
Más instrucciones para el discipulado
Lección 8

Para el 23 Febrero del 2008
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El delta del río Godavari, en el sur de la India, es muy conocido por su fertilidad. En la primera mitad del siglo XIX, era un área infructífera, como muchas otras partes del vasto subcontinente de la India. Entonces, Sir Arthur Cotton, un ingeniero cristiano, puso en práctica un plan de irrigación. Construyó un dique en Dowlaishwaram, a orillas del río Godavari, y cavó canales para llevar el agua dulce a todas partes del delta. El río llevó el agua que el cielo enviaba de arriba; los canales llevaban el agua a todas partes del distrito, y toda la región llegó a ser sumamente fructífera. l Así como la tierra llega a ser fructífera por su conexión con un canal ligado a un dique vinculado con un río, un discípulo que está conectado con el evangelio, que está unido al "Agua de vida", que está vinculada con Dios, será fructífero. O, para tomar la imagen del Evangelio de Juan, para llevar fruto, un cristiano -un pámpano debe estar conectado con la Vid, Jesús (Juan 15: 4). Confrontaciones en Galilea (Juan 6: 22-65) Algunas de las instrucciones de Jesús acerca del discipulado resultaron de confrontaciones con los que querían el beneficio del discipulado sin el trabajo sacrificado que lo acompaña. Juan 6: 22 al 65 es un ejemplo de uno de esos eventos de confrontación. Dice cómo las cinco mil personas que experimentaron la milagrosa alimentación con cinco panes y dos pescados querían hacer rey a Jesús, por la fuerza. Razonaron que Jesús había demostrado el poder necesario para derrotar a sus enemigos, proveer sustento físico y aun sanar a sus heridos. Jesús respondió despidiendo a la multitud, enviando a los discípulos al otro lado del Mar de Galilea para calmar su enojo, y se fue a las montañas. Entonces, hizo un segundo milagro al caminar por el agua para unirse a los discípulos en la barca y calmar el mar tempestuoso. Al día siguiente, cuando las multitudes encontraron a Jesús del otro lado del mar, le preguntaron cómo había llegado allí. La respuesta de Jesús no contestó su pregunta pero abordó el tema que estaba en suspenso. Les dijo que no lo estaban buscando por causa de los milagros que habían visto sino por causa de la comida que los había satisfecho. Luego los exhortó a trabajar no por el pan que se echa a perder sino por el que perdura para vida eterna. La gente, entonces, le preguntó cómo podían hacer las obras de Dios. Jesús les dijo que podían hacerla al creer en aquel a quien Dios había enviado. Ellos le pidieron una señal milagrosa para fortalecer su comprensión, ya que el maná en el desierto actuó de ese modo para sus antepasados. Tal vez le pidieron otro milagro porque querían más alimento milagroso para satisfacer su ansia carnal, así como su curiosidad. Sin embargo, los verdaderos discípulos siguen a Jesús no por razones materiales ni por curiosidad. Lo siguen por causa del compromiso y el amor por el Señor, y por la Palabra de Dios. Lo que Jesús le dijo al demonio es apropiado aquí: "No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mal. 4: 4). En respuesta a la sugerencia de ellos de que el maná sirvió como una señal milagrosa a sus antepasados, Jesús les dijo que era Dios, y no Moisés, el que les había dado el pan del cielo. Jesús dijo que el verdadero pan es aquel que viene del cielo y da su vida por el mundo. La gente, entonces, le pidió ese pan, y Jesús les dijo que él era el Pan de vida, y los que venían a él nunca tendrían hambre otra vez. El conocimiento que tenía la multitud acerca de los antepasados de Jesús llegó, entonces, a ser una piedra de tropiezo, al estorbar su capacidad de aprender. Siendo que ellos pensaban que sabían quiénes eran su padre y su madre, comenzaron a preguntarse cómo podía él decir que había venido del cielo. Los verdaderos discípulos miran más abajo de los temas superficiales, a los más profundos, y reconocen que no pueden seguir siempre sus propias ideas. Reconocen que, como dijo Alexander Pope, "un poco de conocimiento es algo peligroso". Por lo tanto, ellos procuran aprender lo que Dios les enseña en las