|
|
Objetivos para la Enseñaza
a tu clase |
|
-
Saber
cómo el evangelio derriba todas las barreras raciales.
-
Sentir
una dependencia completa de su gracia, para sobreponernos al
odio.
-
Hacer
la resolución de vencer todo obstáculo por medio de la fe en
Jesús.
|
|
Bosquejo de la Lección |
|
I.
Saber: Jesús derriba las barreras
A.
¿Por qué la mujer llamó a Jesús “Hijo de David”? ¿Qué
sugiere esto que ella sabía?
B.
¿De qué modo reaccionó Jesús ante su pedido? ¿Por qué
ella rehusó desanimarse?
C.
Esta mujer no pide un pan o siquiera la corteza. Ella
pide las migajas que caen a los perros del dueño. Nota las
implicaciones. Ella acepta que es un perro, una pagana. Pero
asegura que es el perro del Dueño. Considera dónde está el perro
para recoger las migajas: está sentado a los pies del dueño, la
posición de un discípulo. ¿Qué está sugiriendo ella? ¿Qué
muestra que Jesús la aceptó?
II.
Sentir: La necesidad de los cananeos
A.
Los judíos detestaban a los cananeos de todas las razas.
En su primer encuentro con la mujer cananea, Jesús parece
compartir ese punto de vista. ¿Era así? ¿Cuál pudo ser el
propósito de parecer hacerlo?
B.
¿Qué indica que los discípulos compartían el prejuicio de su
tiempo?
¿Qué los cambió? ¿Por qué?
III.
Hacer: Perseverar con fe
A.
¿De qué modo nos enseña la mujer cananea la importancia
de perseverar con fe, no importa cuáles sean los obstáculos?
B.
¿Quién es pasado por alto en nuestros esfuerzos por compartir el
evangelio? ¿De qué modo el retener el pan, para no darlo a
otros, nos hace morir de hambre a nosotros mismos?
¿Qué podemos hacer para cambiar esto?
|
|
Resumen |
|
|
|
Motiva |
|
Concepto clave:
La muerte de Jesús en la cruz, por todos, nos muestra que no
debemos excluir a ninguno en nuestros esfuerzos por ganar almas
para él.
Un sacerdote hindú de la diosa Kali estaba moribundo. Ninguno de
los otros sacerdotes quería tocarlo. Él servía en un templo para
la diosa, en la sección más pobre de Calcuta. Era un barrio
bajo, donde algunas personas estaban demasiado enfermas para
pedir limosna. Otros no tenían ropa y les daba vergüenza ir
desnudos por la calle. Y, todavía, otros estaban muriendo de
enfermedades terribles que hacían que sus amados les dieran la
espalda. Y ahora este sacerdote había llegado a ser como una de
esas personas.
Una monja fue a ver dónde yacía este cuerpo enfermo. Ella había
elegido vivir allí, entre los más pobres de los pobres, los
intocables, los que tenían lepra, los que estaban demasiado
enfermos para pedir alimentos, o que no tenían ropa para
ponerse. Ella convirtió un templo hindú abandonado en un
hospicio gratuito para los más pobres de entre los pobres. Los
sacerdotes del vecino templo de Kali, en la ciudad, no estaban
contentos cuando la monja albanesa y sus hermanas comenzaron su
trabajo. Pero, alguien le habló de que uno de los sacerdotes del
templo de Kali, que se habían opuesto a ella, estaba muriendo de
una enfermedad contagiosa. Ninguno quería tocarlo. Su cuerpo
estaba demacrado y enfermo. Ella lo recogió en sus brazos y lo
llevó a su casa. Después de esto, la gente local le pidió a la
monja, que llegó a ser conocida en el mundo como la Madre
Teresa, que se quedara. Un sacerdote hindú del templo de la
diosa Kali le dijo: “Por treinta años he adorado a la diosa Kali,
de piedra; hoy la diosa Madre está delante de mí, viva”.
Considera:
¿Quiénes son los grupos de tu sociedad que a menudo son
olvidados? ¿Qué estamos haciendo para alcanzar a aquellos que
nos necesitan como comunidad o como iglesia? ¿Qué quiso
significar el sacerdote hindú cuando dijo que había adorado a la
diosa Kali, de piedra, durante treinta años, pero que ahora ella
estaba viva, delante de él? ¿Cómo podemos hacer que Cristo venga
a la vida para aquellos a quienes procuramos alcanzar?
|
|
¡Explora! |
|
Comentario de la Biblia
I. El leproso samaritano
(Lee con tu clase Luc. 17:11-16.)
