
Lecciones de los candidatos a discípulos

Lección 4

Para el 26 de enero de 2008
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Introducción: Para meditar” entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de los cielos”. – Lucas 9:61-62. A lo largo de la semana reflexionaremos sobre algunas cuestiones relacionadas al llamado de Jesús para el discipulado, representadas en situaciones del cotidiano. La gran cuestión es: En mi cotidiano ¿qué representa ser un discípulo de Jesús?
Piense: Para reflexionar: El Evangelio tiene mucho para enseñarnos sobre lo que representa el llamado de Dios en nuestro cotidiano. ¿Cómo usted puede ejercitar el llamado de Dios en su vida, en el trabajo, en la familia, en la iglesia y en su comunidad? Desafío: Ejercite su fe en el día de hoy. Cumpla la misión que Él le confió.
El Escriba Para meditar: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza”. – Mateo 8:20. Estas palabras de Jesús suenan como un tributo a la vida de nuestros días: Las tecnologías pretenden ofrecer el control y la tranquilidad para las personas, todavía nunca tuvimos nuestro futuro tan incierto, frente a las amenazas nucleares y terroristas o aún con relación a los cambios climatéricos. En Cristo, de forma diferente, le ofrecemos el control de nuestras vidas, permitiendo que Él guíe nuestros pasos. Si es necesario, también renunciamos a la comodidad, mas, si nuestro vivir es incierto, el final ya nos está asegurado y es cierto la salvación y la vida eterna en Él. El discípulo de Cristo debe entender cuan incierto puede ser el camino, qué tropiezos podrán surgir, mas independientemente de eso, el futuro ya está asegurado. “Mientras Jesús estaba preparando a los discípulos para su ordenación, un hombre que no había sido llamado se presentó con insistencia entre ellos. Era Judas Iscariote, hombre que profesaba seguir a Cristo y que se adelantó ahora para solicitar un lugar en el círculo íntimo de los discípulos. Con gran fervor y aparente sinceridad, declaró: "Maestro, te seguiré a donde quiera que fueres." Jesús no le rechazó ni le dio la bienvenida, sino que pronunció tan sólo estas palabras tristes: "Las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recueste su cabeza." – Mateo 8:19 y 20. Judas creía que Jesús era el Mesías; y uniéndose a los apóstoles esperaba conseguir un alto puesto en el nuevo reino, así que Jesús se proponía desvanecer esta esperanza declarando su pobreza”. – DTG, 293, 294 La historia de este discípulo es una alerta para aquellos que, por motivaciones seculares, pretenden sacar ventajas para este mundo, al asociarse al cuerpo de Cristo. Nuestro reino, nuestros valores, nuestra vida necesita ser enfocado correctamente y esto solo acontece cuando tenemos motivos santificados. “Jesús no buscaba la admiración o el aplauso de las personas. No comandaba un ejército. No gobernaba algún reino terrestre. No cortejaba el favor de los ricos y honorables de este mundo. No pretendía una posición entre los dirigentes de la nación. Habitó entre los humildes. Redujo a nada las artificiales distinciones de la sociedad. La aristocracia por nacimiento, de la fortuna, del talento, del saber y de la clase no existían para Él”. - CBV, 197. Nos unimos a Cristo no para alcanzar la gloria de este mundo, sino para cumplirse en nosotros la gloria futura de la salvación. Existe, sin embargo, un peligro real que es lo de juzgar los motivos ajenos. A pesar que Jesús conociese los motivos que llevaron a Judas a tentar asociarse al cuerpo de los discípulos, Él no lo despreció, antes, de diversas formas a lo largo de su ministerio, le ofreció oportunidades para que este cambiase sus puntos de vista, comprendiendo y aceptando el Plan de la Redención. Aquél que nos aceptó incondicionalmente no espera menos de nosotros en el trato con tales personas, por más equivocadas que estén. Si un día se perdieren que no sea por nuestro rechazo a los mismos, sino como resultado de sus propias acciones. Piense: ¿Usted ya reflexionó sobre los motivos que lo llevaron cerca de Cristo? ¿Es oportuno para renovar su aceptación incondicional de su plan de redención para su vida? Desafío: Jesús desea que usted se una a Él en comunión, no aspirando posiciones o cualquier otra cosa en este mundo, que puedan ser provenientes de esta relación. Que sea el deseo de estar a su lado por toda esta vida y en la eternidad que guíe sus acciones.
