La experiencia del discipulado

Lección 8

Para el 23 de febrero de 2008
“El discipulado es una experiencia” ¿Qué significa tal declaración? ¿Qué se entiende por “experiencia” y especialmente en su modalidad de aplicación al discipulado? El filósofo Gadamer “advierte que el significado de experiencia es uno de los menos definidos en filosofía, precisamente porque se da por supuesto” Por tal motivo, se considera necesario analizar su concepto y proceder a la aclaración de que se entiende por “experiencia” y particularmente como se aplica esa noción a la práctica del discipulado. Ese es el objetivo principal de la lección de esta semana.
Según el Diccionario de la Real Academia Española, por experiencia se entiende: 1. Hecho de haber sentido, conocido o presenciado alguien algo; 2. Práctica prolongada que proporciona conocimiento o habilidad para hacer algo; 3. Conocimiento de la vida adquirido por las circunstancias o situaciones vividas; 4. Circunstancia o acontecimiento vivido por una persona. A los fines de la lección, la experiencia del discipulado tiene que ver con las cuatro acepciones del término, ya que el conocimiento y las circunstancias vividas (3 y 4) en relación con Cristo, proporcionan un conocimiento y una vivencia especial (1) que a su vez le posibilita el desarrollo de habilidades para cumplir con la misión (2).
La experiencia es una relación con el Maestro de carácter directa, personal, íntima, que alcanza al discípulo en toda la realidad de su persona, tanto en sus emociones, pensamientos, comportamientos, como en el entramado completo de sus relaciones interpersonales, que lo conduce a abrir nuevos horizontes de sentido y a crear un sentimiento de identidad personal, todo lo cual le ayuda a integrar sus experiencias pasadas con las nuevas en vinculación con el Maestro y a construir nuevos guiones de trayectorias futuras que definirán su destino terrestre como eterno. Cuando se ha tenido una experiencia con el Maestro ya nunca más el discípulo será igual, su vida quedará signada por esa relación redentora definitoria.
LA EXPERIENCIA DE COMER EL PAN DE VIDA
La experiencia del discípulo con su Maestro fue ilustrada por Jesús a través de la acción de comer el alimento. El registro del evangelio de Juan, al pronunciar el sermón del pan de vida (Jn.6:22-66), presenta cuando Jesús se refirió a la experiencia del pueblo de Israel durante el éxodo, que fueron mantenidos gracias al maná que provenía del cielo (Jn.6:32-33). Ese alimento proveyó energías y permitió que esa gente pudiera vivir durante sus años de existencia, pero finalmente todos fallecieron. En contraste con ellos, el alimento de la Palabra de Dios, que es Jesús mismo, da fuerzas y energías espirituales que permiten sobrevivir para siempre. De la misma manera como el alimento material al ser ingerido cada día es desintegrado y asimilado por el organismo, para obtener de él los nutrientes que harán posible que el cuerpo cumpla sus funciones vitales, la Palabra del Maestro, al asimilarse, nutre, fortaleza y pone en funcionamiento los procesos de la vida espiritual que Dios reconoce como condiciones necesarias para gozar de la eternidad.
Afirma EGW al respecto: “Las palabras de Cristo son el pan de vida. Al comer sus palabras, la comprensión de los discípulos fue avivada. Comprendieron mejor el valor de las enseñanzas del Salvador. El discernimiento de estas verdades los hizo pasar de la oscuridad del alba a la brillantez del mediodía. Lo mismo sucederá con nosotros al estudiar la Palabra de Dios.” (Signs of the Times, 4 de abril, 1906). El alimento espiritual que proporciona la Palabra del Maestro debe nutrir cada día las necesidades del alma. Según la cita transcripta, aquí la “experiencia” se refiere a un proceso de estudio que implica integración de la Palabra o “discernimiento”, que genera un fenómeno de iluminación de las oscuridades del alma, para permitir la comprensión y la valoración de las enseñanzas del Maestro, inyectando nuevas energías espirituales para enfrentar las dificultades de la vida.
¿Cuál ha sido su experiencia de “comer la carne y beber la sangre de Jesús”? ¿De que manera esos procesos del espíritu han revitalizado su vivencia cristiana?
LA EXPERIENCIA EN LOS NIÑOS
¿Qué diferencia hay entre la experiencia de los niños y de los adultos? ¿Cómo viven los más pequeños la relación con sus maestros? ¿Es igual que la experiencia de aprendizaje de los mayores? Jesús puso a los niños como ejemplo de actitud receptora y de disposición para ser educados (Mt.18:1-3). ¿Por qué esto es así? ¿Acaso los niños no tienen un pensamiento menos desarrollado que los adultos para la comprensión de las ideas o los conceptos? Múltiples investigaciones psicológicas se han realizado para determinar cuales son las diferencias entre el pensamiento infantil y el pensamiento adulto. Desde Jean Piaget (1896-1980), quien consagró su vida a estudiar el funcionamiento del pensamiento de los niños, en sus diferentes edades, se han descubierto la existencia de múltiples diferencias entre el pensamiento de niños y adultos. Estas son las principales:
· El egocentrimo intelectual infantil, que se caracteriza por la incapacidad de situarse o de percibir un objeto desde una perspectiva diferente a la suya. Si, por ejemplo, mostramos a un niño una casa de juguete, le permitimos que la examine desde todos los lados, después le sentamos frente a otro niño, colocamos la casa en medio y le preguntamos acerca de lo que su compañero que está enfrente está viendo, nos contestará con lo que él está observando desde su posición, a pesar de que conoce la casa y supuestamente debería saber lo que hay en otro lado. Se observa también este egocentrismo en su relación social; así, en los juegos con otros niños es frecuente que no se den verdaderos diálogos entre ellos, sino monólogos simultáneos.
