
Siguiendo al Maestro: El discipulado en acción

Lección 9

Para el 1 de Marzo del 2008
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Para memorizar: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá, y todo el que pierda su vida por causa de mi y del evangelio, la salvará. Porque ¿de qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” Marcos 8:35-37. Esta lección habla de las actitudes del discípulo cristiano. Por lo tanto, la pregunta a contestar es la siguiente: ¿Para qué nos llama el Maestro? Estudiaremos algunos pasajes con luz al respecto. Servicio y discipulado. Mateo 8:14; Marcos 1:29; Lucas 4:38,39. Tres evangelios relatan un episodio milagroso del ministerio de Cristo. El había estado predicando en Capernaúm, ciudad donde vivían Simón y Andrés (Mar 1:29). Parece que la casa de Pedro era el lugar donde Jesús se hospedaba siempre que estaba en la ciudad. De paso, Pedro era casado. El apóstol Pablo hará referencia a los apóstoles que no viajaban solos, sino acompañados por sus esposas y eran sostenidos por la iglesia. Pedro era uno de ellos (1 Cor 9:5). La idea del celibato como condición del ministerio es totalmente ajena a la doctrina bíblica. Esta idea es una muestra de los conceptos paganos mezclados en el dogma de la iglesia popular. Lucas, el médico evangélico, nos dice que la suegra de Pedro tenía una fiebre altísima. Los discípulos le rogaron al Maestro por ella. Aquí hay una primera actitud. Dios nos llama para ser agentes de bien, para los demás. Para orar unos por otros. Para interceder unos por otros. Jesús entró en la casa de la mujer enferma, la tomó de la mano y la curó instantáneamente. Un milagro. Nosotros servimos al Señor porque él se acercó a nosotros primero e hizo milagros. El más grande de ellos, una nueva vida. La suegra de Pedro se levantó de la cama para servir al Maestro. Esta es la segunda actitud que se espera de un discípulo de Cristo. Después de entregarle la vida al Señor, él te mantiene vivo sólo por la posibilidad de servirle, predicando a aquellos que están a tu lado. Los amigos del paralítico, Luc 5:17. Si quieres ser un seguidor del Maestro, quiero asegurarte una cosa: Cristo tiene poder. Poder para perdonarnos, transformarnos a su imagen y volvernos instrumentos de salvación. Jesús estaba en una casa atestada de personas. Repentinamente un hombre paralizado descendió del terrado en una camilla delante del Señor. Unos amigos lo habían llevado ante él. Este es otro ejemplo de la actitud primaria del discípulo: Llevar a otros hacia el Maestro, porque él tiene poder. Pero no sólo eso. Jesús también perdonó a este hombre. Era por sus pecados que estaba en esa condición. Jesús tiene poder para perdonar nuestros pecados y darnos nueva vida. Sólo él puede hacer esto. Cambios positivos. Mat 10:34-39; Marcos 8:35-37. Conocer a Cristo implica cambios. Predicamos la necesidad de cambio. Buscamos que los que nos oyen puedan cambiar. Y si nos declaramos cristianos es porque entendemos que TENEMOS que cambiar. El problema es que no todas las personas o familiares quieren cambiar. Mucha gente a lo largo de la historia ha sido vendida y traicionada por personas que rechazan la posibilidad de dirigir el rumbo de su existencia hacia Cristo. La actitud correcta del discípulo aquí es mantenerse fiel al Señor, aunque se caigan los cielos. Esto no sólo por servir al Señor, sino porque valoramos lo que él hizo por nosotros primero. Nos dio una nueva vida, a costa de la suya. Dado que en este mundo existe el bien y el mal, comprendemos que estamos en un mundo en conflicto, donde el sufrimiento del cristiano es real. Pero es mejor sufrir por estar en el lado correcto. Id y haced discípulos. Mateo 28:18-20. En Mateo 28:18-20 el Señor les pidió a sus seguidores que fuesen por todo el mundo predicando el evangelio, haciendo discípulos, enseñándoles que guarden todas las cosas que el Señor les había mandado. La seguridad que tenían para cumplir esta tarea reposaría en el poder y la autoridad que ahora Jesús tiene sobre el destino del mundo y la salvación de los hombres. Jesús le arrancó al enemigo de las almas el dominio de este mundo muriendo en la cruz por nosotros y levantándose luego de entre los muertos. Pablo afirma en 1 Corintios 15 que sin la resurrección de Cristo nuestra fe es vana y la predicación del evangelio no tendría sentido alguno. Lo mejor que podría ser sería una obra humana más: egoísta, imperfecta y perecedera. Pero Cristo ha resucitado y la manifestación de su poder es una realidad en medio de su iglesia fiel, desde los tiempos apostólicos hasta nuestros días. La segunda seguridad para el cumplimiento de la misión está en la compañía constante del Señor a sus discípulos, todos los días, hasta el fin del mundo. Esta compañía se da por medio de la obra del Espíritu en los corazones de las personas, y su dirección en la iglesia fiel. El mensaje central del Evangelio es que ahora podemos tener paz a través de Cristo Jesús. Finalmente, la actitud más importante del discípulo es su determinación de ir y hacer discípulos, basado en la presencia del Espíritu en su vida. La forma correcta de hacerlo es enseñándoles todas las cosas que el Señor nos manda. Una vez más, no hablamos de un asentimiento intelectual solamente. Debemos trabajar para dirigir a la persona a un encuentro creciente con el Señor, hasta que se produzca el nuevo nacimiento, por el espíritu y el agua. Loma Linda, Febrero de 2007.
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