Modelos de discipulado

Lección 13

Para el 29 de Marzo del 2008
“Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia” (Mat.10:8)
La última lección de este trimestre está dedicada a estudiar el discípulo y gestionar su comportamiento, de acuerdo a las enseñanzas y las experiencias de vida del Maestro. Complementando lo estudiado a lo largo del trimestre, aquí se propone considerar algunos modelos de vida que Él ha consagrado para que el discípulo cristiano de todos los tiempos reproduzca y trasmita. Cuatro modelos de vida y aprendizaje destacamos del material sugerido para esta semana: el modelo de la compasión, del perdón, de la justicia social y la tolerancia.
En la actualidad, múltiples organismos, instituciones y programas han reconocido los valores salutíferos y sociales de tales modelos diseñando ejercicios para desarrollarlos, especialmente desde las etapas más tempranas de la vida humana. Por ejemplo, hay un proyecto en desarrollo para cultivar la compasión en niños de seis años en adelante, considerando que esa etapa es propicia para modelar esas emociones tan importantes para la vida social y comunitaria. Si se seguido el modelo de vida ejercitado por el gran Maestro de Galilea, seguramente el clima emocional de las sociedades contemporáneas sería muy diferente al prevaleciente. Ojalá que como discípulos del Maestro divino podamos aprender de Él ha ser compasivos, perdonadores, justos y no discriminadores en nuestro trato con los demás y con nosotros mismos.
MODELO DE COMPASIÓN
Declara Mateo 9:36, que Jesús “al ver las multitudes, tuvo compasión de ellos, porque estaban desamparados y dispersos como vejas que no tienen pastor”. Varias veces los evangelios repiten que Jesús tuvo compasión (Mat.14:14; Mr.6:34; 8:2) o “fue movido a (o tuvo) misericordia” (Mt.20:34; Mr.1:41; Lc.10:33), que son las mismas palabras del original. La palabra “compasión” es “splancnizomai” que deriva de “splancnon”, que se refiere a las “entrañas”, que se refiere a lo que tenemos en el interior o, en forma más específica, a los intestinos. A Jesús se le movía las entrañas al ver las multitudes o personas desamparadas o carenciadas, moviéndolo a actuar o enseñar. El Maestro no era insensible a las necesidades de la gente, al contrario sentía esa disposición de ayuda tan profunda que le surgía desde sus entrañas. La compasión va más allá del simple hecho de sentir lo que pueda estar sintiendo otra persona (empatía), incluye el interés y la predisposición sincera a hacer algo para aliviar el sufrimiento de los demás. Y eso es algo que se aplica tanto a uno mismo como a otra persona e incluso también se puede aplicar hacia los animales.
Las investigaciones han descubierto que quienes experimentan compasión tienen menos actos de crueldad o destructivos, por lo cual, se considera la compasión como todo lo contrario de los estados mentales o de las emociones destructivas. Por eso, los estudiosos en el área buscan como desarrollar la compasión como medio de frenar la violencia y rehabilitar a criminales peligrosos. Pero la compasión no es solamente una actitud que combate la agresividad malsana, es un estado mental virtuoso y sano. Es la condición por la cual uno se torna sensible a las emociones de los demás. En tal caso, uno es capaz de advertir y saber lo que sienten, pero la compasión trasciende a la mera empatía.
En los últimos años, la neurociencia social se ha abocado a estudiar la compasión, por su gran importancia en las buenas relaciones humana, dedicándose a saber como funciona el cerebro de las personas compasivas y de que manera se puede incrementar esta virtud. El Dalai Lama ha declarado: “Yo creo que la práctica de la compasión es una medicación que restablece la serenidad cuando uno se encuentra muy agitado. Y es que la compasión es el principal de los tranquilizantes” (Goleman, 2003). Este líder del budismo asegura que se puede cultivar la compasión por medio de la meditación, la concentración mental en actos de bondad y servicio.
Desde el punto de vista cristiano, podemos afirmar que la compasión se cultiva siguiendo el ejemplo de Jesucristo, imitándolo, procurando que él asuma el control de nuestra vida y seamos capaces de reproducir sus actos. El Gran Maestro enseño con su ejemplo de vida y por medio de su prédica, el asumir esta actitud de disponibilidad ante las necesidades de los demás, ser sensibles al sufrimiento ajeno, adoptar una respuesta bondadosa ante las penurias, las indigencias, las carencias o urgencias del prójimo.
Como discípulos del Maestro debemos identificarnos con el modelo de compasión que nos dejó para responder con amor a los sufrimientos y necesidades de la gente.
