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Comentario de la Biblia
I. El escriba
(Repasa Mat. 8:19, 20 con tu clase.)
Muchas personas llamaban a Jesús didáskalos, o rabí
(maestro), pero pocos de ellos eran escribas. No
sorprende que cuando uno lo hizo, en Mateo 8:19 y
20, haya sido lo suficientemente notable para que
Mateo lo registrara. Jesús estaba en favor de la
destrucción del poder de ellos. Y, sin embargo, este
hombre fue atraído al mismo ser que amenazaba ese
poder. ¿Cómo es que ocurrió esto?
Obviamente, Jesús había producido un impacto sobre
este hombre. Mateo nos dice, unos pocos versículos
antes, que Jesús acababa de sanar al enfermo con
solo una palabra y que luego sanó a un endemoniado.
Tal vez este hombre había presenciado a Jesús en
acción. Este hombre no solo estaba escuchando hablar
a Jesús; lo observó actuar. Fue confrontado no solo
con la idea de Jesús, sino también con quién era
Jesús. Y su corazón fue tocado para seguir al mismo
hombre que su propia organización estaba procurando
matar.
Tal vez, esto estaba en la mente de Jesús cuando le
dijo al escriba que contara el costo antes de
seguirlo. Jesús no estaba tratando de debilitar su
ardor, o entusiasmo, sino hacer que concentrara y
probarlo. El camino cristiano nunca es fácil. Hay
una cruz que llevar antes de que haya una corona.
Hay un yo que debe morir y la necesidad de poner a
Jesús por sobre toda consideración u obligación
terrenal.
Considera: ¿Qué significa contar el costo de seguir
a Jesús? ¿Cuál es la diferencia entre una respuesta
emocional y un compromiso de todo corazón con
Cristo? ¿Cómo podemos saberlo?
II. Aprovecha el momento
(Repasa Mat. 8:21, 22 con tu clase.)
No sabemos el nombre de este hombre, pero sí sabemos
que ya era un discípulo, lo que significa que ya
había aceptado el llamamiento de Jesús. Pero, le
resultaba difícil comprometerse. Sus palabras a
Jesús demuestran que tenía un corazón atormentado
por el deseo de servir a Jesús completamente y mismo
tiempo quería cumplir sus otras obligaciones.
William Barclay explica el significado detrás de la
expresión oriental “Tengo que sepultar a mi padre”.
Cuando el candidato a discípulo dijo esto a Jesús,
realmente estaba diciendo: “No puedo dejar mi hogar
para seguirte, Jesús, hasta después de la muerte de
mi padre, que puede no ocurrir hasta dentro de
muchos años. Entretanto, necesito cumplir mis
deberes hacia mis padres y familiares antes de que
pueda dejarlos”. Esta costumbre era considerada un
deber sagrado de parte de un hijo.
La respuesta de Jesús desnuda el problema y da la
solución con mucha claridad. La lealtad al Señor
sobrepasa las expectativas culturales. “Deja que los
muertos entierren a sus muertos” es la forma de
Jesús de decir: “Capto que tú tienes una obligación
importante hacia tus padres, pero tu obligación
hacia mí necesita venir primero. Sal ahora o nunca
saldrás para seguirme”.
Considera:
Contrasta el consejo que Jesús le dio al escriba, en
Mateo 8:19 y 20, con el consejo que Jesús le dio a
un candidato a discípulo, no identificado. ¿Por qué
Jesús recomienda precaución en un momento y luego
sugiere apresurarse en el siguiente? ¿Por qué crees
que estos dos escenarios fueron puestos uno junto al
otro? ¿De qué modo se equilibran el uno con el otro?
III. El joven rico
(Repasa Mar. 10:17 al 23 con tu clase.)
