Lecciones de los candidatos a discípulos

Lección 4

Para el 26 de enero de 2008
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Frecuentemente aparecen en los diarios, en comunicados públicos o páginas de Internet el llamado a concurso para ingresar a trabajar en una determinada empresa. Por ejemplo, se puede leer en Internet una convocatoria del Instituto Nacional de Empleo (INEM) de Francia, quien está buscando candidatos para trabajar en un complejo hotelero y de parques temáticos, Disneyland Resort. La información indica la cantidad de plazas disponibles, con quien deberían ponerse en contacto los interesados, los requisitos para postular a ese trabajo, el tipo de contratos que se ofrecen, a cuanto ascenderá el salario y cuántas horas de trabajo demandará, entre otras especificaciones (alojamiento de los interesados, curso de capacitación, etc.) ¿Qué opina del método utilizado por Jesús para convocar y contratar los servicios de sus discípulos? ¿Qué diferencias hay con los procedimientos actuales de convocatoria para ingresar a una organización laboral? ¿Jesús estaba ofreciendo un trabajo o una misión? ¿En que consiste la diferencia? ¿Cuál era el perfil de ingreso que Jesús tuvo en cuenta para emplear a sus discípulos? Es interesante observar en el relato bíblico que hubo candidatos que se ofrecieron a Jesús y hubo otros que Jesús llamó. No todos los interesados ingresaron al grupo de los doce, porque algunos rechazaron las condiciones de trabajo (quizás buscaban mayor retribución). Parecería que Jesús tenía un cupo, que completó al principio de su ministerio.
Es posible que a lo largo de los tres años y medio de servicio, hayan surgido otros interesados a integrar ese grupo privilegiado. Sin embargo, no incorporó nadie más. ¿Por qué habrá sido? Además, el grupo era exclusivamente de hombres. ¿Por qué Jesús no integró mujeres entre los discípulos? Si actualmente una empresa sólo contratara hombres, se la censuraría de machista. ¿Por qué Jesús no fue machista? En otro aspecto, ¿qué opina de la remuneración para ser discípulo? Ese es un punto clave en toda convocatoria a trabajar. Jesús no sólo no pagaba salario sino advertía desde un principio que no tenía recursos para darles una renumeración. ¿Qué lección trae esas convocatorias a ser candidato a discípulo?
EL ESCRIBA
El primer candidato a discípulo que presenta la lección es el escriba mencionado en Mateo 8:19-20, que presumiblemente es el mismo que menciona Lucas 9:57-58. Se trata de un voluntario que no fue llamado específicamente por Jesús. Hay varias cosas llamativas en esta persona. Primero, era un escriba. Por varias razones es notable que alguien en esa situación se ofreciera voluntariamente para ser discípulo de Jesús. En la antigua Palestina el escribir era una habilidad altamente apreciada. Los escribas poseían esta habilidad y por ello eran miembros muy importantes en la comunidad. Además, su función como intérpretes y maestros de la ley les daba estatus en la sociedad. Eran hombres "de cultura, educación y posición social " (5CBA, 355).
La mayoría de estos profesionales de la élite judía educada no se identificaron con Jesús; seguramente lo consideraban de condición muy baja. En los evangelio los encontramos más interesados en atacar o entrampar a Jesús que en ser sus discípulos. Sin embargo, aquí había un escriba tan estimulado por la enseñanza de Jesús que se ofreció voluntariamente para llegar a ser un discípulo. ¿Quién será este personaje? Elena de White presenta evidencias para pensar que se trataba de Judas. Podríamos imaginarnos la situación de la siguiente manera, siguiendo la inspiración de EGW.
Ese hombre percibió que junto a Jesús podría alcanzar un lugar privilegiado en la consideración social y en la vida política. Creía que el maestro de Galilea era el Mesías y sería promovido al trono real. Así que "con gran fervor y aparente sinceridad", promocionado por sus colegas, presentó su solicitud de ingreso, en estos términos: "Maestro, te seguiré a donde quiera que fueres". Dice Elena de White (1975, 260) que "Jesús no le rechazó ni le dio la bienvenida, sino que pronunció tan sólo estas palabras tristes: `Las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos; más el Hijo del hombre no tiene donde recueste su cabeza.'" Los discípulos quedaron decepcionados por esa recepción tan fría. Veían en Judas una persona de talento superior, inteligente y sumamente hábil. Impresionaba con su alta estatura, el porte digno y la mirada perspicaz. Tenía respuestas agudas y lúcidas. Pero Jesús no se engañó. Su ojo clínico diagnosticó el impostor que había tras esa actitud aparentemente cordial y gentil. Descubrió, detrás de la fachada simuladora, su afán desmedido de supremacía y reconocimiento, la falsedad de su identidad, aferrada a las fantasías de omnipotencia infantil. Captó el encubrimiento de un espíritu ambicioso, egoísta y avaro, como la disposición al fraude y la mentira. "El Salvador leyó el corazón de Judas; -continúa White- conoció los abismos de iniquidad en los cuales éste se hundiría a menos que fuese librado por la gracia de Dios" (Idem, 261). Entonces lo aceptó. Se propuso alcanzar la matriz defectuosa de su alma para intentar el cambio de su carácter.