MODELO DE PERDÓN
Seguramente la lección más importante de perdón dada por el Maestro fue en la cruz del Calvario, mientras estaba ofrendando su vida por todos los pecadores. En esas condiciones extremas: “El Salvador no dejó oír un murmullo de queja ―afirma EGW en el DTG (pág.693-694)―. Su rostro permaneció sereno. Pero había grandes gotas de sudor sobre su frente. No hubo mano compasiva que enjugase el rocío de muerte de su rostro, ni se oyeron palabras de simpatía y fidelidad inquebrantable que sostuviesen su corazón humano. Mientras los soldados estaban realizando su terrible obra, Jesús oraba por sus enemigos: ‘Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.’ Su espíritu se apartó de sus propios sufrimientos para pensar en el pecado de sus perseguidores, y en la terrible retribución que les tocaría. No invocó maldición alguna sobre los soldados que le maltrataban tan rudamente. No invocó venganza alguna sobre los sacerdotes y príncipes que se regocijaban por haber logrado su propósito. Cristo se compadeció de ellos en su ignorancia y culpa. Sólo exhaló una súplica para que fuesen perdonados, ‘porque no saben lo que hacen’."
En nuestro libro “El poder terapéutico del perdón” hemos dicho que “el perdón es el proceso de curar la herida producida por una ofensa grave, que significa un “cambio de corazón” hacia el agresor, a través del cual abandonamos las conductas de enojo o represalia, recuperando paulatinamente el amor y la confianza hacia el otro, que puede llegar a la reconciliación o no, según el caso. Todo lo cual constituye una operación misterioso que obra el Espíritu Santo de Dios en la vida humana, siguiendo algunas pautas que podemos reconocer y aplicar para conseguir superar una ofensa concreta y aún desarrollar un estilo de vida saludable como parte constitutiva de nuestro ser.”
Una amplia literatura ha reportado resultados de investigaciones sobre el rol del perdón en los procesos psicológicos en cuestiones tales como el desarrollo de la personalidad (v.gr., Enright et al., 1989; 1994), los efectos emocionales (v.gr., Fitzgibbons, 1986) y las relaciones interpersonales (v.gr., McCullough et al., 1997), en el contexto del matrimonio (v.gr., Fincham et al., 2004), relaciones paterno-filial (v.gr., Al-Mabuk et al., 1995), con amistades, a nivel profesional y compañeros de trabajo (v.gr., Bradfield et al., 1999), pero el “impacto del perdón en las enfermedades y la salud física, permanece largamente inexplorado,” afirman Seybold et al. (2001, 250), de igual manera, que “el desarrollo de modelos teóricos que examinen la relación entre el perdón y la salud física.”
Por ese motivo, Seybold y colaboradores (2001), indagaron a 68 voluntarios, aplicándoles una escala de perdón (perdón a sí mismo, perdón a otros y perdón total) y correlacionando los resultados con diferentes variables inmunológicas (v.gr., hematocrito, cortisol, lipotroteinas, colesterol, triglicéridos, glóbulos blancos, T-cells, NK cells, etc.), psicopatológicas (v.gr., ansiedad, depresión, ira y hostilidad) y otros factores psicológicos (mecanismos de afrontamiento). Los resultados encontraron que altos niveles de perdón correlaciona con índices de buena salud, en la mayor parte de los indicadores del sistema inmunológico estudiados (v.gr., presión arterial, niveles de linfocitos, neutrofitos, T-cells, T-helper cells, B-cells, NK cells y actividad de las células T). No se encontró relación entre los puntajes de perdón y los niveles de colesterol, alta densidad de lipoproteínas y triglicédios.
También encontraron que el alto perdón se asociaba a bajo tabaquismo y alcohol, debido a que las personas que puntúan alto en perdón suelen ser religiosos que también se abstienen de consumir drogas legales. Los escores relacionados con ansiedad, depresión, ira y hostilidad también presentaron correlaciones con los puntajes de perdón. Fue llamativo el hecho que la falta de perdón a sí mismo estaba notoriamente más alta que el perdón a otros en los trastornos de la ansiedad, pero no hubo diferencias en depresión y hostilidad.
Considerando el poder sanitario del perdón, para el cuerpo, el alma y el espíritu, el discípulo cristiano debe aplicar el perdón en su vida y trasmitirlo a todos.
