a que tengamos una mente clara para, cuando menos, tener paz en medio de la tormenta.

Cuando Jesús pronunció las palabras de nuestro versículo de memoria para hoy, se proponía más que sanar el cuerpo. Su deseo era dar salud mental y la confianza de que, aunque nuestro cuerpo esté hecho pedazos, podemos tener la certeza de que Dios nos acepta, nos perdona, nos guía, y, sí, también nos puede restaurar la salud. No existen palabras de esperanza más consoladoras que estas. Mi Jesús me ama y se preocupa de mí. La enfermedad no es razón de desesperación, sino ocasión para permitir que el Señor actúe con mayor definición en nuestras vidas.

Si es así en el terreno de la salud, también debería ser lo mismo en todo nuestro andar. Que el Señor nos ayude hoya recordar que hay palabras de esperanza de parte de Jesús en medio de los más serios desafíos que podamos tener.

«Las palabras pronunciadas por Jesús: "Tus pecados te son perdonados" (Mar. 9: 2), tienen un inmenso valor para nosotros. Él dijo: He llevado tus pecados en mi propio cuerpo en la cruz del Calvario. Él ve vuestras aflicciones. Su mano se posa sobre la cabeza de cada alma contrita, y Jesús se convierte en nuestro Abogado delante del Padre, y nuestro Salvador. El corazón humillado y contrito recibirá una gran bendición con el perdón...

»Podemos repetir a otros su tierna compasión, a otros que vagan en el laberinto del pecado. Debemos revelar tiernamente a otros la gracia de Cristo que nos ha sido manifestada» (AFC 238).

Génesis 3: 1 - 4: 15; Marcos 2: 1-28

 

Enero 3.  El mal no progresará

  • Entonces Lamec dijo a sus mujeres: «Ada y Zila, oíd mi voz.  Oh mujeres de Lamec, escuchad mi dicho:  Yo maté a un hombre, porque me hirió; maté a un muchacho, porque me golpeó.  Si Caín ha de ser vengado siete veces, Lamec lo será setenta y siete veces». Génesis 4: 23, 24

 Uno de los dilemas del cristiano es ver el aparente progreso del mal y " la improbabilidad de que se vayan a arreglar las cosas. Si hay un atisbo de esperanza en esta situación de la lucha contra el mal, es la certeza que Dios nos da de que el mal no será victorioso. Aunque parezca que está triunfando ahora, sabemos que la victoria final será de nuestro Dios y su pueblo, y que juntos cantaremos el cántico de Moisés y del Cordero.

La historia de Lamec, uno de los descendientes de Caín, parecería apoyar la noción de que el mal progresará para siempre. Aunque hay varias interpretaciones sobre la intención del texto, una de las más aceptables es que Lamec estaba haciendo alarde de su maldad y buscando justificaciones para persistir en ella. Parece que fue uno de los primeros, si no el primero, en transgredir la ley del matrimonio y en regodearse en ello. Su derecho a la fama deriva de las cosas de este mundo.

Parece que Lamec tenía enemigos, pero, en vez de procurar la paz con todos, buscaba en la defensa propia justificación para el asesinato. Abusando de la misericordia y paciencia de Dios, e incapaz de entenderlas, se jacta de que sus actos violentos quedarían impunes.

La palabra de esperanza es que el mal no prosperará para siempre: «Porque los malhechores serán destruidos, pero los que esperan en Jehová heredarán la tierra» (Sal. 37: 9).

«Mediante la traslación de Enoc, el Señor quiso dar una importante lección. Había peligro de que los hombres cedieran al desaliento, debido a los temibles resultados del pecado de Adán. Muchos estaban dispuestos a exclamar: "¿De qué nos sirve haber temido al Señor y guardado sus ordenanzas, ya que una terrible maldición pesa sobre la humanidad, ya todos nos espera la muerte?" Pero las instrucciones que Dios dio a Adán, repetidas por Set y practicadas por Enoc, despejaron las tinieblas y la tristeza e infundieron al hombre la esperanza de que, como por Adán vino la muerte, por el Redentor prometido vendría la vida y la inmortalidad» (PP 76).

Gênesis 4: 16 - 5: 32; Marcos 3: 1-35

 

Enero 4.  Oigan para que sean salvos -

  • Y él les decía: «A vosotros se os ha dado el misterio del reino de Dios; pero para los que están fuera, todas las cosas están en parábolas, para que viendo vean y no perciban, y oyendo oigan y no entiendan; de modo que no se conviertan y les sea perdonado». Marcos 4: 11, 1 2

El oír y la buena interpretación de lo oído resultan esenciales para todos. No podemos esperar disfrutar de las bendiciones de lo alto cuando somos descuidados con la Palabra del Señor. Las malas interpretaciones han perjudicado a muchas almas incontables veces.

