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Objetivos para la Enseñaza
a tu clase |
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Saber
describir lo que son los discípulos y cómo llegamos a ser
discípulos de Cristo.
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Sentir
el deseo de comprometernos sin reservas con Jesús.
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Hacer
la decisión de comprometerse a atraer a otros a Jesús
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Bosquejo de la Lección |
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I.
Conocer: el llamado del Maestro
A.
Pedro y Andrés echaron sus redes en el mar en un
momento, y al momento siguiente abandonaron sus barcos. ¿Por
qué respondieron en forma tan inmediata al llamado de Jesús?
¿Qué revela esto acerca de cómo llegar a ser discípulos?
B.
“Discípulo”, la traducción de la palabra griega
mathetés, es la de un “aprendedor” vinculado como aprendiz
con un maestro, para recibir instrucción. Uno llega a ser
discípulo al responder a un llamado. ¿Quién lo inicia? ¿De
qué manera nuestra respuesta es la operación de la gracia?
C.
¿Por qué Jesús llamó a Pedro mientras él trabajaba?
¿Por qué Pedro habrá necesitado confrontarse con todo
aquello que dejaba?
II.
Sentir: Quemar nuestros barcos
A.
La sección del sábado nos cuenta cómo Hernán Cortés
quemó sus naves después de desembarcar en México. ¿Cómo
hemos tenido nosotros que cortar con el pasado, o “quemar
nuestras naves”, para servir plenamente a Jesús?
B.
Considerando el llamamiento de los primeros
discípulos, ¿en qué consiste el período de ser aprendices
para los discípulos modernos?
C.
Cristo escogió –o llamó– a sus primeros discípulos.
¿En qué sentido él nos elige, o llama?
III.
Hacer: Cumplir nuestro llamado
A.
¿Por qué respondemos al llamado de Jesús, siendo que
la vida de un discípulo puede ser difícil?
B.
¿De qué modo Jesús nos motiva para crecer en el discipulado
con él?
¿Cuáles son las recompensas?
C.
Jesús llamó a Andrés; Andrés llamó a Pedro. Los
discípulos hacen discípulos. ¿De qué modo llamamos a otros
para ir a Jesús?
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Resumen |
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Motiva |
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Concepto clave:
Los que aceptan a Cristo y se comprometen con la tarea del
discipulado son llamados a rendirse completamente a él.
Parece que no puedes oír o ver las noticias sin escuchar acerca
de alguna guerra. Muchos padres perdieron algún hijo en un
combate. Cuando consideramos ese sacrificio, ¿de qué manera nos
hace reaccionar la palabra rendirse?
Para algunos, rendirse o entregarse es peor que la muerte, como
muestra la historia.
En el año 70 d.C., Lucius Flavius Silva condujo a la Décima
Legión romana al desierto de Judea. Sus órdenes eran: Aplastar a
los sicarios, la última resistencia judía a Roma. El general
Silva realizó un largo y feroz sitio a la fortaleza de los
sicarios, Masada, y su mensaje era siniestramente claro: ninguno
escaparía vivo.
Cuando los romanos entraron en la fortaleza, solo oyeron
silencio. La Décima Legión gritó para que sus enemigos se
mostraran. Dos mujeres salieron de una cisterna y les contaron
una historia horrible. Diez hombres habían sido elegidos, por
suerte, para asesinar a todos los demás que estuvieran en la
fortaleza. De los diez, uno fue elegido para matar a los otros
nueve, incendiar el palacio y luego suicidarse. Los romanos
escucharon esto sin poder creerlo. Pero, cuando encontraron los
953 cuerpos muertos, no pudieron alegrarse. Los depósitos de
alimentos de la fortaleza, bien provistos, enviaban un mensaje
claro. Los sicarios no se habían matado porque estuvieran con
mucha hambre y quisieran evitar la vergüenza de comerse a sus
hijos. Se mataron para evitar caer prisioneros. Los romanos solo
pudieron asombrarse del valor de estos enemigos, que prefirieron
morir antes que rendirse.
Considera:
Muchos diccionarios definen “rendirse” como “entregarse, como a
un enemigo”. No obstante, Jesús es nuestro Amigo. Por ello, ¿por
qué se usaría una palabra tan severa para describir lo que
tenemos que hacer para servirlo? Analiza cómo nosotros, que
somos enemigos de Cristo, necesitamos llegar a tener una
relación correcta con él mediante la gracia. Repasa la historia
de Masada, para obtener algunas vislumbres. ¿Qué sintieron los
sicarios que, si se rendían, se verían obligados a entregar? ¿De
qué modo esto nos ayuda a comprender lo que Cristo nos pide que
entreguemos a fin de seguirlo?
