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Comentario de la Biblia
I. Lecciones en el mar
(Lee Mar. 4:35-41.)
La frase más interesante es el versículo 38:
“Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?” Lo que
parece incomodarlos es la calma de Jesús. ¡Solo si
él estuviera angustiado ellos creerían que él se
interesaba en ellos! Esta dinámica es bastante
frecuente entre los seres humanos. En el ámbito
humano, a menudo actuamos como los discípulos.
Esperamos que otros compartan nuestro pánico o
angustia. Si ellos parecen despreocupados por la
situación, los acusamos de no interesarse acerca de
nuestro sufrimiento.
Las reacciones de pánico pueden alejarnos de otros
que podrían ayudarnos, ya que ellas pueden hacernos
dudar del amor de Dios por nosotros. A menudo, los
que permanecen calmos son los que están equipados
para proporcionar la mayor ayuda, como lo demostró
Jesús.
II. Lecciones en el mar (continuación)
(Lee Mar. 6:45-56.)
A veces, suponemos que si pudiéramos ver milagros
frecuentes no tendríamos temor de nada. La
experiencia de los discípulos demuestra otra cosa.
“Si los milagros solos crearan fe, los discípulos
habían sido testigos de más que suficientes para que
su fe fuera fuerte”. Frente a un evento que produce
temor, su fe en el poder de Jesús, edificada por
haber visto y experimentado numerosos milagros, se
evaporó. A la luz de este texto, ayuda a tu clase a
examinar su propia fe durante las crisis.
Considera:
¿Has hecho alguna vez preguntas como las de los
discípulos: “Señor, ¿por qué no tienes cuidado de
mí?” “¿Dónde estabas cuando te necesité?” ¿De qué
modo estas crisis de fe han sido resueltas en tu
experiencia?
III. La levadura de los fariseos
(Lee Mat. 16:1-12.)
Para comprender plenamente este texto, es importante
notar la confusión acerca del uso que hizo Jesús de
la levadura como una metáfora. En la fe judía, la
levadura, por la manera en que un poquito de esa
“iniciadora” se difundía por toda una cantidad de
masa, simbolizaba la corrupción del pecado. Aunque
la levadura era usada en las comidas que horneaban
los judíos, no podía ser ofrecida como sacrificio a
Dios (Éxo. 23:18; Lev. 6:17), y era eliminada del
hogar durante la Pascua (Éxo. 12:34-39).
Uno podría suponer que los discípulos preferían oír
mal lo que decía Jesús. Había una tendencia en el
judaísmo (como entre los cristianos) de preferir una
sumisión sencilla y física en lugar de un profundo
cambio de actitud; es decir, es mucho más fácil
renunciar a la levadura en tu comida que examinar
tus sentimientos hacia pensamientos religiosos
comúnmente aceptados.
Considera:
¿Crees que nosotros, los adventistas, corremos el
riesgo de cometer el mismo error? ¿Podríamos
sustituir una sumisión sencilla (guardar el sábado,
comer correctamente) en lugar de un cambio de
corazón más profundo y sustancial?
IV. Lecciones del temor
Considera:
¿Cuáles son los más grandes temores de nuestro
tiempo? ¿De qué modo se comparan nuestros temores
con los peligros reales? (Por ejemplo, la gente es
más probable que se mate en un accidente de
automovilismo que por el terrorismo; pero la gente
rara vez teme un viaje en automóvil, pero sí teme a
los terroristas.) ¿De qué modo puede nuestra fe
poner los temores en perspectiva?
V. El discipulado y el testimonio
Como una respuesta a la cita de Thomas Nagel en la
lección, podrías compartir esta línea del ensayista
británico Joseph Addison: “Para ser un ateo se
requiere una medida infinitamente mayor de fe que
para recibir todas las grandes verdades que el
ateísmo quiere negar”.
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