· El niño no siente la necesidad de justificar sus respuestas lógicamente, pero cuando interacciona con otros niños se ve obligado a ir sustituyendo sus argumentos subjetivos por otros más objetivos, lo que le va ayudando a salir de su egocentrismo inicial. En el ejemplo anterior, el niño que está enfrente no estará de acuerdo con lo que asegura el primer niño que está viendo la casa de juguete; esta protesta obligará a éste a ir modificando su punto de vista.
· El pensamiento infantil es irreversible, es decir, le falta la movilidad que implica el poder volver al punto de partida en un proceso de transformaciones. El pensamiento reversible es móvil y flexible; el pensamiento infantil, por el contrario, es lento y está dominado por las percepciones de los estados o configuraciones de las cosas. Un objeto puede sufrir una serie de transformaciones y el niño sólo percibe el punto de partida y el punto final, pero no puede representarse mentalmente las distintas posiciones por las que ha pasado ese objeto, lo que le impide volver a efectuar el proceso mental en sentido contrario, hasta llegar de nuevo a la situación inicial.
· El pensamiento del niño es además realista y concreto, las representaciones que hace son sobre objetos concretos, no sobre ideas abstractas, y cuando éstas aparecen, tienden a concretarlas; por ejemplo, la palabra justicia puede significar que si a su hermano le compran un juguete, a él le tienen que comprar otro.
· Las diferencias entre la realidad y la fantasía no son nítidas, pueden dar carácter de realidad a sus imaginaciones. La frontera entre una y otra no está perfectamente definida para él.
· Tiene, además, un pensamiento animista que consiste en atribuir a objetos inanimados cualidades humanas como las que él posee; así, su oso de peluche puede tener hambre o estar enfadado.
· Se centra en un solo aspecto de la realidad, y ello le provoca una distorsión en la percepción del objeto. Esto lo vemos cuando trabaja, por ejemplo, con los bloques lógicos: comienza agrupándolos en torno a un solo criterio (bien sea el color, la forma o el tamaño), para pasar paulatinamente a considerar varios aspectos a la vez.
· El razonamiento es transductivo, a diferencia del adulto, que o bien es inductivo o deductivo. Este tipo de razonamiento consiste en pasar de un hecho particular; es decir, de cualquier hecho puede concluir cualquier otro que se le imponga perceptivamente, pero sin que haya relación lógica. Una consecuencia de este tipo de razonamiento es que utiliza la mera yuxtaposición como conexión causal o lógica, es decir, atribuirá relaciones causales a fenómenos que a parecen yuxtapuestos, próximos, en el espacio o en el tiempo.
· Se observa también una gran dificultad en el niño para llegar al concepto de azar y probabilidad.
Todas estas características que definen el pensamiento infantil le configuran como diferente del pensamiento adulto socializado, con déficit específicos en el razonamiento lógico; es lo que Piaget llamaba pensamiento preoperacional. Si todas estas características parecen mostrar que los niños piensan en forma más primitiva o simple que los mayores, ¿por qué Jesús los consagró como ejemplo a imitar? ¿En qué sentido son un modelo para el discípulo? Dice EGW, que no es en el pensamiento lógico sino en: “La sencillez, el olvido de sí mismo y el amor confiado del niñito son los atributos que el Cielo aprecia. Son las características de la verdadera grandeza” (1MCP, 282). Debemos todos llegar a ser humildes como niños a fin de heredar el reino de Dios.
El discípulo debe procurar la experiencia de la humildad, la sencillez, la confianza y la facilidad para creer y aceptar a Dios, igual como tienen los niños.
LA EXPERIENCIA ESCATOLÓGICA
Los discípulos del tiempo del fin tendrían una experiencia especial como advirtió Jesucristo en el discurso del monte de los Olivos. Uno de los principales peligros que experimentarían, según anticipó en forma reiterada (Mt.24:4-5; 11; 23-25), sería el engaño, ya que habría muchos maestros falsos o impostores, que fingirían ser el Maestro auténtico llevando al discípulo a pensar y realizar tareas incorrectas. Entonces, ¿cómo reconocer al Maestro verdadero? La única forma es conocerlo íntimamente, tener una experiencia tan personal y directa con el Maestro que haga imposible que el discípulo se engañe. Ese trato personal del discípulo con el Maestro y el conocimiento profundo de su palabra, impedirán la confusión y el error.
