Más lecciones en el discipulado

Lección 11

Para el 15 de Marzo del 2008
“Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!” (Mat.14:27)
Si acudimos a un buscador de Internet como Google y preguntamos por “Lecciones del Maestro” podemos encontrar 1.240.000 páginas que pretenden presentar lecciones de diferentes maestros, del campo de la literatura, la pintura, la filosofía y otras disciplinas, incluso lecciones de vida. La mayoría de las páginas de Internet presentan maestros humanos, que muchas veces ni conocen bien su propia disciplina. Por ejemplo, un artista que desarrolló un método nuevo de pintura, declaró: “Ésta no es una clase al uso, sino un taller. Aquí no existe un profesor que lo conoce todo y alumnos que asienten lo que él dice. Todos somos artistas que aprendemos unos de otros». Por otra parte, un maestro de música, aconseja: "Dudar, preguntarse honestamente acerca de lo que cada uno puede ofrecer a la música y al público. Si además tiene técnica y talento, puede llegar a ser un genio". Asegura este maestro llamado Maazel, "aunque uno no sabe en qué consiste ser un genio, sí sabe reconocerlo".
Sin embargo, hay que reconocer que existen maestros que son sabios y manejan muy bien las técnicas pedagógicas, dando enseñanzas útiles y verdaderas. Por ejemplo, se cuenta el caso de un soldado, de nombre Nobushigé, que acudió a un hombre sabio llamado Hakuín y le preguntó:
-¿Existe realmente un paraíso y un infierno?
-¿Tú quién eres? -indagó Hakuín.
-Un samurai -respondió el otro
-¿Tú, un guerrero? -exclamó Hakuín. -¿Qué clase
de señor te admitiría en su guardia? Tienes facha de mendigo.
Nobushigé se encolerizó tanto que echó mano a la
espada, pero Hakuín continuó:
-¡Con que tienes un arma! Esa espada
probablemente es demasiado roma hasta para cortarme la cabeza.
Y, cuando ya Nobushigé desenvainaba, Hakuin
observó:
-Aquí se abren las puertas del infierno.
A estas palabras, el samurai, notando la
disciplina del maestro, envainó la espada y le hizo reverencia.
-Aquí se abren las puertas del paraíso -dijo Hakuín.
El maestro respondió la inquietud del guerrero haciéndole experimentar los sentimientos de la ira y la violencia, como manifestación del infierno, y la capacidad de controlar sus impulsos y adoptar una actitud tolerante, como la disposición que armoniza con el cielo. Una excelente lección.
Pero más excelentes son las lecciones del Maestro por excelencia, del gran Maestro Jesucristo, quien en su enseñanza de tres años y medio, se dedicó a trasmitir lecciones a sus discípulos, la mayoría, hombres sin instrucción previa, que además fueron un tanto renuentes y, muchas veces, lentos para el aprendizaje, hasta que finalmente lograron asimilarlo. De la multitud de lecciones que nos dejara el Maestro, las lecciones seleccionadas para estudiar esta semana pueden resultar ilustrativas e inspiradoras para adoptarlas y trasmitirlas a nuestros seres con quienes nos relacionamos.
LECCIONES EN EL MAR
En el evangelio de Marcos, en 4:35-41 y en 6:45-52, se narran dos episodios angustiosos que vivieron los discípulos en el mar, que fueron ocasiones aprovechadas por el Maestro para dejar sendas lecciones. La primera experiencia ocurrió una noche, cuando estando en la barca todo el grupo, se desató una tormenta violentísima que les hizo temer que naufragarían. Fueron momentos de mucha tribulación, porque habiendo hecho todo lo posible para enfrentar el temporal, igualmente era tan furioso que no veían como podrían sobrevivir. Con gran desesperación acudieron a Jesús, que dormía plácidamente, aparentemente ajeno a todo lo que sucedía. Despiertan al Maestro, recriminándole que no hacía nada para calmar la tempestad. Entonces Jesús, despertando, se irguió con autoridad y con mucha seguridad, “increpó al viento y dijo al mar: ¡Calla, enmudece!” (v.39), e inmediatamente el torbellino se apaciguó y “sobrevino una gran bonanza”. Entonces el Maestro les dio la gran lección a sus discípulos, a través de una pregunta: “¿Por qué estáis con tanto miedo?” (v.40). Allí, los discípulos pasaron del miedo al temor sobrecogedor, impresionados profundamente por el milagro vivido. Admirados, comentaron: “¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?” (v.41).
