Bertram Melbourne

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El discipulado, entonces y ahora

Lección 2

Para el 12 de Enero del 2008


 

No puede haber discipulado sin discípulos, y los discípulos requieren maestros para su instrucción. El erudito bíblico K. H. Rengstorff afirma que la palabra discípulo "implica una dependencia directa del que está bajo instrucción de una autoridad superior en conocimiento". [1] El discipulado requiere un instructor que enseña en un marco formal o informal. En muchos casos, se desarrolla un vínculo estrecho entre el maestro y los discípulos.

Este tipo de relaciones entre el alumno y el maestro, así como entre los discípulos y el maestro, existió durante siglos antes del ministerio de Jesús. Se practicó en las culturas griega, romana y china, y en otros pueblos antiguos, incluyendo a los hebreos. El Antiguo Testamento se refiere a los discípulos en Isaías (Isa. 8: 16), y Esdras, el escriba, tenía sus seguidores o discípulos. Así que, cuando Jesús vino y llamó a sus discípulos, estaba siguiendo una tradición bien establecida. Este capítulo explora el discipulado en ambientes fuera del Nuevo Testamento, lo compara con el discipulado de Jesús y examina las implicaciones para los discípulos de Jesús que viven en el siglo XXI.

El discipulado entre los griegos

"Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta. Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús" (Juan 12: 20, 21).

¿Está el autor de este pasaje comunicando algo a sus primeros lectores que nosotros no entendemos? ¿O tal vez los primeros lectores de este pasaje entendieron algo que se nos escapa, a los que estamos separados de ellos por dos mil años? ¿Por qué Juan incluyó este pasaje en su Evangelio?

En la cultura griega, el discipulado tomó diversas formas. Los filósofos tenían alumnos, los líderes religiosos -tanto los tradicionales como los de los cultos de misterio- tenían seguidores y los dirigentes políticos tenían adherentes. Estos maestros reunían tras sí discípulos. Eran personas sabias, de quienes los alumnos eran aprendices con el fin de recibir su sabiduría. La relación maestro-alumno era especial. Vinculaba a los maestros y a los alumnos de tal modo que no solo se reverenciaba el conocimiento y la instrucción del maestro sino también su vida y sus enseñanzas eran imitadas.2

Aunque algunos de estos maestros iniciaban el llamado al discipulado, la tradición más frecuente era que los discípulos elegían a su maestro basados en su fama y su reputación. La práctica de cobrar por la instrucción comenzó con Protágoras y se desarrolló con maestros posteriores. Sin embargo, vemos aquí diferencias importantes con la forma de discipulado que practicó Jesús. Él no cobraba nada ni permitía que los discípulos eligieran. El Maestro elegía, y solo él.

Juan 12: 20 y 21 puede, entonces, estar indicando que los griegos vinieron a ver a Jesús según la tradición que conocían. Habiendo oído hablar de Jesús como un gran maestro, pudieron haber venido para ser aprendices de él, para aprender de él, y posiblemente para llegar a ser sus discípulos, para beneficiarse con su instrucción. El autor cristiano Matthew Henry habría estado de acuerdo con esto. Él escribió que ellos "querían tener una conversación libre con él, Y ser enseñados por él".3 Siendo que Dios usa lo que sabemos para enseñamos lo que necesitamos saber, esto es plausible. Elena de White hace notar que así como los magos habían venido del oriente en

El discipulado, entonces y ahora ocasión del nacimiento de Jesús, ahora, cerca del fin de su vida, los griegos, con su ansioso pedido de aprender la verdad acerca de la misión de Jesús, habían venido del occidente, representando al resto del mundo.4

  • El ferviente pedido de un alma penitente y confiada siempre es concedido.

 

El discipulado entre los hebreos

Aun cuando en el Antiguo Testamento no está plenamente desarrollada la idea del discipulado, contiene esa idea: la idea de relaciones entre un maestro y sus alumnos. En 1 Crónicas 25: 8 se nos habla de maestros y alumnos que echaron suertes para la designación de su tarea de alabar a Dios mediante la música, y en Isaías 8: 16 se nos habla de discípulos del profeta Isaías.

Aunque menciona que algunos eruditos disputan que el Antiguo Testamento tuviera el concepto del discipulado, el escritor John J. Vincent afirma que Eliseo parece haber sido el discípulo de Elías (1 Rey. 19: 19 y siguientes; 2 Rey. 2: 1-15). Él nota que Eliseo echaba agua sobre las manos de su maestro, como lo harían sus discípulos (2 Rey. 3: 11), y que otros eruditos también ven una relación de discipulado aquí.  [5] Su idea es digna de notar: que el discipulado no se enfatiza en el Antiguo Testamento porque Dios era el único maestro de Israel y que el discipulado, "en su sentido último y más rico [...] siempre era a Yahweh". 6 Para nuestros propósitos, sea a un maestro humano o teniendo a Dios como maestro, lo que importa es el hecho de que el concepto de discipulado existió entre los hebreos.