lecciones que les envía. Las personas en Galilea ese día no lo hicieron, de modo que perdieron lo que Dios quería enseñarles. Mientras Jesús les hablaba del verdadero significado así como del significado de la metáfora que él usó, ellos se ofendieron. Otra vez rehusaron mirar por debajo de la superficie, para ver cómo Jesús estaba usando lo conocido con el fin de enseñarles lo desconocido. En cambio, preguntaron: "¿Cómo puede este hombre damos su carne para comer?" Esto muestra claramente que no comprendieron. Jesús usó esta oportunidad para enseñar una lección acerca de la iniciación en el discipulado (Juan 6: 44-47). Note también los versículos 48 al 51, donde Jesús repitió la metáfora del pan. ¿Qué impacto tuvo esto sobre los judíos, y qué pregunta hicieron? Jesús no se retiró sino que intensificó el drama, al añadir que no solo debían ellos comer su carne para tener vida, sino también tenían que beber su sangre. Los judíos vieron a Jesús como un banco de comida. Él procuró enseñarles que era más que eso: él era el pan mismo. Jesús sabía las enseñanzas judaicas acerca del pan y de la alimentación de Israel en ocasión de la venida del Mesías, de modo que dijo que sus antepasados comieron pan del cielo en el desierto y murieron, pero que los que comían el pan que él ofrecía, vivirían para siempre. Cuando algunos de los discípulos oyeron esto, comenzaron a murmurar ya hablar entre sí. "Dura es esta palabra", dijeron con tono de queja (vers. 60), y algunos abandonaron su discipulado. El original en griego dice realmente que ellos se fueron a espaldas de él y no caminaron más con él. Note la clarificación que hace Elena de White acerca de la intención de Jesús al hacer esa declaración: "Comer la carne y beber la sangre de Cristo es recibido como Salvador personal, creyendo que perdona nuestros pecados, y que somos completos en él. Contemplando su amor, y espaciándonos en él, absorbiéndolo, es como llegamos a participar de su naturaleza. Lo que es el alimento para el cuerpo, debe seda Cristo para el alma. El alimento no puede beneficiamos a menos que lo comamos; a menos que llegue a ser parte de nuestro ser. Así también, Cristo no tiene valor para nosotros si no lo conocemos como Salvador personal. Un conocimiento teórico no nos beneficiará. Debemos alimentamos de él, recibido en el corazón, de tal manera que su vida llegue a ser nuestra vida. Debemos asimilamos su amor y su gracia".2
Los niños y el discipulado (Mar. 9: 33-37, 42-50; 10: 13-16) Las disputas acerca de la superioridad y el dominio no son nuevas. Los discípulos de Jesús las experimentaron. Una de esas discusiones sucedió después de una de las predicciones de la pasión de Jesús. En camino a Capernaúm, los discípulos discutieron acerca de cuál de ellos era el mayor (Mar. 9: 33, 34). Ninguno de ellos mostró ser insensible, pero mostraron la poca comprensión que tenían de los principios de la humildad y el amor, requisitos clave para el Reino de Jesús. Cuando el grupo llegó a Capernaúm, Jesús les preguntó acerca de la disputa por el camino. Sabiendo que su conversación era contraria a las enseñanzas de Jesús, se quedaron en silencio. Jesús, entonces, les dijo: "Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos". Les comunicó que cualquier discípulo que se centra en ser el primero y que se ocupa de rivalidades acerca de la primacía, ha pasado por alto todo el objetivo del discipulado. Les estaba diciendo que la humildad y el amor son los principios fundamentales del compañerismo que él procuraba establecer, que eran indispensables para el discipulado. Jesús enseñó que hay una mutualidad acerca del discipulado que es inevitable. Requiere que cada discípulo haga avanzar la causa del otro, no su propia causa individual. El discipulado no ofrece preferencias, sino que entrega obligaciones. Esto significa que, aunque ser un discípulo es un privilegio, los discípulos no son llamados para tener privilegios. Además, con el privilegio viene la responsabilidad. Para ilustrar lo que él quería decir a los discípulos, Jesús usó una parábola actuada, con la ayuda de un niño. ¿Hay cualidades en los niños que corresponden también a los