MODELO DE JUSTICIA SOCIAL
En el programa de acción de Jesús ocupó un lugar prioritario el trabajo por los desechados, los marginados sociales y los pobres. Predicó, vivió y promovió la justicia social en una época cuando ese tema estaba fuera de toda consideración. Así lo proclamó un sábado en la sinagoga de Nazareth, cuando declaró: "El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ungió para dar buenas nuevas a los pobres, me envió a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar a los cautivos libertad, y a los ciegos vista; a dar libertad a los oprimidos, y a predicar el año favorable del Señor" (Lc.4:18-19). Jesús enseñó a sus discípulos a conocer las necesidades de la gente, a desarrollar habilidades para suplicar esas necesidades y tener una actitud de ayuda.
En la actualidad existen tratados internacionales que consagran una lista de derechos fundamentales que debe reconocer en todo hombre y respetarse en el mundo entero, vinculados al bienestar de los niños (1989, Convención sobre los Derechos del Niño), como los adultos (1948, Declaración Universal de los Derechos Humanos). En ese marco, varias instituciones se orientan a enseñar la Justicia Social, en los tres niveles enseñados por el gran Maestro.
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El discípulo cristiano debe ser líder en promover los derechos humanos, especialmente de los más desfavorecidos, constituyéndose en un referente reconocido en la sociedad.
MODELO DE TOLERANCIA
En el mundo antiguo, durante la época que le tocó vivir a Jesús, eran prejuicios muy fuertes el etnocentrismo (considerar la propia cultura como superior y utilizarla como parámetro para entender y juzgar otras culturas), la xenofobia (prejuicios con recelo, odio, fobia y rechazo contra los grupos étnicos diferentes al propio), el racismo (considerar la propia raza como superior a todas las demás, rechazar y perseguir otras razas diferentes). Por lo tanto, dominaba la discriminación, la persecución o intolerancia con otros grupos diferentes. Jesús valoró a personas de otras nacionalidades o creencias (por ej., la mujer samaritana, Jn.4; la mujer sirofenicia, Mar.7:24-30; el oficial del rey; Jn.4:46-54), desarrollando un modelo de tolerancia y falta de discriminación pionero en la historia.
La tolerancia hace posible el enfrentamiento no cruento entre visiones plurales del mundo, y con ello no sólo la coexistencia y hasta la cooperación en un mundo donde las relaciones deberían concebirse como relaciones entre amigos. Se habla de cuatro tipos de tolerancia: 1) La tolerancia como disposición a no intervenir contra prácticas que lesionan las propias convicciones; 2) La tolerancia como comprensión; 3) La tolerancia como virtud y principio de legitimidad; y 4) La tolerancia como aceptación de la diversidad.
También se habla de la tolerancia como el respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias. También el saber respetar a las demás personas en su entorno, es decir en su forma de pensar, de ver las cosas, de sentir y es también saber discernir en forma cordial en lo que uno no está de acuerdo. La tolerancia es el respeto con igualdad sin distinciones de ningún tipo. Acción de tolerar. Respeto y consideración hacia creencias y opiniones de los demás. Margen o diferencia que se consiente en la calidad y cantidad de una cosa. La tolerancia es aceptarse unos a otros. Debemos aceptarnos a nosotros mismos y luego aceptar y respetar a todos los demás. También se trata de la máxima diferencia que se tolera o admite entre el valor nominal y el valor real o efectivo en las características físicas y químicas de un material, pieza o producto.
Además de las voces que predican la tolerancia, también se escuchan otras veces que hablan de “tolerancia cero”, es decir, no aceptar bajo ningún aspecto ciertas prácticas como es, por ejemplo, la delincuencia o los terroristas, reclamando del gobierno o de la justicia “mano dura”, esto es, luchar sin misericordia ni blandura contra aquellos que desestabilizan la sociedad o la atacan por medio de la violencia. Otros dicen adoptar una actitud tolerante porque no les interesa los demás o les resulta totalmente indiferentes los demás.
En este mundo de voces contradictorias, es necesario que el discípulo adopte una actitud bondadosa y tolerante hacia el prójimo, reconocimiento y valorando aún aquellos que no comparten nuestras creencias.
Referencias
DTG= Deseado de toda la gente
Goleman, D. (2003). Emociones destructivas. Un diálogo científico con el Dalai Lama. Vergara, Buenos Aires.
Melbourne, B. (2008). El discipulado Cristiano. Asociación Casa Editora Sudamericana, Bs.As.
Pereyra, M. (2004). El poder terapéutico del perdón. Ediciones de la Universidad Peruana Unión, Lima, Perú.
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