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Objetivos para la Enseñaza
a tu clase |
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Saber
que Jesús es el modelo de compasión.
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Sentir
la compasión que sintió Jesús por los despreciados.
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Hacer
nuestra la compasión de Jesús hacia todos.
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Bosquejo de la Lección |
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I.
Saber: Jesús, el modelo de compasión
A.
Jesús fue “movido a compasión” [NVI] por el pedido de
sanidad del leproso. En griego, la palabra compasión significa
alguien conmovido profundamente en su ser. ¿Qué acciones de
Jesús nos indican lo que significa esta clase de compasión?
B.
Marcos usa la palabra “movido” para describir la compasión que
sintió Jesús, pasando del amor a la acción, que fluyó de él en
un toque sanador. ¿Por qué la verdadera compasión, que comienza
como un sentimiento, termina en una acción?
Inversamente, ¿por qué debe cada acción
surgir del amor?
II.
Sentir: El discipulado y la compasión
A.
¿Qué le dijo Jesús al leproso antes de tocarlo? ¿Qué nos
revela su disposición y su voluntad acerca de la necesidad de
estar listos para ayudar a otros que vienen a nosotros?
B.
Jesús no necesitaba tocar al leproso para sanarlo. Él
sanó a otros a la distancia. ¿Por qué el toque fue tan
importante en este caso? ¿Qué nos enseña esto acerca de la
importancia del contacto humano, y de tratar a los que ayudamos
con dignidad y respeto?
III.
Hacer: Seguir el Modelo
A.
¿De qué modo la compasión –ya sea ayudando a alguien, o
recibiendo la compasión– afectó tu vida?
B.
¿Qué nos dice el ejemplo de Jesús acerca del trato con
los demás?
C.
¿De qué modo podemos transformar la compasión en acción?
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Resumen |
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Motiva |
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La mejor manera de enseñar esta lección es presentar el tema de
cada día como una actitud o práctica importante que Jesús llevó
a su ministerio, hasta el punto de dar forma al adiestramiento
de los discípulos. Después de estudiar todo un trimestre acerca
del discipulado, puede ser un buen momento para recordar a tu
clase que ser un discípulo no es sencillamente una decisión
única, hecha de una vez por todas, de creer en Jesús, sino que
es un compromiso durante toda la vida de seguirlo a él. Las
actitudes y las prácticas del discipulado deben recordarse,
renovarse y practicarse durante toda la vida. La compasión y el
perdón, la búsqueda de los marginados, incluyendo a los
exiliados, animar la diversidad y la aceptación, participar en
la obra del ministerio y de la oración: ninguna de ellas resulta
en forma automática en ocasión de la conversión. Cada una
requiere intención, disciplina y un examen propio durante toda
la vida.
Considera:
El filósofo griego Sócrates declaró: “La vida sin examinar no
vale la pena vivirla”. ¿Cómo podemos ayudar a los cristianos a
estar dispuestos a examinar sus vidas a fin de ir más allá de
las profesiones sencillas de creencia y listas de doctrinas, a
vivir realmente y a actuar como Cristo?
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¡Explora! |
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Comentario de la Biblia
I. Compasión y perdón
La palabra griega usada en Mateo 14:14 y en otras
partes, con respecto a la compasión de Jesús, se
origina en la palabra para entrañas u órganos (splánjna).
En la forma en que se usa acerca de los sentimientos
de Jesús (splanjnísomai), significa literalmente que
sus órganos estaban convulsionados por lo que veía,
que estaba conmovido emocionalmente en forma tan
profunda como para tener síntomas físicos. Esto,
entonces, no es una lástima casual, o sacudir la
cabeza o hacer un chasquido con la lengua, y seguir
caminando, sino una experiencia que retuerce el
vientre con empatía y amor, que impulsaba a Jesús a
ayudar.
II. Los marginados y los excluidos
Aunque Mahatma Gandhi no era cristiano, una vez
aconsejó a algunos misioneros cristianos con
respecto a su actitud hacia los pobres y los
marginados: “Sería de poco consuelo para el mundo si
tuviera que depender de un Dios histórico que murió
hace dos mil años. No prediquen, entonces, el Dios
de la historia, sino muéstrenlo cómo él vive hoy por
medio de ustedes... Es mejor permitir que nuestras
vidas hablen por nosotros que no nuestras palabras”.
Considera:
Nosotros, como adventistas, tenemos varias
enseñanzas distintivamente nuestras que presentar al
mundo. ¿Hablan nuestras vidas tan claramente como
nuestras palabras?
III. Diversidad y discriminación
(Lee Hech. 17:24-26.)
