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Objetivos para la Enseñaza
a tu clase |
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Saber
cómo nos juzga Dios por la forma en que juzgamos a otros.
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Sentir
un deseo de cultivar la misericordia en vez de juzgar a
otros.
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Hacer
la decisión de dejar que Dios sea quien juzgue.
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Bosquejo de la Lección |
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I.
Saber: No juzgues
A.
¿Qué significa no juzgar?
B.
¿Qué advertencia está dando Jesús en el Sermón del Monte
acerca de juzgar, que es esencial que todos los discípulos
comprendan? ¿Cómo nos enseña a seguir a Cristo con más éxito?
C.
¿Qué sugiere la “viga” que hay en nuestro ojo, que puede
ocurrirle a nuestra visión en el momento en que cambiamos
nuestro foco de nuestras propias debilidades a las debilidades
de los demás?
II.
Sentir: La misericordia de Jesús
A.
La Biblia habla acerca de dos maneras de juzgar. Una es
condonada, la otra es condenada. ¿Cuál es la diferencia entre
una actitud de juzgar y el verdadero discernimiento?
B.
¿De qué manera juzgar a otros (encontrar sus faltas)
apaga nuestra misericordia?
III.
Hacer: Quitar la viga
A.
¿Qué podemos hacer para cambiar un espíritu que busca
faltas en otros?
B.
Nota que Jesús usa la palabra “hermano”, no enemigo ni
extraño, para referirse a la persona que es juzgada. A la luz de
esto, ¿cómo deberíamos tratar a los miembros de la iglesia que
han cometido errores?
C.
Jesús no dice que no podemos ayudar a quitar la paja del ojo de
un hermano. Solo necesitamos eliminar primero la obstrucción más
grande en nuestro ojo.
¿De qué manera nos ayuda Jesús a hacer esto?
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Resumen |
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Motiva |
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¿Qué sucede una vez que una persona llega a ser un discípulo?
¿Qué comisión recibe? La respuesta puede encontrarse en Mateo
28:19, que nos dice que debemos ir y hacer discípulos,
bautizándolos y enseñándoles.
Considera:
¿Son todos llamados a ser discípulos o deben las personas tener
ciertas cualidades para ser llamadas al discipulado (ver Mat.
28:19; Mar. 16:15)?
Una de las funciones de la iglesia –el grupo de creyentes que ya
ha respondido al llamado de seguir a Cristo– es ir a todo el
mundo, a cada nación, a todos los pueblos, y hacer más
discípulos. Yo le digo a alguien, y este le dice a otro, y ese a
otro, y así sucesivamente...
Pero, así como fue con los primeros discípulos de Cristo, los
que son llamados deben pasar por un proceso de adiestramiento de
modo que puedan alcanzar a otros en forma efectiva. El primer
paso, en este proceso, es que la persona reconozca el llamado a
ser discípulo. En muchos casos, las personas se unen a la
iglesia y ni siquiera se dan cuenta de que han sido llamadas al
discipulado, a servir. Se unen a un grupo de creyentes con el
deseo de ser alimentados en vez de alimentar a otros. Es la
responsabilidad de la iglesia ayudar a los nuevos creyentes a
comprender que han sido llamados al servicio.
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¡Explora! |
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Comentario de la Biblia
I. Pescadores de hombres
Cuando Jesús llamó a los primeros discípulos, les
dijo que los haría pescadores de hombres (Mat.
4:19). Debían ir y atraer a otros a Cristo, haciendo
más discípulos, quienes irían y atraerían a otros a
Cristo. Pero, antes de que pudieran ser efectivos,
los discípulos pasaron algún tiempo con Jesús,
observando y aprendiendo precisamente lo que estaban
llamados a hacer.
Considera:
¿Cuáles son algunas de las cosas que los discípulos
aprendieron siguiendo y observando al Salvador?
(Mat. 10:16, 37; 12:1, 2, 8-12; 17:20, 21; Hech.
10:34, 35.)
¿Qué clase de programas pueden ponerse en práctica
en las iglesias hoy con el fin de preparar a las
personas para el discipulado?
II. Dar libremente
Ya vimos que llegar a ser parte del cuerpo de Cristo
–la iglesia– es un llamado al servicio. No llegamos
a ser seguidores de Cristo sólo para recibir;
llegamos a ser sus seguidores para dar: para dar de
nuestros tiempo, talentos, oraciones y recursos. En
palabras de Jesús mismo: “Lo que ustedes recibieron
gratis, denlo gratuitamente” (Mat. 10:8, NVI).
Considera:
¿Se espera que todos los discípulos de Cristo hagan
las mismas cosas o la capacidad con la que servimos
depende de nuestros diversos talentos y habilidades?
¿Una persona es llamada para hacer una cosa,
mientras que otra es llamada para hacer algo
diferente? Analiza las respuestas que dé la clase.
(Ver Rom. 12:4-8.)
