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Preparación para el discipulado

Lección 7

Para el 16 de febrero de 2008

Mateo 7:1-5


 

Objetivos para la Enseñaza a tu clase

 

  • Saber cómo nos juzga Dios por la forma en que juzgamos a otros.

  • Sentir un deseo de cultivar la misericordia en vez de juzgar a otros.

  • Hacer la decisión de dejar que Dios sea quien juzgue.

 

Bosquejo de la Lección

                            

                             I.               Saber: No juzgues

                                                   A.               ¿Qué significa no juzgar?

                                                    B.               ¿Qué advertencia está dando Jesús en el Sermón del Monte acerca de juzgar, que es esencial que todos los discípulos comprendan? ¿Cómo nos enseña a seguir a Cristo con más éxito?

                                                   C.               ¿Qué sugiere la “viga” que hay en nuestro ojo, que puede ocurrirle a nuestra visión en el momento en que cambiamos nuestro foco de nuestras propias debilidades a las debilidades de los demás?

                           II.               Sentir: La misericordia de Jesús

                                                   A.               La Biblia habla acerca de dos maneras de juzgar. Una es condonada, la otra es condenada. ¿Cuál es la diferencia entre una actitud de juzgar y el verdadero discernimiento?

                                                    B.               ¿De qué manera juzgar a otros (encontrar sus faltas) apaga nuestra misericordia?

                         III.               Hacer: Quitar la viga

                                                   A.               ¿Qué podemos hacer para cambiar un espíritu que busca faltas en otros?

                                                    B.               Nota que Jesús usa la palabra “hermano”, no enemigo ni extraño, para referirse a la persona que es juzgada. A la luz de esto, ¿cómo deberíamos tratar a los miembros de la iglesia que han cometido errores?

                                                   C.               Jesús no dice que no podemos ayudar a quitar la paja del ojo de un hermano. Solo necesitamos eliminar primero la obstrucción más grande en nuestro ojo. ¿De qué manera nos ayuda Jesús a hacer esto?

 

Resumen

 

  • Mirar las faltas de otros nos ciega para no ver sus necesidades espirituales, y tampoco las nuestras.

 

Motiva

 

¿Qué sucede una vez que una persona llega a ser un discípulo? ¿Qué comisión recibe? La respuesta puede encontrarse en Mateo 28:19, que nos dice que debemos ir y hacer discípulos, bautizándolos y enseñándoles.

Considera: ¿Son todos llamados a ser discípulos o deben las personas tener ciertas cualidades para ser llamadas al discipulado (ver Mat. 28:19; Mar. 16:15)?

Una de las funciones de la iglesia –el grupo de creyentes que ya ha respondido al llamado de seguir a Cristo– es ir a todo el mundo, a cada nación, a todos los pueblos, y hacer más discípulos. Yo le digo a alguien, y este le dice a otro, y ese a otro, y así sucesivamente...

Pero, así como fue con los primeros discípulos de Cristo, los que son llamados deben pasar por un proceso de adiestramiento de modo que puedan alcanzar a otros en forma efectiva. El primer paso, en este proceso, es que la persona reconozca el llamado a ser discípulo. En muchos casos, las personas se unen a la iglesia y ni siquiera se dan cuenta de que han sido llamadas al discipulado, a servir. Se unen a un grupo de creyentes con el deseo de ser alimentados en vez de alimentar a otros. Es la responsabilidad de la iglesia ayudar a los nuevos creyentes a comprender que han sido llamados al servicio.
 

¡Explora!

 

Comentario de la Biblia

I. Pescadores de hombres

Cuando Jesús llamó a los primeros discípulos, les dijo que los haría pescadores de hombres (Mat. 4:19). Debían ir y atraer a otros a Cristo, haciendo más discípulos, quienes irían y atraerían a otros a Cristo. Pero, antes de que pudieran ser efectivos, los discípulos pasaron algún tiempo con Jesús, observando y aprendiendo precisamente lo que estaban llamados a hacer.

Considera: ¿Cuáles son algunas de las cosas que los discípulos aprendieron siguiendo y observando al Salvador? (Mat. 10:16, 37; 12:1, 2, 8-12; 17:20, 21; Hech. 10:34, 35.)
¿Qué clase de programas pueden ponerse en práctica en las iglesias hoy con el fin de preparar a las personas para el discipulado?

II. Dar libremente

Ya vimos que llegar a ser parte del cuerpo de Cristo –la iglesia– es un llamado al servicio. No llegamos a ser seguidores de Cristo sólo para recibir; llegamos a ser sus seguidores para dar: para dar de nuestros tiempo, talentos, oraciones y recursos. En palabras de Jesús mismo: “Lo que ustedes recibieron gratis, denlo gratuitamente” (Mat. 10:8, NVI).