discípulos genuinos y al discipulado? Sí, son dignos de notarse la suavidad, el perdón, la sinceridad, la confianza, la sumisión y la humildad, características de los niños que también caracterizan al discipulado. Por medio de sus acciones, Jesús invitó a sus discípulos a abrazar estos rasgos y a usados para edificar su discipulado. El comentarista Matthew Henry observó: "Los más humildes y abnegados son los que más se parecen a Cristo [ ... ]. Los que tienen una disposición humilde, mansa y suave son tales que yo los haré míos y los aprobaré, y también lo hará mi Padre".3 Los versículos 42 al 50 extienden este significado. Los niños están entre los seres humanos más vulnerables e indefensos. Jesús dice que "cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar" (Mar. 9: 42). No solo los niños son ejemplos de lo que abarca el verdadero discipulado, sino también están entre los más indefensos, a quienes los verdaderos discípulos deben proteger. Para el discipulado contemporáneo, los indefensos incluyen a los nuevos creyentes que son bebés en Cristo, a quienes se les debe hacer lugar para desarrollar su discipulado. Marcos 10: 13 al 16 demuestra que, a pesar de estas advertencias e instrucciones, los discípulos no entendieron el punto. Algún tiempo después de este evento, los padres trajeron niños a Jesús para que los bendijera. Los discípulos los reprendieron. Cuando Jesús lo supo, se indignó, y les dijo a los discípulos: "Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él" (Mar. 10: 14, 15). Este pasaje muestra que Jesús defendió a los niños y a sus padres. Dos veces los usó como modelos en su instrucción. Para él, la verdadera grandeza se encuentra en la actitud de un niño. Hay también, aquí, una lección valiosa para los discípulos contemporáneos.
Fracaso al pie de un monte Mateo 17: 1 al 13 presenta la transfiguración de Jesús. Pedro, Santiago y Juan acompañaron a Jesús al monte, donde vieron a Moisés y a Elías. Lo que vieron los asombró tanto que Pedro quería construir chozas sobre el monte. Durante la teofanía, una voz celestial identificó a Jesús como el Hijo amado de Dios y les dijo a los discípulos que debían escuchado. Después del encuentro con la voz celestial, el centro del ministerio de Jesús cambió. Los evangelios sinóptico s muestran una reducción en el énfasis sobre los milagros y un fortalecimiento de la enseñanza. Las palabras de la voz celestial implican que el verdadero discipulado involucra más que apenas mirar al Maestro y sus acciones. También implica escuchar sus palabras. ¿Cómo se aplica esto al discipulado, especialmente lo que a escuchar concierne? De acuerdo con Mateo 17: 9, el discipulado también requiere confianza y la capacidad de mantener la confianza. Cuando Jesús y los discípulos descendieron de la montaña, él los instruyó para que no dijeran a nadie lo que habían visto, hasta que resucitara de los muertos. Jesús no quería una revelación prematura de lo que había sucedido, de modo que les pidió que guardaran el secreto. Esto demuestra que el discipulado involucra la recepción de información que no es para consumo masivo o distribución, viendo cosas que otros no pueden ver y nunca verán, y la capacidad de mantenerla en confidencia. Los discípulos son personas responsables y dignas de confianza. Mientras Jesús y los tres discípulos estaban sobre el monte, un padre trajo a su hijo, que experimentaba ataques, a los demás discípulos para que lo sanaran (Mat. 17: 14-22). Sin embargo, ellos no pudieron ayudado. A pesar de las giras misioneras exitosas (Mat. lO), los milagros anteriores y la autoridad que Jesús les dio sobre los espíritus inmundos, ellos no pudieron ayudar al niño. Sin duda, se sentían fracasados. El padre también debió haberse sentido chasqueado, ya que los discípulos habían pasado tanto tiempo aprendiendo de su Maestro, y ahora no podían ayudar a su hijo. ¿Sería chasco, desánimo, derrota o deshonra lo que sintieron los discípulos al pie del monte ese día? Como un discípulo, ¿cómo se habría sentido usted? Los discípulos más tarde fueron a Jesús en privado y le preguntaron por qué habían fallado (Mat. 17: 19). En su respuesta, Jesús enunció otras