III. Preparad el camino
“Después de estas cosas, designó el Señor también a
otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante
de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir”
(Luc. 10:1).
Así como los discípulos de antes, los seguidores de
Jesús, hoy, han de preparar el camino para el Señor.
Hemos de proclamar a otros que él está por venir y
animarlos a estar listos para encontrarse con él
cuando venga.
Considera:
Abajo hay una lista de algunas de las tareas que los
primeros discípulos fueron llamados a realizar.
¿Cuántas de ellas estamos llamados a hacer hoy? ¿Hay
tareas que los primeros discípulos hicieron que no
podemos hacer hoy?
·
Resucitar los muertos (Mat. 10:8)
·
Echar fuera demonios (Mat. 10:8)
·
Bautizar y hacer nuevos discípulos (Mat. 28:19)
·
Predicar y enseñar el evangelio de Jesucristo (Hech.
4:31)
·
Sanar a los enfermos (Hech. 3:1-9)
·
Ministrar a los pobres (Gál. 2:10)
·
Consolar y exhortarse unos a otros (Heb. 3:13)
·
Ayudar a los huérfanos y a las viudas (Sant. 1:27)
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¡Practica! |
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Preguntas para reflexionar:
1.
¿Te consideras un discípulo de Cristo? Si es así, ¿qué
actividades estás desarrollando?
Si no, ¿por qué no?
2.
¿Qué puedes hacer, personalmente, con el fin de
prepararte para el discipulado?
3.
Si no estás ahora activo en tu iglesia o tu comunidad,
¿puedes pensar en un ministerio al que te podrías unir, o
iniciar personalmente, para llegar a ser un discípulo activo?
4.
¿Es realmente necesario que los que siguen a Cristo pasen
por un proceso de adiestramiento a fin de ser preparados para el
discipulado? Si es así, ¿por qué? Si no, explica tu respuesta.
5.
¿Qué criterios, si los hay, se usan para determinar
cuándo un creyente nuevo está listo para el servicio en la
iglesia o en el campo (la comunidad)?
Preguntas de aplicación:
1.
Considerando los siguientes textos: Mateo 28:18-20;
Marcos 16:15, 16; Juan 8:31; 15:8, ¿puedes ser un cristiano sin
ser un discípulo?
Testificación
El discipulado es una función de cada cristiano. Los que eligen
seguir a Cristo han sido llamados no solo a seguir, sino también
a servir. Al testificar a otros acerca de las buenas nuevas del
evangelio –que Jesús vino para salvarlos–, también debemos
decirles de su llamado para llegar a ser discípulos.
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¡Aplica! |
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“Él, por su parte, solía retirarse a lugares
solitarios para orar” (Luc. 5:16, NVI). Cristo es
nuestro ejemplo perfecto en todas las cosas. La
oración era su conexión con su Padre. Era su línea
de comunicación vital. Del mismo modo, la oración es
nuestra conexión con el Padre celestial, con el
Salvador. Es nuestra línea de comunicación vital.
Sin oración, no tenemos poder.
Los discípulos de la antigüedad tenían a Jesús
presente en la carne. Nosotros tenemos a Jesús por
fe, mediante el Espíritu que mora en nosotros. Al
estar en comunión con él en oración, llegamos a
reconocer más su presencia constante en nuestras
vidas.
Para ser discípulos efectivos, necesitamos tener una
conexión con el Señor, que nos capacitará para hacer
todas las cosas que un discípulo está llamado a
hacer (testificar, bautizar, sanar, consolar,
exhortar, enseñar, predicar, etc.). Al mantenernos
en oración y estudiando la Palabra de Dios,
estaremos continuamente en su presencia.
Considera:
¿Cuánto tiempo pasas en oración? ¿Por qué la oración
es una parte esencial del discipulado?
El estudio de la Biblia también es esencial para los
seguidores de Cristo. ¿De qué modo el estudio de la
Biblia y la oración van juntos? ¿Puedes tener uno
sin la otra?
“Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la
tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les
será hecho por mi Padre que está en los cielos.
Porque donde están dos o tres congregados en mi
nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mat.
18:19, 20).
La oración no solamente es esencial para cada
persona, sino también es necesaria para la fortaleza
de la iglesia como un todo. Es vital que los
miembros de la familia de la iglesia se reúnan como
grupo o en pequeños grupos, para pasar tiempo
orando. Jesús nos dice que únicamente es por medio
de la oración y el ayuno que tendremos la fe
suficiente para mover montañas (Mat. 17:20, 21).
Considera:
¿Es el ayuno necesario todavía hoy? ¿Qué nos enseña
el ayuno?
La oración, el ayuno y el estudio de la Biblia ¿son
partes integrales del grupo de tu iglesia? Si es
así, da algunos ejemplos. Muestra cómo estas cosas
preparan a las personas en forma individual,
incluyendo a los creyentes nuevos, para el
discipulado.
Invita a un miembro de tu clase a concluir con una
oración.
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