Un grupo de leprosos vivía en el límite entre
Samaria y Galilea. Pudieron haber compartido una
miserable choza en un campo abierto, lejos de la
aldea más cercana. Lo que hacía que estos leprosos
fueran singulares era que uno de ellos era
samaritano, mientras que el resto eran judíos. De
repente, cuando eres leproso, a nadie le interesa si
eres judío o samaritano; sigues siendo impuro. La
tragedia compartida quebró las barreras raciales
entre ellos, y se unieron en grupo. Estos hombres
sabían que tenían necesidad. Y su necesidad de
sanamiento los unió. La ley requería que estuvieran
a una distancia de no menos de cuarenta metros de
toda persona sana. Esto significaba que no podían
acercarse mucho a Jesús mientras pasaba en su camino
a Jerusalén. De modo que, si no podían acercarse a
él, ¿cómo podrían conseguir su atención?
La ley les prohibía acercarse a las personas
limpias, impidiéndoles llegar hasta la presencia de
Jesús. Pero, el sonido combinado de sus voces cruzó
la distancia que los separaba de él. Jesús estaba en
su viaje final que lo llevaría a su muerte. La
trascendencia de lo que estaba por hacer debía pesar
sobre él. Cada paso que se acercaba a Jerusalén era
un paso más cerca de la cruz. Pero, él de todos
modos se detuvo para sanar a los que sufrían.
Imagínate que eres el leproso samaritano, que
escucha las instrucciones de Jesús de ir a
presentarte a los sacerdotes. Hay poca duda acerca
de cuáles sacerdotes eran los que Jesús indicaba. No
había nada de amor entre su nación y la nación
judía. Por eso, debió haber sido necesario un mayor
acto de fe para este despreciado samaritano comenzar
a caminar hacia el Templo que para los otros nueve
leprosos. Pero, su sanamiento era una reprensión a
los sacerdotes que no solo creían que Jesús no era
el Mesías sino también despreciaban a los
samaritanos. Al sanarlo, Jesús le estaba diciendo al
mundo que su gracia es para toda la gente. No es
extraño que el samaritano se volviera a Jesús
después de haber sido sanado, y cayera a sus pies y
lo adorara. Este hombre no estaba únicamente
agradeciendo a Jesús por sanarlo; le estaba
agradeciendo por darle el don de la vida eterna, que
los judíos habían sentido que los samaritanos no
merecían.
Considera:
¿Cuál es la importancia del lugar en que vivían
estos leprosos, entre las fronteras de Galilea y
Samaria? ¿De qué modo el pecado nos hace leprosos, y
por qué Jesús es la única curación? Los leprosos no
fueron curados mientras estuvieron en la presencia
de Jesús, sino cuando se alejaron de él con fe.
¿Cuál es la lección aquí, para nosotros, acerca de
hacer la obra de Dios? ¿Qué barreras derribó Jesús
al sanar a este leproso samaritano y qué podemos
aprender de sus métodos?
II. La mujer sirofenicia
(Lee Mat. 15:21-28 con tu clase.)
Si les hubieras preguntado a sus discípulos cuál era
problema con Jesús, dirían que regalaba los dones
del Cielo demasiado libremente a los que no eran
dignos. Y, en sus mentes, Jesús no podría haber
elegido a una persona peor que la mujer cananea. Su
bondad hacia el samaritano ya era suficientemente
mala. Pero, por lo menos, no realizó directamente un
milagro para ellos, y ellos creían en la ley de
Moisés. Y el centurión cuyo siervo sanó Jesús había
construido una sinagoga para los judíos. Pero, para
ellos, la mujer sirofenicia no tenía la capacidad
mental para apreciar el evangelio. Ella era una
pagana, una extranjera, una extraña y, por sobre
todo, era mujer. Su raza ni siquiera creía en el
verdadero Dios. ¿Qué derecho tenía ella de pedir
algo a Jesús? Un rabí escribió que el infierno era
el único destino de los gentiles. Josefo,
escribiendo acerca de los fenicios, dijo que de
todas las razas paganas, los cananeos mantenían la
peor mala voluntad hacia los judíos. Después de
todo, Israel les quitó la tierra ancestral de ellos
durante el tiempo de Josué. No se desperdiciaba amor
entre estas razas.
Jesús leyó el corazón de sus discípulos. En sus
mentes, ella no era mejor que un perro, uno de esos
kunária, los perros sueltos que merodeaban por las
calles procurando encontrar restos de comida, para
robarlos. Cómo se habrán alegrado cuando Jesús usó
la misma palabra para describirla que la que ellos
habían pensado: ¿Por qué debería tomar el pan de los
hijos y dárselo a los perros? Pero, la palabra que
él usó para perro no era la misma que la de ellos.