Un Discípulo no Identificado
Para meditar: “Sígueme,
y deja que los muertos sepulten a sus propios muertos”. -Mateo 8:22. De hecho, el enterramiento entre los judíos, desde la muerte, hasta la sepultura definitiva, duraba un año. La responsabilidad por este largo proceso era de los hijos. De este modo, aquél hombre, movido por esta costumbre, pretendía seguir a Jesús, sin dejar de lado sus tradiciones. Es claro que un muerto no podría sepultar a otro muerto. Jesús habla del estado de mortificación en que vivían los hombres, presos al formalismo impuesto por la tradición. De esta condición Jesús alertó a la iglesia de Sardis: “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estas muerto”. – Apocalipsis 3:1. Por otro lado, la invitación de Jesús es libertador y vivificante: “...Yo Soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá”. – Juan 11:25. “Los que sientan la importancia de la verdad, y el valor de las almas por quienes Cristo murió, no abandonarán un interés suscitado entre la gente, cualquiera que sea el motivo. Dirán: Dejad que los muertos entierren a sus muertos. - Mateo 8:22. Los intereses del hogar, las tierras, y las casas no debieran tener el más mínimo poder de alejarlos de sus campos de labor”. Evangelismo, pág. 239. La gran cuestión aquí no era la de dejar a la familia o a los amigos en segundo plano, sino la de poner a Cristo como primero en nuestra vida, por sobre las tradiciones y todo lo demás. Aquél que dice: “Ama a Dios sobre todas las cosas”, también dijo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. No hay aquí sino un desafío para que entendamos la prioridad que necesita que el reino de Dios esté a la vista del creyente. Necesitamos hacer decisiones cada día, algunas de ellas implican a grandes cambios, que pueden dejarnos inconformes, nutriendo sentimientos de lo que los otros puedan pensar, o temores de que algo pueda faltarnos, o aquellos que dependen directamente de nosotros. Necesitamos confiar plenamente en Jesús y tomar ciertas decisiones por más difíciles que nos parezcan al presente y Él nos honrará. Otro gran peligro es la postergación de las decisiones que necesitamos tomar en nuestra jornada cristiana. Sabemos lo que debemos hacer, mas quedamos esperando un momento propicio. Es verdad que necesitamos ser prudentes, mas la demora en implementar estas acciones en nuestras vidas puede generar cierta comodidad o el eventual endurecimiento de nuestro corazón al evangelio, y la sensación de incapacidad para tomar la decisión al lado de Cristo. En los dos casos se basan en la visión de la relación con Dios, partiendo del ser humano. Recuerde que no es usted el que está yendo en la dirección de Dios, es Él quién ya vino en su dirección. Si hay decisiones necesarias lo hacemos no por nuestra capacidad, mas por su poder. Piense: ¿Existe alguna decisión que Dios espera que usted tome en su vida como: romper una relación, abandonar un hábito, perdonar a alguien, ser fiel en el diezmo, testificar a alguien? ¿Qué es lo que usted pretende hacer, pueda ser aún no ahora? Desafío: Jesús espera, que por su poder, usted tome las decisiones necesarias para andar por el camino de la Verdad y la Vida.