Las relaciones alumno-maestro se mencionan en los escritos de eruditos judíos como Filón y Josefa. Y dos famosos rabíes, Hillel y Shammai, tenían escuelas rivales en Jerusalén, que atraían seguidores.7 La tradición dice que solamente Hillel tenía unos ochenta alumnos alrededor de él. 8 También, se nos dice en Hechos que Saulo de Tarso era el discípulo del rabí Gamaliel, otro famoso maestro judío del primer siglo (Hech. 5: 34; 22: 3).

Estos maestros tenían buena reputación entre los judíos del primer siglo. Atraían alumnos de todo el mundo hacia Jerusalén, el centro judaico de conocimiento teológico y jurídico. Un judío joven que deseaba llegar a ser un rabí comenzaba su educación a una edad muy temprana, tal vez cuando tenía 14 años. Estaba en contacto personal con su maestro, escuchaba sus instrucciones, imitaba sus gestos, y aprendía de él en el aula y en la vida diaria. En el aula, el alumno asumía la postura de un aprendedor, sentado a los pies de su maestro. Cuando captaba el material típico y el método haláquico [que consulta las normas legales tradicionales hebreas], se lo designaba como un erudito no ordenado. La ordenación venía más tarde, a una edad prefijada. En esa ocasión recibía el título de rabí, y el poder de atar y desatar, por todo el tiempo, para los judíos del mundo entero.9

El cuadro del discipulado, que nos dan los eruditos, entre los judíos del tiempo de Jesús, parece ser coherente con las percepciones de las relaciones de maestro a alumno entre los judíos que obtenemos del Nuevo Testamento. Esto nos dice que los autores del Nuevo Testamento registraron fielmente las prácticas corrientes en su tiempo. Lucas 5: 33 nos dice que Juan el Bautista, los fariseos y Jesús tenían discípulos. Lucas también parece exacto en las vislumbres que proporciona sobre la educación de Saulo de Tarso.

  • A los pies de Jesús encontramos no solo un lugar de refugio sino también un lugar para la instrucción y una fuente de poder.

 

El discipulado con Juan el Bautista

"Entonces hubo discusión entre los discípulos de Juan y los judíos acerca de la purificación. Y vinieron a Juan y le dijeron: Rabí, mira que el que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio, bautiza, y todos vienen a él" (Juan 3: 25,26).

No solamente Juan fue un maestro que reunía discípulos, sino también sus discípulos se pusieron celosos por su reputación cuando vieron la reputación y la influencia crecientes de Jesús. El pasaje citado arriba muestra que fueron a Juan con sus preocupaciones.

Parece haber un problema más profundo aquí. Durante los tiempos intertestamentarios, un concepto dual del Mesías se había desarrollado entre los judíos. Ellos anticipaban tanto un mesías sacerdotal como un mesías regio. Siendo que Juan el Bautista era de la tribu de Leví, algunos de sus discípulos pudieron haberlo visto como un candidato para el papel del Mesías esperado. Como tal, ellos querían proteger su reputación e influencia.

La respuesta de Juan a sus discípulos es muy importante.

Muestra que él sabía cuál era su rol y no permitió que la aclamación pública o la adulación de sus discípulos lo distrajera o lo afectara. Sus palabras: "Él debe crecer y yo menguar" revelan que él mismo no tenía aspiraciones mesiánicas y que estaba contento con servir de precursor del Mesías, a pesar del entusiasmo de sus discípulos.

  • Los discípulos necesitan tener un concepto claro de sí mismos y de su valor para Dios, y no deberían permitir, a cualquier costo, que otros los desvíen de su discipulado.

 

El discipulado con Jesús

"Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él SUS discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba" (Mat. 5: 1, 2).

Los evangelios muestran a Jesús entrando en el escenario del siglo 1 como un maestro que reunía discípulos consigo. Vemos a Jesús en la falda del monte, y vemos que los discípulos lo siguieron allí. Mateo 5: 1 y 2 muestran a Jesús enseñando e interactuando con los discípulos que él llamó. Parece que tenían una buena relación. El pasaje describe a Jesús en una situación de enseñanza y a los discípulos escuchando sus instrucciones.

Mientras que Jesús seguía en la tradición de los maestros griegos y los hebreos que reunían discípulos, él quebró la tradición, en el sentido de que los discípulos no lo eligieron a él, sino que él los eligió. ¿Hay otros puntos de contraste entre Jesús y los maestros de su tiempo?