No rechazar a nadie a pesar de que sus motivaciones no sean las mejores
UN DISCÍPULO NO IDENTIFICADO
En Mateo 8: 21 y 22, encontramos otro voluntario anónimo. Sabemos que Mateo está hablando de otra persona que no es el escriba o un discípulo ya llamado, porque la palabra griega que ha sido traducida como "otro" es héteros, que significa "otro de una clase diferente". Una lectura superficial de la historia da la impresión que Jesús trató a esta persona en forma áspera, desconsiderada y poco razonable. El hombre, probablemente un joven, pidió permiso para sepultar a su padre antes de consagrar totalmente su vida a ser discípulo. En la cultura judía, enterrar al padre “era un deber sagrado" (Barclay, 329). ¿Por qué Jesús consideró que era una excusa injustificada?
Los resultados de la investigación bíblica revelan que el padre del joven no estaba muerto ni cercano a la muerte. Probablemente era anciano y el pedido consistía en acompañarlo hasta que falleciera. ¿Qué tenía de malo cumplir el deber filial de acompañar al progenitor en sus últimos días de vida? Lo malo es que este joven estaba hipotecando su futuro, estaba cometiendo el pecado de la mujer de Lot, orientando su perspectiva de vida hacia atrás, en lugar de mirar el futuro con esperanza. El texto paralelo de Lucas 9:59-62, concluye el episodio con palabras muy significativas de parte de Jesús: “Ninguno que pone su mano al arado y mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios”. Esta idoneidad "para el reino de Dios", pasa por empuñar el arado y apuntar al objetivo futuro. En las prácticas rurales de aquellos tiempos cuando se establecía el terreno a roturar, se colocaba una señal en el extremo del campo, para dibujar imaginativamente el trazo por donde pasaría el surco. Hacia allí se dirigía derechamente el arado sin voltear a izquierda ni derecha, para no desperdiciar terreno. Darse vuelta a contemplar los surcos abiertos era una imprudencia que fácilmente llevaba al desvío y se pagaba con tierra improductiva. Por lo tanto, era imprescindible mantener la mirada fija en el blanco si se quería abrir toda la tierra a la fecundación de la semilla.
Igualmente este joven debía aprender a mirar hacia adelante, a desarrollar una vocación de esperanza, tenía que aprender el consejo paulino de olvidar "lo que queda atrás" y persistir en "lo que está delante", "la meta" o el "premio" del cristiano (Flp.3:13,14). La disposición de "volverse atrás" (v.31) es nefasta, como lo ilustra el caso de la mujer de Lot. En ese ejemplo, la consigna que Jesús repite en otros términos fue: "Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas" (Gn.19:17). Lot y su familia huyeron. Mientras corrían por las colinas escucharon el estruendo del fuego celestial abatiéndose sobre las ciudades condenadas. La mujer de Lot no pudo contenerse. Volvió su cabeza para mirar el espectáculo. Allí quedaban afectos, propiedades, bienes, útiles y tantas otras cosas. Probablemente la fuerza de esos intereses forzó la desobediencia al mandato divino. Inmediatamente quedó transformada en una estatua de sal. Así, el monumento salitroso de la mujer de Lot erigido sobre la colina de Sodoma fue el símbolo aludido por Jesús para referirse a la fijación al pasado, una metáfora de la desesperanza.
Para ser discípulos de Jesús se necesita una vocación de esperanza, privilegiar la promesa en lugar de los deberes del pasado.
EL JOVEN RICO
En Marcos 10:17-23 y los textos paralelos de Mateo 19:16-26 y Lucas 18:18-30 aparece este candidato a discípulo entusiasta, extrovertido y un tanto histriónico. Ninguno de los tres evangelistas menciona su nombre. Registran que era un "hombre principal", tal vez un gobernante, implicando que era un miembro de un honrado concilio de los judíos, tal vez el Sanedrín o de un consejo local. Mateo agrega que era joven. Este joven rico hace su entrada en forma ostentosa, con un gran despliegue, no en forma tímida ni a escondidas. Vino corriendo y cayó de rodillas ante Jesús. No se dirigió a Jesús como "Rabí", sino que lo llamó "maestro bueno”. Esperando recibir instrucciones de los requisitos para heredar la vida eterna, el joven preguntó a Jesús qué obras tenía que realizar. Aunque aparentaba estar bien informado su pregunta revela cierta ignorancia. Aparentemente seguía la creencia corriente que consideraba al pecado como un acto equivocado y la justicia como un acto justo. La gente sentía que podía obtener la justicia haciendo obras buenas que pesaran más que las malas.