El Joven Rico Para meditar “Solo una cosa te falta: Va, vende todo lo que tienes, dalo a los pobres y tendrás tesoros en el cielo; entonces, ven y sígueme”. – Marcos 10:21. El joven rico era un buen religioso, las personas lo veían con admiración, lo juzgaban como teniendo la bendición de Dios sobre su vida, por ser rico y además poseer el fulgor de la juventud; parecía que tenía de todo para sentirse bien, pero alguna cosa aún lo incomodaba. No tenía él la seguridad de su salvación, había un vacío que su juventud, sus riquezas, la admiración de las personas y aún el cumplimiento fiel de las reglas religiosas en que fuera criado no conseguía llenar. Fue en ese contexto que él se encontró con Cristo. Estaba dispuesto para cambiar esta condición, pero en la continuación del diálogo, tuvo que encarar su verdadero problema. Por lo general, no nos gusta y reaccionamos cuando necesitamos enfrentarnos a nosotros mismos. Negamos dándonos disculpas, y, muchas veces, cuando reconocemos, damos las espaldas como lo hizo el joven rico. En cuanto no renunciamos a estas cosas ellas se tornan una barrera en nuestra relación con Dios y con las personas. No eran nuevas reglas que le darían paz, ni en aumentar sus ofrendas para el templo; necesitaba él entregar aquello a quién era la fuente de su seguridad y su mayor tesoro, su riqueza. Como Abrahán entrego a su hijo en sacrificio, por eso lo salvó; y la única forma de salvar su riqueza sería la de entregarlo totalmente al servicio de Aquél que todo lo provee. En manos liberales, su riqueza sería una bendición y más recursos aún podrían ser ofrecidos a él para que continuase a bendecir a otros. “Son muy pocos los que comprenden el poder de su amor por el dinero hasta que se los pone a prueba. Entonces es cuando muchos que profesan ser seguidores de Cristo muestran que no están preparados para el cielo. Sus obras testifican que aman más el dinero que a su prójimo o a Dios. Tal como el joven rico, preguntan por el camino de la vida, pero cuando éste les es señalado y cuando calculan el costo, y ven que se exige de ellos el sacrificio de las riquezas mundanales, deciden que el cielo cuesta demasiado. Cuanto mayores son los tesoros hechos en la tierra, tanto más difícil resulta para sus poseedores comprender que éstos no les pertenecen sino que les han sido prestados para que los utilizasen para gloria de Dios”. – Consejos sobre Mayordomía pág. 156. El egoísmo es un muro que nos separa de las personas. Lo máximo que acabamos por ofrecer es la indiferencia. Y aún cuando nos atrevemos a relacionarnos apenas lo hacemos a partir de las ventajas que obtendremos o damos pequeñas limosnas que solo satisfacen nuestras propias conciencias. “La solemne advertencia que fue dada al joven e insensato rico, debería ser suficiente para todos los hombres hasta el final de los tiempos. Nuestro Señor nos dejó lección sobre lección a fin de apartar a todos del egoísmo, y establecer lazos íntimos de comunión y fraternidad entre hombre y hombre. Él quería que el corazón de los creyentes estuviese íntimamente ligado por fuertes lazos de simpatía, a fin de que hubiese unidad en Él. Ellos juntamente se regocijarían en la esperanza de la gloria de Dios, aguardando la vida eterna gracias a los méritos de Jesús Cristo. Si Cristo habita en el corazón, su amor se difundirá a otros por intermedio de su poseedor, y ligará corazón a corazón”. – MM, 1986, Reflejando a Cristo, p. 95 Piense: Usted puede frecuentar a la iglesia y cumplir todos sus reglamentos, ¿mas donde está su verdadero tesoro? ¿Ha utilizado usted lo que recibió de Dios, sus dones, tiempo, recursos y talentos para bendecir a las personas que están a su alrededor? Desafío: Entregue en este día aquello que usted es y lo que tiene a Dios. Que todos sus actos sean una bendición para las personas que están a su alrededor.
