El discipulado bajo presión

Lección 10

Para el 8 de Marzo del 2008
“Si corriste con los de a pie, y te cansaron, ¿cómo contenderás con los caballos? Y si en la tierra de paz no estabas seguro, ¿cómo harás en la espesura del Jordán? (Jer.12:5)
Estar “bajo presión” es soportar amenazas, calamidades y quizás violencia. Como el texto de Jeremías 12:5 advierte, la cuestión principal es estar entrenado para correr con los caballos, es decir, desarrollar habilidades para salir airosos en “la espesura del Jordán” o toda circunstancia crítica. Desde la perspectiva psicológica estos recursos para enfrentar la adversidad y los apremios de la vida se los denomina “estrategias de afrontamiento”. Esos recursos para enfrentar las presiones resultan de la interpretación que el individuo haga de tales situaciones o estímulos opresivos. Se trata de un proceso de valoración cognitiva que la persona realiza, primero sobre las consecuencias que la situación tiene para el mismo (valoración primaria) y posteriormente, si el saldo de la valoración es de amenaza o desafío, el sujeto valora los recursos de que dispone para evitar o reducir las consecuencias negativas de la situación (valoración secundaria).
La valoración secundaria se refiere a la capacidad de afrontamiento ("coping"), siendo éste un proceso psicológico que se pone en marcha cuando el entorno se manifiesta amenazante. Lazarus y Folkman (1984, 141) definen el afrontamiento como "aquellos esfuerzos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes que se desarrollan para manejar las demandas específicas externas y/o internas que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos del individuo". Ellos plantean el afrontamiento como un proceso dinámico en el que el individuo, en determinados momentos, debe contar principalmente con estrategias defensivas, y en otros con estrategias que sirvan para resolver el problema, todo ello a medida que va cambiando su relación con el entorno. El afrontamiento es definido por Everly (1989, 44), "como un esfuerzo para reducir o mitigar los efectos aversivos del estrés, estos esfuerzos pueden ser psicológicos o conductuales". Cada sujeto tiende a la utilización de los estilos de afrontamiento que ha logrado desarrollar a lo largo de su existencia. Las estrategias de afrontamiento pueden ser adaptativas o inadaptativas, las adaptativas son aquellas que reducen el estrés y promueven la salud a largo plazo, en cambio, las inadaptativas pueden reducir el estrés acorto plazo pero desgastan la salud a largo plazo.
La lección de esta semana presenta algunas estrategias de afrontamiento, tanto adaptativas como inadaptativas, que los discípulos de Jesucristo utilizaron en el pasado y que se presentan como ejemplos de formas de manejar situaciones oprobiosas o de presión, para que descubramos los mejores recursos para actuar en las circunstancias difíciles del ministerio como discípulos, de modo que contribuya a mantener la salud para sí mismo y para los demás.
ESTRATEGIA DE LA FE
El evangelio de Juan, en el capítulo 6, describe una situación extremadamente difícil cuando una multitud de varios miles de personas, escuchando a Cristo en la ladera de un monte, pasando el tiempo, sintieron hambre. ¿Cómo resolver el problema? Aparentemente los discípulos se hicieron los desentendidos, ya que ninguno presentó la inquietud hasta que Jesús los enfrentó con esa realidad (6:5). Mucha gente actúa como los discípulos, eludiendo los problemas ya sea minimizándolos o negándolos. Es claro que estas medidas constituyen estrategias desadaptativas.
¿Qué enseñó el Maestro? En primer lugar, planteó el problema, no lo eludió ni lo negó, lo enfrentó. Ese es el camino correcto para empezar. En segundo lugar, los hizo buscar soluciones. “¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?”, dijo. Felipe hizo los cálculos y la solución de comprar alimentos excedía sus posibilidades económicas, de modo que esa medida resultaba inviable. Es decir, les hizo reconocer su impotencia, la incapacidad para resolver el problema. ¿Cómo resolver un problema que no tiene solución humana? Cuando se han agotado los recursos humanos, quedan los recursos de la fe, buscar la intervención divina. Entonces Jesús pone en funcionamiento la estrategia del poder divino.