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¡Explora! |
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Comentario de la Biblia
I. Dejar nuestros barcos
(Repasa Mat. 4:18-20 con tu clase.)
Jesús caminó a lo largo del Mar de Galilea en una
misión muy importante. Durante dos años había
predicado, pero no había escogido a nadie para
trabajar directamente con él. Ahora era el momento
de llamar a los que había de adiestrar y confiarles
la obra más importante que se dio al mundo alguna
vez. Lejos, hacia el sur, estaba Jerusalén. Allí, la
elite intelectual de Israel interpretaba la ley.
Seguramente este sería el lugar para comenzar a
buscar candidatos que estuvieran entre los Doce.
Jesús se detuvo y miró la superficie serena del
agua. Pedro y su hermano Andrés estaban echando sus
redes en el mar de Galilea, conocido por sus
tormentas repentinas y violentas. Los hombres que
pescaban allí, hasta cierto punto, habían tomado las
características del agua misma: generosos y fuertes,
pero también dados a un temperamento fiero y a
explosiones; inestables, como un barco sacudido,
ásperos como el viento e impredecibles, como las
tormentas repentinas que estallaban con facilidad.
Andrés había sido un seguidor de Juan el Bautista.
Él y su hermano Pedro habían sido seguidores “de
tiempo parcial”, de Jesús, durante los dos últimos
años. Durante este tiempo, sin darse cuenta, Jesús
los había preparado para una promoción: pronto sus
redes serían inútiles para capturar la clase de
peces que Jesús tenía en mente.
Considera:
¿Qué podemos aprender de la respuesta de Pedro y
Andrés al llamado de Jesús? ¿Vacilaron ellos, o le
pidieron tiempo a Jesús para pensarlo, diciendo que
volverían a darle la respuesta en pocos días? ¿De
qué modo esto nos enseña a responder al llamado de
Jesús? ¿De qué manera el llamado de Jesús es más que
solo un llamado a la fe; es un llamado a la acción?
¿A quiénes llama Jesús? ¿Por qué pasó por alto a la
elite intelectual y escogió a estos hombres rudos,
de poca educación formal o posición social? ¿Qué nos
dice esto acerca de a quiénes Jesús puede usar? ¿Qué
esperanza nos da esto?
II. Los hijos del trueno y el Príncipe de paz
(Repasa Mat. 4:21, 22 con tu clase.)
Jesús continuó su caminata junto al agua. Más
adelante, en la orilla, Jesús vio a dos hermanos en
un bote, con su padre, remendando sus redes.
Santiago y Juan, junto con Zebedeo, estaban en
sociedad comercial con Pedro. Las redes que estaban
remendando podrían haber sido redes barrederas, una
de las clases de redes que usaban los pescadores de
Galilea para pescar a gran profundidad. La red se
extendía por el agua, y cuando se reunían los dos
extremos, atrapaban peces en ella. Los hombres, que
sabían cómo arrojar esas redes, sabían cómo obtener
resultados; sabían de la paciencia necesaria para
esperar a los peces; y sabían cómo entramparlos.
Todas buenas cualidades para incluir en un
curriculum vitae de los que se adiestraban para
captar almas para el cielo.
Pero, cualquier director de Recursos Humanos en
Jerusalén, a quien se le podría haber dado esas
informaciones para considerar la posibilidad de ser
incluidos como discípulos, podría haber encontrado
razones para advertir a Jesús acerca de los riesgos
de contratarlos para ese trabajo. Santiago y Juan
fueron llamados “hijos del trueno” por Jesús mismo.
No era un buen comienzo para aquel que era el
Príncipe de paz. Ese nombre hacía pensar en una
asociación con tormentas, granizo y rayos, siendo
esto último una referencia que Jesús mismo hizo de
Lucifer: “Yo vi a Satanás caer como un rayo del
cielo”. ¿Podría Jesús estar hablando en serio cuando
les dijo a estos hombres que lo siguieran?
Considera: ¿Por qué Jesús llamaría a estos hombres
que, externamente, “no parecían prometedores”? ¿Qué
indicio nos da la respuesta de ellos a Jesús acerca
de la razón por la que Jesús los llamó? ¿Qué nos
dice esto acerca de cómo Jesús considera las
cualidades para el servicio? ¿De qué modo esto nos
ayuda a definir quién es un discípulo?
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¡Practica! |
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Pensamientos para reflexionar:
1.
El llamado de Cristo es una iniciativa divina. Proviene
de él. Hasta nuestra aceptación de él comienza con él. Este
llamado nos da una visión del futuro en la que aprendemos de
Jesús y queremos llegar a ser como él. ¿De qué manera llegamos a
ser como Jesús? ¿Cómo comenzamos a “parecernos” y “hablar” como
él, de modo que la gente sepa que somos de Jesús?