Nicodemo Para meditar: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. – Juan 3:5. Nicodemo, uno de los principales entre los judíos, protegido de los comentarios de sus correligionarios, los fariseos, por las sombras de la noche, procura encontrarse con Jesús a fin de conocer sus enseñanzas, los cuales, sumados a sus señales, provocaban un reavivamiento que él hasta entonces jamás había presenciado en su pueblo. La frialdad de las enseñanzas de los fariseos era incapaz de producir tal resultado. Al contrario de una exposición de su doctrina y una larga apología como resultado de esto, oyó apenas una frase que lo envolvió de tal manera, que él tuvo que desistir de su postura intelectual involucrándose en las palabras de Jesús. “No es mediante controversias y discusiones cómo se ilumina el alma. Debemos mirar y vivir. Nicodemo recibió la lección y se la llevó consigo. Escudriñó las Escrituras de una manera nueva, no para discutir una teoría, sino para recibir vida para el alma. Empezó a ver el reino de los cielos cuando se sometió a la dirección del Espíritu Santo”. – DTN, pág. 175. Jesús no quería apenas enseñar a aquél hombre, quería salvarlo. “A no ser que el hombre nazca de nuevo, nunca podrá comprender el carácter del reino celestial ni discernir la naturaleza espiritual. En estas palabras Cristo decía a Nicodemo: No necesitas tanto de ciencia como de renovación interior. Tienes mayor necesidad de un nuevo corazón que satisfacer tu curiosidad, y antes que se verifique esa mudanza, haciendo nuevas todas las cosas, ningún beneficio recibirás si discutes conmigo mi autoridad, mi trabajo, mi misión como el que trae las credenciales del Cielo”. CSES, 64. Nadie es tan malo que Cristo lo haya rechazado, mas nadie es tan bueno que de Él no necesite. Las palabras de Jesús alcanzaron sus objetivos. Sus palabras causaron gran impresión en la vida de Nicodemo. Años después, delante de la crucifixión, él era un hombre nuevo. El mismo hombre que, se escondía por entre las sombras de la noche demostró otra disposición. “Cuando al fin Cristo fue crucificado, Nicodemo recordó las palabras que le había hablado en la entrevista nocturna en el Monte de las Olivas: "Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado" (Juan 3: 14); y vio en Jesús al Redentor del mundo. ...En compañía de José de Arimatea, Nicodemo había sufragado los gastos de la sepultura de Jesús. Los discípulos habían temido mostrarse abiertamente como seguidores de Cristo, pero Nicodemo y José habían acudido osadamente en su auxilio”. - Hechos de los Apóstoles, pág. 104. Piense: Al entrar en contacto con otras personas con el objetivo de presentar a Jesús, ¿cómo ha presentado usted la palabra de Dios? ¿Para salvarlos o para mostrarles que usted está con la verdad? Desafío: Que por su testimonio y sus palabras usted pueda llevar a las personas que están a su alrededor la necesidad de un nuevo nacimiento en Cristo.
Mentalidad de Rebaño Para meditar:”Todos daban buen testimonio de Él, y todos estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es este el hijo de José? – Lucas 4:22 Después que las primeras noticias sobre el ministerio de Jesús comenzaran a llegar a la ciudad en que fuera criado, se despertó mucha expectativa cuanto a lo que Él tendría que decir y mostrar a los habitantes de su ciudad. Al oírlo, lo rechazaron como Mesías. El problema no era el testimonio que Él había dado en su infancia y su juventud, porque en cuanto a esto ni siquiera mencionaron. Entonces ¿por qué no le aceptaron? Simplemente no podían concebir que alguien tan igual a ellos del cual sabían su origen humilde, como siendo alguien tan especial. Tenemos la tendencia de juzgar conforme padrones pre-establecidos en la sociedad. Hay una tendencia de ajustar nuestras vidas en conformidad con el mundo y lo que allí se establece en términos de conducta (lo que los otros hacen yo también haré) y expectativas (juzgamos a aquellos que vienen de una condición más humilde y precaria como incapaces) Pablo orienta a cada cristiano a no conformarse con estas estructuras. – Romanos 12:1 y 2. El cristiano al entregar su vida a Cristo debe libertarse de estas amarras que la multitud reconocida como la mayoría nos imponen. “La verdad era impopular en el tiempo de Cristo. Es impopular en el nuestro. Lo fue desde que por primera vez Satanás la hizo desagradable al hombre, presentándole