Jesús dirigió al joven hacia la Ley moral. ¿Por qué hizo esto cuando sabía que debemos obtener la salvación por la fe y no por las obras? Y ¿por qué se refirió a la Ley cuando sabía que el joven rico la observaba? El joven afirmó que había guardado la Ley moral. Pero, todavía tenía un vacío doloroso en su vida, de modo que preguntó: "¿Qué más me falta?" Mirándolo y discerniendo grandes posibilidades, Jesús lo amó y avanzó para identificar su problema. Jesús le dijo: "Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres".
¿Esperaba Jesús que este joven y rico gobernante llegara a ser pobre para enriquecer a otros? ¿Por qué Jesús le hizo tan difícil el ingreso al discipulado? A ningún otro de los discípulos le puso este prerrequisito de ingreso, ¿por qué a este joven sí lo hizo? La lectura de los textos bíblicos sugiere que sus posesiones eran un estorbo para ser discípulo y tener acceso al Reino celestial. Jesús quería que amara menos las cosas y amara más el Reino. El párrafo que sigue, en el que Pedro sugiere que él y sus compañeros habían dejado sus hogares para seguir a Jesús, confirma este concepto. Ellos no solo habían comprendido los requisitos, sino también los habían puesto positivamente en práctica.
Marcos dice que el joven, al oír el mandato de Jesús, "se fue triste" y chasqueado. Los evangelios sinópticos están de acuerdo en que su partida fue ocasionada por el obstáculo al discipulado que establece la riqueza. Sin embargo, en sí y por sí misma, la riqueza no estorba el discipulado. El punto es que llega a ser un problema cuando la actitud de la persona hacia ella bloquea el camino al discipulado Y al Reino. Este punto es relevante para el discipulado hoy. Los discípulos contemporáneos necesitan asegurarse que tienen la actitud correcta hacia las riquezas, y que las usan para hacer avanzar el Reino de Dios. Solo así pueden cumplir su discipulado.
"Quien no duda de sí mismo es indigno, porque confía ciegamente en su capacidad y peca por orgullo. Bendito sea aquel que pasa por momentos de indecisión” Paulo Coehlo
NICODEMO
Nicodemo era miembro del consejo gobernante de los judíos, que era el Sanedrín. Era un hombre erudito y de enorme influencia entre los judíos. Seguramente tener un discípulo de esta formación y prestigio podía ser muy importante para la empresa de Jesús. También Nicodemo buscó a Jesús; lo hizo en horas de la noche. Eso significaba que temía ser identificado con la causa de Jesús, una pobreza de compromiso. ¿Podía ser discípulo una persona que prefería actuar en las sombras, en forma clandestina? No obstante, Jesús lo recibió y le hizo un test de ingreso, le hizo un llamado para asumir una actitud más comprometida, que saliera a la luz, que abandonara las sombras de esa disposición timorata e irresoluta, asumiendo una conducta intrépida y arriesgada. Es evidente que Nicodemo no estaba preparado para cumplir esas condiciones para ser discípulo en ese momento, fue necesario que pasaran más de tres años, para que Nicodemo tomara la resolución de ingresar a la causa cristiana.
¿Qué podemos aprender del caso de Nicodemo? Se trata de un hombre culto, reflexivo e investigador, pero también, como es frecuente en las personas muy educadas, un tanto rebuscado, de actitudes estudiadas, con un lenguaje alambicado, sugestivo y no carente de ironía (vers. 4). Era moderado, cauto, formal, respetuoso, calculador y firmemente conservador en sus firmes y rigurosas creencias religiosas. "Era un fariseo estricto, y se enorgullecía de sus buenas obras. Era muy estimado por su benevolencia y generosidad en sostener el culto del templo, y se sentía seguro del favor de Dios" (White, 1975, 156). Manifiesta una actitud serena y digna, sobria y aplomada, quizá un tanto solemne y apergaminada, supeditando todo sentimiento a los imperativos de la razón. Aparenta ser perfeccionista, escrupuloso, preocupado por los detalles y las normas. Parece más bien introvertido, reticente, un tanto frío, poco expresivo, escuchando con interés e inteligencia el discurso de Jesús, que luego del diálogo inicial no se atrevió a interrumpir. La conversación fue profunda, conceptuosa, transitando por temas teológicos, descubriendo verdades trascendentes y esclareciendo las dudas. Pero Nicodemo escuchó en silencio, conservando su postura inmutable.