Considera: ¿Se espera que todos los discípulos de Cristo hagan las mismas cosas o la capacidad con la que servimos depende de nuestros diversos talentos y habilidades? ¿Una persona es llamada para hacer una cosa, mientras que otra es llamada para hacer algo diferente? Analiza las respuestas que dé la clase. (Ver Rom. 12:4-8.)

III. Preparad el camino

 “Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir” (Luc. 10:1).

Así como los discípulos de antes, los seguidores de Jesús, hoy, han de preparar el camino para el Señor. Hemos de proclamar a otros que él está por venir y animarlos a estar listos para encontrarse con él cuando venga.

Considera: Abajo hay una lista de algunas de las tareas que los primeros discípulos fueron llamados a realizar. ¿Cuántas de ellas estamos llamados a hacer hoy? ¿Hay tareas que los primeros discípulos hicieron que no podemos hacer hoy?

·            Resucitar los muertos (Mat. 10:8)

·            Echar fuera demonios (Mat. 10:8)

·            Bautizar y hacer nuevos discípulos (Mat. 28:19)

·            Predicar y enseñar el evangelio de Jesucristo (Hech. 4:31)

·            Sanar a los enfermos (Hech. 3:1-9)

·            Ministrar a los pobres (Gál. 2:10)

·            Consolar y exhortarse unos a otros (Heb. 3:13)

·            Ayudar a los huérfanos y a las viudas (Sant. 1:27)

 

¡Practica!

 

Preguntas para reflexionar:

1.         ¿Te consideras un discípulo de Cristo? Si es así, ¿qué actividades estás desarrollando? Si no, ¿por qué no?

2.         ¿Qué puedes hacer, personalmente, con el fin de prepararte para el discipulado?

3.         Si no estás ahora activo en tu iglesia o tu comunidad, ¿puedes pensar en un ministerio al que te podrías unir, o iniciar personalmente, para llegar a ser un discípulo activo?

4.         ¿Es realmente necesario que los que siguen a Cristo pasen por un proceso de adiestramiento a fin de ser preparados para el discipulado? Si es así, ¿por qué? Si no, explica tu respuesta.

5.         ¿Qué criterios, si los hay, se usan para determinar cuándo un creyente nuevo está listo para el servicio en la iglesia o en el campo (la comunidad)?

Preguntas de aplicación:

1.         Considerando los siguientes textos: Mateo 28:18-20; Marcos 16:15, 16; Juan 8:31; 15:8, ¿puedes ser un cristiano sin ser un discípulo?

Testificación

El discipulado es una función de cada cristiano. Los que eligen seguir a Cristo han sido llamados no solo a seguir, sino también a servir. Al testificar a otros acerca de las buenas nuevas del evangelio –que Jesús vino para salvarlos–, también debemos decirles de su llamado para llegar a ser discípulos.

 

¡Aplica!

 

“Él, por su parte, solía retirarse a lugares solitarios para orar” (Luc. 5:16, NVI). Cristo es nuestro ejemplo perfecto en todas las cosas. La oración era su conexión con su Padre. Era su línea de comunicación vital. Del mismo modo, la oración es nuestra conexión con el Padre celestial, con el Salvador. Es nuestra línea de comunicación vital. Sin oración, no tenemos poder.

Los discípulos de la antigüedad tenían a Jesús presente en la carne. Nosotros tenemos a Jesús por fe, mediante el Espíritu que mora en nosotros. Al estar en comunión con él en oración, llegamos a reconocer más su presencia constante en nuestras vidas.

Para ser discípulos efectivos, necesitamos tener una conexión con el Señor, que nos capacitará para hacer todas las cosas que un discípulo está llamado a hacer (testificar, bautizar, sanar, consolar, exhortar, enseñar, predicar, etc.). Al mantenernos en oración y estudiando la Palabra de Dios, estaremos continuamente en su presencia.

Considera: ¿Cuánto tiempo pasas en oración? ¿Por qué la oración es una parte esencial del discipulado?

El estudio de la Biblia también es esencial para los seguidores de Cristo. ¿De qué modo el estudio de la Biblia y la oración van juntos? ¿Puedes tener uno sin la otra?

“Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mat. 18:19, 20).

La oración no solamente es esencial para cada persona, sino también es necesaria para la fortaleza de la iglesia como un todo. Es vital que los miembros de la familia de la iglesia se reúnan como grupo o en pequeños grupos, para pasar tiempo orando. Jesús nos dice que únicamente es por medio de la oración y el ayuno que tendremos la fe suficiente para mover montañas (Mat. 17:20, 21).

Considera: ¿Es el ayuno necesario todavía hoy? ¿Qué nos enseña el ayuno?

La oración, el ayuno y el estudio de la Biblia ¿son partes integrales del grupo de tu iglesia? Si es así, da algunos ejemplos. Muestra cómo estas cosas preparan a las personas en forma individual, incluyendo a los creyentes nuevos, para el discipulado.

Invita a un miembro de tu clase a concluir con una oración.

 

 

 

 

Compilador: Dr. Pedro Martínez

 

 

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