Jesús parece haber sido venerado como los demás maestros de su tiempo. El escritor John W. Veevers dice que Ecce Homo compara y contrasta a Jesús con Sócrates. Declara: "Ambos eran maestros, ambos fueron prodigiosamente influyentes, ambos sufrieron el martirio. [...] Tanto Sócrates como Jesucristo presentaron pensamientos notables y vivieron vidas notables". La gran diferencia es que "Sócrates tiene su lugar en la historia por sus pensamientos y no por su vida; Cristo, por su vida y no por sus pensamientos".lO Como un enviado de su Padre, Jesús tuvo un gran impacto sobre sus contemporáneos.

Como los discípulos contemporáneos de Jesús, se espera que nosotros representemos al Padre ante el mundo, como lo hizo Jesús. ¿Qué está enseñando mi discipulado a otros? ¿Le agrada a Dios rol discipulado?         

  • La vida diaria de los discípulos atrae a la gente a Cristo o la repele.

 

El discipulado contemporáneo

"Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían" (Mar. 16: 20).

No solo se esperaba que los discípulos aprendieran de sus maestros; también debían imitados. Este texto muestra que los discípulos de Jesús no solo lo escuchaban y aprendían de él, sino también seguían su ejemplo al enseñar y predicar. Marcos dice que asumieron la tarea del discipulado, y salieron a predicar en todas partes. Además, el Señor actuaba por medio de ellos y confirmaba su palabra con milagros.

Esta experiencia de los discípulos del primer siglo sugiere que los discípulos contemporáneos deberían también asumir la tarea del discipulado. Dietrich Bonhoeffer observó: "El cristianismo sin discipulado siempre es cristianismo sin Cristo. Sigue siendo una idea abstracta, un mito que tiene un lugar para la Paternidad de Dios, pero omite a Cristo como su Hijo viviente. [...] Hay confianza en Dios, pero no se sigue a Cristo”. 11

Marcos 16: 20 también sugiere que los discípulos que se aventuran en la tarea del discipulado pueden contar con la confirmación de Dios y trabajar en la promulgación del evangelio. Entusiasma notar que, al confirmar él las actividades de los primeros discípulos, también actuará en apoyo de los discípulos contemporáneos. A menudo me siento desafiado por la alusión del siguiente texto: "y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré" (Juan 14: 13, 14). Esto dice que las únicas limitaciones a nuestro éxito son las que nos imponemos nosotros mismos.

Jesús no espera menos de sus discípulos hoy de lo que esperaba de los primeros. Él requiere el mismo compromiso con la tarea. Sin embargo, dice: "Conforme a vuestra fe os sea hecho" (Mat. 9: 29). Si Jesús está dispuesto a ayudamos, y si los únicos límites son los que nosotros creamos, ¿por qué no vemos obras mayores ni milagros? ¿Podría ser que no ejercemos la fe que los producirá?

Podemos concluir que hay precedentes griegos y judíos para los maestros que reunían discípulos, que pasaron su conocimiento a los alumnos para influir sobre las generaciones sucesivas. Jesús siguió ese modelo y comisionó a sus seguidores para que realizaran la tarea del discipulado. Esa responsabilidad ha sido pasada a nosotros. Somos discípulos, pero también debemos entrenar discípulos que lleven el evangelio a todo el mundo.

  • El único límite para el discipulado de éxito es el que ponemos nosotros por nuestra falta de fe.

 


Referencias

  1.  K. H. Rengstorff, Theological Dictionary of the New Testament, Gerhard Kittel, ed. (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Pub. Co., 1967), t. 4, p. 416.

  2. Hans Weder, "Disciple, Discipleship", The Anchor Bible Dictionary, David Noel Freedman, ed. (Nueva York: Doubleday, 1992), t. 2, p. 209.

  3. Matthew Henry, Comentario bíblico de Matthew Henry, tI. Francisco Lacueva (Terrassa: Ed. Clie, 1999), p. 1.427.

  4. Ver Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 574.

  5. John James Vincent, Disciple and Lord: The Historical and Theological Significance of Discipleship in the Synoptic Gospels (Sheffield: Academy Press, 1976), pp. 17, 18.

  6. Ibíd., p. 19.

  7. Joachim Jeremías, Jerusalén en tiempos de Jesús: Estudio económico y social del mundo en el Nuevo Testamento (Madrid: Ed. Cristiandad, 1977), pp. 249, 311, 332.

  8. Ibíd., p. 258.

  9. Ibíd., pp. 249-260.

  10. Gordon Nasby, ed., Treasury of the Christian World, p. 25.

  11. Dietrich Bonhoeffer. The Cost of Discipleship (Londres: SCM Press, 1959), p. 64.


 

Compilador: Dr. Pedro Martínez


 

 
 

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