Versículos de estudio propuestos para esta semana: Marcos
5:25-34; Lucas 1:26-38; 8:1-3; 10:38-42; Juan 4:4-30
1. Hágase conmigo
El episodio de la aparición del ángel Gabriel a María,
anunciándole que daría a luz al Hijo de Dios por
intervención divina, a través del Espíritu Santo, no deja de
representar la misma secuencia que hemos explicado como
imprescindible para el discipulado.
1. Se asombran ante su presencia, intervención y amor:
“Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto, puesto que
soy virgen? Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu
Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su
sombra; por eso lo santo que nacerá será llamado Hijo de Dios. Y
he aquí, tu parienta Elisabet en su vejez también ha concebido
un hijo; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban
estéril. Porque ninguna cosa será imposible para Dios”
Lucas 1:34-37 (LBLA - destacado nuestro)
2. Se reconocen pecadores y no aptos para estar ante Él.
“Pero ella se turbó mucho por estas palabras, y se
preguntaba qué clase de saludo sería éste” Lucas 1:29 (LBLA
- destacado nuestro)
3. Aceptan humildemente el “llamado” para seguirle y
muestras disposición.
“Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase
conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su
presencia” Lucas 1:38 (LBLA - destacado nuestro)
Evidentemente esta secuencia ocurre ante un llamado de Dios
Padre y no concretamente de Jesús (para su discipulado), sin
embargo, el paralelismo nos muestra que la actitud del ser
humano ante el llamado de Jesús es exactamente el mismo que ante
el llamado que Dios ha hecho a sus hijos a lo largo de la
historia en el pasado, y hoy en el presente.
María es un ejemplo, en este episodio, de una “sierva del
Señor”, así como los doce discípulos lo fueron de Jesús (Jehová
que Salva).
2. Seguidoras femeninas de Jesús
Veamos qué dice Lucas 8:1-3
“Y poco después, El comenzó a recorrer las ciudades
y aldeas, proclamando y anunciando las buenas nuevas del
reino de Dios; con El iban los doce, y también
algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de
enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían
salido siete demonios, y Juana, mujer de Chuza, mayordomo de
Herodes, y Susana, y muchas otras que de sus bienes personales
contribuían al sostenimiento de ellos” (LBLA -
destacado nuestro)
Si bien es cierto que no sólo las “otras muchas mujeres”
servían a Jesús, sino también las que habían sido
sanadas, como es el caso de Magdalena (esto nos los confirma
Mateo 27:55-56 y Marcos 15:39-41), no es menos cierto que
dichas mujeres eran “discípulas” y/o “seguidoras“
(al igual que el resto de discípulos que seguían a Jesús en la
predicación del evangelio).
Existen muchos textos bíblicos del cual se desprende esta idea:
“Y más y más creyentes en el Señor, multitud de
hombres y de mujeres, se añadían constantemente al
número de ellos (los apóstoles)” Hechos 5:14 (LBLA -
destacado y paréntesis nuestro)
“Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba las buenas
nuevas del reino de Dios y el nombre de Cristo Jesús, se
bautizaban, tanto hombres como mujeres” Hechos 8:12
(LBL - destacdo nuestro)
“Porque todos los que fuisteis bautizados en Cristo,
de Cristo os habéis revestido. No hay judío ni griego; no hay
esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos
sois uno en Cristo Jesús. Y si sois de Cristo, entonces
sois descendencia de Abraham, herederos según la promesa”
Gálatas 3:27-29 (LBLA - destacado nuestro).
Si había mujeres que acompañaban a Jesús “proclamando y
anunciando las buenas nuevas” (Lucas 8:1-3), si en Cristo “no
hay hombre ni mujer” (Gálatas 3:27-29), si el bautismo se
hace sobre ambos (Hechos 8:12), si ambos por fe son salvos, y
ambos son “incluídos entre los apóstoles” (Hechos 5:14)
considerándoles discípulos de Cristo. Si Cristo mando a
TODOS sus discípulos a predicar las buenas nuevas, la
pregunta fundamental al respecto, que aún hoy se hace la Iglesia
sin atrverse a tomar posición alguna, es: ¿No tienen las
mujeres el mismo derecho e incluso deber cristiano de ofrecer
ministerios pastorales sin distinción entre los hombres?.
Desde el momento en el que Cristo reconoce a las mujeres como “discípulas”
y seguidoras suyas para la salvación. Debemos reconocer
tanto sus ministerios (sin distinción alguna) y su sacerdocio
que forma parte del “sacerdocio universal” de TODOS los
creyentes.
Sin embargo, la cultura pasada, y su lastre a la actual, aún
impiden (o más bien se resisten), a reconocer este derecho
y deber cristiano de poder ejercer un ministerio pastoral
en favor de la humanidad tal como Cristo enseño tanto a mujeres
como a hombres (lo que no implica que en el futuro la Iglesia
evolucione en estas consideraciones).
