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Para el 19 de enero de 2008 |
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Lectura Devocional para Adultos |
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Pastor Israel Leito |
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Lecciones en Audio (Real Audio) |
Notas de Elena White | |||
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Lectura para la Semana: |
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Mateo 4:18-22; 5:46: 9:10, 11; Marcos 1:16-20; Lucas 5:1-11; 18:10, 11; Juan 1:35-51 |
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Jesús nos llama al discipulado |
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PARA MEMORIZAR |
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“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Heb. 11:1) |
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UN VISTAZO A LA SEMANA |
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¿Cómo fueron los primeros llamamientos al discipulado? ¿Qué lugar tuvieron las Escrituras en esos llamamientos? ¿Qué podemos aprender del llamado a Leví Mateo? A pesar de las muchas diferencias, ¿cuáles son algunos de los elementos en común que se encuentran en los llamados al discipulado? ¿Qué ventajas tenemos hoy sobre los primeros discípulos? |
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En Mateo 4:18 al 22 y Marcos 1:16 al 20, se nos dan otras perspectivas sobre este primer llamamiento. En ambos ejemplos, los que fueron llamados dejaron sus redes y siguieron a Jesús. ¿Qué significa esto? _________________________________________________________________________________________ _________________________________________________________________________________________ Esta no es la única vez y ni el único lugar en que se encuentra este principio en la Biblia. Lee los siguientes textos. ¿Cómo vemos que se manifiesta este mismo principio aquí, por diferentes que sean las circunstancias? Gén. 12:1 (ver también Heb. 11:8) 1 Rey. 19:19-21 _________________________________________________________________________________________ Fil. 3:8 _________________________________________________________________________________________ Heb. 11:24. _________________________________________________________________________________________ No se puede repetir demasiado este punto: El Señor demanda el corazón entero. Lo que no le entregamos a él, aquello a lo que nos seguimos aferrando, rehusando entregarlo, llega a ser un ídolo, algo que consideramos más importante que el Señor. Lo que es peor, aquellas cosas a las que nos aferramos llegan a ser ganchos que el diablo usa para alejarnos totalmente del Señor. Por eso, debemos estar dispuestos a abandonar cualquier cosa y hacer todo lo que Dios nos pide que hagamos. No podemos, como dijo Jesús, “servir a dos señores” (Mat. 6:24).
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