condiciones del discipulado. Dijo que el discipulado requiere fe, y la fe es poderosa. Aun un poco de fe, como la que representa una semilla de mostaza, puede mover una montaña. ¿Puede la fe de un discípulo realmente mover algo tan permanente como una montaña? Si nada es imposible para los discípulos, ¿cómo explica usted el fracaso que los discípulos a menudo experimentan? ¿Cuál es el remedio para tales fracasos? Marcos arroja una luz interesante sobre este tema. Su Evangelio dice que Jesús les dijo: "Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno" (Mar. 9: 29). Esto nos recuerda que la fuente de poder del discípulo no viene de adentro; viene de Dios, y solo se puede acceder a él con oración y ayuno.
El discurso del monte de los Olivos (Mal. 24, 25) El discurso del monte de los Olivos comienza en Mateo 24: 3. Deriva su nombre del hecho de que Jesús lo pronunció estando sentado sobre el Monte de los Olivos. La admiración de los discípulos por la magnificencia del templo de Herodes y la predicción de Jesús de su destrucción generaron el discurso acerca del fin del tiempo, que siguió. Algunos críticos sugieren que el discurso del monte de los Olivos se refiere a la caída de Jerusalén, no al fin del mundo. Otros creen que Jesús no podría haber hecho las predicciones en el discurso acerca de la caída de Jerusalén, sino que debieron haber sido puestas en su boca por los escritores de los evangelios después de la caída de la ciudad. Dicen esto porque creen que él no podía conocer el futuro. Este concepto es absurdo. Procura hacer descender los temas divinos al nivel de la interpretación humana. En el discurso del monte de los Olivos, Jesús compartió con los discípulos las principales señales de su segunda venida (todas en Mat. 24): § Engaños y falsos mesías (vers. 4, 5). § Guerras y rumores de guerras, naciones que se levantan contra naciones y reinos contra reinos, hambres y terremotos (vers. 6-8). § Persecución, apostasía, traición y odio (vers. 9, 10). § Falsos profetas, falta de amor debido al aumento de la maldad (vers. 11-13). § Falsos cristos y falsos profetas que obran milagros (vers. 23-27). § El oscurecimiento del sol y de la luna, caída de estrellas y la conmoción de los cuerpos celestes (vers. 29). § Condiciones modernas que se parecen a las del período antediluviano: comer y beber, casarse y darse en casamiento (vers. 36-44). Jesús enseñó a los discípulos que estar preparados es la clave para el Advenimiento. Si los discípulos están preparados, no se comprometerán porque no puedan predecir el Advenimiento. Esta, tal vez, es la lección más vital que podemos aprender de la experiencia de Noé y los antediluvianos, y de la gente del tiempo de la caída de Jerusalén: Debemos preparamos para la segunda venida de Cristo. El discurso del monte de los Olivos contiene tres parábolas. Note las aplicaciones para el discipulado que podemos obtener de cada una de ellas. Las diez vírgenes (Mat. 25: 1-13). Esta parábola enfatiza la necesidad de estar preparados para el Advenimiento. Sin embargo, sigue subrayando la preparación personal. También nota que la Venida puede demorarse, a pesar de lo cual los discípulos deben mantener la fe, poseer el Espíritu Santo y ser vigilantes. Los talentos (Mal. 25: 14-30). Esta parábola va más allá de la preparación personal y captura el pensamiento de la responsabilidad personal durante el período anterior a la Venida. Enfatiza que cada discípulo recibe del Maestro dones y talentos que debe usar (invertir) para hacer avanzar el Reino y llevar a otros a la salvación, por medio del conocimiento de la verdad con respecto al Reino y a la venida de Cristo. Las ovejas y los cabritos (Mal. 25: 31-46). En Palestina, los pastores mantenían juntas las cabras con sus ovejas, porque las ovejas tienen dificultades en encontrar su camino; las cabras las guían. Sin embargo, en la parábola, las cabras se pierden y las ovejas se salvan. La parábola enfatiza los actos del discipulado -tales como la misericordia, la justicia social y la defensa- que realizan las ovejas (los seguidores y la gente común) y el descuido de los cabritos (dirigentes y personas "importantes").