2.
Jesús envió a sus discípulos a predicar, con todas sus
fallas de carácter que todavía necesitaban ser suavizadas y
muchas de sus crueles ambiciones todavía intactas. ¿De qué modo
esta obra que hicieron los discípulos no era tanto lo que Jesús
estaba haciendo en favor de otros sino que él estaba trabajando
en favor de ellos mismos? En otras palabras, ¿de qué manera
estaban ellos enseñando y aprendiendo al mismo tiempo? ¿De qué
modo nos ayuda esto a saber en qué consiste nuestro aprendizaje
con Jesús?
Preguntas de aplicación:
1.
Los discípulos confesaron a Cristo antes que otras
personas. Confesar involucra más que hablarle a la gente acerca
de Jesús. ¿Cómo puedes, mediante tus actos, mostrar a otros que
amas a Dios en forma suprema y a tu prójimo como a ti mismo?
2.
Andrés y Pedro, Santiago y Juan, rompieron completamente
con su pasado para unirse a Cristo. ¿De qué modos nosotros
tenemos que romper con las cosas del pasado?
Testificación
Cualquiera que ha cultivado uvas sabrá que la vid, a menudo, se
comporta menos como una planta y más como un fuego. Crece
agresivamente, y necesita una poda severa y cuidado constante.
Hace dos mil años, una noche, mientras Jesús caminaba con sus
discípulos rumbo a Getsemaní, la luna brillaba, iluminando una
vid. Jesús señaló la vid como un símbolo de sí mismo. Las vides
pueden extenderse como fuego, pero sus tallos son débiles.
Necesitan ser sostenidos. Y, por causa de su humanidad, Jesús
necesitaba ser sostenido por Dios el Padre. En esa relación de
sostén que tenía la humanidad de Jesús con la divinidad de Dios
hay una promesa para nosotros. Así como el Padre sostiene al
Hijo, quien es la Vid, así Jesús sostendrá las varas o pámpanos,
sus discípulos.
Considera:
La vid tiene un tallo débil. Necesita ser sostenido por algo más
fuerte, así como Dios sostuvo a Jesús en su humanidad. ¿De qué
modo la vid es una promesa de que Cristo nos sostendrá?
¿De qué modo el Señor nos está cuidando y podándonos
constantemente? ¿De qué manera está Dios podándonos
vigorosamente y con qué propósito?
Los sarmientos que no florecen y que no producirán fruto drenan
a la planta. ¿Cuáles son las cosas que nos drenan y cómo podemos
permitir que Dios las pode de nuestra vida?
Esta historia ocurrió de noche antes de una terrible separación
entre Cristo y sus discípulos. ¿Cómo nos consuela el hecho de
que, cuando las cosas son espiritualmente oscuras, todavía
podemos tener una conexión continua con Cristo?
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¡Aplica! |
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“El estar en Cristo significa recibir
constantemente de su Espíritu, una vida de entrega
sin reservas a su servicio” (DTG 630).
Considera:
Pide a los miembros de tu clase que compartan formas
en las que se mantienen conectados con Jesús. Ofrece
las siguientes sugerencias a los que encuentren
dificultades para saber cómo sostener ese contacto
diario.
1.
Así como el sarmiento que lleva fruto debe
estar en constante conexión con la vid para obtener
su alimento, nosotros necesitamos una vibrante vida
de oración. Pídele a Jesús que enriquezca tu vida de
oración. Tómate tiempo para orar cada mañana.
Comienza agradeciendo a Dios por lo que él hizo por
ti. Agradécele por Jesús. Luego, pide a Jesús que
perdone tus pecados y escriba tu nombre en su libro
de la vida. Ahora, presenta sus peticiones ante él.
Si no ves respuestas de inmediato, no abandones.
Sigue orando, esperando con paciencia, recordando
que Jesús puede no siempre darnos lo que queremos,
pero siempre nos dará lo que necesitamos.
2.
Aquí hay una actividad para hacer en un grupo. Jesús
a menudo tomó cosas que había a su alrededor para
ilustrar profundas verdades espirituales para sus
discípulos. Como discípulo de Jesús, recuerda que
todavía eres estudiante de tiempo completo en la
escuela de Cristo. Es una escuela de la que nunca te
graduarás. Lleva a los miembros de tu clase a la
naturaleza y pídele a Jesús que les enseñe por medio
de las cosas que los rodean cómo mantenerse
íntimamente conectados con él. ¿Qué otras cosas
podrían ser una buena lección objetiva acerca de
cómo permanecer en Jesús?
Compartan sus lecciones objetivas unos con otros.
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