Él usó la palabra para los perros domesticados, que
se sentaban a los pies de sus amos. Los discípulos
estaban tan enceguecidos por su prejuicio que no
percibieron la compasión de Jesús en su voz. Pero,
la mujer sirofenicia la notó. Sus propios dioses le
habían fallado. Ella había oído rumores del gran
Sanador en quien aun los demonios obedecían. Sus
palabras le dieron esperanza. Ella aceptó que era un
perro, pero era el perro de Jesús. Ella no pidió un
pan entero que había sobre la mesa y ni siquiera una
rebanada. Ella solo pidió las migajas que caían a
los pies de Jesús. Recogerlas a los pies de él hacía
que hasta un “perro” fuera un discípulo.
Jesús la trató como la hubieran tratado los
discípulos para que, cuando le concediera su pedido,
contrariamente a las expectativas de ellos, ellos
vieran cuán malo era su prejuicio. Al ministrar a
esta mujer, él les enseñó una lección valiosa. La
raza no es una barrera para el evangelio; está
dispuesto para toda la gente, y sus discípulos
debían ministrar tanto a judíos como a gentiles,
porque él no era solamente el Salvador de los judíos
sino también del mundo entero.
Considera:
¿Qué método usó Jesús para mostrar sus prejuicios a
los discípulos? ¿Cuán efectivo fue? ¿Qué revela el
otorgamiento del pedido de la mujer fenicia acerca
de la actitud de Dios hacia las castas y el racismo?
|
|
¡Practica! |
|
Testificación
Haz azules mis ojos.
Tal vez no quisiste tener ojos azules, pero ¿quién no quiso, en
algún momento, ser diferente?
Amy, la niña irlandesa que le pidió a Dios que le diera ojos
azules, creció sin que se cumpliera su deseo, y fue a la India
como misionera. Ella vio a niñitas que no eran deseadas por sus
familias y eran vendidas a los templos como prostitutas para los
sacerdotes. Ella supo, entonces, lo que Dios quería que hiciera.
Ella se tiñó el cabello y su piel con café. Se puso saris
(vestido de mujer en la India), para parecerse a la gente, y
comenzó un hogar para esas niñas no deseadas. “Una irlandesa con
ojos castaños”, dijo una vez una amiga hindú. “Es bueno. Yo no
creo que podrías haber salvado a estas niñas si hubieras tenido
ojos azules”. Amy sabía ahora por qué Dios le dio ojos castaños
en lugar de azules. Como dijo Pablo en el versículo para
memorizar de esta semana: “A todos me he hecho de todo, para que
de todos modos salve a algunos”. Amy Carmichael no fue a la
India sencillamente para vivir; ella llegó a ser una de ellos.
Esto era algo que Amy sintió que no podría haber hecho tan
completamente si Dios le hubiera dado ojos azules en lugar de
castaños. Dos mil años antes, Jesús también llegó a ser como los
despreciados que estaba tratando de salvar, al tomar nuestros
cuerpos, piel, cabello y ojos.
Considera:
Piensa en todos los aspectos de tu vida, acerca de ti mismo y de
tu situación, que has deseado que fueran diferentes. ¿De qué
modo usó Dios las cosas que no podemos cambiar a fin de ser una
bendición para otros y llevarles cambios positivos a sus vidas?
Como Amy, podemos haber tenido que cambiar algo acerca de
nosotros para alcanzar a algunos, llegando a ser como dijo
Pablo: “A todos me he hecho de todo”, de modo que algunos puedan
salvarse. Dios puede no estar pidiéndote que tiñas tu piel como
lo hizo Amy, pero ¿de qué maneras podemos practicar este
principio en nuestras vidas?
|
|
¡Aplica! |
|
Considera estas preguntas con tu clase, como una
manera de dar pasos para quebrantar barreras que
existen dentro de tu iglesia:
1.
¿Se sienten cómodos los nuevos conversos con
la estructura social de tu iglesia?
2.
¿Tenemos un sistema mediante el cual las
personas nuevas pueden hacer amistades nuevas dentro
de los seis meses de haberse unido a tu iglesia?
3.
¿Tienen los miembros (o los “simpatizantes”)
alguien que se siente con ellos, y los oriente en
las ceremonias y los cultos de la iglesia?
4.
¿Tiene tu iglesia un equipo de recepción a la
puerta del santuario, que sabe cómo decir “Hola” sin
decir al mismo tiempo “Hasta luego”?
|
| |
|