“Este poner a un Dios en paralelo con una especie
implica que los ‘muchos’ que físicamente
descendieron de padres comunes [...] comparten una
sensibilidad religiosa inherente, sea que este Dios
sea reconocido o no”.
Considera:
¿Estás de acuerdo con esta declaración? Si es así,
¿cuáles son las implicaciones de nuestro compartir
una “sensibilidad religiosa común” con los
musulmanes, los budistas, y aun con los ateos, que
no reconocen al Dios cristiano?
(Comparar con Rom. 1:18-20).
IV. Las iglesias
“La [iglesia] es el teatro de su gracia, en el cual
él se deleita en revelar su poder para transformar
corazones”.
Considera:
¿De qué modo el que seas un actor en el “teatro de
su gracia” te equipa para ayudar a tu pastor a
difundir el evangelio?
V. El factor de la oración
Jesús tuvo solo unos tres años para realizar las
actividades más importantes que cualquiera haya
hecho alguna vez en la historia del mundo. Uno
supondría que esa persona trabajaría continuamente
para realizar todo lo que se esperaba de él. No
obstante, lo notable acerca de Jesús (como se
ilustró apropiadamente en los textos de esta
lección) es que, cuanto más ocupado estaba, más
pesadas eran sus responsabilidades, mayores las
decisiones que afrontar, lo más probable era que
tomara más tiempo para orar.
Considera:
Cuando afrontas una decisión muy grande o una
crisis, ¿cuán probable es que pases un período de
reflexión y contemplación en oración, preparándote
para ella?
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¡Practica! |
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Tal vez, tu clase de Escuela Sabática podría ser el catalizador
para incorporar las actitudes y las prácticas del discipulado en
la vida de tu iglesia. Considera las siguientes ideas, e intenta
interesar a tu clase en realizar una de ellas.
Busca a tu alrededor personas de tu congregación que no se
destacan de la multitud. Haz un plan para que los miembros de tu
clase se encuentren con ellas. Organiza un almuerzo (tal vez a
la canasta) para personas que rara vez otros les han prestado
atención. (Por supuesto, esto tiene que hacerse con diplomacia y
cuidado).
Pregúntale a tu pastor o a un anciano si tu clase puede hacer un
plan de celebrar un “Sábado de diversidad”. Pueden invitar a
alguien de un trasfondo étnico o nacional diferente a hablarles
a ustedes. O entrevista a un inmigrante, o a una persona
minusválida, para descubrir cómo se siente ser diferente de la
mayoría de los demás en la cultura.
Entrevista a un pastor acerca de compartir responsabilidades
ministeriales con laicos. ¿En qué áreas de su trabajo estaría
dispuesto a recibir ayuda? ¿Estaría él dispuesto a adiestrar a
las personas en esas áreas? Pregúntale al pastor si los miembros
de la clase podrían unirse con él para visitar a los enfermos en
el hospital o a los que no pueden salir de sus casas, por
ejemplo, o acompañarlo mientras da un estudio bíblico a una
persona.
Organiza a tu clase como un equipo de oración, para orar por un
evento específico en la vida de tu congregación (una campaña de
evangelización, un evento de la escuela de iglesia, un viaje
misionero), o por una persona específica (una persona necesitada
o enferma, un misionero, un obrero de la iglesia). Varias
semanas más tarde, evalúen la experiencia. ¿Produjo la oración
alguna diferencia?
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¡Aplica! |
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Es un hecho triste el que nosotros, los cristianos,
no hemos actuado tan bien como debiéramos en
cualesquiera de las actitudes y las prácticas
destacadas en la lección de esta semana.
Históricamente, los cristianos han sido tristemente
discriminatorios y excluyentes. Algunas
congregaciones no parecen mejores en el perdón y la
compasión, aun los unos a los otros, que los no
cristianos. La obra del ministerio, en la mayoría de
las iglesias, queda casi enteramente a cargo de los
clérigos profesionales. Y estamos inclinados a
actuar primero y a orar después. En resumen, la
forma en que los cristianos “hacemos iglesia” parece
militar contra la clase de discipulado que Jesús
impulsó. Estos problemas deben ser corregidos
cuidadosa y deliberadamente, si hemos de tener éxito
en hacer discípulos.
¿Por qué, aunque hemos aceptado alegremente a Jesús,
hemos hecho muy poco en las tareas del discipulado?
Aunque podamos afirmar Juan 3:16, si nuestro
cristianismo no va más allá de decir que creemos en
Jesús –si no lo respaldamos con nuestras creencias y
con un discipulado compasivo, lleno de oración y
participativo–, nuestra profesión de fe es
relativamente sin importancia. Santiago observa
correctamente que no puedes divorciar la fe de las
acciones: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si
alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? [...] La
fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma” (Sant.
2:14, 17).
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