Los evangelios repiten en varias ocasiones (Mat.19:26; Mar. 10:27; Lc.1:37;18:27) cuando: “Jesús los miró, y les dijo: ‘Eso es imposible para los hombres, pero para Dios todo es posible’.” No existe lo imposible para Dios y también para el discípulo que cree de todo corazón. Ya que “Si puedes creer, al que cree todo le es posible” (Mr.9:23). La categoría de lo posible, en la revelación bíblica, aparece supeditada a la fe. La única condición es ‘creer’. Cuando se pronuncia la palabra de la fe estallan todas las fronteras, se aniquilan todos los límites e imposibles, no hay tumba que detenga, "Sorbida es la muerte con victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? -exclama Pablo triunfante-, ¿Dónde, oh sepulcro tu victoria?" (1 Cor.15:55). Es llamativo que de las 32 veces que aparece la palabra “posible” (δυvατός) en el Nuevo Testamento, 13 están referidas al “poder” de Dios o de Jesucristo y de su capacidad para hacer “todo posible”. Es de destacar que el término griego "dunatós"=posible, fuerte, poderoso, deriva del verbo "dunamai"=poder, del cual surge el sustantivo "dunamis"=potencia, virtud, maravilla, del cual extraemos el vocablo castellano "dinamita", como algo poderoso y explosivo.
Para el discípulo de Cristo todo es posible, en la medida que crea de todo corazón que Dios puede hacer el milagro de lograr aquello que esta más allá de nuestras posibilidades.
ESTRATEGIA CENTRADA EN LA EMOCIÓN
Jesús reprendió a los discípulos (Lc.10:55) con cierta severidad, dejando en claro que esa estrategia no era apropiada e incluso, no debería formar parte del estilo de afrontamiento de un discípulo. Reaccionar de esa manera estaba al servicio del maestro de la destrucción no de la salvación, tarea para la cual ha sido encomendado el discípulo cristiano. Desde el punto de vista psicológico, se denomina ese tipo de estrategia, “centrada en la emoción” (Lazarus y Folkman, 1984), no en la resolución del problema. El foco del asunto, en lugar de centrarse en la cuestión en sí (por ej., la negación de los samaritanos y como cambiar su actitud), está puesto en la propia reacción del sujeto, en su vivencia de algo amenazante para su prestigio o para su misión, donde la frustración le produce ansiedad y malestar físico, con una probable importante activación biológica (adrenalina, noradrenalina y otras hormonas del estrés). Esa estrategia de descargar fuego del cielo está más al servicio de aliviar el malestar del discípulo que se siente ofendido por el rechazo y clama por venganza.
¿Cuál fue la estrategia del Maestro para afrontar las situaciones de rechazo oprobioso? Pues, aceptar la libertad de los samaritanos para rechazarlos y seguir el camino buscando a quienes realmente lo acepten. Es la estrategia del respeto y el reconocimiento del otro, la aceptación de la “alteridad” (del otro) y los derechos de los demás. No actuar con omnipotencia, espíritu autocrático y violento. Desarrollar la tolerancia y la virtud de la paciencia.
El discípulo debe exhibir la gracia y la misericordia de Dios, no juzgar a quienes no rechazan ni menos tomar medidas de violencia hacia ellos.
ESTRATEGIA DE REVALUACIÓN POSITIVA
Cuando Cristo, en la víspera de ser traicionado y ajusticiado, advirtió a sus discípulos: "Todos seréis escandalizados en mí esta noche". Entonces Pedro reaccionó de inmediato. Contestó muy confiado en sí mismo: "Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré" (S.Mt.26:33). En su celo arrogante, creyó ser capaz de resistir la tentación. “Jesús le dijo: ‘Te aseguro que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces’. Pedro declaró: ‘Aunque tenga que morir contigo, no te negaré’. Y todos los discípulos dijeron lo mismo”(vers.34-35). Pocas horas después llegó la prueba y todos demostraron la inconsistencia de su compromiso y lealtad. Después que Jesús fue capturado, Pedro lo siguió de lejos, entrando de incógnito en la casa del Sumo Sacerdote donde estaban preparando la conspiración para eliminar al Maestro. Varias veces fue identificado como uno de los discípulos, pero Pedro con maldiciones y juramentos negó ser uno de los adeptos del acusado. Cuando la tercera vez Pedro juró desconocer "al hombre" con maldiciones, escuchó al gallo cantar; entonces, “se acordó de las palabras de Jesús: ‘Antes que el gallo cante, me negarás tres veces’. Y salió afuera, y lloró amargamente” (S.Mt.26:74-75).
Al arrepentirse Pedro descubrió cual era su verdadero carácter; lo lleva a tomar conciencia de su vulnerabilidad y la fragilidad de su fidelidad al Maestro. Entonces comprendió su necesidad de afirmarse más en Dios, de consolidar su fe, de atravesar por una experiencia más profunda e intensa. La vivencia del arrepentimiento tiene un carácter purificador, de hacer comprender el perdón y la restauración. Al discípulo cristiano no se le pide una mera comprensión intelectual del mensaje sino una cambio de conducta y personalidad, un entrenamiento en la confianza y en la entrega. La palabra que pronuncia el Maestro del cristianismo se hace “carne”, y habita “llena de gracia y de verdad” (Juan 1:14).