¿Cuál es la lección que recibieron los discípulos aquella noche en la inmensa aula del mar? Se podría leer ese episodio desde tres perspectivas distintas: en sentido literal, metafórico y simbólico. En el registro literal, la pregunta de Cristo de porque estaban tan miedoso, es una reprensión a su falta de fe. Aunque en todas las circunstancias de la vida tenemos debemos confiar en Dios, es precisamente en los momentos más adversos, cuando más debemos buscar la ayuda divina y aferrarnos a Dios. El sentir de Dios esta reproducido en las palabras del profeta Jeremías, cuando dijo: “Clama a mi, y yo te responderé y te enseñaré grandes cosas y ocultas que tu no conoces” (Jer.33:3). Por eso, la actitud correcta del discípulo debería ser la del salmista, cuando escribió: ¨A tí clamaré, oh Jehová. Roca mia.¨ (Sal.28:1). Desde el punto de vista metafórico, el evento de la tormenta nocturna en alta mar es una figura muy expresiva de todas las tormentas que tenemos que enfrentar en la vida, que a veces arrecian con fuerza, amenazándonos seriamente. En esas circunstancias es cuando debemos despertar al Maestro para que pueda ejercer su poder y autoridad para calmar esas presiones que soportamos. Finalmente, Jesús durmiendo en el fondo del barco, es símbolo de la espiritualidad adormecida que cuando todo va bien está como amodorrada o aletargada, siendo necesario avivarla o estimularla para que pueda ayudarnos en todo momento.
La segunda lección del mar, fue cuando los discípulos se internaron solos entre las olas y los vientos contrarios, obligados a remar con fuerzas para no ser arrastrados por la corriente. En esas circunstancias, Jesús fue hacia ellos caminando sobre el mar. Los discípulos al verlo a lo lejos, se asustaron porque creyeron que era un fantasma “y se pusieron a gritar” (6:49) aterrorizados. Entonces, Jesús “al instante, les habló, diciéndoles: ‛¡Ánimo!’, que soy yo, no temáis.” (v.50). Subiendo a la barca, el viento se aplacó. El relato declara, que los discípulos “quedaron en su interior completamente estupefactos, pues no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada” (vs.51-52). A pesar de las evidencias objetivas del poder de Dios manifestado en Jesucristo, igualmente en la lucha de enfrentar los vientos contrarios, se habían olvidado que el Señor podía ayudarlos. Al no aprender la lección de la fe anterior, padecieron un trastorno de ansiedad más grave, ya que el miedo se convirtió en un ataque de pánico. Bajo esa emoción violenta su visión se distorsionó y quien era su salvación lo percibieron como una amenaza o enemigo.
El discípulo de Cristo debe confiar totalmente en su Maestro y enfrentar las tormentas de la vida con la certeza que Dios está a su lado y tiene poder para calmar todo
LA LECCIÓN DE LA ADVERTENCIA
Otra escena significativa fue cuando Jesús les advirtió: “Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos” (Mat.16:6; 11). Al principio los discípulos no entendieron, pensando que Jesús los estaba recriminando por no haber comprado comida para el grupo, pero al final «entendieron que no les había dicho que se guardasen de la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos» (Mat.16.12). En otra ocasión, fue más claro, al decir: «Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía» (Lc. 12.1). ¿Por qué esta actitud es tan importante tenerla en cuenta y no ser contagiados por la hipocresía? ¿Cuál es el mal esencial de la hipocresía?
En otra ocasión, el Maestro les reveló mejor el problema de los fariseos, explicando como actuaban, de cual era su “modo operandi”: «Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo» (Mateo 23.3a). Esto es: «Todo lo que les digan que es conforme a las enseñanzas de Moisés, guárdenlo y háganlo». «… mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen» (Mateo 23.3b). La esencia de la censura que hace Jesús de los fariseos se encuentra en esas palabras: «dicen, y no hacen». En la Nueva Versión Internacional se lee: «no practican lo que predican».
Los fariseos deseaban que todo el mundo creyera que ellos eran personas piadosas de una calidad superior: «Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres.
Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos» (Mateo 23.5a). La palabra «filacteria» significa «protección, resguardo». Los judíos usaban el término para referirse a pequeños estuches de cuero en los cuales ponían ciertos pasajes de la Escritura. Ellos se ataban con correas en sus manos y en sus frentes estos pequeños estuches y también los clavaban a la entrada de sus casas. Según los evangelios de Marcos y de Lucas, Jesús añadió otro ejemplo de las demostraciones ostentosas de los escribas y fariseos, cuando dijo: «… gustan de andar con largas ropas» (Mar.12.38; ver Lc.20.46). Las ropas largas que rozaban el suelo eran «las ropas de los ricos y los eruditos» (Mr.12.38). ¿Por qué estos dirigentes religiosos hacían tales demostraciones? Las hacían con el fin de recibir la alabanza de los hombres: «… aman los primeros asientos en las cenas» (Mt.23.6). Este era el lugar de la mesa que estaba más cerca del anfitrión (vea Lc.14.7–11). «… aman… las primeras sillas en las sinagogas» (Mt.23.6). La expresión «las primeras sillas» se refiere a una «fila semicircular de sillas que se ubicaban detrás de la… mesa del lector, y que se orientaban de cara a la congregación». «… aman… las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí» (Mt.23.6–7). Les encantaba que los hombres hicieran reverencia delante de ellos y les saludaran con títulos tales como «¡Gran Rabí!».