3. “Si tocare su manto”
Esta historia, conocida por todos, pero ahora estudiada en
relación al discipulado, nos enseña que si bien es cierto que no
se dice nada sobre qué ocurrió posteriormente a la sanación (es
decir, si se transformó finalmente en una discípula de Jesús),
los estados sentidos por esta mujer muestran los “requisitos”
indispensables para transformarse en discípula de Jesús (fe,
asombro, reconocimiento y humildad. Lo único que desconocemos es
su disposición después del sanamiento).
Este pasaje también tiene sus sinópticos. Y dichos sinópticos
nos permiten tener una comprensión más completa del
acontecimiento. Veamos que nos dicen:
Mateo 9:20-22
“Y he aquí, una mujer que había estado sufriendo de flujo de
sangre por doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de
su manto; pues decía para sí: Si tan sólo toco su manto,
sanaré. Pero Jesús, volviéndose y viéndola, dijo: Hija, ten
ánimo, tu fe te ha sanado. Y al instante la mujer quedó sana“.
Mateo 9:20-22 (LBLA - destacado nuestro)
Marcos 5:25-34
“Y una mujer que había tenido flujo de sangre por doce años,
y había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado
todo lo que tenía sin provecho alguno, sino que al contrario,
había empeorado; cuando oyó hablar de Jesús, se
llegó a El por detrás entre la multitud y tocó su manto.
Porque decía: Si tan sólo toco sus ropas, sanaré. Al
instante la fuente de su sangre se secó, y sintió en su cuerpo
que estaba curada de su aflicción. Y enseguida Jesús, dándose
cuenta de que había salido poder de El, volviéndose entre la
gente, dijo: ¿Quién ha tocado mi ropa? Y sus discípulos le
dijeron: Ves que la multitud te oprime, y dices: “¿Quién me ha
tocado?” Pero El miraba a su alrededor para ver a la mujer que
le había tocado. Entonces la mujer, temerosa y temblando,
dándose cuenta de lo que le había sucedido, vino y se
postró delante de El y le dijo toda la verdad. Y
Jesús le dijo: Hija, tu fe te ha sanado; vete en paz y queda
sana de tu aflicción” (LBLA - destacado nuestro)
Lucas 8:34-48
“Y una mujer que había tenido un
flujo de sangre por doce años y que había gastado en médicos
todo cuanto tenía y no podía ser curada por nadie, se acercó a
Jesús por detrás y tocó el borde de su manto, y al instante
cesó el flujo de su sangre. Y Jesús dijo: ¿Quién es el que
me ha tocado? Mientras todos lo negaban, Pedro dijo, y los que
con él estaban: Maestro, las multitudes te aprietan y te
oprimen. Pero Jesús dijo: Alguien me tocó, porque me di
cuenta que de mí había salido poder. Al ver la mujer que
ella no había pasado inadvertida, se acercó temblando, y
cayendo delante de El, declaró en presencia de todo el pueblo
la razón por la cual le había tocado, y cómo al instante había
sido sanada. Y El le dijo: Hija, tu fe te ha sanado; vete en paz”
(LBLA - destacado nuestro)
Nuevamente los sinópticos nos muestran detalles muy
interesantes. Los resumimos a continuación:
1º. La mujer tuvo fe antes de acercarse a Jesús (”pues
decía para sí: Si tan sólo toco su manto, sanaré”
Mateo 9:20-22)
2º. La mujer tuvo fe sólo por oir hablar de Jesús “cuando
oyó hablar de Jesús, se llegó a El por detrás entre la
multitud y tocó su manto” (Marcos 5:25-34)
3º. La mujer manifestó humildad, reconociendo su “pecado” y
“temor” (reverencia) ante Jesús “se acercó temblando, y
cayendo delante de El, declaró en presencia de todo el
pueblo la razón por la cual le había tocado” (Lucas
8:34-48). Tened en cuenta que la mujer era ritualmente impura a
causa de su enfermedad (Lv 15.25-27), y no debía tocar a nadie,
de ahí su confesión incluso ante todo el pueblo presente.
4º. El sanamiento técnicamente hablando, lo hace Jesús
no la fe (”Alguien me tocó, porque me di cuenta que
de mí había salido poder” (Lucas 8:34-48). En
otras palabras, la sanación fue a través de la fe por Jesús.
Dado que toda manifestación de fe es atendida por Jesús, es
correcto decir “tu fe te ha sanado o salvado“. Pero este
pasaje aclara que no hay nada “en el hombre” que pueda
sanar o salvar, sino el poder de Jesús.
Como ya hemos comentado arriba, la mujer manifestó fe,
reconocimiento de su “pecado”, humildad y disposición a acpetar
lo que Jesús tenía para ofrecerle. No conocemos su relación
posteior con Jesús, pero nada nos indica que no se haya
transformado en una discípula de Cristo.