¿Cómo se podría definir la experiencia del arrepentimiento desde la perspectiva del afrontamiento en situaciones de presión? Se la podría denominar como “reevaluación positiva” de la experiencia. Es reconsiderar lo vivido desde una nueva mirada, mucho más positiva, rescatando lo bueno de lo sucedido. En el caso de Pedro, después del arrepentimiento, cuando tuvo un nuevo encuentro con Jesús, que le preguntó si le amaba, lo llevó ha realizar una reevaluación de su negación, descubriendo aspectos de si mismo que debía mejorar, reconociéndose en su real condición, dándose cuenta que necesitaba de la ayuda divina. Fue una nueva evaluación más ajustada a la realidad. Asimismo, a partir de esa experiencia angustiosa, pudo hacer un nuevo compromiso con su Maestro y consagrar su vida al servicio activo con un fervor excepcional.
Las investigaciones aseguran que esta estrategia ayuda a reducir la ansiedad (Rubio, 2002) y ha enfrentar las situaciones adversas en forma más apropiada, viendo los aspectos positivos que puede tener las circunstancias desfavorables. También los expertos están de acuerdo en considerar esta estrategia de “reevaluación positiva” como una de las mejores o superior en el afrontamiento adecuado de las situaciones estresantes de la vida, que proporciona mejor adaptación.
El discípulo cristiano debe estar siempre dispuesto a revisar sus comportamientos e incluso su personalidad a la luz de las enseñanzas del maestro para proceder a ajustarse en forma positiva.
ESTRATEGIA EVITATIVA
El autor de la lección, al final del estudio de esta semana, nos sugiere meditar en lo que llama “el modelo de la huida”. Se refiere a la conducta de los discípulos que en el momento crítico de aprender al Maestro, todos “dejándole, huyeron" (Mat. 26:56). Parece increíble que después de tres años y medio de estar recibiendo las enseñanzas de cómo debía proceder el discípulo ante escenarios de presión, se les haya olvidado todo lo aprendido y asuman un comportamiento tan inapropiado o desadaptativo, como recurrir a la estrategia de la evasión/huida. En el momento del examen final todos salieron desaprobados. ¿Cómo se entiende la actitud escapista?
Hay estrategias donde el sujeto evalúa la situación como de un grado que puede ser capaz de controlar y otras en donde piensa que el problema es superior a sus fuerzas. Estas últimas son habitualmente las que producen las conductas de evasión o huida. Manifiesta una falta de control interno del estímulo contrario y un rechazo para hacerse cargo de la situación. Contrastando radicalmente con el enfoque de hacer frente al problema, la estrategia de evasión/huida equivale a rechazar enfrentarlo. Los individuos que usan esta estrategia de huida, son aquellos que aceptan pasivamente las situaciones estresantes, que atribuyen a los problemas causas externas superiores a sus fuerzas. A diferencia de los que enfrentan y sienten que pueden controlar o, por lo menos, pueden manejar de alguna manera la contrariedad, los que evitan se hacen más vulnerables al estrés y son susceptibles de contraer enfermedades. Tratan de pasar desapercibidos, en lugar de adoptar un papel activo de resolución de los problemas.
Se suele aceptar que las estrategias de afrontamiento pueden ser eficaces o ineficaces. Las primeras contribuyen al bienestar fisiológico, psicológico y social de la persona. La eficacia de las estrategias de afrontamiento descansa en su habilidad para manejar y reducir el malestar inmediato, así como en sus efectos a largo plazo, en términos de bienestar psicológico y en el estado de salud. Por el contrario, las estrategias ineficaces, como la evasión/huida, predispone a la persona a la persona a sentirse incapaz y soportar malestar a largo plazo, que pueden erosionar sus fuerzas físicas y psicológicas para disponerlo a diferentes patologías.
El discípulo de Cristo debe experimentar la ayuda divina y la dirección del Maestro para no asumir conductas temerosas, escapistas o de huida, que lo inhabilita para cumplir con su misión.
Referencias
CBA= Comentario bíblico adventista (Buenos Aires: ACES, 1995)
Everly (1989).
Lazarus, R. S., y Folkman, S. (1984). Stress, Appraisal and Coping. Nueva York: Springer Publishing Company, Inc. Ed. Española (1986): Estrés y procesos cognitivos. Barcelona: Martínez Roca, S. A.
Melbourne, B. (2008). El discipulado Cristiano. Asociación Casa Editora Sudamericana, Bs.As.
Rubio Alcalá, F.D (2002). Una forma de reducir la ansiedad en los exámenes orales de inglés como lengua extranjera: técnica de reevaluación positiva. ELIA 3, 2002, pp. 173-185
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