Entre los engaños que tendrá que enfrentar el discípulo del tiempo del fin habrá uno que será el más difícil, será “la obra maestra del engaño satánico, en que el maligno personificará a Cristo” (CS 682), como anticipó la profecía del anticristo (2 Tim.2:3-12). Pero existe también la promesa que “Después de la aparición de muchos falsos cristos (ver com. Mat. 24: 24)… los santos reconocerán con júbilo a Aquel a quien han esperado pacientemente por tanto tiempo. Los impíos han aclamado a Satanás como si fuera Cristo y el salvador del mundo; pero los santos le han negado su lealtad, la cual han reservado para Jesús.” (4CBA, 241)
También el discípulo del fin enfrentaría pruebas duras y persecuciones. El Maestro adelantó que muchos discípulos padecerían torturas y odios encarnizados (24:9-10) que llevaría a que varios de ellos claudicarían de la fe y el fervor de ellos se enfriaría (vs.12). La fórmula para soportar esa experiencia dolorosa sería la perseverancia (vs.13), el mantenerse firmemente arraigado a la enseñanza del Maestro.
La experiencia personal del discípulo con el Maestro lo habilitará para reconocerlo y evitar caer en el engaño. Asimismo, le proporcionará fuerzas, entereza y aún una tolerancia especial para enfrentar el rechazo, la oposición y aún la tortura,
LA EXPERIENCIA DE LLEVAR LA CRUZ
"Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" (Mateo 16: 24). “La cruz iba asociada con el poder de Roma. Era el instrumento del suplicio mortal más cruel y humillante. Se obligaba a los más bajos criminales a que llevasen la cruz hasta el lugar de su ejecución; y con frecuencia, cuando se la estaban por poner sobre los hombros, resistían con desesperada violencia, hasta que quedaban dominados y se ataba sobre ellos el instrumento de tortura. Pero Jesús ordenaba a sus discípulos que tomaran la cruz para llevarla en pos de él. Para los discípulos, sus palabras, aunque vagamente comprendidas, señalaban su sumisión a la más acerba humillación, una sumisión hasta la muerte por causa de Cristo. El Salvador no podría haber descrito una entrega más completa. Pero todo esto él lo había aceptado por ellos. Jesús no reputó el cielo como lugar deseable mientras estábamos perdidos. El dejó los atrios celestiales, para venir a llevar una vida de oprobios e insultos, y soportar una muerte ignominiosa. El que era rico en los inestimables tesoros del cielo se hizo pobre, a fin de que por su pobreza fuésemos enriquecidos. Hemos de seguir la senda que él pisó.” (DTG, 385-386)
“Lo que les impide aprender las preciosas lecciones vitales en la escuela de Cristo es el amor a la comodidad egoísta, el amor al placer, la estima propia y la exaltación del yo. El cristiano tiene el deber de no permitir que lo moldeen ni el medio en que vive ni las circunstancias que lo rodean; pero debe vivir por encima del ambiente y modelar su carácter de acuerdo con el Modelo divino. Debe ser fiel dondequiera que se halle. Ha de cumplir fielmente con sus deberes, cultivando las oportunidades que Dios le ha dado Y aprovechando sus capacidades al máximo. Dondequiera que se encuentre debe trabajar por Jesús con el propósito único de promover la gloria de Dios. Debemos someter la voluntad y el corazón a Dios y llegar a conocer a Cristo. Debemos negarnos a nosotros mismos, tomar la cruz y seguir a Jesús. Ninguno de nosotros puede alcanzar el cielo, excepto por el camino estrecho y cargando la cruz. Sin embargo, cuántas personas prefieren llevar la cruz como un adorno, pero fracasan en llevarla en la vida práctica y cotidiana.” (EJ, 239).
“Debemos llevar el yugo de Cristo para que seamos puestos en plena comunión con él. "Llevad mi yugo sobre vosotros", dice él . . . El llevar el yugo pone al hombre finito en comunión con el amable y amado Hijo de Dios. El levantar la cruz separa al alma del yo, y pone al hombre en condición de aprender cómo llevar las cargas de Cristo. No podemos seguir a Cristo sin llevar su yugo, sin tomar su cruz y llevarla tras él. Si nuestra voluntad no está de acuerdo con los requerimientos divinos, debemos poner coto a nuestras inclinaciones, abandonar nuestros deseos más queridos y caminar en la huella de Cristo.” (HHD, 71)
El discípulo debe reproducir la experiencia de Jesucristo de llevar la cruz de la abnegación, el sacrificio propio a favor de los demás y tener una vida de obediencia.
Referencias
CBA= Comentario bíblico adventista (Buenos Aires: ACES, 1995)
CDD= Cada día con Dios
DTG= Deseado de todas las gentes
EJ= Exaltad a Jesús
HDD= Hijos e hijas de Dios
Melbourne, B. (2008). El discipulado Cristiano. Asociación Casa Editora Sudamericana, Bs.As.
MCP= Mente, Carácter y Personalidad (el número adelante indica el tomo)
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