4. Turbada con muchas cosas
El texto en cuestión dice lo siguiente:
“Mientras
iban ellos de camino, El entró en cierta aldea; y una mujer
llamada Marta le recibió en su casa. Y ella tenía una hermana
que se llamaba María, que sentada a los pies del Señor,
escuchaba su palabra. Pero Marta se preocupaba
con todos los preparativos; y acercándose a El, le dijo:
Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje servir sola? Dile,
pues, que me ayude. Respondiendo el Señor, le dijo: Marta,
Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas; pero
una sola cosa es necesaria, y María ha escogido la
parte buena, la cual no le será quitada“.
Lucas 10:38-42
Este texto permite muchas interpretaciones (y muchos errores),
por un lado porque no tenemos más información que la que hemos
citado y segundo porque el contexto nos es muy “familiar” (nunca
mejor dicho) para cada uno de nosotros, preponderando nuestros
prejuicios.
Algunos utilizan este texto como pretexto para tener “la casa
desordenada“, otros para replicarle a sus mujeres sus
preocupaciones caseras, otros para no atender como es debido a
las visitas, etc. Nada de todas estas interpretaciones “caseras”
forman parte del texto y contexto en cuestión.
Un análisis posible, basado en el texto, es el siguiente:
1º. Marta se queja de su situación.
“Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje servir sola?
Dile, pues, que me ayude”. Esto indica que Marta no
estaba a gusto con su tarea. Más que servir a Jesús, estaba
sirviendo a sus “obligaciones”. Esto es una cuestión subjetiva
pero real. Quizá si Marta realizaba las mismas tareas (físicas)
pero con un “espíritu” de servicio a Jesús, y no a “sus
obligaciones”, entonces, muy probablemente no se hubiese
quejado.
2º. Jesús responde a la queja de Marta, que incluye un perjuicio
de María
El texto anticipa que Marta estaba “preocupada”
(la preocupación es un aspecto psicológico, no está realacionado
directamente con la “ocupación“, taera física). Si
bien la queja de Marta incluye sus “tareas”, Jesús le dice que
esta “preocupada y molesta“. El problema no son las
tareas en sí misas, sino su forma de percibirlas y vivirlas.
Evidentemente Marta no estaba viviendo el mismo espíritu que
María. Además, la queja de Marta incluye un perjuicio para
María, dado que le estaba pidiendo a Jesús que le ayudara, lo
que implicaba que María debía dejar de vivir ese estado que
Jesús define como “una cosa sóla es necesaria” (…) “la
cual no le será quitada“. Evidentemente no era justo que por
la “preocupación o molestia” de Marta, María tenga que sufrir
dicho perjuicio.
Por tanto, el problema no eran las tareas de Marta, sino su
“espíritu”, ánimo o intención al hacer las cosas que hacía,
quejándose de su “desgracia”, impidiéndo sentir la compañía y
servicio a Jesús e impidiendo que su hermana pueda disfrutar de
ese momento.
3º. ¿Podemos invertir la historia?
Sólo como fin didácticos, para comprender mejor nuestra
interpretación del hecho podemos invertir la historia y
sacar conclusiones.
Imaginemos que ahora es María la que, a pesar de estar
sentada a los pies de Jesús, se siente impaciente, preocupada
y molesta porque Marta, su hermana, no para de ir de aquí
para allá sirviendo a Jesús. Entonces, se queja a Jesús
diciéndole:
“Señor, ¿no te importa que mi hermana vaya de aquí para allá?
Dile, pues, que se siente”
¿Qué crees que le respondería Jesús? Jesús le respondería:
“María, María, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas;
pero una sola cosa es necesaria, y Marta ha escogido la parte
buena, la cual no le será quitada”
No es la tarea en sí misma, ni el estar sentado físicamente a
los pies de Jesús, sino que es la actitud que expresada
psicológica la que impide en muchas ocasiones que disfrutemos de
Jesús.
Evidemtemente las tareas de Marta le agobiaban e impedía
disfrutar de Jesús, mientras que la sentada de María a los pipes
de Jesús muestra su actitud psicológica de “discípula”. Pero la
historia podría cambiarse y tener sentido de la misma manera.
5. La mujer junto al pozo
A Jesús no le imporataba el “que dirán” mientras mantenía la
conversación con esta mujer. En el diálogo, Jesús se va
revelando a la Mujer. Y lo hace, nuevamente, a través de un
milagro cuando desvela cosas de su vida que Él no debía conocer
“porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es
tu marido; en eso has dicho la verdad. La mujer le dijo:
Señor, me parece que tú eres profeta“. Juan 4:18-19 (LBLA
- destacado nuestro)
La respuesta fue muy clara, aunque con duas. Al final de la
conversación la mujer, aunque probablemente convencida,
transmite lo que descubrió a otros:
“Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo lo que yo he
hecho. ¿No será éste el Cristo?” Juan 4:29(LBLA -
destacado nuestro)
En esta historia, nos falta una humillación (reconocimiento
explícito de Jesús como el Hijo de Dios), reconocimiento de su
estado pecador, y disposición para seguirle. Sin embargo, Jesús
sembró en su corazón la verdad que posteriormente podría
tener sus frutos.