fábulas que conducen a la exaltación propia. ¿No encontramos hoy teorías y doctrinas que no tienen fundamento en la Palabra de Dios? Los hombres se aferran hoy tan tenazmente a ellas como los judíos a sus tradiciones”. DTG, 242 En la convivencia con la multitud muchos cristianos se tornan apenas nominales, tienen sus nombres en la iglesia, mas su conducta refleja los rumbos del mundo. “Nuestra situación delante de Dios depende, no de la cantidad de luz que hemos recibido, sino del empleo que damos a la que tenemos. Así, aun los paganos que eligen lo recto en la medida en que lo pueden distinguir, están en una condición más favorable que aquellos que tienen gran luz y profesan servir a Dios, pero desprecian la luz y por su vida diaria contradicen su profesión de fe”. – DTG, 239. Por otro lado, existe otro aspecto aún más dañino al asociarnos a la multitud en su proceso de alineación a favor del mal. Los habitantes de Nazaret no solamente rechazaron a Jesús, mas en medio del odio colectivo podrían haberlo matado a Jesús allí mismo, en el caso que Jesús no hubiese salido de ese medio de forma sobrenatural. En muchas ocasiones a lo largo de la historia, hubo hombres que se levantaron para perseguir, aún en nombre de Dios, para echar la verdad por tierra, matando a los verdaderos seguidores de Jesús y tal odio insano sucederá de nuevo en los últimos días, cuando tentarán destruir al fiel remanente, según las profecías apocalípticas. Piense: ¿Está usted buscando cumplir la voluntad de Dios, aún cuando las personas de su alrededor sugieran que usted no necesita preocuparse tanto, ya que nadie presta atención a eso? Desafío: Necesitamos vivir nuestras vidas con un “Así dice el Señor”, a pesar de aquellos que, por su conducta o palabras, nos quieran inducir a actuar en conformidad con el mundo.
Estudio Adicional Para meditar: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado”. – Juan 3:14. El llamado de Cristo es una visión libertadora para cada persona que entrega su vida en sus manos. Por la fe entendemos que una nueva vida, en conformidad con los padrones divinos, no es solamente posible en Él, sino también pasa a ser nuestro deseo, conforme a la actuación del Espíritu Santo en la vida del creyente. Somos libertados de la dictadura de las mayorías entregados a los caprichos satánicos para pasar a ejercitar la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios. No queremos ser como la mayoría, mas queremos reflejarnos en Cristo. Esta es la experiencia transformadora del discipulado cristiano. Por otro lado, el llamado cristiano también es una experiencia misionera. Fuimos transformados por Él, para que nosotros transformemos al mundo. Nuestra influencia en este mundo debe ser de tal modo que dirijamos las miradas de las personas hacia el Salvador, de la misma forma que los Israelitas se ayudaban unos a otros para mirar a la serpiente de bronce cuando estaban en peligro de muerte. Necesitamos mirar a Cristo, pero también necesitamos ayudar a las personas para que encuentren esa misma mirada transformadora en sus vidas. No basta que tengamos nuestros nombres en una lista de miembros, por sobre todo, necesitamos de relaciones íntimas y transformadoras con Cristo a fin de tener nuestros nombres en el Libro de la Vida. “En esta época de piedad enfermiza y de principios pervertidos, los que son convertidos en la vida y en la práctica, revelarán espiritualidad saludable e influyente. Los que tienen conocimiento de la verdad como se halla revelada en la Palabra de Dios, deben ahora ponerse en la línea de frente. Mis hermanos, Dios requiere de vosotros eso. Cada jota de vuestra influencia debe ahora ser usado del lado correcto. Deben aprender todos ahora como permanecer firmes en la defensa de la verdad que es digna de aceptación”. – Medicina y Salvación, pág. 22. Piense: Como cristianos, ¿que mensaje y responsabilidad tenemos con aquellos que no lo conocen? ¿Cuán grande es el peligro en la actualidad de tornarnos cristianos nominales? ¿Qué es necesario hacer para enfrentar tal peligro? Desafío: Por encima de ser miembros de una iglesia que tengamos un compromiso real con Cristo que nos lleve al ejercicio de la misión que Él nos confió.
Pr. Willian Wenceslau de Oliveira |
Actualización y Corrección: Dr. Pedro J. Martínez, (drmartinez@pmministries.com)
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