Las predicciones de la Pasión (Mar. 8: 31-9: 1; 9: 30-32; 10: 32-34) Cesarea de Filipo marcó un momento de cambio en el ministerio de Jesús. Fue allí que Jesús les preguntó a los discípulos cómo lo percibía la gente. Después de escuchar lo que la gente pensaba, preguntó a los discípulos cuál era la percepción de ellos. Pedro respondió que Jesús era el Mesías. Fue esta evaluación correcta la que indicó que los discípulos estaban listos para la siguiente fase del entrenamiento, y Jesús comenzó a predecir eventos que rodeaban su sufrimiento y su muerte, que ocurriría en Jerusalén. Cuando Pedro oyó hablar de la predicción de la Pasión de Jesús, lo reprendió. La respuesta de Jesús sugiere que los discípulos deberían ser cuidadosos para no estorbar la obra del discipulado dando respuestas impetuosas a temas en los que no tienen el conocimiento suficiente. Marcos 9: 30 al 32 bosqueja la segunda predicción de Jesús acerca de la Pasión. Marcos dice que los discípulos no la entendieron, pero que tenían miedo de pedirle que la explicara. No estaban dispuestos a admitir su falta de adecuación para obtener comprensión. Muchos discípulos siguieron siendo ignorantes porque les faltaba conocimiento y tenían miedo de hacer preguntas. Esta no es una característica deseable en el discipulado. Para aprender, hay que hacer preguntas. Mientras que algunos maestros ridiculizan a los que las hacen, Jesús estimuló el hacer preguntas. Lo mismo harán los maestros genuinos. En Marcos 10: 32 comienza la tercera percepción de la Pasión. Claramente bosqueja los eventos que ocurrirían en Jerusalén. Jesús Intentó preparar a los discípulos; no obstante, ellos siguieron sin comprender. Estas predicciones de la Pasión, especialmente las que aparecen en Lucas, parecen describir la Cruz y la Pasión como ejemplares para el discipulado. Los discípulos son invitados a tomar sus cruces y seguirlo. Si este es el caso, ¿por qué los discípulos estuvieron tan sorprendidos por los eventos y no preparados para la Pasión? Sus expectativas preconcebidas del Reino cegaron sus ojos y sus oídos a lo que Jesús les comunicaba. Como un maestro modelo, Jesús dio instrucciones para ayudar a los discípulos a dominar el arte del discipulado. Como el Maestro, necesitamos aprender a aferramos a nuestro compromiso y a seguir con confianza, al atrevemos a hacer cosas para Dios. Un verdadero discípulo es uno que conoce que una rama no puede existir y tener fruto por sí misma: debe estar unida al árbol o a la vid. En forma similar, un discípulo no puede llevar fruto sin estar conectado con el Maestro. De este modo, quienes deseen experimentar el verdadero discipulado, la conexión constante con la Vid no es una opción; es un imperativo.
Referencias
Compilador: Dr. Pedro Martínez
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