La historia del joven rico termina en un llamado
personal y directo al discipulado. Antes de esto,
Jesús enumeró los Mandamientos: No robes, no mientas
o no cometas adulterio. Los Diez Mandamientos
estaban expresados en un lenguaje que daba
prohibiciones (negativas) acerca de lo que no había
que hacer. Allí estaba el foco del problema del
joven rico, y su falla fatal. Él estaba tan
concentrado en evitar el mal que se olvidó de hacer
el bien. Por eso, la declaración de Jesús: “Una cosa
te falta” realmente hace la pregunta: Has pasado
toda tu vida evitando el mal y procurando no hacer
daño a otros, pero ¿qué bien les has hecho? Esa era
la manera en que Jesús le decía al joven rico, y
también a nosotros, que no es suficiente evitar las
cosas malas; debemos también hacer cosas buenas.
El joven rico tenía una excelente reputación, pero
le faltaba tener a Dios dentro de sí, brillando a
través de sus acciones. Y esa cosa era todo. Sin
ella, no tenía nada, no importaba cuánto tuviera. Él
quería el cielo, pero no lo suficiente como para
renunciar a todo y obtenerlo.
La Biblia dice que Jesús lo miró y lo amó. Esto fue
después de que Jesús lo vio por lo que era:
defectuoso, egoísta. Pero él lo vio como podría ser.
Esa es la forma en que los ojos que todo lo penetran
consideran las cosas. Él vio la sinceridad de este
joven: él corrió hacia Jesús. Se arrodilló. Admiraba
grandemente al Salvador. Y la pregunta de Jesús:
¿Por qué me llamas bueno? no era tanto una
reprensión sino un intento de extraer de este joven
una profesión de fe más profunda. Al procurar que el
joven rico clarificara por qué lo había llamado a
Jesús bueno, Jesús quería ayudarlo a probar su
sinceridad y a ver su falta. En esa prueba había una
invitación no solo a considerar su propia debilidad,
sino también a servir al Único que podía salvarlo de
sus debilidades. El joven rico tenía suficiente
sentido común para captar lo que Jesús quería decir.
Pero él se apartó, porque el costo de la vida eterna
le pareció demasiado inconveniente.
Considera:
A menudo, el llamado a rendir el yo se presenta en
un lenguaje que parece severo, pero es que no hay
otra manera de salvarnos sino cortando lo que nos
mataría si nos aferramos a ello. ¿De qué modo esto
explica por qué Jesús le pidió al joven rico que se
deshiciera de sus riquezas?
IV. Mentalidad de masa
(Repasa Luc. 4:16-30 con tu clase.)
La gente del pueblo propio puede ser la más difícil
de agradar, como Jesús lo descubrió muy pronto
cuando se levantó para leer. Él escogió las
siguientes palabras del profeta Isaías: “Porque Dios
me ha ungido (jrío)”, lo que puede ser traducido
libremente como “Dios me ha hecho el Cristo (el
ungido)”. No era posible entender mal lo que Jesús
quería decir.
Es interesante que Jesús no leyó el clímax del
pasaje final de Isaías 61:1 y 2. Era la parte que
prometía “el día de venganza del Dios nuestro”, que
los judíos interpretaban como la salvación para
ellos y la retribución para sus enemigos. Que Jesús
reclamara ser el Mesías y luego dejara afuera el
pasaje acerca de la venganza de sus enemigos
desafiaba seriamente su concepto del Mesías y de su
obra. Si el Mesías no vendría para castigar a los
enemigos de ellos, entonces, ¿por qué se molestaría
en venir, y qué planes tenía en cambio? Peor aún,
Jesús se atrevió a implicar que, en lugar de
destruir a sus enemigos, el Mesías les ofrecería la
salvación en vez de castigo.
Esto era demasiado para esta multitud. Su fiero
orgullo nacional se oponía a la idea de que las
bendiciones del evangelio estuvieran disponibles
para los paganos. Se levantaron contra él aun antes
de que terminara de hablar y lo echaron fuera, hacia
un precipicio, en el borde de aquel pueblo. Si no
hubiera sido por los ángeles, que ocultaron a Jesús
y lo condujeron a un lugar seguro, Jesús habría
muerto en un precipicio y no en una cruz.
Considera:
¿Cuán importante es nuestra influencia? ¿Qué
diferencia habría producido si un Nicodemo o un
Gamaliel (Hech. 5) se hubieran levantado en protesta
contra el populacho? ¿Qué nos dice esto acerca de la
influencia y el poder de una voz solitaria?
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