Quizá la pauta más significativa de su carácter haya sido la inflexibilidad de sus convicciones, la inalterabilidad de su espíritu firme y rígido. Aquí todos los argumentos y llamados de Jesús para creer en él (vers.15-18), abandonar las sombras y salir a la luz pública (19-21), no tuvieron resultados inmediatos. Como todo pensador racionalista, pensaba demasiado antes de tomar decisiones trascendentes. ¿Cuál sería la preocupación principal, el problema central y decisivo de Nicodemo? Aquí también nos cubre la noche. A diferencia de las personalidades extrovertidas, que son expresivas y exhibicionistas, que nada ocultan, los obsesivos son opacos, nada dejan entrever, todo queda detrás de esa fachada de orden, educación, pulcritud y meticulosidad. ¿Cómo saber, pues, qué le pasa a este tipo de personas, adiestradas en el arte de encubrir su intimidad (no olvidemos que Nicodemo fue a hablar con Jesús a la noche, para ocultarse de los demás y, quizá de sí mismo)? ¿Cuál fue la respuesta del Maestro para los conflictos de Nicodemo y para todos los encubridores de la propia intimidad? Es llamativo que Jesús le hablara del nuevo nacimiento (vers.3-8), de comenzar una vida nueva. Le sugirió que aprendiera a confiar en Dios, que fuera auténtico, que abandonara la postura de los "maestro de Israel" (maestros de la hipocresía) para aprender las primeras letras de la humildad y la transparencia. Le insistió que la verdadera creencia libera la conciencia de la culpa (vers.17-19), que el verdadero evangelio es libertad y amor (vers.16), que no cargue a nadie con un peso mayor que el que puede soportar.
Tres años le llevó a Nicodemo responder a estas prescripciones y llamados de Cristo, durante el cual siguió actuando entre las sombras (ver San Juan 7:50-52). Finalmente, salió a la luz cuando Jesús murió, haciéndose cargo del cuerpo y rindiéndole un homenaje póstumo (cap.19:39-42). Entonces, aceptó la "doctrina de la salvación por la fe", adhirió a la iglesia apostólica naciente, en la cual permaneció fiel hasta el final, constituyéndose en un baluarte de la verdad, "firme como una roca" (White, Ídem, 148)
Para ser discípulo se requiere compromiso, audacia, jugarse por Cristo, salir a la luz y no vivir entre las sombras de las consideraciones sociales, económicas o políticas.
MENTALIDAD DE REBAÑO
Connie Willis ha escrito la novela titulada, “Oveja mansa” (“Bellwether”) que ha recibido el premio Locus, en 1997. El argumento presenta a Sandra Foster, quien estudia toda clase de modas, cómo empiezan y qué significan. Otro protagonista es Bennett O'Reilly, especialista en la teoría del caos, que investiga a través de la conducta de un grupo de monos. Aunque ambos trabajan para Hitek, no se conocen hasta el día en que se produce un error en la entrega de un paquete; un momento caótico que para Bennett significa quedarse sin monos, sin dinero y casi sin trabajo. Sandra decide ayudarle aportando un rebaño de ovejas y una idea para un nuevo proyecto conjunto. ¿Qué otro animal puede ilustrar mejor la teoría del caos y la mentalidad de rebaño que tan a menudo caracteriza la conducta humano y su aceptación de las modas que las ovejas? Pero los experimentos científicos nunca son sencillos. Los contratiempos abundan y las posibles soluciones escasean muestra el guión. La idea que rescatamos es que muchas conductas de nuestra sociedad, como la moda y múltiples costumbres, obedecen a la mentalidad del rebaño, el seguir la voz de la mayoría sin reflexión autónoma e independencia de criterio.
En Lucas 4: 16-31 se narra cuando Jesús asiste a la sinagoga de Nazaret, un sábado, predicando un sermón basado en el libro de Isaías, que describe la misión del Mesías. El Maestro aplica ese texto a su ministerio, produciendo una fuerte reacción hostil en el público, que no podían admitir una interpretación diferente de las tradicionales. La lección que se extrae es que un discípulo no debe ser un mero refractor de las ideas ajenas o populares, sino debe guiarse por una razón santificada, obediente a la enseñanza divina, aunque eso no tenga buena prensa o este en contra de la tendencia generalizada.
¿Cuán fácilmente influye sobre ti la muchedumbre, los prejuicios sociales y las ideas de la propia sociedad y cultura prevaleciente? ¿Cómo hacer para vencer la mentalidad de rebaño?
Referencias
Barclay, William Comentario bíblico. Libro de Mateo, t. 1, p. 328
CBA= Comentario bíblico adventista (Buenos Aires: ACES, 1995), t. 5, p. 355.
White E.G.de (1975). El Deseado de todas la gente. Asociación Casa Editora Sudamericana, Bs.As.
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