Quien interprete de las palabras de nuestra meditación que Cristo buscaba la perdición de muchos y que por ello no les quería predicar la verdad con claridad yerra gravemente. Interpretar las palabras de Marcos a la luz de lo que Isaías nos dice del asunto nos da más claridad: «y dijo: "Ve y di a este pueblo: 'Oíd bien, pero no entendáis; y mirad bien, pero no comprendáis.' Haz insensible el corazón de este pueblo; ensordece sus oídos y ciega sus ojos, no sea que vea con sus ojos, y oiga con sus oídos, y entienda con su corazón, y se vuelva a mí, y yo lo sane"» (Isa. 6: 9, 10)

No es que Cristo no quisiera que oyesen, entendiesen y se salvasen. Lo que no quería era que tomar la palabra en el estado en que estaban, sin ningún interés por conocer la verdad, con el solo fin de acumular argumentos contra la verdad para seguir en su vida pecaminosa. Cristo estaba previniendo el pecado contra el Espíritu Santo de quienes no tenían el mínimo interés en oír para ser salvos. Había, en cambio, esperanza para quienes venían sedientos de la verdad y de la palabra. Que el Señor nos ayude a no oír para condenación, sino para entender para la salvación.

«Cuando la iglesia haya dejado de merecer el reproche de indolencia y pereza, el Espíritu de Dios se manifestará misericordiosamente. La potencia divina será revelada. La iglesia verá las dispensaciones providenciales del Señor de los ejércitos. La luz de la verdad se derramará en rayos claros y poderosos, como en los días apostólicos, y muchas almas se apartarán del error a la verdad. La tierra será alumbrada con la gloria del Señor. Los ángeles del cielo han esperado por mucho tiempo la colaboración de los agentes humanos de los miembros de la iglesia en la gran obra que debe hacerse. Ellos os están esperando» (91 37).

Génesis 6: 1-8, Marcos 4: 1-41

 

5 de Enero.  Goza de tu libertad

  • Porque le decía:”Sal de este hombre, espíritu inmundo

El poder de Jesús es nuestra garantía de verdadera libertad. El Señor nos ha librado de la culpabilidad y el poder del pecado, y cuando venga en gloria nos librará de la presencia del pecado. A pesar de todas las manifestaciones de su gran poder, hay quienes hoy todavía sufren bajo el peso del pecado; quizás no abiertamente, pero sí a través de desafíos en su vida personal. El enemigo es un adversario tenaz, que como lo demuestra la historia de estos desdichados (Mateo dice que fueron dos), no suelta fácilmente a sus víctimas.

Probablemente habían sentido el efecto de la tormenta (Mar. 4:35-41) y observado que súbitamente se había calmado. Después de este fenómeno, la barca de Cristo era lo primero que vieron. La curiosidad diabólica, al no tener información de lo que Dios hace, los llevó a acercarse. El milagro de la tormenta les indicaba que esto tenía que ser la intervención de Dios y su temor se vio confirmado cuando reconocieron al Hijo de Dios. Jesús también reconoció al adversario tantas veces derrotado. Ahora iba a demostrar ante el universo que, no importa por cuánto tiempo pueda el diablo ejercer algún tipo de control, ni cuántas legiones haya de demonios, el Señor triunfaría sobre el mal. El encuentro de Jesús con los endemoniados es una clara indicación de que Jesús lleva la batalla al terreno del enemigo. Lo hizo al venir a la tierra; lo hizo al ir a la región donde estaban los endemoniados; lo hizo al confrontar a los individuos endemoniados.

Él nunca nos deja solos, y no importa las ventajas que el diablo pueda tener (ventaja de entorno, de tiempo, de circunstancias), Jesús siempre tiene la autoridad para decir al enemigo: “Sal de este hombre': La palabra de esperanza para el endemoniado y para nosotros es: Cristo tiene autoridad para librar a cualquiera. Disfruta de la libertad que él te da. La palabra poderosa de Jesús para reprender el mal y el maligno es nuestra gran esperanza de victoria. Él lo ha hecho, lo está haciendo y lo seguirá haciendo por nosotros. Confiando en él, podemos vencer el mal; dependiendo de él, podemos ser victoriosos.

“Era el derecho de Cristo conferido por Dios, curar los dolores de una raza pecadora, y ahora reprendía la enfermedad y difundía a su alrededor vida, salud y paz” (PVGM 17).

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Génesis 9:1-29; Marcos 5:1-43

 

 

 

 

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