
La experiencia del discipulado

Lección 8

Para el 23 de febrero de 2008
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Para memorizar: Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.” Mar. 8:34. ¿Cuál es el mayor logro del discípulo de Cristo? Que su nombre esté anotado en el libro de la Vida. ¿Cuál es el valor de la experiencia para alcanzar este objetivo? Hay personas que piensan que entrando en la salvación en el último momento de su existencia es lo mejor que pueden hacer con ella, para llegar al Cielo. En este tema veremos la importancia de SEGUIR a Jesús desde el momento en que lo recibimos, creciendo cada día en el discipulado. “Yo soy el Pan de vida”, Juan 6:43-58 La afirmación del Señor está enmarcada dentro del relato de la milagrosa alimentación de más de 5000 personas, con cinco panes y dos pececillos. La gente poco antes, al ver la señal prodigiosa, había intentado coronarlo rey. Jesús empieza entonces esta hermosa enseñanza. Mucha gente seguía en ese momento al Señor. Probablemente la mayoría venía atraída por las maravillosas obras de bien que el Salvador hacía. Se fijaban solamente en las ventajas visibles que podían obtener, y estaban al lado del Señor sólo mientras pudieran obtenerlas. Para algunos esto es hoy el discipulado. Estoy en una iglesia o como seguidor del Señor, mientras me convenga, acepto involucrarme hasta donde me sienta cómodo o contento. Incluso, hay personas que toman el hecho de ir a la iglesia como una catarsis para olvidar momentáneamente sus problemas. Una manifestación de esta adoración tipo Mc Donald, es el origen de los cultos con una programación dirigida a exaltar sólo los sentimientos, como una forma de manifestar una supuesta fe, basada en la verdad. Lo importante es el consumismo. El culto brinda la emoción y el prosélito hace posible el show con su participación y su inducido apoyo económico. ¿Negocio redondo? Aparentemente. Pero el “renovado” sale del templo sin haber satisfecho su necesidad espiritual verdadera. ¿Y cuál es esa necesidad? “Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero.” (Juan 6:53,54) ¿Cómo puede hacerse esto? El Maestro responderá: “El espíritu es el que da vida; la carne nada aprovecha: las palabras que yo os he hablado, son espíritu y son vida.” Necesitamos comer la carne del Señor para ser auténticos discípulos. Su carne son sus palabras, que nos dan espíritu, una nueva vida. Un aspecto de Cristo como el Pan de vida es su real posibilidad de transformar la vida del que se acerca a él. Porque él tiene vida en sí mismo y a quien quiere la da. Necesitamos beber la sangre del Salvador para ser discípulos de verdad. Su sangre son sus palabras, que nos dan la seguridad de la salvación por el pacto firmado con sangre en la cruz del Calvario, y a través de esa salvación, la certeza de la Vida eterna. Por esto vale la pena seguir al Maestro. Hay demasiadas bendiciones como para seguir perdiendo el tiempo. Los niños y el discipulado.
En Mateo 18:1-4 el Señor les dejó una
lección más sobre la actitud necesaria para seguirle. Debemos ser
como niños. Específicamente, debemos ser humildes, como ellos. A
veces vemos en la iglesia luchas manifiestas y otras muy bien
disimuladas, ocasionadas por discípulos que quieren ser el “mayor”,
el más reconocido de la grey, o incluso más allá. Los discípulos del
Señor estaban enfrentando luchas internas como éstas. Y no creo que
el ambiente fuera de armonía. Seguramente se habían herido y estaban
resentidos el uno con el otro. Debemos tener cuidado de no fomentar
ni participar en una “lucha por ser el mayor” dentro la iglesia.
Cuando originamos estas peleas, lo único que logramos es ofendernos,
maltratar al ministerio, maltratar a la iglesia. Esto tampoco es
manifestar amor por las almas. Si queremos ser reconocidos por el
maravilloso programa misionero que ‘inventamos’, o el maravilloso
libro que escribimos, la maravillosa revista que imprimimos, o
nuestras maravillosas cualidades para ser anciano de iglesia,
directora de dorcas o presidente de nuestra unión, debemos dejar que
la obra del Espíritu hable por sí misma. Pero si para que haya éxito
amenazamos, coaccionamos, abusamos de otros desde nuestra posición
de poder, esto ya no es lo correcto. Uno puede decir: ‘pero si esto
siempre fue así.’ Si esto es cierto, posiblemente esa situación es
una de las pequeñas razones por las que estamos todavía aquí. El
Señor promete derribar todo obstáculo para el éxito de su iglesia,
si queremos ser humildes como niños. El niño sencillo, reconoce que
aún tiene mucho que aprender. El discurso del Monte de los Olivos Mateo 24 y 25 registra las palabras de Cristo a sus discípulos respecto a las señales del fin. Tal vez la señal que él enfatizó más no fueron los desastres naturales, enfermedades o guerras. El habló de los falsos cristos y falsos profetas. Esta es una razón fundamental para seguir a Jesús de todo corazón. Solamente a través de la Palabra podemos anclar nuestra fe en el Mesías verdadero y no ser desviados por la cantidad enorme de engañadores que hay en el mundo religioso. Pablo también afirmó que una de las señales del fin sería la aparición de una cantidad enorme de maestros falsos, que movidos por sus pasiones pecaminosas torcerían la sana doctrina, siendo piedra de tropiezo para los creyentes (2 Tim 4:3). Hoy, hay más de diez mil diferentes denominaciones cristianas en el mundo. Miles de estas iglesias dependen del carisma de un pastor, al que las multitudes siguen, como a un iluminado. La iglesia adventista también está sufriendo este mismo ataque. Reflejando la mentalidad posmoderna, muchos cristianos están más dispuestos a creer en lo que determinado predicador o ministerio les dice, en lugar de seguir el pensamiento equilibrado de la iglesia. Existen otros peligros también. Todos ellos ocasionados por el pecado presente en dirigentes y miembros de iglesia por igual. Si tan sólo pudiésemos ver los peligros de una conducta así. Nuestra única seguridad, es perseverar en la construcción de una fe verdadera, la fe en Cristo Jesús, para vencer toda tentación. Y ser leales a la sana doctrina que defiende nuestro pueblo. La experiencia al lado del maestro nos ayudará a enfrentar cualquier peligro con sabiduría. Llevar la cruz, Marcos 8:27-38. Finalmente, vale la pena seguir al Maestro siendo un discípulo sincero, porque esto te permitirá dirigir tu vida en el mejor rumbo posible: la salvación, la vida eterna. Y obtenemos estas dádivas inmerecidas negándonos a nosotros mismos, tomando nuestra cruz cada día, y siguiendo al Señor con nuestra mirada puesta en él. La iglesia avanza dejando tras sí un sendero cubierto con el sudor, las lágrimas y la sangre de los discípulos. No es un cuadro de rosas, es así por la maldad y el pecado que nos rodea. Hay que aprender a depender de la gracia, es más, crecer en ella. Pero este es un camino, donde la experiencia cuenta. ¿Estás dispuesto a estas cosas Loma Linda, febrero de 2008
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