Es de destacar que el término “hipócrita” proviene de la palabra griega hypokrites y se refiere a alguien que actúa o finge. Era costumbre de los actores griegos y romanos cubrir sus rostros con grandes máscaras y hablar con aparatos mecánicos para aumentar la fuerza de su voz. Estos actores, que escondían sus verdaderos rostros y cambiaban sus verdaderas voces, eran llamados hypokrites, o “hipócritas”. Jesús comparó a los fariseos con los actores, con los maestros del simulacro, ya que ellos eran como los actores pero se creían y hacían creer que eran fieles, leales y sinceros. Los actores sabemos que están actuando, pero los fariseos actuaban, diciéndose ser sinceros, por eso, eran peores, falsos y engañadores.
La advertencia de Jesús es para no caer de esas actitudes ni hacerla una “doctrina”, es decir, un modelo de vida, como hacían los fariseos. Eso distorsiona totalmente el sentido de la religión, la convierte en una gran parodia, en puro fingimiento y simulación. Es caer en la patología de la religión, una forma malsana de vivir la pureza de la enseñanza.
El discípulo cristiano debe ser puro y santo, huir de toda forma de simulación y falsedad, porque tal cosa es la forma más distorsionada y malvada del discipulado.
COMO VENCER EL TEMOR
Uno de los discípulos más destacados del Maestro, condensó una de las enseñanzas básicas de Jesús, en estos términos: “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor” (1 Jn.4:18). Como en las lecciones de la mar vistas más arriba, en múltiples ocasiones el Maestro dio esa lección a los discípulos de que no tuvieran miedo, buscando calmarlos y darles la seguridad perdida. Incluso en las escenas finales, después de la resurrección Jesús se les apareció a los discípulos encerrados y temerosos, con el corazón turbado, “poniéndose en medio de los discípulos los saludó diciéndoles ‘Paz a ustedes’” El Maestro quiere que no tengamos espíritu de temor, sino de amor y de paz. ¿Cómo hay que hacer para superar los miedos y las fobias?
¿De que manera hay que interpretar esa declaración que el “amor echa fuera el temor”? ¿Cuál es el procedimiento del amor para expulsar o para superar los miedos? Hay personas muy amorosas que, sin embargo, son aprehensivas y temerosas. Incluso quienes más aman a un ser querido, como puede ser un hijo, muchas veces tienen más temores, de que pueda sucederles algo y están muy preocupadas cuando salen y llegan tarde. ¿Será ese amor imperfecto o deficiente porque no es capaz de ahuyentar el temor? ¿De qué amor está hablando el apóstol Juan cuando escribió esas palabras tan llamativas? Hay una cita de EGW que aclara la idea juanina y explica como funciona la estrategia del amor en su afrontamiento al temor. Dice así:
“Esta es una declaración importante, porque hay muchos que desean amar y servir a Dios. No obstante, cuando viene la aflicción sobre ellos, no disciernen el amor de Dios en ella, sino la mano del enemigo. Se conduelen, murmuran y se quejan; pero éste no es el fruto del amor de Dios en el alma. Si tenemos perfecto amor, sabremos que Dios no está tratando de herirnos, sino que en medio de las pruebas, el dolor y las penas, está tratando de perfeccionarnos y probar el temple de nuestra fe. Cuando dejemos de preocuparnos en cuanto al futuro y comencemos a creer que Dios nos ama y desea hacernos bien, confiaremos en él como el niño confía en su padre amante. Entonces nuestras dificultades y tormentos desaparecerán, y nuestra voluntad será absorbida en la de Dios.” (HHD, 185)
EGW esclarece que se trata del amor a Dios (e implícitamente del amor de Dios hacia nosotros), perfeccionado por las experiencias de la comunión espiritual, el que nos hace pensar e interpretar que las violencias o amenazas actuales son permitidas por Dios con algún propósito, “de perfeccionarnos y probar el temple de nuestra fe”, que de alguna manera son manifestaciones del amor de Dios que debemos aceptar. Por lo tanto, no hay motivos para preocuparse o temer, porque esta todo bajo el control de Dios. Tener esta convicción o estrategia centrada en la conducción divina es la permite vencer los miedos. Esta es la enseñanza del Maestro, que dicto en el mar y en la tierra.
El discípulo cristiano debe vivir en el amor de Dios, sabiendo que todas las cosas que pasan ayudan a bien (Rom.8:28). Esa fe y convicción debe alentarlo continuamente para no temer ni lo presente ni lo futuro, ni cualquier cosa humana o celestial, porque en el Maestro somos “más que vencedores” (Rom.8:37).
Referencias
CBA= Comentario bíblico adventista (Buenos Aires: ACES, 1995)
Melbourne, B. (2008). El discipulado Cristiano. Asociación Casa Editora Sudamericana, Bs.As.
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